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Cuando el volcán Vesubio enfurecido, convirtió a Pompeya con sus cenizas en un sarcófago humano

21/04/2010 11:30

1 Hace más de dos mil años, Pompeya dejó de existir cuando sus habitantes dormían. Los historiadores Plinio el Viejo y su sobrino describieron sus últimos días como periodistas modernos

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Ocurrió poco después del mediodía del año 79 d.C. en la ciudad de Nápoles y a varios kilómetros a la redonda, región de Campania, se oyó un tremendo estruendo, como una explosión y todos los habitantes salieron a la calzada para ver qué ocurría. ¿Es que los dioses se habían vuelto locos?. Alcanzaron a ver una nube negra que se elevaba hacia el cielo a una altura de unos 30 kilómetros, sobre el Vesubio. Los vecinos de cierta edad que habían vivido el terremoto que sacudió la zona diecisiete años antes y habían reconstruido la ciudad (no del todo), tan bella como antes, volvieron a sus casas. Muchos jóvenes se quedaron en la calle o dejaron la ciudad. Fueron los que se salvaron. Recuérdese que esto sucedía hace 2000 años, un día de agosto.

Las imágenes del terremoto que habían oído cien mil veces de niños de labios de sus abuelos o padres volvieron a sus mentes y pronosticaron otro. Los mayores se habían acostumbrado ya a la ‘ montaña’ , (pues el sustantivo volcán no se había inventado todavía) y tenían sus huertos y sobre todos los viñedos en la falda de la misma no querían dejarlos atrás y prefirieron encerrarse en sus casas. Se temía un nuevo temblor. Sin embargo éste no ocurrió, pero una nube negra que parecía tenía el demonio dentro hizo que mucho antes del anochecer, la ciudad se viera ya a obscuras. Era ya de noche cuando la nube que había ocultado los últimos rayos de sol cayó sobre el cráter del Vesubio que había entrado en erupción y una ráfaga muy espesa de cenizas incandescentes, empezó a sepultar la ciudad.

Plinio el Viejo y su sobrino, historiadores de la época pero tan buenos como cualquier reportero de hoy

Parece que esto es una leyenda pero es historia que nos fue transmitida por Plinio el Joven, sobrino de Plinio el Viejo, autor de la célebre ‘ Historia Natural’ un documento extraordinario. Dos cartas escritas a su amigo el también historiador Tácito lo cuentan. Plinio el Joven, 17 años, se hallaba con madre y su tío en el puerto de Miseno, base de la flota imperial de la cual su tío era el comandante. El puerto se halla frente en el extremo norte del golfo de Nápoles, frente a la isla de Nischia, a 21 km, del Vesubio. Tácito alabó mucho después la descripción de la explosión y los fenómenos que siguieron de los dos Plinios, hasta el punto de considerar a ambos eruditos en lo concerniente a la descripción de volcanes y "erupciones explosivas", el mérito de haber descrito el fenómeno de forma tan vívida como lo haría un cronista militar. Hoy parecería que estuviera hablando de Hiroshima.

El relato comienza y termina con la técnica de un reportero estrella: ‘ Era el noveno día de las calendas de septiembre, cerca de la hora séptima cuando mi madre advirtió a mi tío, después de un estallido ensordecedor o un tronar loco de los cielos, que asomaba en el horizonte una nube negra de gigantesco tamaño...’

Cuando Plinio el Viejo captó el mensaje, reunió a sus hombres, marinos, y decidió acudir con sus cuatrirremes en ayuda de la zona afectada y vio gentes desesperadas huyendo hacia el mar en medio de un diluvio de piedras calcinadas, guijarros incandescentes, ceniza pulverizada, que les impedía respirar y el mar parecía retirarse de forma que los que huían no podían llegar a las playas y caían al suelo, algunos muertos. Y muchos con sus hijos en brazos.

