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Vuelve Lady Gaga con garbo y tronío.

25/04/2016 02:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Lady Gaga resurge como el Ave Fénix, pero el camino hasta recuperar la cima no ha sido precisamente fácil. En su primera semana a la venta, ArtPop, su tercer disco, solo consiguió vender 258.000 copias y su carrera pareció iniciar así un vertiginoso declive hacia la irrelevancia. Un cuarto de millón de discos es mucho -lo que suelen vender otras estrellas del pop como Katy Perry o Miley Cyrus cuando tienen un nuevo lanzamiento-, pero para Lady Gaga , que aspiraba a destronar a Madonna, aquello fue un sonoro fracaso. Venía de haber arrasado en 2011 con más de un millón de copias despachadas en una semana de 'Born this Way' -de aquellas, 400.000 fueron en formato digital- y de haber consolidado lo que Neil Tennant, el cantante de Pet Shop Boys, denomina la "fase imperial" de cualquier estrella: ese momento de tu carrera en el que puedes permitirte hacer lo que te venga en gana, cuando no hay límites y tu público absorbe cualquier excentricidad como si fuera el más delicioso de los néctares.Los críticos pusieron a ArtPop el mote de 'ArtFlop' -'flop' es la palabra en inglés que indica cuándo un lanzamiento comercial no ha cubierto las expectativas, lo mismo que pasó con la última entrega de 'Star Wars' en el mercado chino- y en 2013 ya daba la impresión de que el mundo se había aburrido de Lady Gaga . "Me sentía muerta, ya no quería volver a cantar", declaró ella al poco tiempo. No era solo eso: a que ni siquiera un vestido extravagante o una declaración escandalosa le aseguraban suficiente cuota de 'share' en las televisiones y en Internet se sumaba el duro golpe de haber propiciado un importante agujero en sus finanzas personales y en las de Interscope, su sello. Para la promoción de ArtPop se destinaron 35 millones de dólares; a los pocos meses, hubo más de 30 despidos en la empresa.image2014 y 2015, por tanto, no fueron años fáciles para la reina de los 'monstruitos'. Lady Gaga aseguró que si no hubiera sido por amigos como Elton John -con quien comparte pasión por el drama, el piano y el 'glamour' exagerado- o el 'crooner' Tony Bennett, con quien grabó Cheek to Cheek (2014), un disco de 'standards' en clave jazz, se hubiera hundido en una profunda depresión. Ni siquiera esa aventura maquilló su reputación: era un disco vanidoso con un Bennett, el gran rival histórico de Sinatra, muy lejos de sus mejores días, y que tuvo un rendimiento escaso en directo. En su paso por España en verano del año pasado, en el festival de Jardins de Cap-Roig, Lady Gaga demostró que tenía una voz pulcra y poderosa, pero insuficiente para que aguantase en forma durante más de una hora. Su problema era más grave de lo que parecía.image

Pero de repente ha vuelto al epicentro de la actualidad musical, al primer escalón de la esfera pop. Ni los premios Grammy de Taylor Swift ni la electrizante actuación de Beyoncé en la Superbowl han impedido que ella sea, ahora, la mujer del momento. Eso sí, la causa es un acontecimiento extramusical que vuelve a reactivar uno de los aspectos más relevantes de su figura pública: la defensa de causas justas, el discurso integrador de los excluidos de la sociedad por cuestiones de orientación sexual o de género, ser portavoz de las personas débiles. Más allá del éxito de sus canciones -de Bad Romance a 'Telephone', pasando por 'Paparazzi' o 'The Edge of Glory'-, Lady Gaga había sido crucial, no como icono gay -que eso lo puede ser también Cher-, sino como bálsamo de orgullos heridos.La conexión más íntima entre ella y sus 'fans' se ha dado, en los conciertos, cuando ha parado la música y la cantante se ha volcado en sus discursos motivadores, animando a las personas diferentes -homosexuales, transgénero, víctimas del 'bullying'- a levantarse con orgullo, exponer públicamente su condición y vivir con la cabeza alta. El equilibrio discursivo era peligroso, porque mientras posaba desnuda en un videoclip se adornaba con un vestido de filetes de ternera o aseguraba en una entrevista que en realidad era un hombre y tenía pene -estrategias para escandalizar y acaparar titulares-, Gaga se arriesgaba a que esta reclamación de derechos, una causa noble, cayera en saco roto.Su resurgir en 2016 tiene mucho que ver con la recuperación de ese brillo tan especial de su aura. Ha sido un comienzo de año muy positivo en lo estrictamente profesional -la Gaga asqueada de la música ha vuelto a asomar la cabeza, prepara un nuevo disco y aspira a reconquistar su espacio privilegiado, su cetro- y las razones las encontramos en su tributo a David Bowie en la pasada ceremonia de entrega de los premios Grammy, en su desfile como modelo a las órdenes de Marc Jacobs durante la Semana de la Moda de Nueva York, en su participación en la quinta temporada de la serie American Horror Story -ha renovado y repetirá en la sexta- y en la interpretación solemne y estremecedora del himno estadounidense antes del comienzo de la Superbowl. Pero si hay un momento decisivo, ese es la ceremonia de entrega de los Oscar.

