03:13 (02-06-2012)

El Viejo y Pamplona: la larga historia de Hemingway con un final amargo

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Son cincuenta años sin la presencia de Hemingway que mira los encierros desde su estatua petrea. En este reportaje episodios variados de su vida algunos conocidos y otros menos

Todo empezó con un verano muy peligroso que no vaticinaba una cogida mortal, de todas maneras. Fueron los Sanfermines del año de 1959, los del Verano peligroso, también lo último que escribió y público en vida Hemingway, relatando la rivalidad entre los diestros Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín.

Pero bien visto esta historia la debíamos fechar seis años antes, cuando Ernest Hemingway, en 1953, por primera vez después de la guerra civil vuelve a España. Habían pasado 14 años. También vuelve a Pamplona y a los Sanfermines, a los que no iba desde 1931.

A mitad de camino entre Pamplona y San Sebastián, en la falda de la sierra de Aralar, está el pueblo de Lekunberri. A unos 34 kilómetros de Pamplona si se sale de la A 15 unos cientos de metros y se trepa por la sierra, llegará hasta el Santuario de San Miguel de Aralar, pero si se sigue hacia el llano y se toma por la calle principal del caserío se toparán con Hotel Ayestarán.

Ese fue el lugar elegido por Hemingway para hospedarse, junto a cinco amigos, a partir del 6 de julio de 1953, y dio como domicilio, según lo registró en el libro correspondiente con su propia letra, el Hotel Florida de Plaza del Callao de Madrid. Ese fue uno de sus dos cuarteles, el otro fue el célebre Hotel La Perla en la Plaza del Castillo, en Pamplona, para su penúltima fiesta de San Fermín, la octava después de haber pasado 22 años sin venir a los encierros. Tres días antes de la llegada del novelista, otro personaje ilustre había ingresado al hotel: el príncipe Balduino de Bélgica. No se sabe quién le recomendó el hotel. Orson Welles fue otro de los asiduos a Pamplona en esos días.

Ciertamente, Hemingway la pasó bien allí. Bebió mucho y comió bien, como siempre, y hubo que conseguirle bebidas y comidas especiales no previstas en la carta. Trajo amigos y hasta armó más de un alboroto que motivó quejas de otros vecinos.

Un punto de partida

Por esos días, exactamente el 10 de julio de 1953, Hemingway conoció a Antonio Ordóñez, hijo de Cayetano Ordóñez, El Niño de la Palma, a quien el escritor había querido y desquerido y sobre quien había escrito mucho durante su anterior época en España. La noche de ese día, el torero y el novelista cenaron en el Hostal del Rey Noble, el restaurante más conocido por Las Pocholas, de las hermanas Guerendiáin, que estaba ubicado en el Paseo Sarasate, a pocos metros de la Plaza del Castillo.

Muy cerca también de donde se ubica hoy un nuevo Las Pocholas, en el Hotel La Perla, también en la Plaza del Castillo. Esa noche nació una amistad cultivada los años siguientes y que pesó luego en las crónicas para Un Verano Peligroso.

Esas crónicas le fueron encargadas y muy bien pagadas por la revista Life. Publicadas por entregas y reunidas en un libro, fue de lo peor que escribió Ernest Hemingway, a precio de oro. Es que ya no podía escribir; entregó capítulos demasiados largos, tres y cuatro veces mas extensos de lo que se había comprometido- se escribía por palabras, según las que la dirección le había asignado- no podía resumir -él que era especialista- y tuvieron que ayudarle a suprimir párrafos enteros. Trabajó en ello muchos meses durante el año 60 en La Habana.