Plinio atravesó con sus navíos el golfo y arribó a puerto de Stabiae, donde empieza la península de Sorrento, consolando a sus amigos presa del terror. Decidió pasar la noche allí, con algunos refugiados a los que habían acogido en el campamento. El Vesubio rugía con enormes llamaradas como lenguas de fuego desafiando al cielo. Al amanecer, esperando que el viento calmara, les envolvió una densa humareda de la que salí el sonido de las toses y los lamentos de quienes pedían volver a Pompeya a recoger a los que atrás se habían quedado. Cuando la visión se aclaró los marinos decidieron llamar a Plinio el Viejo, que se había retirado a una colinita para tener una visión más completa de su gente. Parecía dormir envuelto en su ropaje. Como no se despertaba uno de sus hombres lo sacudió levemente y su cuerpo se inclinó hacia un lado y cayó al suelo. Estaba muerto.

Plinio el Joven prosigue el relato de su tío, pero es parco en palabras... ‘ por fin brilló el sol, de un color cárdeno, semejante al de los eclipses. A nuestros ojos todavía medrosos, todo aparecía bajo un nuevo aspecto. Todo estaba cubierto de una gruesa capa de ceniza, como la nieve, pero negro. Los vientos no habían sido favorables a Pompeya. Soplaba viento nordeste y por eso los materiales que formaban el ‘ pino’ del volcán (cenizas, ‘ lapilli’ de piedra pómez y arena) se habían endurecido formando una masa impenetrable. La ciudad y la campiña habían quedado sepultadas bajo ese manto mortuorio... de seis metros de espesor’ .

Las 66 hectáreas que ocupaba y sus veinte mil habitantes dormían para siempre bajo aquella capa. Murieron miles de ellos, la mayoría asfixiados por la ceniza, el calor insoportable y los gases tóxicos. El mismo destino sufrieron los de Stabiae (hoy Castellammare de Stabi) y Oplontum (hoy Torre Annunziata). El caso de Herculano parecido pero no idéntico, pues estaba situado a contraviento, a sólo cinco km. del volcán. Resultó sepultado bajo un torrente de lava ardiente y fango que descendió por la ladera del Vesubio. Ambos borrados del mapa.

Un sarcófago humano que contiene un trozo de la historia de Italia

Paradójicamente, el espeso manto de materiales volcánicos que sepultó a Pompeya formó un sarcófago que la preservó de la erosión atmosférica, de la destrucción y curiosidad humanas, hasta el 1550 año en que el arquitecto Fontana que estaba excavando un nuevo curso para el río Sarno, dio con la ciudad por casualidad. Notificó la noticia de su hallazgo, pero no tuvo apenas ayuda excepto en calumnias pues mucho más tarde se dijo que había encontrado algunos frescos eróticos, pero temeroso de la inquisición, los había enterrado para luego desenterrarlos. Hubo que esperar 150 años en que empezaron a descubrirse el foro, los baños, muchas casas, templos dedicados a Minerva o a Júpiter, el ‘ macellum’ , un mercado cubierto, la basílica de Pompeya, sede de la administración de justicia, columnas jónicas de mármol gris y encima de una de éstas un reloj de sol.

Había huellas conservadas desde que nació Pompeya como aldea fundada en el siglo VII por los oscos, pueblo de Italia central. Respecto al nombre de Pompeii al parecer venía del idioma osco, en el que ‘ pumpe’ designaba el número cinco, las cinco aldeas que la formaron en origen. Pompeya estuvo en la vanguardia que los pueblos de Campania que iniciaron una revuelta contra Roma en el año 89 a. de c. Sus tropas resultaron derrotadas. Convertida en colonia romana bajo la ferocidad de Sila, quien en las murallas mandó escribir su nombre y cambió el nombre de la ciudad por uno más romano, ‘ Colonia Cornellia Veneria (por Venus) Pompeiorum’ . Era el año 89 a.C.

