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Welcome Bilbora, Vanessa!. Una lección desde el Guggenheim para todos los cineastas de Euskadi

27/11/2009 20:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vanessa Redgrave ha venido con sus setenta años a cuestas a presentar, como embajadora de la UNICEF un documental de 31 minutos de su hijo Carlo Nero, dentro de la programación de Zinebi

Hace algunos años recibió el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián.

Ahora ha venido de nuevo a Euskadi, esta vez a Bilbao para presentar su documental “Wake up World” (Despierta mundo) para expresar su principal preocupación en la vida que son los niños.

Si dijeramos eso a la generación de nuestros padres quedarían asombrados porque Vanessa aunque ya ha cumplido los setenta ha tenido una imagen y una actuación que en otros tiempos, los sesenta no parecía inquietarse por el tema de la infancia.

En Bilbao ha presentado algo sobre su inmensa labor en la UNICEF que es el Fondo para la Infancia de la Naciones Unidas, ese fondo se creó en 1946 para salvar del hambre y del frío a los niños en una Europa ya de la posguerra pero todavía de una guerra por la supervivencia de millones huérfanos o abandonados que no tenían nada.

Desde 1995, Vanessa dejó el cine comercial prácticamente y colaboró con esa labor como otros antes actores famosos como Danny Kaye, que obtuvo el Premio Humanitario y fue el que marcó el camino que luego siguieron Peter Ustinov, Roger Moore, Harry Belafonte que fue el primer actor de color famoso en Jamaica que abrió otra vía para los que estaban totalmente marginados por cuestión de color de piel.

Vanessa Redgrave, inglesa y Nana Mouskouri han sido las mujeres más destacadas en esa labor, ya cuando el SIDA asolaba África y el sudeste Asiático.

No olvidaban a un activista humanitario, no violento como George Harrison que utilizó su notoriedad como cantante frívolo para con su música difundir las necesidades de la infancia en escenarios de todo el mundo. Su concierto por Bangladesh organizado por él mismo y Ravi Shankar, constituyó el modelo a copiar para otros conciertos de Rock benéficos que se han celebrado a favor de esa causa en Europa, África y Asia.

Gracias a la notoriedad y a la fama de los citados la UNICEF logró cosas increíbles y aparentemente desligadas de toda actividad benéfica. Así en el 2006 logró del Fútbol Club Barcelona el patrocinio de su camiseta azulgrana. Y otros equipos que no se querían quedar atrás como el Real Betis Balompié, Chelsea, Boca Juniors, AC Milán, Tigre de México, Alianza Lima de Perú, Atlético Nacional de Colombia se unieron aportando unos millones que eran necesarios.

En su espacio por la paz, la UNICEF sin mucha esperanza se acercó al club Atlético Boca Juniors en el 2008 y consiguió nada menos permiso para utilizar las grandes instalaciones del Club para encaminar a jóvenes hacia el Deporte y sacarlos de la calle y enseñar algo a los adolescentes sobre sus derechos para evitar que otros se aprovecharan de ellos. De esta manera, tenemos a más de 180 niños a los que sin duda la fama del Boca Juniors seguirán otros cientos o miles.

Respecto a África por cuestiones políticas o envidia hubo una campaña que decía que UNICEF había repartido sustancias abortivas en Ruanda y Zaire. UNICEF desmintió esas acusaciones y en la red dijo claramente que ni apoya ni ha apoyado nunca la práctica del aborto y en consecuencia no gasta sus fondos en ninguna clase de prácticas de ese terreno y menos en África. Pero volviendo a Vanessa Redgrave diremos que Bilbao en una tarde de noviembre acogió con los brazos abiertos a la septuagenaria actriz inglesa ganadora de un Óscar, activista de mil causas que presentó en Zinebi el documental que hemos citado de 31 minutos llenos de niños desamparados y dio una lección de cine desde el escenario incomparable del Guggenheim.

No a la explotación sexual en el mundo

En relación al veinte aniversario de la Convención sobre los Derechos de la Infancia, Redgrave defendió que ésta es «una herramienta legal y vinculante para todos los países signatarios. Es un arma para defender la democracia y proteger a los niños». La actriz trabaja al lado de UNICEF para conseguir que Estados Unidos se sume por completo a este propósito, ya que hasta ahora, dijo, «la Administración de Obama sólo ha firmado el protocolo referente a la prostitución y la pornografía infantil, pero no la totalidad del convenio».