Digamos que logró galvanizarse-recordando sus días de conductor de ambulancia en Italia-luchando contra los austriacos del Kaiser, en que sufrió graves heridas ya olvidadas, en la primera guerra europea (1914-1918). Había perdido la “dignidad de movimiento del iceberg”, al que tantas veces se había referido como algo que el hombre y el escritor no pueden perder.” Eso se debe a que el iceberg está casi por entero bajo el agua, pero la parte que sobresale a flote, brilla blanca y salva al todo”

Ahora como consecuencia de dos accidentes de aviación sufridos en África cinco años antes, después de aquella visita a España, quedaron dañados su físico y su mente. La cabeza le daba vueltas y estaba algo embotada de tanto leer los cientos de necrológicas apresuradas que le habían dedicado. Por orden médica, no podía tener relaciones sexuales ni beber. Estaba comenzando a morir.

Ernest Hemingway (1899-1961) llegó por primera vez a Pamplona, procedente de París, el 6 de julio 1923, recién iniciadas las fiestas de San Fermín. El ambiente de la ciudad y, en particular, el juego gratuito del hombre con el toro y con la muerte le impactaron tanto que la eligió como escenario de su primera novela de éxito "The Sun Also Rises" (Fiesta), publicada tres años después. El escritor regresaría a los Sanfermines en ocho ocasiones más, la última en 1959, que hemos relatado.

Hemingway fue un heraldo universal de las fiestas de Pamplona. Su contribución fue decisiva para que unos festejos domésticos, apenas conocidos fuera de España, se convirtiesen en una de las citas festivas más famosas del mundo y centro de atracción desde entonces de miles y miles de turistas extranjeros, muchos de ellos seducidos por la pluma del autor de Fiesta.

Todavía se conservan abiertos muchos de los establecimientos que frecuentó Hemingway en sus diferentes visitas a la capital navarra. Así el bar Txoko, el Hotel La Perla y el café Iruña, todos en la céntrica Plaza del Castillo y el Hotel Yoldi, taurino por excelencia. Otros puntos del itinerario hemingwayano como el Hotel Quintana, el café Suizo o Casa Marceliano, por el contrario, ya han desaparecido.

La presencia del novelista en los Sanfermines fue casi una constante durante aquellos años. No faltó en 1923, 1924, 1925, 1926, 1927, 1929 y 1931. Tras el paréntesis de la Guerra Civil Española, en la que participó activamente a favor de la República Española, y de la II Guerra Mundial, regresaría en dos nuevas ocasiones, 1953 y 1959. Si algo puede afirmarse del paso de Hemingway por Pamplona es que su actitud nunca fue la del espectador distante; el insigne autor vivió profundamente la fiesta, se sumergió en ella hasta el fondo, como correspondía a su temperamento apasionado e intensamente vital.

El representante de la llamada generación perdida, presencio los encierros y entabló amistad con toreros -y paisanos -como Juanito Quintana-, comió, bebió y vivió con los pamploneses y experimentó con ellos la alegría, el calor y la euforia propias de los Sanfermines... Pero también se dejó impactar por la tragedia: fue testigo presencial de la primera cogida mortal conocida de un mozo en el encierro, el joven de 22 años Esteban Domeño, en 1924. Hemingway recogería el dramático episodio en Fiesta. También su novela Muerte en la tarde (1932) está ambientada en el mundo de los toros.

El Ayuntamiento de Pamplona tributó un homenaje a Ernest Hemingway el 6 de julio de 1968. La inauguración de un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la Plaza de Toros, acto al que asistió su última esposa, Mary Welsh, tuvo lugar el 6 de julio de 1968. El monumento, obra de Luis Sanguino, lleva en su base la siguiente dedicatoria: A Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas, que supo descubrir y propagar. La Ciudad de Pamplona, San Fermín, 1968.

Muchos otros famosos han seguido la estela de Hemingway desde América hasta Pamplona: entre otros, el director de cine Orson Welles, la actriz Ava Gardner, Margeaux Hemingway, nieta del escritor y, más recientemente, el dramaturgo Arthur Miller, la fotógrafa Inge Morat y el Nobel de Literatura antillano Derek Walcot.

Volviendo hacia atrás las páginas de una novela que termina en tragedia y se desarrolla en los San Fermines

En 1960 no se sintió con fuerzas para ir a Pamplona y canceló pasajes y reservas. Lo mismo hizo en 1961. Lo enterraron el 7 de julio de ese año, el día de San Fermín, poco después del chupinazo del comienzo. Hace medio siglo.

