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La policía de Rio gana la medalla a la brutalidad y al genocidio.Lo denuncia Amnistía Internacional

14/08/2016 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Laviolencia policial desangra el estado de Río de Janeiro, En julio 2016, más de 100 personas han sido asesinadas por las fuerzas armadas, en su mayoría jovenes negros o mujeres procedentes de las favelas Triunfa la impunidad. Es la realidad de los Juegos

Una serie de promesas y miles de palabras bonitas llenan los tres volúmenes que componen el informe de la candidatura de Río para los Juegos Olímpicos de 2016. Desde 2009, cuando el país ganó el proceso de licitación de los Juegos Olímpicos, la población brasileña puso grandes expectativas en la organización del mayor macroevento del mundo.Pero luego...

Peluches que simbolizan los tractores que han arrasado, estos últimos dos años,   cientos de favelas en Río de Janeiro. Un puzzle que recompone el coche tiroteado 111 veces por la Policía Militar en el que fueron asesinados cinco jóvenes del suburbio de Costa Barros, zona norte de  Río de Janeiro. O sandalias con la imagen de jóvenes negros siendo cacheados de camino a la playa. Estos son algunos de los polémicos "anti-souvenirs" olímpicos creados por el humorista y artista brasileño Rafael Puetter, conocido como Rafucko. Instantáneas cotidianas para el conjunto de la sociedad brasileña y que muestran el grado de represión policial existente en todo Rio, incluida la sede olímpica.

La brutalidad policial desangra el estado de Río de Janeiro, cuya mortandad se cobró la vida de 645 personas solo en el año 2015: el 77, 2% era de raza negra o indígena. En concreto, el año pasado, uno de cada cinco homicidios en la ciudad fue cometido por policías de servicio. En julio 2016, más de 100 personas ya han sido asesinadas por estas fuerzas armadas, en su mayoría chicos o mujeres procedentes de las favelas, según denuncia Amnistía Internacional. Esta realidad de muerte con impunidad, reservada a las áreas más desfavorecidas de la Ciudad Maravillosa, no parece que vaya a mejorar la historia de las Olimpiadas. Se calcula que unos 85.000 agentes —entre policías y militares— garantizan la “seguridad”  pública.

El inventario de crímenes que la Policía Militar brasileña habría cometido en los últimos meses contra los habitantes de favelas ‘pacificadas y no ‘pacificadas’ es abultado. Y no sólo en Río de Janeiro. La organización independiente Ponte calcula que sólo desde 1995.en el estado de São Paulo la Policía ha matado a 10.000 personas  En todo Brasil, cinco personas por día.

Hay ejecuciones a sangre fría con ocultación de cadáveres. Torturas seguidas de asesinatos. Violación colectiva de mujeres. Amenazas de muerte contra los más jóvenes de color.La policía confecciona listas secretas de personas ‘marcadas’ para morir, favela por favela.Tampoco faltan abusos policiales que atentan contra la dignidad humana. “Me obligaron a comer la mierda de un perro”, cuenta a un reportero un muchaco de 15 años, que denuncia maltrato por parte de agentes de la Policía Pacificadora, el nuevo cuerpo policial creado hace seis años con el objetivo de mantener a raya los conflictos armados en las favelas de Río de Janeiro. Curiosamente, es un cuerpo formado por agentes jóvenes, con el fin de evitar la corrupción y los vicios tradicionales de la Policía Militar.

La "seguridad para todos" prometida en 2009 para los Juegos Olímpicos de 2016, se ha transformado en amenaza para todos. En lugar de ello, Amnistía ha denunciado 2.500 personas asesinadas por la policía desde entonces y muy poca justicia", afirma Atila Roque, director de Amnistía Brasil. Este clima de impunidad bajo el que, según la ONG, en numerosas ocasiones se esconden ejecuciones extrajudiciales, lo ha  denunciado también la organización Human Rights Watch en su último informe.  Según este estudio, las amenazas a testigos o las alteraciones del escenario del crimen añadiendo pruebas falsas son algunas de las prácticas habituales para encubrir el uso ilegal de la fuerza letal, cuanndo hay denuncias de las ONG.

