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El volcán caprichoso no dará a luz a otro San Borondón. El futuro incierto de El Hierro

10/11/2011 16:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los científicos no descartan otra erupción submarina al norte de El Hierro. El buque oceanográfico Ramón Margalef es una buena adquisición para el futuro submarino de Canarias

La naturaleza es caprichosa. Nadie sabe, por el momento, cuál será el camino que elija el magma en su salida definitiva a la superficie del mar, si es que lo hace; o se decanta por hacerlo en tierra; y, en ese deambular ahora parece haber elegido el Mar de Las Calmas donde un día se enrabieta y expulsa violentamente gases y ceniza a unos 20 metros sobre la superficie para, luego, volver a relajarse. Y así podría estar días, o semanas, o años. ¿Quién lo sabe?

Parece que quiera emular a San Borondón, apareciendo y desapareciendo a su antojo. O tal vez la mítica isla la que esté ahí abajo, escondida durante miles de años, luchando ahora por emerger de una vez.

Se ha vuelto reactivar por momentos para, luego, volver a calmarse; y ahora parece que se mantiene estable. Como viene sucediendo desde el inicio del proceso eruptivo, no se puede descartar nada. El volcán puede continuar hacia la formación de un edificio volcánico que ya sería visible en la superficie, aunque también podría atenuarse o pararse. Con todo, habrá que esperar al pronunciamiento de los científicos. El tiempo también es otro de los interrogantes para los expertos. Así, este proceso eruptivo podría tardar desde sólo unos días a más de un año en finalizar.

Los científicos tampoco descartan una erupción submarina en el norte de la isla, aunque precisan que no es inminente y que, de producirse, sería similar a la de La Restinga.

Por ahora, y si la situación no varía, el foco de erupción continúa a la misma distancia de Punta Restinga, una milla. La mancha ha adquirido un tono más marrón y mantiene un cierto nivel de burbujeo.

La lava continúa fluyendo en las aguas de El Hierro. La erupción del volcán continúa y los científicos pudieron adelantar las primeras hipótesis sobre su evolución y futuro desenlace: la formación de un pequeño islote. Días pasados se avistaron restos de rocas humeantes. Esta sería la primera de las cuatro fases que probablemente vivirá la erupción. El material, los remolinos y las burbujas de gas siguieron presentes durante un día de a 2, 4 kilómetros de la costa sur de la isla.

El coordinador del equipo de científicos del CSIC que evalúa la erupción, Ramón Ortiz, explicó que en una segunda etapa surgirá una columna de vapor de agua de varios metros visible desde tierra, un vapor no nocivo para las personas. Esta será la señal previa a la fase explosiva del volcán (la tercera). Después del vapor, llegará una explosión que emitirá cenizas, lo que se conoce como "colas de gallo". Por último crecerá "una pequeña isla de la que fluirá una fuente de lava tipo surtidor", señaló Ortiz. Estas son las proyecciones con las que trabajan los científicos. Lo que no se puede predecir por ahora es la duración de cada fase ni el momento en el que se producirá la explosión final. La portavoz del comité científico que trabaja en la isla canaria, María José Blanco, subrayó que depende de la profundidad a la que se encuentre la boca del volcán –el centro emisor del material– y de la cantidad de magma que expulse. Por otro lado, es posible que la erupción no culmine todas las fases y se detenga en una de ellas –las columnas de humo o la explosión de cenizas–. Se ha hablado de una profundidad de 300 metros.

La actividad sísmica de la isla desciende a capricho de la naturaleza y Ramón Margalef de vigilancia pudo iniciar la instalación de unos instrumentos, denominados hidrófonos, que permitirán conocer datos sobre la evolución de la erupción y planificar una nueva evacuación con tiempo si fuera necesario. Está previsto que la instalación de estos equipos acabe pronto y los vecinos de La Restinga puedan regresar a sus domicilios. Los 500 habitantes de este pueblo pesquero fueron evacuados pero pudieron volver de regreso a sus casas.

Los habitantes de la isla de El Hierro esperan con ansia el desenlace de la erupción. Por una parte siguen con gran interés la evolución del volcán, "un fenómeno casi único, que pocos tienen la oportunidad de ver en directo", explicaban los curiosos que se acercaban a la costa sur de la isla. Varias decenas de personas, equipadas con prismáticos, observaban los restos de lava y las burbujas de la superficie del mar. "Esperemos que, cuando se produzca la erupción final, no haya daños", añadían.

Por otra parte, los habitantes de El Hierro esperan que todo vuelva a la normalidad y recuperar las pérdidas económicas que la erupción provoca. El turismo ha bajado drásticamente y muchos pescadores no pueden salir a faenar. Dos municipios han declarado el estado de alerta económica.

El proceso durará tiempo, habrá burbujas de gases unos días y otros no, como cuando nació San Borondón, la mítica isla que según el folklore canario aparece y desaparece para tomar el pelo a los marinos.

Los volcanes submarinos son muy beneficiosos para el cambio climático

Un grupo de científicos australianos y franceses han demostrado por primera vez que los volcanes son una fuente importante de hierro que las plantas unicelulares llamadas fitoplancton necesitan para florecer y en el proceso absorber CO2, la principal fuente de los gases de efecto invernadero.

