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La Yarsagumba, un hongo misterioso, mitad insecto mitad planta, el "Viagra del Himalaya", vale en China más que el oro

02/12/2015 18:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este espécimen único en el mundo, formado de un hongo y una larva, se recolecta cuando se derrite la nieve del Himalaya. A la cosecha en Dolpa(Nepal) acuden unas 40.000 personas al día, para venderla a precio de oro por sus propiedades como medicina y como afrodisiaco

Cordyceps sinensis, es un misterio de la medicina tradicional china. Se trata de una extraña combinación de insecto y planta que interesa  internacionalmente a los biólogos. En inglés, lo llaman “half-caterpillar-half-mushroom“.

Su uso fue descubierto por pastores hace 1500 años en las montañas de Tíbet. Es un hongo que invade una larva silvestre y se desarrolla dentro de ella. Los pastores notaron que el ganado que comía en esos pastos crecía más fuerte y con mucho vigor que los otros. Este hongo crece a 3500 a 5000 metros de altura y su recolección es muy difícil y en cantidades muy pequeñas, siendo valorado como el oro. Se conoce en China como zong chao (gusano hierba). En China lo usaban solo los Emperadores y la élite gobernante buscando la vitalidad, longevidad y descendencia. La filosofía china enseña que el cordyceps es un elemento que produce mayor el equilibrio entre el cuerpo y el alma por lo cual la medicina ancestral lo recomienda para recuperar la armonía de los órganos del cuerpo humano. En 1951 el Dr. Ge Ning Han logró obtener un antibiótico derivado del Cordyceps, el Cordycepin útil en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. Estudios japoneses iniciados en 1986 encontraron el factor FTX-20 al que se le atribuye propiedades para evitar el rechazo de órganos trasplantados e injertos de piel. Actualmente hay empresas que cultivan cepas naturales de Cordyceps en cantidad suficiente para cubrir la demanda. El micelio de Cordyceps contiene como principio activo principal adenosina, además de vitaminas naturales como B1, B2, y E y oligoelementos como zinc, manganeso, selenio, cromo, fósforo, potasio, aminoácidos, etc.

Muchos viajan hasta cinco días a pie hasta llegar a las praderas de Dolpa a 4.300 metros de altura, por las profundidades de los Himalayas, en Nepal.

Como ellos, decenas de miles lo hacen cada año, para cosechar el hongo. En tibetano, lo llaman yartsa gunbu, que significa “pasto de verano, gusano de invierno”, crece cuando el hongo momifica a la oruga bajo tierra. Esta se hubiera convertido en polilla de no haber intervenido el hongo. Por eso también lo llaman el hongo de oruga.

Después de que brota sale de la tierra, una pequeña protuberancia que es la que los cosechadores buscan durante semanas al derretirse el hielo.

El ophiocórdyceps sinensis (nombre científico completo) asegura el buen funcionamiento de muchos órganos del cuerpo y fortalece el sistema inmunológico. Al ser un excelente regulador del sistema circulatorio, se utiliza para la impotencia, el dolor de cabeza y de espalda, y para mejorar la producción de sangre y esperma, ” explica Jit Narayan Sah, profesor del Instituto de Estudios Forestales de la Universidad de Tribhuvan (Nepal). El biólogo describe las propiedades de este espécimen tan diferente as todos, formado de un hongo y una larva. El espécimen se recolecta a poder ser antes del monzón, entre Abril, Mayo y Junio. Por eso la recolección está determinada por el clima de los Himalayas y los riesgos que hay que enfrentar.

La policía de Dolpa espera últimamente a 40.000 personas que migran al distrito todos los años. La afluencia de migrantes cosechadores explica el aumento global de la mercantilización del yartsa gunbu. Pero la avalancha sin precedente de cosechadores tiene preocupados a muchos observadores por los impactos ambientales de este boom económico. "Mira las montañas", dice Gyalpo Thandin, estudiante en Dolpa, "están todas desgarradas por la gente las excava con las manos. Cada año vienen más personas  y más terreno arañado“. Y explica que los yaks de su familia murieron en inviernos recientes por la falta de pasto causada por la cosecha.