En tiempos de Nerón, Pompeya brilló, porque de ella procedía Popea Sabina, segunda esposa del emperador. En el reinado de éste la ciudad fue destruida por un terremoto, el del año 62 d. C.

Hay que tener en cuenta que entre las estructuras y frescos que han sido encontrado allí, se hallan algunas a terminar pues al desastre del volcán se unió la reconstrucción del terremoto del 62 y muchas obras incluso están medio cubiertas por nuevos frescos. La ciudad era próspera: constituía el obligado paso de mercancías que llegaban por vía marítima a Roma, enviadas a la gran ciudad siguiendo la cercana Via Appia. Además los cultivos de vid, en las laderas de la ‘ montaña’ les dio justa fama y dinero.

Las faldas estaban bien aprovechadas. En la parte alta crecían los pinos, como en ninguna parte de Italia. Más abajo estaban los olivares y grandes extensiones de viñedos. La vid se daba muy bien en aquellas tierras volcánicas, ricas en fósforo. Los vinos trataban de competir con el ‘ falerno’ , un vino destilado un poco más al norte. Ánforas de Pompeya se han encontrado a la venta en la región francesa de Burdeos y en el norte de África y hoy se venden a los turistas. El delicado poeta Marcial al que encontraremos reportando las erupciones del siglo V escribió en uno de sus epigramas. ‘ Y aquí tiene al Vesubio, que antes de las catástrofes hacía verdear las laderas de umbrosas parras, aquí el noble mosto corría en oleadas y hacía incluso rebosar las cubas’ . Y en la casa del patricio Fauno se encontró un soberbio fresco que representa al dios Baco, metamorfoseado, en un recinto lleno de uvas, junto al cráter del Vesubio.

Hay además del testimonio de Plinio el joven, el de Suetonio que recuerda que en el efímero reinado de Tito, ‘ ocurrieron muchas calamidades, un incendio en Roma que duró tres días y tres noches’ . Y añade que él mismo eligió por sorteo a varios ex-cónsules que se ocuparan de la región de Campania y empleara los bienes de las familias de Pompeya que no habían dejado herederos en su reconstrucción. Y ésta se hizo a conciencia.

Sea como fuere los que han recorrido las calles desenterradas de la antigua Pompeii no han advertido apenas signos de aquella catástrofe, sino que se revive una sensación de vida próspera, exquisita, feliz de sus habitantes con mil detalles positivos. Omnipresencia de una actividad pujante industrial y comercial, talleres de productos agropecuarios así como bodegas, almazaras, panaderías, factorías de ‘ garum’ (salsa extraída del pescado), mercados de telas y de lana de pastores trashumantes de la región de Samnio, calzado, ropa, joyas, recipientes, establecimientos de bebidas y comidas, hoteles. Y hasta, como antes del la destrucción, lupanares, albergues e incluso termas de agua fría y caliente.

De esa vida comercial de Pompeii se conservan muchos edificios en un área de 145 metros de longitud por 38 de anchura. Allí están las consiguientes estatuas dedicadas al emperador, miembros de su familia y ciudadanos importantes, como en todas partes. En el foro los vendedores locales y de la región colocaban sus productos en grandes mesas o se sentaban en el pasillo y se refugiaban bajo cubierto cuando llovía. Allí había tablillas expuestas al público, donde se escribían las noticias más importantes del día, y los ciudadanos podían escribir sus quejas lo que muchos aprovechaban par hablar contra sus adversarios.

Durante las excavaciones, se han hallado algunos huecos en la ceniza que contuvieron restos humanos. En 1860, el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar estos huecos con yeso, obteniendo así moldes que mostraban con gran precisión el último momento de la vida de los ciudadanos que no pudieron escapar a la erupción. En algunos de ellos la expresión de terror es claramente visible. Otros se afanaban en tapar su boca o la de sus seres queridos con pañuelos o vestidos tratando de no inhalar los gases tóxicos, y alguno se aferraba con fuerza a sus joyas y ahorros. Hubo quien prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida, y su cuerpo se conserva junto a pequeñas botellitas que contenían veneno. Los perros guardianes siguen encadenados a las paredes de las casas de sus amos, al igual que los gladiadores del anfiteatro (en este último caso, acompañados de una misteriosa mujer cargada con todas sus joyas de gala).