Ha habido un gran número de estudios que muestran que el hierro se libera de los volcanes situados en aguas profundas, dijo Andrew Bowie, un destacado científico del Antarctic Climate & Ecosystems Tasmania.

"Pero ningún estudio ha considerado eso a un nivel global y teniendo en cuenta su importancia en el almacenamiento de carbono del océano Antártico", dijo Bowie, a Reuters.

Los volcanes están esparcidos a lo largo de profundas cordilleras oceánicas que marcan las mayores placas tectónicas de la corteza terrestre y el estudio se basa en parte en cuánto hierro hay en el océano Antártico a profundidades de hasta cuatro kilómetros.

No se sabe si el fenómeno es volcánico o tectónico. La experiencia de los miles de volcanes queno conocen ni los científicos nos podría decir de qué tipo será lo que salga del mar

El estudio se ha publicado en el último número de Nature Geoscience. El hierro se encuentra sólo en pequeñas cantidades a lo largo del océano Antártico, frenando el crecimiento del fitoplancton.

Los científicos han demostrado que grandes cantidades de hierro pueden proceder del polvo transportado por el viento, por ejemplo de una gran tormenta de polvo en Australia, o de sedimentos ricos en hierro de las aguas costeras, haciendo florecer el fitoplancton.

Los océanos absorben alrededor de una cuarta parte del CO2 producido por el hombre por los combustibles fósiles y la deforestación, siendo el océano Antártico, entre Australia y la Antártida, el mayor vertedero de carbono.

El fitoplancton sostiene la cadena alimentaria del océano. Cuando mueren o son comidos, llevan grandes cantidades de carbono que absorben hacia el fondo del océano, aprisionándolo durante siglos.

Estas fuentes son variables pero podrían incrementarse si algunos países, como Australia, se vuelven más áridos.

El último estudio muestra que la cantidad de hierro de los volcanes de aguas profundas es relativamente constante y responsable de entre el 5 y el 15 por ciento del almacenamiento total de carbono del océano, y en algunas regiones hasta el 30 por ciento.

Los científicos hallaron que gran parte del agua profunda rica en hierro llegó a la superficie más cerca de la Antártida, llevando al florecimiento del fitoplancton.

Bowie dijo que aún no estaba claro cómo afectará el cambio climático a la cantidad total de hierro que llega a la superficie del océano Antártico.

Por fin llegó el buque oceanográfico Ramón Maralef con su robot Liropus y está haciendo una labor muy positiva en El Hierro

El buque Ramon Maralef y el robot Liropus forman una "simbiosis" para participar en la evaluación del agua del mar en las costas de El Hierro como consecuencia de las erupciones volcánicas.

El buque oceanográfico citado, uno de los laboratorios flotantes más avanzados de España juega en todo esta saga, un importante papel.

Así lo ha reconocido el jefe de equipamiento del IEO, José Ignacio Díaz, quien ha explicado que esa emoción lo produce el hecho de que será la primera vez que se utilice el Margalef, pero ha comentado que al volcán no se le puede decir que espere hasta que el buque esté rodado.

El IEO recibió el Margalef el pasado 23 de septiembre y, desde entonces, se han hecho pruebas al robot para que iniciara su labor con garantías, ante la aparición en el mar de La Restinga de manchas generadas por la erupción submarina..

El barco, con 46 metros de eslora, dispone de unas sondas con las que se está haciendo un reconocimiento batimétrico muy detallado antes de poder echar al agua con seguridad el Liropus 2000.

La sonda del Ramón Margalef funciona como una especie de abanico que da la topografía del fondo marino en tres dimensiones y, al mismo tiempo, tiene un módulo que permite ver si hay discontinuidades dentro del agua, con lo que se sabrá si el agua está caliente o si sale gas del fondo.

Una vez hecho el mapa topográfico de la zona se determinará si hay seguridad para poner el robot, que está entretanto “durmiendo” en su "garaje" y es capaz de identificar la topografía, señaló quien le maneja José Ignacio Díaz, quien ha comentado que, en realidad, es el Liropus 2000 el que mueve el barco.

El sistema es un todo, ha insistido el jefe de equipamiento del IEO, quien ha señalado que debe tenerse en cuenta que la mancha probablemente no sea un lugar seguro para que navegue el buque, ya que se refrigera con agua salada.

Pero como el buque científico "Profesor Ignacio Lozano", del Instituto Canario de Ciencias Marinas, hizo su labor el Ramón Margalef ya completará la investigación de la naturaleza del agua.

El Ramón Margalef, en el que se han invertido más de 18 millones de euros y que tiene diez días de autonomía, puede albergar a once investigadores y técnicos, además de a doce tripulantes, y se desplaza con tres motores diesel de 1.040 caballos cada uno y dos motores eléctricos propulsores de 900 kilovatios.

El robot Liropus 2000 puede llegar hasta los 2.000 metros de profundidad y está dotado con un sistema de iluminación de 17.000 lumens de potencia (17 veces más que una bombilla de 100 vatios) y cámaras tanto de alta definición como de muy baja luminosidad.

Este robot, que ha costado 1.450.000 euros, tiene dos equipos para medir temperatura, presión y salinidad, así como un aparato de efecto Doppler para estudiar las corrientes.


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