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YAMNAGOO- La piedra sagrada de los tehuelches

07/05/2009 21:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es la localización de una piedra y un lugar donde la piedra está ubicada, que es sagrada para los tehuelches, y la historia de su descubrimiento.

Ubicada en el Centro Místico de la Cultura Tehuelche: la Meseta de Somuncurá, que tiene el Cerro Corona Como epicentro. Un reducto de alta energía cósmica, avalado por los científicos del proyecto AUGER.

"Es una vieja gigante, de cuerpo de piedra, del que cuelgan cáscaras de piche, con poder de petrificar y petrificarse, generadora del pueblo tehuelche septentrional; dueña de los animales, autora del arte rupestre, señora del viento. Roba a los niños y asusta a las mujeres"EN POS DEL GUALICHO- Rodolfo Casamiquela- EUDEBA-1988

Fue localizada por primera vez en la primera mitad del 1800. El descubrimiento físico de aquello que ya figurara en los relatos orales aborígenes se debe a quien fuera calificado como “el primer naturalista criollo”, Rómulo Muñiz.

El que tuvo noticia de ella durante una estada en el valle inferior del Río Negro.

Escribió (v. Outes, 1917, 211): “... À 50, ó 60 leguas al Sudoeste de Patagones hay un gran peñasco que es el dueño de los guanacos: la primavera lo visitan y obsequian del mismo modo que el anterior, pidiéndole licencia para matar guanacos sin cuyo requisito no se atreverían á cazarlos...”

Por orden cronológico –no de publicación de los manuscritos respectivos, que es el inverso-  la segunda información (1865) corresponde a otro naturalista, ocasional viajero patagónico como Muñiz, pero extranjero esta vez: Jorge Claraz, suizo de origen aunque con campos en el arroyo Napostá, en el Sur de Bueno Aires, y en China Muerta, en el Noreste de Río Negro.

Durante un viaje, en compañía de tehuelches septentrionales (“pampas”), al río Chubut, para ofrecer sus servicios de agrimensor a los colonos galeses, que iniciaban su radicación en el valle inferior de ese curso, no sólo supo de la roca en cuestión sino que llegó hasta su proximidad inmediata, aunque no pudo verla... Su propio relato aclarará por qué:

“En la orilla occidental (o sur occidental) de la pequeña laguna se ve un montón de madera seca. Los indios dicen que debajo de él yace una piedra, que esa piedra es una vieja (yahmoc) y que esa vieja es, sin duda, una diosa. Ella es la dueña de estos campos y de los animales que viven en ellos. Antes de llegar a dicho punto, cada uno arranca una rama seca, la lleva consigo y la coloca en el montón como ofrenda (...) Se acercan al montón con respeto, no cabalgan frente a él, sino que lo rodean en un semicírculo diciendo una oración a la vieja (...). Me pidieron insistentemente que también ofreciera algo, lo que hice”.

En sus proximidades, Claraz visitó el lugar de caza (de las presas solicitadas a la diosa, es decir de sus manadas y bandadas), que caracterizó del siguiente modo: “Poco después de abandonar el montón de la vieja, se llega a una hondonada en la cual es frecuente ver avestruces; es un bajo que continúa en dirección sur; finalmente se arriba a Yamnago.

“El lugar donde paran los indios, se parece a un saladero. Al acercarnos, levantaron vuelo una cantidad de cóndores, caranchos y chimangos, que habían tenido allí su festín.

“Hay allí un fogón semicircular de bloques de piedra ferruginosa existente en ese lugar. La curvatura está orientada hacia el Noroeste tiene alrededor de treinta pies de diámetro. Las piedras forman un murallón de esqueletos de guanacos. Otro gran fogón, también con la curvatura hacia el Noroeste, parece que se usa menos hoy en día. Hay otro más pequeño a la izquierda del grande, y además uno o dos chicos. Fueron levantados por los indios en esta forma porque prevalecen los vientos del Noroeste. Algunos centenares de osamentas de guanacos están depositadas allí, pues llevan ahí todos los guanacos que matan. Los indios dicen que dios, que fue tan bueno de crear Yamnago para ellos, ordenó que no se abandonara ningún esqueleto en el campo libre. El campo debía quedar limpio. Por ello los arrastran todos hasta allí (es decir, a todos los que carnean, y a todos los que matan en la pampa, pues es la ruta de los guanacos, y sí queda tirada una carroña, los cóndores asustan a los guanacos durante uno o dos días).