Vanessa Redgrave se mostró especialmente preocupada por la explotación de los menores. «El negocio del tráfico sexual y la prostitución de niños y niñas es uno de los más grandes del mundo. Existen cifras crecientes y la dimensión de esta organización delictiva también aumenta. Hay todo un circuito de prostitución en Europa».

El activismo de la actriz no es nuevo, ni mucho menos. Ha colaborado antes en causas de apoyo a los niños afectados por la guerra de los Balcanes y los conflictos del Golfo y de Gaza. «Siento una terrible tristeza y una ira especial al ver el sufrimiento de los niños en todo el mundo. Como madre y como abuela, mi principal preocupación en la vida es defender a la infancia y frenar el abuso». Por eso no dudó en hacer un llamamiento público. «Todos podemos ayudar. Es posible lograr un mundo mejor y diferente. Sé que es un punto de vista muy personal, pero que comparten millones de personas».

Carlo Nero, director del documental e hijo de la intérpete, señaló que «el filme no es sólo una celebración por los sesenta años de Unicef, sino una muestra de los retos que afronta la organización, pero sobre todo de los retos que afrontan los niños de todo el mundo. El Gobierno juega un papel muy importante en el destino de la infancia y es quien debe apoyar y sustentar su desarrollo».

Su vida ha sido una vida de saltos siempre de una causa a otra que parecía tener como fin el encontrarse a si misma. Ella misma reconoce, después de una adolescencia victoriana en un país todavía muy victoriano, en una casa victoriana de Herfordshire rodeada de libros victorianos de Kipling y de los discursos de Winston Churchill, victoriosos.

Nació en el seno de una familia de actores muy monárquicos. Sir Michael Redgrave y Rachel Kempson. El padre se hizo famoso interpretando obras de Shakespeare en el Old Vic de Londres, pero también interpretaba a autores continentales, logrando que su fama trascendiera fuera de las islas. El y Rachel se casaron después de la guerra y tuvieron tres hijas, siendo Vanesa, la mayor, nacida dos años antes de la guerra mundial (l937), en Londres y luego Lynn y Corin. Aunque en general sus biógrafos dicen que los tres heredaron de sus padres el inconformismo y las maneras e ideas de la izquierda inglesa, esto parece lejos de la realidad.

Ella misma declaró por entonces que, "creía en la reina y en el país en el Imperio y en la Iglesia de Inglaterra y era una fiera conservadora", confiesa. De repente, sin sucesión de continuidad, del extremo derecho se fue al izquierdo. Algo así como George Orwell observó a los jóvenes intelectuales de Oxford y Cambridge, pasar de la derecha rumbo al Stalinismo. Pero estaba lejos del Padre de los pueblos, principalmente por su engaños a la España republicana, y Vanessa sintetizó los valores patriotismo, religión, imperio gloria militar, todo, en Trotsky. Era trotskista. Es decir enemiga de Stalin, quien por cierto fue el cruel ejecutor de Trotsky, por medio de sicarios que cometieron su crimen en México, donde Trotsky se hallaba exiliado.

Vanessa pide fanatismo en público

"Sólo pido a la gente fanatismo, porque yo soy fanática", decía en sus discursos en "Speakers Corner" en Hyde Park ante una multitud que como siempre, terminaba por abuchearla excepto en la campaña electoral, en que mezclaba a su gente entre el público.

En Bilbao, ha hablado sobre todo de sus niños de todo el mundo, a los que dedica ahora su vida

"Y es una lástima porque tiene sangre de actriz en las venas" -solía argumentar su influyente padre Sir Michael, sobre todo después de su triunfo en otras teatrales como "La Gaviota" de Chejov, cuyo papel de Arcadiana no lo ha logrado superar nadie.

La gente corriente no le perdonaba sus gestos. Tras aplaudirle en "Julia" con la que obtuvo un Oscar o en "Playing for Time", de Arthur Miller, como superviviente de Auschwitz o en los papeles de Rosalinda, Fania Fenelon, etc.... sus admiradores se sumían en la incomprensión. Apoyó sucesivamente a la banda de Baader Meinhof, a Acción Directa, al Poder Negro, al IRA oficial y provisional, al INLA... a las Brigadas Rojas.

Todos los años pagaba la cuota exigida para presentar al partido en las elecciones locales, pero tras los comicios perdía el dinero depositado. En1975 logró 572 votos de un total de 65.000 electores.

Por esos días fue llevada a juicio seis veces por difamación, pues insultaba a sus enemigos políticos con relativa facilidad. Y una vez su efigie fue quemada junto a la de Jane Fonda, su compañera en la inolvidable película "Julia", en Los Ángeles.