Aunque en la historia hay volcanes más desastrosos Pompeya es un símbolo para los volcanólogos e historiadores. ¿Pueden predecirse los volcanes?

Aunque la ciudad de Pompeya se ha preservado en un estado envidiable bajo la capa de cenizas, hay que tener en cuenta que durante la erupción los edificios vivieron un fenómeno muy parecido a un bombardeo, motivo por el cual la mayoría de los tejados se vinieron abajo y muchas edificaciones grandes se hallaron gravemente arruinadas.

El número actual de víctimas detectadas es de unas 2000, y se espera que aparezcan muchas más en las partes de la ciudad que todavía no han sido excavadas. Los bien conservados frescos de Pompeya son una muestra excelente de la cultura de la ciudad.

Pompeya es la única ciudad antigua de la que se conoce de forma precisa su estructura topográfica, sin modificaciones posteriores. No estaba distribuida en un plano regular como solía ocurrir con las ciudades romanas, debido a la irregularidad del terreno. Pero sus calles eran rectas y formaban una rejilla al más puro estilo romano, con su cardo y su decumano. Estaban pavimentadas con piedras poligonales y había casas y comercios a ambos lados.

El sarcófago de las cenizas conservó a Pompeya intacta para la historia

La ciudad ofrece un cuadro de la vida romana durante el siglo I. El momento "inmortalizado" por la erupción evidencia literalmente hasta el mínimo detalle de la vida cotidiana. Por ejemplo, en el suelo de una de las casas (la de Sirico), una famosa inscripción Salve, lucrum ("Bienvenido, dinero"), quizás con intención humorística, nos muestra una sociedad comercial perteneciente a dos socios, Sirico y Numiano (aunque este último bien podría ser un apodo, ya que numus significa moneda). En otras casas abundan los detalles sobre diversos oficios, como los trabajadores de la lavandería (fullones). Así mismo, las pintadas grabadas en las paredes son muestras del latín empleado en la calle. Sin embargo, no hay que pensar que la ciudad que se excava en la actualidad quedó congelada en el momento de la erupción. La población de Pompeya se calcula entre las 6.500 a las 30.000 personas, mientras que sólo de han encontrado unos 2.000 cadáveres.

Además, muchos de los edificios están extrañamente vacíos, lo que hace pensar que gran parte de la población habría huído ya durante los terremotos que precedieron a la erupción (recordando, quizás, el gran terremoto del año 62) y se habrían llevado con ellos una parte de sus objetos de valor. Se explican así, además, algunos de los tesoros que se han hallado en la ciudad, ya que los ciudadanos que huyeron los escondieron para recuperarlos cuando los problemas pasaran. Por último, existen varias pruebas de que la ciudad fue saqueada (ya por sus antiguos habitantes o por otras personas) a fin de recuperar sus pertenencias o llevarse los materiales valiosos, para lo cual excavaron túneles entre las cenizas.

El Vesubio, el volcán más activo a través de la historia

En el año de la erupción, se calcula que la población de Pompeya era de unas 15.000 personas. La ciudad estaba situada en una zona donde abundaban las villas vacacionales, y contaba con numerosos servicios: el macellum (gran mercado de alimentos), el pistrinum (molino), los thermopolia (una especie de taberna que servía bebidas frías y calientes), las cauponae (pequeños restaurantes) y un anfiteatro.

El primer relato de la actividad permanente de Vesubio después del de Plinio el Joven es de Galeno (172 d. C.) quien declara que "el tema del mismo (Vesubio) sigue ardiendo". El historiador Dion Cassio en 203 d. C. reporta una violenta erupción según noticias escuchadas en Capua, a unos 40 km. del volcán.