Las medidas de protección ambiental ofrecen algo de esperanza. Hace seis años, un comité de líderes de la comunidad en Dolpa instituyeron un sistema de cobro de impuestos a los cosechadores, en un intento por controlar el número de visitantes y asegurar que la comunidad local no se vea afectada a pesar de los cambios ambientales.

Un exmiembro del comité, quien pidió permanecer en el anonimato, sugiere que el cobrar la entrada para cosechar solo lo hace ver más valioso y, como resultado,   atrae a mas campesinos, pero poniéndole precio a la entrada estamos alentando más a la gente", dice.

Un experto en el hongo de oruga del Himalaya, Daniel Winkler, ecologista y geógrafo, piensa que el futuro de las cosechas depende de factores como la intensidad de la recolección, la cantidad de lluvia y el cambio climático.

"Siglos de recolección indican que el hongo de oruga es un recurso extremadamente resistente", explica. Pero su investigación sugiere que la sobreexplotación contribuye a que una menor cantidad de esporas del hongo se esparzan para la próxima temporada. Winkler cree que la educación es el elemento clave para promover un recurso sustentable para la conservación porque el mejor conocimiento de la reproducción de los hongos y establecer una fecha límite de la temporada de recolección, pueden permitir la suficiente dispersión de esporas para garantizar la sustentabilidad", añade.

No hay duda de que esta fiebre del oro del Himalaya ayuda a las economías rurales a mantener un tesoro bien guardado bajo la tierra para las futuras generaciones. Es el reto.

Cosechadores y mercaderes de Nepal han encontrado en la "yarsagumba", una mina de beneficios que tratan de explotar para salir de la miseria. Las comunidades en Nepal, uno de los países más pobres del mundo, enfrentan la necesidad económica y el aumento del deseo por productos de alto valor como el yartsa gumbo.

Los esfuerzos de conservación requerirán de cooperación entre los líderes en un nivel local, distrital y nacional. Es un hongo que causa furor en la vecina China y en los Himalayas se conoce por sus  propiedades ya dichas. La "yarsagumba" es una especie de "viagra del Himalaya", de color terroso y a primera vista poco atractivo. Su precio, desde hace tiempo, se ha disparado gracias a la riqueza y a la famade la medicina tradicional china: un kilo de yarsagumba se paga en Katmandú a unos 33.000 dólares, frente a los 130 dólares que solía valer a comienzos de la década del 2.000

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Y eso, en un país como Nepal, con una renta per cápita de 750 dólares, supone un atractivo negocio para miles de campesinos, indiferentes al hecho de que no existan pruebas científicas del supuesto valor medicinal del producto.

"En Pekín dicen que se está pagando a unos 74.000 dólares este año", cuenta Dipendra Bhandary, realizador del documental “Viaje a Yarsa“, en el que sigue las vicisitudes de una familia en busca de este raro producto.

El proceso de recolección en  los distritos del noreste de Nepal, en Dolpa, es multitudinario

.Miles de personas pasan principalmente los meses de mayo, junio y julio, entre 3.500 y 5.000 metros de altura para buscar este hongo, la "yarsagumba", palabra tibetana que significa "hierba de verano, gusano de invierno". Tras la apertura oficial de la cosecha  al irse la nieve de las montañas, comienza un interminable proceso de recolección que incluye la vida en pequeños campamentos en torno a  un pueblo y su mercado.  "Los ojos de los niños son más agudos, así que para ellos es más fácil cosechar la yarsagumba y por eso los niños van con los padres a la cosecha. Es imprescindible tener buena vista, y manos pequeñas y ágiles para encontrar yarsagumba en el buki montañas donde se produce, ” describe Ganesh Pun, comerciante de 38 años también de la aldea de Siwang.

“Buscar yarsagumba es peligroso, ” insiste Manita Garthi. Ella y su hermana Kapila, de 13 y 15 años respectivamente, perdieron a su padre durante la cosecha. “Dicen que un bloque de hielo se desprendió de la montaña y nunca encontraron el cuerpo. Se lo tragaron los Himalayas” explican. En la última década, cuatro niños de la escuela de Siwang han quedado huérfanos tras la época de recolecta. “Los aldeanos necesitan este dinero para sobrevivir.