Yamnago es el paraíso terrenal de los indios pampas. Dicen que dios lo hizo así para ellos, y para que ningún indio que por allí pasara sufriera hambre. Cabalgamos hacia Yamnago.

En efecto, Yamnago puede considerarse como una gran trampa de guanacos. La laguna de Yamnago es pequeña, de forma alargada, orientada de norte a sud. Desde todas las sierras vecinas bajan las tropas de guanacos para beber y entran en la laguna hasta media pierna. Junto con los guanacos vienen además flamencos y también avestruces. Prefieren esa agua débilmente salada a la dulce.

Al este de la laguna existe una débil elevación; al sudeste una pampa limpia y baja, cubierta de pasto; al oeste una débil elevación, que también se observa al norte. Para llegar a Yamnago los indios trazan una débil curva para no ser vistos por los guanacos. El saladero está situado de tal modo que los animales no lo pueden ver. Desde allí, siguen caminando unos cien pasos por la senda hasta llegar a la altura (Vichadero), lugar desde el cual ven la laguna. Ven dónde están los guanacos dónde deben esperarlos y dónde deben espantarlos. Generalmente uno de los hombres da un rodeo a través de la hondonada que corre al norte y oeste. Así no se le ve. Llega sorpresivamente a la laguna. Los guanacos se asustan, y los otros indios eligen los gordos y los bolean por el lado oriental, donde están acechándolos. Yo tuve la misión de espantarlos desde el Vichadero

Allí hay tanta abundancia de carne que los indios toman solamente los caracúes, la cabeza, el pecho y el cogote, abandonando el resto. Es un hermoso espectáculo ver cómo bolean.”

La tercera información se agradece a otro naturalista y viajero, criollo de nuevo, el famoso Francisco Pascasio (“Perito”) Moreno. Con guías indígenas del mismo origen, étnico y geográfico (Carmen de Patagones), cruzó por allí, rumbo al Sur en viaje exploratorio en 1879. Escribió y describió, con respecto al paraje que él denomina Yamnagoo: “El paraje más conocido de Patagonia para cacerías [al que se aproximó], mediante previo consentimiento del propietario de la región” (Moreno, E., 1942).

“El sitio de la caza –explicaba Moreno- se encuentra al borde de una laguna salada, fertilizada por un manantial dulce. Como una gran extensión no hay bebedero tan bueno, exceptuando el campamento, todos los guanacos de los alrededores llegan a él y cuando el día es caluroso una fila continua de esos animales se dirige hacia la fuente. Preceden al borde de algunas ondulaciones como morenas y los guanacos que llegan no pueden ver lo que pasa al lado de la colina. Allí es donde se esconden los cazadores y cada vez que se reúne una tropilla de sedientos se lanzan tras ellos a todo correr y jamás dejan de obtener un buen resultado. La abundancia de caza, la única fuente potable y la topografía del terreno que le rodea, permite al indio menos diestro y peor montado encontrar presas. En Yamnagoo es dónde él está seguro de hallar alimentos y es así que considera ese sitio como sagrado. El pago del tributo a la mujer roca deriva del sentimiento supersticioso que produce el miedo de no cazar nada.

Las piedras –continúa- que se encuentran cerca de la colina frente a la laguna son otra prueba de que una idea religiosa domina al salvaje en aquel punto; son semicírculos formados con grandes fragmentos de lava, con arco al este. Se elevan sólo a medio metro y alguno están ya destruidos; sobre las piedras han amontonado una inmensa cantidad de cráneos, huesos largos y vértebras de los animales muertos. Tres hileras de los primeros conducen hasta la fuente y en una de ellas conté más de 200, arreglados uno junto a otro. Desde los más remotos tiempos que recuerda el indio se practica esa costumbre, y debo decir que es prueba de un agradecimiento al buen espíritu que le ha procurado la caza, la de dejar la cabeza del animal, pieza que mucho apetece al indígena...”

Por fin, la cuarta y última información –que yo sepa- fue recogida, directamente de labios tehuelches ahora (José María Cual), por el etnólogo Rodolfo Casamiquela, en Gan Gan, Chubut, tan tarde como la década de 1950, bastante más de un siglo después de la primera.