El puzzle de la colección 'anti-souvenirs olímpicos' del artista brasileño Rafucko, reconstruye el asesinato de cinco jóvenes negros y el terror de  los favelados por la policía militar en el suburbio de Costa Barros.

En el marco de una protesta pacífica, activistas de Amnistía Internacional exhibieron 40 bolsas de cadáveres en el exterior del Comité Organizador Local de los Juegos Olímpicos de Río 2016, que representaban el número de personas que perdieron la vida a manos de la policía en mayo de 2016 en Río de Janeiro

 

Los activistas de AI entregaron también una petición firmada por 120.000 personas de más de 15 países en la que se reclamaban políticas de seguridad pública que respetaran los derechos humanos durante los Juegos Olímpicos de Río 2016. “El Comité Organizador Local  que está a cargo del gran evento deportivo y comparte la responsabilidad en las operaciones de seguridad y las consiguientes violaciones de derechos humanos cometidas por agentes del Estado en el contexto de los Juegos Olímpicos”, ha afirmado…Estas firmas fueron recogidas como parte de la campaña internacional "La violencia no forma parte de este juego", con la S que esperan cambiar la forma de actuar de las autoridades y prevenir así futuras violaciones de derechos humanos durante los Juegos.

Amnistía Internacional presentó  en la sede del Comité Río 2016 presentó un documento para exigirr a los responsables de los Juegos que presionen a las autoridades brasileñas para lograr una reducción de la violencia policial, que desde 2009 se ha cobrado cerca de 2.500 muertes en la ciudad.Las firmas, acompañadas por una corona de flores, se entregaron después de que miembros de la organización se manifestaran frente a la sede del comité.

"Nuestra preocupación en los Olímpicos es el aumento de la violencia policial en la ciudad", explicó la responsable del área de Seguridad Pública de Amnistía Internacional Brasil, Renata Nedes.Ella alegó que, durante grandes eventos de cualquier deporte "se nota un aumento importante del número de personas muertas por la policía en la ciudad de Río y en el estado de Río".

Amnistía Internacional hizo denuncias similares durante los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007 y la Copa del Mundo de fútbol en 2014.

Para que esta situación mejore, Amnistía pide "entrenamiento específico" para las Fuerzas Armadas y la policía, que cubra desde la gestión de manifestaciones hasta el control de las armas de sus actividades, así como "mecanismos claros de denuncia, investigación y responsabilización de los casos de abusos que ocurran ahora en el contexto de las Olimpiadas"."Tenemos un elemento ahora que se vuelve totalmente crucial, que es la investigación y responsabilidad de los casos de abuso cometidos por las fuerzas de seguridad", ya que, aseguró Nedes, "la impunidad alimenta el ciclo de violencia por parte de las fuerzas de seguridad pública".Y nunca hay una investigación tras un crimen.

Para las ONG, las medidas tomadas por las fuerzas de seguridad se basan en un "uso excesivo e innecesario de la fuerza" y gestion violenta ante manifestaciones y favelas, una situación que, denunció Renata Nedes, como"no aceptable".Durante las protestas pacíficas, los organizadores aprovechan para recordar la existencia del programa "Fuego Cruzado", una aplicación para internet lanzada por Amnistía Internacional el pasado 5 de julio que permite a los usuarios denunciar tiroteos y las víctimas con detalle en la ciudad de Río.

Voces desde las favelas y de algunos periodistas indignados

"No voy a tener tiempo de animar a Brasil en los Juegos. Estaré atenta y preocupada de mi familia y con los habitantes de (la favela de) Manguinhos por culpa de la violencia policial. Para los pobres, lo que nos queda es un legado de dolor, sangre y lágrimas", escribió hace unos días para la columna feminista #AgoraÉQueSãoElas ("Ahora Qué son ellas"), del diario Folha de S.Paulo, la pedagoga Ana Paula Oliveira desde la sede de la ONU en Ginebra, Suiza

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Oliveira ha viajado desde Río hasta Europa con la única misión de denunciar ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU las consecuencias fatales que tales megaeventos ocasionan en la vida de sus ciudadanos más humildes. Denunciar la militarización de sus barrios y hogares, la exclusión a la que son sometidos con el fin de mostrar a los turistas "una ciudad bonita"  o la muerte de cientos de jóvenes de las favelas. Ella lo ha vivido ella en primera persona. Su propio hijo fue asesinado por la policía militar un mes antes del Mundial de Fútbol, en mayo de 2014.