La comercialización del hongo en todo Asia ha producido, algo similar a la fiebre del oro

Ganesh explica que la larva que queda dentro de la tierra es la que tiene valor en el mercado. Cuanto más grande sea ésta, más pequeña es la planta que crece en el exterior., explica Jagat Charti, un miembro del comité rural del distrito de Rukum, el principal centro de recolección. del hongo. Tras sacar la yarsagumba de la tierra, hay que lavarla y limpiarla con cuidado de impurezas, según otro miembro del comité, Chaya Bahadur Pun Magar,   la demanda depende de su claridad y longitud —la yarsa más amarilla y larga se paga mejor. "Si uno tiene suerte —continúa Magar—, en los primeros días puede encontrar unos 200 hongos diarios, que se rerducen más tarde a sólo entre 60 y 70. Luego la recolección termina".

En total, hacen falta 1.800 ó 2000 hongos para reunir un kilo, la unidad habitual para poder regatear precios en un proceso de comercialización que comienza en Rukur y llega a Katmandú, donde entran en competencia con los comerciantes de fuera especialmente chinos.

Legalizada en 2002, el Gobierno de Nepal oficializó el comercio de yarsagumba el año 2004, pero las transacciones ya existían desde hacía mucho tiempo. El uso del hongo en la medicina tradicional china como reconstituyente, remedio contra enfermedades y afrodisíaco, es milenario. Los nativos sólo lo emplean para tratarse la diarrea o los moratones, para eso machacan el hongo. Muchos campesinos de Rukum aunque dicen no tener noticia de esos otros efectos, aunque aseguran que para lograr efectos afrodisíacos hace falta consumirlo con asiduidad durante años. Y además, su valor en el mercado es tal que les trae más cuenta venderlo que consumirlo. "Algo debe de tener el hongo para que los chinos estén pagando una fortuna por él" asegura Lacchi Pun Magar, también del comité de Rukum, cuyos miembros se reúnen en Katmandú.

Con el aumento de la demanda, la  preocupación de los nepaleses es la  sostenibilidad de la producción, porque hace unos años los campesinos lograban cosechar 200 kilos y en la actualidad, apenas llegan a 60 ó 70 kilos. Había un tiempo en que los pastores bajaban con el hongo desde las montañas, y lo freían como si fuera cualquier otra planta. Eso hoy sería un pecado, algo como freír billetes de rupias.

 

El Gobierno de Nepal no tiene planes  respecto a la sostenibilidad del mercado y los campesinos y pastores  de Rukum asumen que poco  se puede hacer, aparte de diversificar iniciativas para encontrar medios de vida alternativos a la revolución de la yarsagumba. O vivir como antes.

En 2009, algunos miembros de la tribu Gurka se infiltraron para recoger clandestinamente en la zona de los Nar, la más rica en el precioso hongo de los Himalaya. Los hombres de Nar llegados al saber las intenciones de los Gurkhas salieron al encuentro de los intrusos. Fue una masacre. Los siete  intrusos fueron muertos. Dos de ellos fueron lanzados por un  precipicio  y los otros cinco fueron lapidados y enterrados en un glacial. Tras el crimen los habitantes de Nar se reunieron en una especie de cónclave, comprometiéndose a guardar silencio pero un mes después otros miembros de los Gurkhas se enteraron de que dos de ellos habían sido víctimas de los Nar y los denunciaron a la policía.

Este episodio revela que  el hongo puede y es la causa de crímenes horrendos y de la formación de bandas para explotar la yarsagumba.

Para los viejos budistas la recolección y la comercialización están considerados como pecado. Pero las nuevas generaciones no tienen esos remordimientos.

“Hay comités encargados de controlar el acceso al terreno. El año pasado, los locales pagaban 1.000 rupias (7, 7 euros) y los visitantes 1.500 (11, 5 €), además de un extra por cada mula o caballo. Y se controla y una cantidad máxima de yarsagumba que se puede recoger por persona. Algo parecido a la actual cuota por recoger hongos en el Pirineo”. Él y el resto de miembros del comité recaudan estos aranceles y los destinan a fines sociales, para alimentos, medicinas, etc..ahora está ayudando a la pequeña escuela de Siwang.