El informante aludido, último hablante de la lengua tehuelche septentrional (“pampa”), dio a aquél los nombres correctos en su lengua de los sitios involucrados: Yahnagoo, el cazadero, “Abrevadero de los guanacos”; Yáhmauk “vieja” (en mapuche Epéu kushé “vieja ancestral”), y le explicó su relación topográfica con respecto al que los tehuelches utilizaban como campamento secular –estratégicamente ubicado a 5 km de cada uno de los otros sitios, como para no espantar las presas: Ssélan yahwaiwánwutr “paradero de los juncos”, abreviado Ssélan “juncos, juncal” (en mapuche Tromén Ngiyeu “Lugar de los juncos”)

Con respecto a los semicírculos de bloques de piedra (basalto), dijo que “eran un reparo nomás”, para esperar a los guanacos, porque era una aguada (un escondite cerca de la aguada)”. Y con respecto a “La Vieja”, con los ojos de muchacho con que la entrevió, que “era una tosca sola, debajo de un monte” –al tomar por tal al montón de ramas que los cazadores depositaban a modo de ofrenda.(Y que, explica Casamiquela, a quien debo todo estos datos, era simplemente eso y no leña para que la diosa se calentara, como es la interpretación vulgar.)

Volviendo a la “tosca”, que ha de leerse toba, o ceniza volcánica compactada, es un aspecto clave, desde que esta roca constituía “la carne” de ülüngássüm, la deidad tehuelche, auto - petrificada. Como ésa es la roca que normalmente envuelve los huesos (fósiles) de mamíferos... pues, éstos son los huesos de la propia ülüngássüm... o walsílssüm (gualicho!), por otro nombre.

José María Cual (Kalaqápa) dio además la fórmula con que los cazadores, sobre las cabezas, pintadas, de los guanacos y avestruces, solicitaban, en Yahnagoo, buena caza a aquélla, invocada en ese caso como “dominadora” (“cacica”): gamakiátsüm.

Houlhoul gamakiátsüm!, Müyekülasskükoa, P’üchwa küma, Gayü kúma, Ajmai küma...

Favoréceme “cacica” (con)

Tus guanacos, tus avestruces, Tus animales...

...Animales de los arreos que la diosa –“Vieja”- manejaba desde el otro lugar sagrado, según vimos.

En fin, vaya un dato más, de otro informante ahora, para redondear la personalidad –doblemente sagrada- de esta representación en roca de la deidad máxima del pueblo tehuelche. Alberto Cayupán, poblador de Tromen Niyeo,  narró al propio Casamiquela que el cacique tehuelche Velázquez (castellanización de Malaskan), -quien para la década de 1920 todavía la veneraba- supo por ella de la inminencia de su muerte..., es decir que además cumplía la altísima función de oráculo!

El descubrimiento de la roca del gualicho.

En 1971, Casamiquela, guiado por Alberto Cayupán, de ascendencia mapuche pero miembro de una familia de antigua radicación en el área El Caín – Tromén Niyeo, ubicó los “corralitos” (“parapetos” para los arqueólogos).

Como en el caso de la “Salamanca del Gualicho”, en el centro del Bajo de ese nombre (al norte de Valcheta), puso su estudio y publicación en las manos profesionales de Carlos Gradín, arqueólogo de vasta experiencia y especialista en arte rupestre. Éste cumplió enseguida con lo primero, pero en cuanto a lo segundo... demoró demasiado y la muerte lo sorprendió sin haber podido cumplir con la comunicación pública de los resultados. El hueco fue colmado, recién en 2003, a través de la acción de la esposa de aquél, la arqueóloga Ana M. Aguirre, por vía de la serie editorial “Las Mesetas Patagónicas” que dirige Ricardo Freddy Massera.

A comienzos de febrero del presente año tuve, personalmente, ocasión de conocer el célebre lugar de caza, como baquiano de la Meseta del Somuncura –que recorro desde hace años- y funcionario del Servicio Provincial de Áreas Naturales Protegidas de la Provincia de Río Negro (CODEMA), responsable, precisamente de la protección –entre otras áreas- de aquella del Somuncura.