Como ha dicho la propia Lady Gaga en una entrevista con el periodista Elvis Duran, presentador de 'The Morning Show', uno de los 'magazines' más escuchados de la radio estadounidense, "aquella noche se trataron temas muy importantes. Leonardo DiCaprio quiso concienciar sobre el cambio climático, Chris Rock sobre la discriminación a la gente de color. Eso es lo que tienen que ser los Oscar: un mensaje positivo de Hollywood hacia el mundo". También hubo una ausencia con la que Lady Gaga seguro que se solidarizó: la de Antony Hegarty, que rehusó cantar en la gala como protesta por la discriminación que Hollywood dispensa a las personas transexuales. Pero ella tenía algo importante que decir justo en un momento en el que el problema de las violaciones -a veces silenciado, no siempre debatido en profundidad- volvía a estar de una actualidad máxima.Llegaba a los Oscar para cantar su nuevo tema, Til it Happens to You, incluido en un documental, The Hunting Ground, que trata sobre cómo las víctimas de una agresión sexual consiguen rehacer sus vidas después del trauma. En la alfombra roja, Lady Gaga explicó a la cadena ABC un hecho poco conocido: ella había sido objeto de una violación a los 19 años -va a cumplir 29; o sea, en 2006, poco antes de su salto a la fama- y durante mucho tiempo lo había callado. Su familia supo de este suceso dramático justo en ese momento, su abuela ni siquiera lo sospechaba.Lo más escalofriante de esta confesión es que ya se sabía desde diciembre de 2015, cuando la cantante deslizó una insinuación en una entrevista, pero no tuvo ninguna repercusión. Hace solo tres meses era como si nada de lo que ella pudiera explicar tuviera interés. "Nadie quiso preocuparse ni escuchar. Los medios de comunicación prefirieron centrarse en otros cotilleos. Por eso debía seguir explicando mi historia", contó a Carson Daly, presentador de la emisora AMP Radio, poco después de los Oscar.Al final encontró el altavoz adecuado. Su interpretación en directo sobre el escenario, acompañada de un grupo de víctimas a su vez de una violación, la hizo estallar en lágrimas y para mucha gente fue uno de los momentos más emotivos vividos en los últimos años en televisión. "Sentí como si fuera mi primer día como un ser humano", decía Gaga en la entrevista con Elvis Duran. "Por primera vez ya no tuve vergüenza. Después de que me violaran, creí que aquello era culpa mía y durante años me he considerado a mí misma una basura. Lo escondí todo lo que pude. Ahora que soy capaz de hablar del tema otra vez, vuelvo a ser más fuerte". A Elvis Duran llegó a revelarle que, durante años, había sufrido "dolor crónico" precisamente por esto.Su confesión ha llegado en un momento en el que la sensibilización ante los abusos sexuales se ha reforzado. Ha coincidido en el tiempo con la victoria en los Oscar de Spotlight, película que aborda una investigación periodística sobre casos de pederastia en Boston, y con el lanzamiento mundial del libro Instrumental, de James Rhodes -en España publicado por Blackie Books-, un pianista inglés violado entre los seis y los 10 años por su profesor de gimnasia. Y no olvidemos el litigio que enfrenta a la cantante Kesha con su productor, Dr. Luke -quien había producido algunos de los primeros hits de Lady Gaga-, al que acusa de haberla forzado a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento. Hace poco se dio una confesión similar de alcance parecido: la actriz porno Stoya denunció por Twitter a su ex pareja, el también actor X James Deen. Lady Gaga ha recuperado su aura de estrella mundial y máxima influencia para defender un derecho inalienable: que no significa no, y que un abuso debe ser condenado y criminalizado sin excusas.