Todos los comerciantes están obligados además a pagar 10.000 rupias  de impuestos al gobierno, ” detalla Raj Kumar, comerciante en la cercana localidad de Maikut, mientras seña con sus brazos la marea de aldeanos que se han visto enganchados por la fiebre del oro de esta especie única. “Esto no sucedía antes. Hace veinte años la gente recolectaba individualmente y una pieza se vendía por un par de rupias como mucho.”

El boom por el ‘viagra del Himalaya’ comenzó a raíz de la despenalización en 2001. Su comercio, generalmente en su forma no procesada, aumenta exponencialmente y el gobierno ingresa alrededor de 5, 1 millones de rupias anuales (39.500 euros), según la prensa local. Pero no son ni los recolectores ni el gobierno los que sacan más beneficio en el negocio del hongo medicinal, sino los comerciantes en el punto final de venta. Normalmente un intermediario compra un kilo de yarsagumba por un precio medio de 1.7 millones de rupias (13.200 €) y puede llegar a venderlo por 3 millones (23.300 €) en Katmandú. Para cuando el codiciado ejemplar llega a Shanghái (China), su precio se puede disparar a 100 dólares (73 €) por gramo.

Su valor ha llegado a superar al del oro, lo que ha dado lugar a robos y hasta asesinatos, como los de los Gurkhas. Una investigación científica publicada el año pasado en la revista especializada Conservación Biológica señala que durante el auge económico de China hace unos años  situó el mercado global de la yarsagumba se situó entre los 5 y 11 billones de dólares al año (3.700 – 8.100 millones de euros). Del estudio, se hizo eco la revista ‘Nature’,   también confirmó que la cosecha del ejemplar exótico se ha reducido en los últimos años y con él también su comercio, en más del 50%. Los investigadores atribuyen esta caída drástica a la sobreexplotación y a la ausencia de regulación específica en torno a la recolección y comercialización internacional de yarsagumba. Y advierten que sin la intervención del gobierno, pronto se acabará el boom de esta especie única, dando lugar a consecuencias nefastas para el ecosistema del Himalaya y la economía local. Kalyan Gauli, director del departamento de Biodiversidad, Ecosistemas y Cambio Climático de la Red de Asia para Agricultura Sostenible y Biodiversidad (ANSAB) en Nepal, cree que no hay evidencia sólida para aseverar que el incremento en la demanda de yarsagumba pueda derivar en un daño ecológico, pero señala que tanto población local y varios expertos afirman haber observado impactos negativos debido a la acción del hombre.

La escasez normativa no sólo da lugar a una recolección desmesurada sin tiempo para regeneración biológica del suelo, sino que también produce desigualdad de beneficios entre la población local. El propio doctor Gauli asegura: “Los ingresos varían mucho entre los comerciantes locales. Algunos se ven obligados a pagar algunas tarifas ‘informales’ a oficiales corruptos o bandas criminales locales.”

Ragu Chitra, comerciante de hierbas en Katmandú, cuenta los problemas asociados con el mercado negro de la especie: “A un comerciante le confiscaron 5 millones de rupias (39.000 €) de ‘yarsa’ por no tener licencia. Era una banda criminal haciéndose pasar por policías.

También hay robos y asaltos violentos. .” Desde hace varios años no han dejado de salir a la luz robos y crímenes relacionados con el preciado espécimen. En 2011, un tribunal de Nepal condenó a 6 personas a cadena perpetua y a otros tantos a penas de prisión por el robo y asesinato de recolectores de la codiciada planta.

Especialistas temen que la sobreexplotación y la poca regulación dañen el Himalaya

El roksy (vino local) ayuda a combatir el frío, la fatiga, el mal de altura… y da suerte, ” y, los nativos sonríen al beberlo cuando salen con las expediciones a recolectar yarsagumba. A buscar suerte. A encontrar  fortuna o muerte.

 

 


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