Para el caso guiaba a un grupo integrado por el Presidente del organismo y Secretario Provincial de medio ambiente, Oscar Echeverría, el Vicegobernador de la Provincia, Mario De Rege, un elenco de investigadores y técnicos (Ana María Beeskow, bióloga del Centro Nacional Patagónico de Puerto Madryn; Francisco Pertini, Juan Saavedra, de idem; Daniel Quintero, de la Legislatura de Río Negro; y el propio Casamiquela (que retornaba a Tocoluán después de más de 30 años...), al que se sumó, en el terreno, el Comisionado Municipal de El Caín, Héctor Hugo Melivilo.

Allí están, intactos, los corralitos, sobre una superficie plana que a modo de mesa, domina a la cuenca de la laguna salobre, atracción de las presas, mencionada por los viajeros; hoy seca.

De ese lugar, el grupo se dirigió, sin dirección precisa, hacía el Sudeste, en busca de otra cuenca, en cuya margen sur se identificaría la porción de “tosca” en que los tehuelches pampas veían materializada su divinidad.

En la margen sur, precisamente, de la cuenca de la laguna Carri Lafquén, a la sazón con agua en su mitad occidental, Echeverría señaló un peñasco en la ladera de una cuchilla coronada por una cresta rocosa. Desprendido de ella, y por su ubicación, desde la que se domina todo el ámbito, a pesar de su tamaño, mayor del esperado, podía tratarse de “La Vieja”.

Opinión a la que Casamiquela sumó el argumento de ser una “ignimbrita”, es decir una variedad de toba (tosca)...Por todo eso, él mismo definió al hallazgo como en “semiplena prueba”.

Pero faltaba la prueba completa, la que despejara todas las dudas. Y que para ello tenía que reunir los siguientes requisitos:

1)      Tratarse de “un gran peñasco” o roca. 2) Estar sola y ser lo suficientemente pequeña como para que el ramaje-ofrenda la cubriera. 3) Ser de “tosca”. 4) Estar en el borde Sur de una cuenca. 5) En fin, ser accesible por lo menos por uno de sus lados, en el cual se practicaba una ceremonia (ecuestre) en semicírculo.

...¡ Y apareció!Cuando hicimos la visita de febrero yo desconocía el viaje de Claraz, y por consiguiente el itinerario recorrido por el viajero. Con él en la mano, me propuse seguirlo, y un par de meses después, antes de que el frío impidiera el rastreo, volví a la meseta y a Tromén Niyeo.

 Indagando a los pobladores y controlando, descubrimos primero el campamento tehuelche central, que José María Cual llamara Ssélan   yahwaiwánwutr, según se vio.

 Enseguida, en la entusiasta compañía del comisionado Melivilo, mi par en la empresa, y la de Domingo Manquín y Gil Cayupán –hijo de Alberto, el guía de Casamiquela en 1971-, iniciamos de a caballo el camino recorrido por el explorador suizo, y no sólo por donde él indicara y con la dirección controlada a brújula, sino respetando el ritmo de los caballos, los tiempos del viajero.

 El premio fue el descubrimiento de la roca, reconocida por los compañeros de viaje al aproximarnos al sitio, por tratarse de una  “tosca” absolutamente aislada.

Pero todo lo demás coincide: distancia y ubicación... y las evidencias aparentes del semicírculo que los jinetes hacían en plan de propiciamento.

Quedó así, el día 11 de abril de 2006, re-descubierto el complemento, la roca– Gualicho o representación del Alto Dios (diosa) tehuelche, del sitio sagrado de este pueblo MÁS IMPORTANTE DE TODO EL NORTE DE LA PATAGONIA Y EL ÁMBITO PAMPEANO.

Bibliografía utilizada y a consultar para ampliar sobre el tema

LECTURAS DESDE LA TOPONIMIA EN PATAGONIA- Virgilio Zampini- 1998- trelew

BAJO DEL GUALICHO:Una planicie patagónica bajo el nivel del mar- Ricardo Freddy Masera y Julio César Guarido (coordinadores) - Río Negro-2003.

www.mesetadesomuncura.com.ar

www.pierreaugerproyect.com

www.cpatagonia.com/somuncura/map


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Autor:
Bwugan (4 noticias)
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Nota de prensa
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