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Nuevos vinos de San Pedro: gran acierto en los blancos

27/09/2009 22:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El nuevo grupo de viñas que conforman San Pedro y Tarapacá lucha por perfilar calidades e identidades en cada etiqueta y a través de cada enólogo. Marco Puyó ha logrado dos Sauvignon Blanc riquísimos y con clara personalidad y sentido de origen

Nuevos vinos de San Pedro: gran acierto en los blancosViña San Pedro presentó la semana pasada tres vinos de sus producciones más recientes. Una apreciación rigurosa de ellos debe hablar de dos novedades rotundamente exitosas -dos Sauvignon Blanc de zonas “no tradicionales”- y de una tercera, buena sin más, del nuevo rostro de un consagrado que no es mejor que sus congéneres anteriores. Se trata de los nuevos Sauvignon Blanc Castillo de Molina 2009, del viñedo Las Gaviotas, en el Valle de Elqui y el de la línea 1865 del Valle de Leyda, cerca de la costa central de Santiago.

El ya consagrado es el Cabo de Hornos 2006, el clásico tope de gama tinto de la viña, que corresponde ahora a uvas mayoritariamente Cabernet Sauvignon en 80% de las viejas parras de 50 años en el área de Molina, en donde está el viñedo y bodegas principales, más una adición de 15% de Syrah del Alto Cachapoal y 5% Malbec del Maule.

Los tres vinos pertenecen a la autoría del enólogo Marco Puyó, que saltó a la responsabilidad mayor de una de las principales viñas de Chile, luego de levantar categóricamente la calidad de los tintos de Viña Los Vascos y que ahora, en San Pedro, se enfrenta a desafíos cada vez mayores: los tiempos cambian, los vinos se hacen cada día más competitivos y mejores y ya no basta con hacer vinos simplemente buenos. Los vinos de alta gama de cada viña deben ser ahora sencillamente excepcionales.

Marco Puyó es, en general, un enólogo joven y talentoso y ha conseguido hacer buenas cosas en una viña que, por producir volúmenes inmensos, necesita también segmentar su oferta. Hacer vinos masivos de buena calidad y cantidades menores de vinos Premium de muy alta gama. Puyó debe, en consecuencia, hilar fino y aplicar sus esfuerzos en hacer sólo vinos notables, empresa que a cualquier enólogo de cualquier viña le es particularmente difícil: nadie puede hacer sólo joyas.

El nuevo grupo de viñas que conforman San Pedro y Tarapacá lucha por perfilar calidades e identidades en cada etiqueta y a través de cada enólogo. Marco Puyó ha logrado

En los esfuerzos enológicos que comentamos, Marco Puyó ha acertado categóricamente en los blancos y le queda tarea pendiente con el gran tinto de gama superior. Cabo de Hornos 2006 nos ha parecido un vino elegante, sabroso y frutal, pero no un vino grandioso. Desde nuestro punto de vista (y esta es una cuestión de gusto personal, más allá de lo objetivamente evaluable que sea la calidad de un vino) a este Cabo de Hornos 2006 le falta algo de nariz y le falta un cuerpo mullido y voluptuoso para situarse al menos entre los 10 mejores de Chile.

Cosa muy distinta son los dos vinos blancos de Sauvignon que San Pedro puede mostrar orgulloso en su cosecha 2009. El Castillo de Molina es un vino de una nariz excepcional, extremadamente aromático, con notas de hierbas del tipo de la ruda o del ají verde fresco y con un poderoso sentido de la zona de producción: en su boca hay notas calcáreas, salinas y vegetales, como el suelo en donde se producen las uvas que le dan origen. Muy buena acidez y muy original.

No menos original, pero más completo como vino, más lleno en boca y sin el leve amargor final del Castillo de Molina, el llamado 1865 viñedo Las Gaviotas, del valle de Leyda, también entrega aromas muy buenos, intensos, pero no extremos. En la boca tiene muy buena estructura y es jugoso y sabroso, con notas de fruta de la pasión muy claras y atractivas. Es un vino muy fresco, relativamente ligero, de chispeante acidez, pero de muy buena boca, que dan ganas de beberlo.

Dos revelaciones en los vinos blancos -Castillo de Molina y 1865- y un statu quo en Cabo de Hornos que, en botella, podría aún mejorar. //LND


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Autor:
Fidelam (4709 noticias)
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