Acusaciones contra ella

Vanessa jugó un juego peligroso con el M16 (contraespionaje británico) y con la justicia, ambas instituciones implacables, que no perdonan lo que creen puede ser peligros para la corona o lo juzgan constitutivo de delito.

En noviembre de 1967 fue acusada de haber financiado (750 libras), años atrás, la operación de comando que libró a George Blake, espía al servicio del KGB, de la prisión de Wormwood Scrubs para llegar a Moscú. La acusación específica contra ella era que poniendo de su bolsillo el dinero para la operación para trasladarlo a Berlín Oriental

La División Especial de Scotland Yard recibió una declaración in articulo mortis en tal sentido de Sean Bourke, el escritor irlandés que compartió su celda con Blake. A los 40 años ella podría ir a la cárcel de por vida si se hallaban pruebas.

Cuando Vanessa leyó la extensa información del caso que daba un dominical londinense, respondió por medio de sus abogados (seis):"No tengo participación de ninguna clase, directa o indirecta en la fuga de prisión del George Blake". Esta rectificación la tuvo que publicar como remitido el periódico en cuestión, excusándose.

Nadie sabia el destino del dinero que ganaba a paladas. Todos suponían que iba a engrosar las arcas del WRP. Los productores y ejecutivos importantes le dejaban de lado a veces con riesgo de pérdidas, pero Vanessa era casi insustituible. Así la Orquesta Sinfónica de Boston, con la que iba a actuar como narradora en "Edipo Rey" de Stravinski, canceló su contrato unilateralmente y le pagó 160.000 dólares por daños y perjuicios.

Una vez Vanessa confesó que había aparecido desnuda en el filme "Steaming" porque no tenía una libra en el bolsillo. Lo mismo que en "Blow Up", donde se le veía al desnudo de medio cuerpo para arriba. Dejó su mansión familiar de Chiswick Square por no pagar los réditos del concejo conservador y fue a compartir un modesto piso en Mannersmith con su hija menor Joely y su hijo Carlo Gabriel.

Un viraje de 180 grados

Pero, de repente, sin declaración alguna, al final de los 80 Vanessa se dio de baja de su partido trotskista y se alejó de su hermano Corin, que era su inferior jerárquico. El WRP quebró económica y políticamente. Luego ingreso en la UNICEF británica como embajadora especial acerca del Tercer Mundo, lo que hizo pensar que la actriz estaba pirada.

Ahora sus declaraciones públicas indican que no se trataba de oportunismo sino de un cambio en sus estructuras ideológicas. Siempre dijo que estaba tratando de encontrarse a sí misma y parece que su hijo Carlo Gabriel ha sido un factor básico -que ella reconoce y agradece.

Manifiesta que sus ideas siguen siendo revolucionarias, pero en otra dirección: en el encuentro con el mundo desnudo, hambriento y pobre, el de los desheredados, enfermos. El Cuarto Mundo. Y una condición básica es el desarme y el fin de las mafias, droga, la corrupción. La no violencia o resistencia civil

Sus últimos documentales son extraordinarios. Está contra la clase política pero es, al igual que Glenda Jackson, candidata al Parlamento "para que alguien me escuche siquiera en la Cámara de los Comunes", aunque los paparazzi de la derecha le califiquen de revolucionaria astuta y aristocrática porque sigue siendo "Commander of the British Empire" (Caballero del Imperio Británico) y nunca quiso devolver la condecoración a la reina, como hicieron los Beatles en 1970.

A los 68 años, en su rostro sí hay trazos de esa vida ajetreada, pero sigue siendo la mejor actriz del cine británico, a pesar de todo, aunque se alegra de que su hijo Carlo Gabriel no haya seguido su camino. De su vida pasada habría que hacer una vivisección para separar lo verdadero de lo falso, la paja del grano y ella hace tiempo que ha renunciado a tal cosa. Vanessa mira hacia adelante tratando de ayudar a las causas perdidas y cree que un día se verá el fruto de sus sacrificios.

En Bilbao hemos podido constatar que sus sacrificios no han sido en vano porque en cualquier causa que estuviera ha demostrado con su hermano o en actitudes aparentemente extremistas, que no eran sino ese intento a veces desesperado por encontrarse plenamente, como lo ha demostrado en Bilbao.

Welcome Bilbora, Vanessa

Llegaste para dar una lección a todos los cineastas vascos de futuro.

Zorionak!!!


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