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Vivieron estudiantes mexicanos días de horror y hambre en Concepción

07/03/2010 10:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las estudiantes mexicanas Zac-Nicthé y Rebeca Fé llegaron a Concepción apenas dos días antes del terremoto que había de devastar esa ciudad del sur de Chile y que las llevaría a vivir días de horror y hambre que recordarán el resto de sus vidas. Ellas y el michoacano Llemil Talamas, con quien se encontraron en Concepción, fueron sorprendidos por el terremoto del pasado sábado 27 de febrero en una vieja casona de dos pisos en la que se pensionaron, y la cual crujió como si fuera a partirse en dos. "De repente se oyó ruido en el techo de la casa y en la escalera, que era de madera. Pensamos que era una persona que venía corriendo, se oía así, y después ya se apagó todo, se empezó a mover y ya, a mí se me hizo mucho tiempo", relata a Notimex Rebeca Fé González Peña. La estudiante regiomontana de 21 años de edad, quien cursa Trabajo Social en la UANL y haría un semestre de esa licenciatura en la Universidad de Concepción (UdeC), recuerda que al pasar el terremoto salió con sus compañeros al patio de la casa y después a la calle. Ninguno de los tres había vivido un terremoto y estaban horrorizados por la sensación de que morirían aplastados por la estructura de madera y concreto que durante los dos minutos y medio que duró el terremoto de 8.8 grados Richter amenazó con desplomarse sobre ellos. La familia Valdebenito Oñate, integrada por un matrimonio y dos hijos y propietaria de la pensión estudiantil, los trató de calmar en la calle, donde se juntaron, pero ya nadie volvió a dormir. Pronto se dieron cuenta que el daño del terremoto había sido inmenso. Observaron un panorama de devastación a su alrededor y, aunque su casa quedó en pie, estaban a oscuras, sin luz, sin agua, sin Internet, con unos cuantos víveres que habían comprado de prisa la noche del viernes y con las líneas telefónicas caídas. Zac-Nicthé Overa Osorio, una yucateca de 20 años que al igual que su amiga Rebeca Fé estudia Trabajo Social en la UANL, había comprado un chip chileno para su celular la noche del viernes pero ninguna llamada salía y estaban desesperados por contactar a sus familias. La incomunicación y las escenas de devastación a su alrededor incrementaban su angustia. "Había casas tiradas, un edificio que se partió a la mitad, muchas casas completamente destruidas y muchos negocios también", dice Zac-Nicthé. Los primeros reportes ubicaban el epicentro del terremoto cerca de Concepción y pronto se comenzó a hablar de que esa ciudad localizada 530 kilómetros al suroeste de Santiago había sufrido daños muy severos por el potente movimiento telúrico. Gracias a que la joven estudiante había proporcionado el número de su nuevo celular a un amigo con el que chateó por Internet la noche del viernes, su familia pudo llamarle y unas ocho horas después del movimiento telúrico logró contactarse con ella. Luego llamaron los familiares de Rebeca Fé y de Llemil al mismo teléfono y eso los tranquilizó de manera momentánea, porque enseguida se dieron cuenta que todo se comenzaba a complicar. El domingo, la familia Valdebenito Oñate les comunicó que se trasladaría a una casa de campo que tiene por la zona y los dejó solos en la casona-pensión, lo que desconcertó un tanto a los tres jóvenes mexicanos, y en poco tiempo comenzaron los saqueos. "Todo fue empeorando porque la gente, como se desesperó mucho, empezó a saquear todos los mercados, las farmacias. Tú veías pasar a la gente con las cosas y nosotros nos estábamos muriendo de hambre, pero pues obviamente no quisimos caer en eso", dice Zac-Nicthé. Llemil Talamas Troyo, un joven michoacano de 21 años de edad que estudia Odontología en la UANL y participó en el programa de intercambio con la UdeC, indica que nunca en su vida había sentido hambre y que es una sensación muy desagradable y desesperante. El joven, quien había llegado a Concepción el domingo 21 de febrero, cuatro días antes que sus amigas, indica que racionaban los pocos alimentos que tenían (jamón, salchichas, papas, sopas instantáneas y galletas) y que comían una vez al día. "Teníamos mucha hambre, sed, no había agua. No nos bañamos en seis días porque el agua nunca llegó. Hacíamos filas de cinco horas por unos litros de agua y pues no más para lavarte los dientes. Tomabas agua y sabía a cloro, era ir sobreviviendo prácticamente", indica. El papá de Zac-Nicthé llamó desde México a la Embajada mexicana en Santiago para reportar la situación de los jóvenes, quienes formaban parte de un grupo de unos 25 estudiantes mexicanos que se encontraban en Concepción como parte de programas de intercambio. El pasado lunes, un funcionario de la Embajada viajó a Concepción para localizar a los connacionales en esa ciudad y prestarles ayuda y, de manera paulatina, se fue contactando con ellos en medio de las dificultades que imponía la falta de telecomunicaciones. La familia Valdebenito Oñate regresó a la ciudad a buscarlos el pasado martes para llevarlos a su casa de campo, donde las condiciones eran mucho mejores pues al menos había agua y comida, pero ellos optaron por permanecer allí. Un día los tres jóvenes decidieron ir a la UdeC para evaluar si aún era posible permanecer en ese centro de estudios o de plano optaban por volver a México, pero en el camino les salió un ladrón con una navaja y los despojó del celular y de sus pocas pertenencias. Cuando el delincuente se disponía a huir, un anónimo chileno se acercó a auxiliarlos, forcejeó con el tipo y entre él y Llemil lo sometieron y lograron recuperar su bien más preciado: el celular de Zac-Nicthé, que era su único vínculo con el mundo. Concepción fue una ciudad sin ley por espacio de varios días, en la que hordas armadas salían a saquear comercios y residencias, hasta que la presidenta Michelle Bachelet decretó el estado de excepción y mandó tropas del Ejército a patrullar las calles. Ante la situación de emergencia, los jóvenes decidieron dejar Concepción y retornar a México. Una camioneta de la Embajada los transportó a esta capital el jueves por la noche y tienen programado retornar a su país el miércoles próximo. En seis meses o un año más piensan volver para cumplir el plan académico que por ahora dejaron truncado. Será como cerrar el círculo, como recuperar sus vidas a partir de un futuro reencuentro con Concepción y con los fantasmas que aún revolotean por allí.


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