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La cantante había perdido lo que los estadounidenses llaman su 'momentum' -es decir, un impulso positivo, una inercia favorable que hace que todo vaya a mejor- y de repente lo ha recuperado. Su manera de vestir ya no concitará la misma atención que hace unos años, y está por ver si en su cuarto álbum recupera el pulso en la lucha por alzarse como la pop star más adorada, una competición en la que Madonna sigue líder, que actualmente dominan Beyoncé y Rihanna, y en la que ella ha perdido comba. Pero todos los ojos la miran ahora: vuelve a ser una mujer polivalente en lo profesional -moda, televisión, música-, ha reforzado su carisma como figura pública y ha recuperado lo mejor que tenía, su defensa de la igualdad. Si el feminismo es el principal campo de batalla en curso de la cultura pop, Lady Gaga recupera el centro del tablero con el más fuerte de los discursos: alzar la voz, de una vez por todas, para acabar con los abusos sexuales y la impunidad de ciertos comportamientos machistas. O sea, ha vuelto.

Lady Lago Decía la difunta Rose Kennedy, aquella mujer menuda y estatuaria, ya en su vejez de 'mater dolorosa', vestida casi siempre como un copo de nieve inmaculado -y eso que su vida no lo fue-, que "el blanco borra la edad". En el caso de Lady Gaga ha borrado de un plumazo las infinitas apariciones de dragonesa con máscara de tapir (he dicho tapir, no tapiz) y paralizantes botines de alguna otra especie entre lo fósil, lo animal y lo vegetal. Al asunto le ha echado pelotas, porque no es cómodo que tus 'fans' y tus detractores, todos a la vez y por igual, tengan que reconocerte, sin previo aviso, como a una gran estrella de la época del Hollywood dorado; reconocerte y creerte. Ya se sabe, los 'fans' son muy acomodaticios; les pasa como a las madres, no están para segundas nueras. Acorazada por unos metros de blanco satén, o tal vez seda, firmados por Brandon Maxwell, se hizo presente en los últimos Oscar de 2016 y resplandeció como una antigua diva de los 40, melena ondulada incluida, entre la masa de atléticas jovencitas de túnicas semilargas y semigriegas, escotes decididamente más dignos de una cortina y tejidos tiznados de plata. Ella, la respondona, vulgar, intermitente y generalmente intempestiva Lady Gaga , había sacado de su fantasía de 'teenager' su lado oculto, el de 'lady'. Es sin duda una perversión contemplarla a la escala de las grandes elegantes del celuloide: un juego más. Cualquiera de las bellezas que por allí desfilaban le hubiera seguramente sacado más partido a ese pantalón 'colonna' que se abría paso bajo un vuelo bien realzado en la cintura y que proporcionaba al escote un aire juvenil en vez de lacio. Pero fue ella quien nos reveló el poder de la fantasía, la que nos ocupó con sus ondas de agua. Mover el modelo tampoco era moco de pavo y lo hizo con el desparpajo de quien se ha subido a botas muy 'stardust'. Creo que era un homenaje íntimo a David Bowie, quien de vez en cuando se cansaba de Ziggy y se disfrazaba de 'gentleman'. ¿ Lady Gag a o Lady Lago? Del abecedario del poeta Mark Strand extraigo parte de su entrada: "L de lago. Así que, en cuanto a masas de agua se refiere, a mí denme un lago, un lago enorme, o incluso un lago salado, donde las aguas estén tranquilas, donde se pueda reflexionar, donde pueda arrodillarme en la orilla, bajar la mirada y ver mi reflejo. Es una vieja historia". Como la de esta mujer-narciso.


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Juan Pardo (3169 noticias)
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blogdejuanpardo.blogspot.com
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