"Es verdad que estar en Europa ya es una gran victoria, es salir de la favela hacia el mundo con la responsabilidad de representar a millares de madres. Para nosotras, que vivimos en la invisibilidad, poder dar voz a nuestros niños es muy importante. Tengo la esperanza de que las personas escuchen lo que tengo que decir y se empeñen en cambiar esa realidad", continúa Ana Paula Oliveira. Una realidad de crímenes impunes y violaciones de derechos que hoy necesita oídos.

La atención mediática que toda Olimpiada genera es uno de los pocos factores positivos con los que Theresa Denise Williamson, fundadora de la ONG Catalytic Communities, se complace: "Nunca antes la sociedad civil carioca ha estado tan fuerte, informada, consolidada y unida. La visión internacional de lo que es Río ahora se asemeja más a la realidad de la ciudad, lo que creará un estímulo de cambio entre una élite muy preocupada con su reputación en el extranjero", afirma Williamson, quien también lucha por transformar esa imagen internacional a través del medio alternativo RioOnWatch, donde da visibilidad a lo que sucede en las favelas .

 

Otras formas de violencia

 

María da Penha en una de las pocas casas originales que todavía quedan en pie en la Vila Autódromo."Las personas a veces piensan en Brasil  que el pobre es como basura que debe ser recogida. No somos basura. Somos personas con derechos que tienen que ser respetados", explica una orgullosa María da Penha, símbolo de resistencia de la comunidad Vila Autódromo. Esta favela, colindante con el Parque Olímpico, ha visto su población reducida de 600 a 20 familias en apenas dos años. Pocos vecinos lucharon por su derecho de permanencia, los mismos pocos que  hoy pueden celebrar que se han quedado. La mayoría aceptó una pequeña indemnización o se mudó al complejo ocupacional Parque Carioca.

Un incierto tira y afloja que, lejos de ser una excepción, se repite en muchos otros asentamientos irregulares amenazados por la hambrienta reestructuración y revalorización urbana que soportó la ciudad. Comunidades históricas como la Favela do Sambódromo, Vila das Torres o Largo do Campinho ya han sido demolidas. Otras, como la Vila União de Curicica o la Colonia Juliano Moreira —esta última amenazada por el trazado de la novedosa Transolímpica (BRT), una vía exclusiva para autobuses exprés— quedan mermadas poco a poco.

Las páginas del último  dossier del Comité Popular de Río de Janeiro para la Copa Mundial y las Olimpiadas denuncian que por lo menos 4.120 familias han sido desalojadas de sus casas y 2.486 han vivido bajo esa amenaza por proyectos relacionados directa o indirectamente con los Juegos.

"Debido a estos desalojos muchos niños están viviendo en condiciones deplorables: sin acceso a agua, infraestructuras cero, ni posibilidad de ir a la escuela. Esto significa que podrían convertirse en víctimas de explotación, trabajo infantil o violencia sexual", alerta la Federación Internacional de ONG  Terres des hommes, centrada en los derechos de los niños. El fantasma del velado turismo sexual, que ya repuntó durante la Copa del Mundo, junto al flagrante trabajo infantil —que afectaba a 554 mil niños de entre 5 y 13 años en todo Brasil, según datos de 2014— constituyen, una vez más, los principales miedos.

Tampoco acaban aquí las violaciones de derechos humanos relacionadas con los Juegos Olímpicos. La misma organización denuncia que también se están produciendo desapariciones de personas sin hogar en algunos de los espacios públicos donde se celebrarán competiciones deportivas. En solo dos meses, de diciembre a febrero de 2016, unas 209 personas sin hogar han sido retiradas y 869 detenidas, según datos de la Secretaria de Estado.