La información sobre la erupción del 512 es más detallada. Casiodoro, un oficial del propio rey Teodoricus, le escribió una carta para solicitar la exención de impuestos para las personas afectadas por la erupción. Varios autores informan otras erupciones en el 787, 991, 993 y 999 (ver en Alfano, 1924) lo que debe juzgarse como un augurio debido a la creencia del fin del mundo para el año 1000.

El Vesubio se equivocó respecto al fin del mundo para el año 1000

León Marsicanus se refiere a una nueva erupción el 27 de enero de 1037, que duró seis días. La crónica del monasterio Cassino registra otra erupción explosiva entre 1068 y 1078. Desde 1500 hasta a 1631, no hubo ninguna actividad más del Vesubio.

La gran erupción de 1631 se considera la mayor expresión de furia explosiva del Monte Vesubio desde las del 472 y el 512 d. C. Ocurrió después de 131 años de inactividad. La población local no recordaba siquiera lo que era un volcán. La montaña fue llamada "La Montagna di Somma" (la montaña de Somma, una pequeña ciudad en su lado norte), que fue la víctima. Varios meses antes del comienzo de la erupción, la gente cerca del volcán sintió algunos pequeños terremotos (Braccini, 1632).

Ellos no sentían, especialmente miedo alguno porque los terremotos de la cercana cadena de los Apeninos a menudo se sentían en la zona (uno grande había ocurrido tres años antes, en Apulia, en 1628. Sin embargo, el despertar del Vesubio en el año 1631 sorprendió a los habitantes. Una erupción explosiva fuerte se inició en la noche del el 15 al 16 de diciembre de 1631 y su fase paroxística duró dos días. Los flujos de lava bajando imparables por la ladera mataron a 3.000 personas.

Entre las grandes erupciones de 1631 y 1944 el Vesubio, estuvo casi siempre en activo. Las erupciones de mayor intensidad ocurrieron en 1794, 1822, 1834, 1839, 1850, 1855, 1861, 1868 y 1872. Después de 1872 los derrames de lava lenta, que duraban varios años. En 1872, después de la erupción, el cono del Vesubio tuvo su máxima altura, 1335 metros.

En mayo de 1905, comenzó una nueva erupción, al principio con derrames de lava lenta y, desde enero de 1906, con explosivos de actividad intermitente (llamada estromboliana). El 7 de abril 1906 la erupción alcanzó el clímax con fuentes de lava y terremotos. La columna eruptiva de cenizas y gas alcanzó la altura de 13000 m. La erupción terminó en los últimos días de abril. El 28 de noviembre de 1926, el cráter se había llenado hasta el borde inferior (-1.070 m) y desde ese momento, los flujos de lava descendieron por las laderas del cráter. El 20 de Octubre de 1929 un importante flujo de lava se extendió fuera del borde de la caldera Somma y llegó a la aldea de Terzino, seguida por una fase de magma brotante acompañada de tremor sísmico constante.

En 1944 el campo de lava había llenado casi toda la extensión del cráter hasta la altitud de 1140-1150 m. aproximadamente. El 6 de enero de 1944, los flujos de lava continuaron hasta el 26 de enero frente a la llanta y hasta el 23 de febrero en que sólo se le sintió en su interior. Ese día pareció terminar la actividad.

El Vesubio destruye una flota de 88 superfortalezas B-25 en la II Guerra Mundial

La erupción del Monte Vesubio de marzo de 1944, fue la última que se conoce y la más atrevida. La lava destruyó varias poblaciones y toda una flota de B-25, que se hallaba en un aeródromo. Desde entonces el volcán ha estado en una etapa de reposo sin ningún signo importante de la actividad.

Afortunadamente, excepto en la erupción de 1944, no había aviones, o sea, que nadie se tuvo que quedar en tierra como hoy.

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Ludmila (14/08/2013)

Odio tener que copiar todo esto