La prometida "seguridad para todos" que se dio en 2009 para los Juegos 2016, se ha transformado en gatillo fácil

El desalojo forzoso previsto de familias de la comunidad guaraní kaiowá de Apika’y de sus tierras ancestrales en el estado de Mato Grosso do Sul es otro ejemplo de cómo las autoridades aprovechan para pisotear los derechos humanos y hacer sitio a terratenientes interesados en esas parcfelas y luego beneficiados; así lo ha afirmado Amnistía Internacional. Según el Consejo Indigenista Misionero, asociado local de Amnistía Internacional, un juez acaba de notificar a la comunidad que su desalojo forzoso tendrá lugar los próximos meses. Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, y Atila Roque, director ejecutivo de la Sección Brasileña de la organización,  visitaron Apika’ y y se reunieron con dirigentes indígenas para arreglar el asunto que no parece tener nada que ver con los Juegos."No estoy en contra de las Olimpiadas, pero sí en contra de utilizar un megaevento para hacer higienización social; para excluir y empeorar la vida de las personas que ya viven en una precariedad inmensa", concluye con indignación Nathalia Silva, vecina de la combativa Vila Autódromo. "Hay que acabar con esa podredumbre oculta tras los Juegos"

No es noticia que en Río de Janeiro los principales indicadores de seguridad hayan empeorado alarmantemente a lo largo del último año. Sí lo es, sin embargo, que los vecinos de las favelas, hartos de pagar la factura de las intervenciones policiales indiscriminadas contra los grupos narcos y no narcosde las tristemente nevitables balas perdidas y las "víctimas adyacentes", hayan decidido romper el silencio y plantarle cara a un Estado que históricamente los ha tratado como ciudadanos de tercera.

Una imagen que viene siendo habitual en los últimos meses es la de grupos de vecinos de diferentes favelas cariocas cortando el tráfico de carreteras y avenidas, incendiando autobuses y vehículos públicos, montando barricadas o emprendiéndola a pedradas contra la policía. Las fotos son bastantes claras: en ellas se aprecia a mujeres y hombres de edad avanzada, madres y jóvenes sin armas de fuego que, espoleados por las permanentes manifestaciones que se extienden por Brasil, lanzan ahora un grito de hartazgo desesperado, contenido durante décadas.

En las inmediaciones de la favela de Caramujo, en Niteroi, una localidad satélite de Río de Janeiro, los vecinos cortaron una carretera y le prendieron fuego a cuatro autobuses y tres coches en respuesta a dos muertes registradas en las últimas horas en la misma zona. Poco después de abandonar la Iglesia de Nossa Senhora de Nazareth, Anderson Santos Silva, de 21 años, se vio acorralado en un fuego cruzado entre narcotraficantes y policías que pretendían reprimir un baile que se celebraba esa noche en la favela. Al intentar proteger a sus familiares, Anderson recibió un disparo y horas después murió. Su hermana también resultó herida.

El joven Emanoel Gomes circulaba en moto por el mismo suburbio cuando fue atropellado por un blindado del Batallón de Choque de la Policía Militar. Ambas muertes llevaron a un nutrido grupo de vecinos a tomarse la justicia por su mano, incendiando autobuses y coches, y cortando el tráfico. Protestaban contra una policía que parece regresar a los viejos hábitos del acoso y derribo al narco, y que suele actuar sin muchos remilgos con la población local.Impunidad total del gobierno es la frase clave. Aquí no pasa nada.

La ONG Rio de Paz ha resumido las estadísticas publicadas durante los últimos ocho años por el Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro. Y los números son cada vez más alarmantes: en el Estado de Río de Janeiro se registraron en ese periodo 35.879 homicidios dolosos, 285 lesiones corporales seguidas de muerte, 1.169 robos con resultado de muerte, 5.677 muertes derivadas de intervenciones policiales, 155 policías militares y civiles muertos en acto de servicio. Total: 43.165 fallecidos. Es decir, más de 500 muertes al mes provocadas por una violencia desaforada. Estos números no tienen en cuenta los más de 38.000 desaparecidos ni las más de 31.000 tentativas de homicidio.Es toda una guerra, no muy olímpica.

En el Complexo da Maré, recién ocupado por el Ejército brasileño, también se han registrado en los últimos días dos muertes de civiles sospechosos de trabajar para el narcotráfico. El hecho generó una oleada de indignación entre todos los vecinos del complejo, que no entienden cómo una ocupación militar con fines pacificadores puede arrancar causando víctimas mortales indiscriminadas desde el primer momento.¿Han llegado los juegos?

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Si han llegado los Juegos y se encuentran cantidad de imágenes de Río de Janeiro entre los eventos. . En televisión se ven cuadros de personas disfrutando de Copacabana y habitantes de lugar bailando samba al son que plantean los coloridos mercados cariocas.

Estas imágenes idílicas están en consonancia con las tomas de cámara desde las instalaciones deportivas desde donde se aprecian áreas verdes y lagunas con alguna que otra vivienda de las que han sobrevivido a las demoliciones que han tenido lugar para hacer espacios para instalaciones deportivas. Por ejemplo, el maravilloso centro de prensa desde donde los medios de todo el mundo informan sobre las competiciones deportivas está construido en lo que anteayer era la comunidad de favelas Vila Autódromo.Estapacifica comunidad era una favela de 600 familias, muchas de las cuales se dedicaban a la pesca en la laguna contigua. Por décadas este lugar fue construido con el sudor de la frente de las personas que mantuvieron una infraestructura adecuada para poder subsistir durante generaciones. Contaba con electricidad, agua corriente y desagües, y tenía su mercado… Hasta hasta que llegaron los Juegos Olímpicos

Se suponía que Río 2016 sería la cúspide de un ascenso económico de Brasil, sin embargo las cosas no salieron como se calculaba. La ciudad  pasa tiempos difíciles. Una actividad política convulsionada, aguas contaminadas, tan contaminadas como la presidenta Ilma Rousseff y el ex-presidente Lula de Silva manchados por la corrupción y procesados, se han sumado a los problemas que ya existían en un sitio que estaba claramente dividido entre las urbanizaciones ricas, acomodadas cerca de la la costa y las comunidades muy pobres agazapadas en las colinas.

Para las miles de vidas de personas que habitaban Vila Autódromo el cambio a peor fue total. Los sitios donde se asentaban los pescadores estanba planeado como parte del parque olímpico. Al principio se les planteó que sus habitantes simplemente abandonaran sus casas a cambio de nuevos apartamentos, aunque desde un principio se vio que estos no contaban con  condiciones adecuadas ni higiénicas ni de las otras, Mal construidos, con filtraciones y demás.Ni cocinas, ni agua corriente Algunos aceptaron. Una de estas personas protestó porque el piso de su balcón cedió cuando un niño entró en él, lo que pudo haber sido trágico pero afortunadamente no murió nadie.

Por supuesto que viendo cómo eran las cosas muchas personas decidieron no mudarse y resistir allí y fue cuando las autoridades se pusieron violentas. La policía atacó a los residentes, destruyendo casas e hiriendo a las personas en su actuación con armas no letales, gases lacrimómgenos, sprays paralizanrtes, pistolas eléctricas y esas cosas., Muchas personas ancianas se atemorizaron y entonces se quedaron en la calle. Y con ellas hijos, niños, padres. No se tomó ninguna precaución. Testigos cuentan cómo que  las autoridades olvidaron cortar el suministro eléctrico del sitio, por lo que los cables  comenzaron a bramar por todas partes, echando chispas, haciendo que todo el mundo tuviera que salir corriendo, incluyendo los mismos trabajadores que se encargaban de la demolición.Muy bueno para Ilma Rousseff que se encargaba de la operación de desalojo de la favela Vila Autódromo. Quería ganar méritos. A medida que  pasaron, los días los desalojos forzosos y la destrucción continuaron.

Cuando en marzo Ilma visita el lugar, solo quedaban 20 familias de las 600 originales. Sandra Maria de Souza, una residente desde hacía muchos años,   mostró a los reporteros lo poquito que quedaba. El muro que dividía la favela y la construcción del parque olímpico fue cubierto con grafitis que insultaban  a la alcaldía, a la policía militar y a los juegos mismos. Era la única manera como la gente podía expresarse. Amnistía recogió los hechos y los grafitti .Pedían, insultos incluidos, respeto para: “nuestros bebés" y para los residentes de Vila Autódromo”.Pero esa comunidad había dejado de figurar en los mapas de Río.María da Penha  mostró a los reporteros una impactante foto de ella misma con la cara cubierta de sangre tomada el día que llegó la policía.María y Sandra presentaron a sus hijas e hijos, a sus mascotas y sus hogares. Explicaron que no podían irse porque no tenían a dónde.

Voces de oro olmpico se suman a la protesta de los persequdos por las armas no olímpicas de la Policía Militar


Se llama Rafaela Silva, ha conseguido el oro olímpico en judo para Brasil y es ya un símbolo de superación en el deporte y ha levantado su voz contra el racismo y la discriminación tras sufrirlo en carne propia. Silva es mujer, negra, procede de la favela Ciudad de Dios.A punto estuvo de tirar la toalla tras fracasar en Londres 2012, pero logró remontar su crisis personal y profesional y ahora exhibe una medalla de oro que inspira miles de jóvenes y adolescentes de zonas marginales no sólo en Brasil sino en todo el mundo.

"Estoy muy feliz por estar realizando mi sueño aquí dentro de casa, mostrar al pueblo que me criticó en Londres, que dijo que era una vergüenza para mi familia. Que el lugar para el mono era una jaula y no en la Olimpiada", sostiene durante la presentación de una campaña contra el racismo en el deporte.Silva comenta que no se sintió discriminada por el color de su piel cuando comenzó a practicar judo porque el icono de la disciplina es el francés Teddy Rinner, negro, ocho veces campeón mundial y campeón olímpico.

Pero, admite, "fuera del tatami no tendrían que existir esas cosas que triunfan en Brasil". Rafaela recuerda su infancia -"era una de esas niñas a las que no gustaba estudiar, a lo que no daba importancia "porque yo nunca pensé en salir de la favela"- y anima a los jóvenes a buscar incentivos y aprovechar las oportunidades para liberarse. El deporte, reconoce, "me salvó, y a través del judo canalicé mi agresividad".

Vencer las resistencias que suponía su condición de mujer para desarrollar un deporte como el judo tampoco fue fácil, pero la selección femenina brasileña ha dado pasos de gigante y cuenta ya con dos medallas de oro olímpicas y 5 en campeonatos mundiales

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"Estamos consiguiendo conquistar nuestro espacio y tenemos que aprovechar eso porque hemos quedado mucho tiempo olvidadas y espero que otras mujeres puedan tomar esta iniciativa, siga el legado y que crezca el feminismo en Brasil", dice.

En la presentación de la campaña "Por unas Olimpiadas sin racismo", Rafaela comparte tribuna con el guardameta brasileño Mario Lucio Duarte Costa, "Aranha", que se muestra aún más contundente en su denuncia.El racismo no está en el deporte sino que es "institucional": "Si dejas al negro al margen, si no le das instrucción, te quedas el camino  que era para él y le quitas oportunidades, ¿qué queda?", se pregunta."Donde el gobierno duerme, el crimen se establece y crece, igual que cualquier enfermedad", denuncia el deportista, para quien la solución es "la igualdad de derechos, la igualdad de oportunidades"."Necesitamos muchas referencias, no solo en el deporte y en el medio artístico, en todas partes, con lucha, con sabiduría, pero necesitamos que más negros venzan esa barrera para que la juventud negra mire y sepa que es posible", asegura.

Para la secretaria brasileña de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial (SEPPIR), Luislinda Valois, los logros de la población negra son resultado de "mucha lucha, muchos sacrificios, mucha muerte y mucho sufrimiento".Los poderes públicos han contribuido poco, y "no basta", apunta la funcionaria del Gobierno de Brasil, un país donde el 52 por ciento de la población es negra.

"El mundo es blanco y machista, quien comanda el mundo no es negro ni una mujer, es el hombre blanco, desgraciadamente. Los negros necesitamos ocupar también esos espacios" y "solo a través de la educación de calidad continuada" se puede lograr, defiende.

Las Olimpiadas, señala Valois, son "un gran espejo" y una extraordinaria oportunidad, coincide Silva: "Generalmente cuando sale el tema es sólo para hablar de que un negro asaltó a alguien. Ahora no es un negro que está asaltando a alguien, sino dando una alegría al pueblo brasileño"

 

 


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