El escritor había resuelto que su fiesta ya había terminado. Habían terminado sus “fiestas” de Paris años 20-30 cuando con ayuda de Gertrude Stein y su marido Ezra Pound se lanzo a la novela. Pero, ¿a un hombre que pasó su vida desafiando la muerte, que sobrevivió a dos accidentes de aviación, ganador del Premio Nobel y del Pulitzer, qué lo le llevó a quitarse la vida? Se habló de “problemas de salud mental”; concretamente, de que estaba loco.

Había terminado su fiesta heroica del asedio de Madrid (1937-38) -en los bajos del Hotel florida- bajo las bombas de la aviación y artillerías fascistas, pero con sus mujeres y su whisky escocés todo seguía siendo fiesta y en los 60 habían terminado para siempre sus Sanfermines.

¿Por qué no creerle a Hemingway?. ¿Quizás fue perdiendo poco a poco esas capacidades y simultáneamente enloqueciendo?. Y ni esto último; consciente de sus limitaciones físicas e intelectuales y con todas las botellas “escondidas” por prescripción médica, ese 2 de julio, de hace 50 años, madrugó en su casa de Idaho, agarró una escopeta del calibre doce, dos cañones, introdujo dos cartuchos perdigón cero, -todo consciente- y salió como quien sale a cazar, como solía hacerlo tantas veces por las verdes colinas de África.

Puede que sí, puede que no. También hay que darle algún crédito a la leyenda; y al propio Ernest Hemingway. El escritor lo dijo en varias entrevistas a periodistas y lo puso, palabras más palabras menos, en boca de sus personajes de cuentos y novelas que repetían que cuando uno no puede hacer el amor, beber, pelear, y sobre todo escribir, lo mejor que puede hacer es decirle adiós a la vida.

“Bien hecho!!“, comentó Juan Belmonte al conocer la noticia de la muerte de su amigo el escritor. El gran torero, que meses después también se suicidaría, sabía por qué lo había hecho. El código de ambos preveía en que se llega a un punto en que no da para más, en que no vale la pena seguir viviendo. El viejo torero de Muerte en la tarde, decía que “la vida es un duro camino y al final esta la tumba”. Y así hay que tomarlo.

Medio siglo después, al cumplirse su aniversario, aquel magno escopetazo recobra notoriedad y con esta lo hacen diferentes historias, ciertas e inventadas, sobre la vida y la muerte del “viejo” escritor que, visto a la distancia, murió bastante joven y por su propia voluntad.

Dicho sea de paso en 1928 el padre de Hemingway murió, se disparó un tiro en la cabeza. Sufría de diabetes y angina de pecho. Ernest era ahora el cabeza de otra familia, la de su madre y la de sus dos hermanos menores.

El premio nobel y la vida más bien breve del escritor norteamericano es tema muy controvertido y trillado en estas fechas. Con todo a él se debe en gran parte la fama mundial de los San Fermines

Había escrito ese año A Farewell to Arms (Adiós a las armas) que fue un gran éxito y encabezó el ranking de los bestsellers. Eso permitió al joven escritor enviar dinero a su madre para ayudarla en sus dificultades financieras. Farewell to Arms pasó al teatro en Nueva York aunque no tuvo el éxito del libro escrito. Con todo, los derechos de la novela le reportaron 24.000 dólares.

Por estas fechas, además son varios los aniversarios que de una forma u otra tienen que ver con el escritor norteamericano. Hace dos años, en Pamplona, festejaron el cincuentenario de la última visita de Hemingway a la ciudad y su última participación en los San Fermines

1936: la guerra civil que vivió Hemingway. La verdad no contada antes.

En 1936 Hemingway conoció a la periodista Martha Gellhorn y allí comenzó uno de los grandes idilios de esos tiempos. Estaban decididos a ir a la guerra civil española y lo planeaban juntos. Ella era una de las pocas norteamericanas acreditadas como enviada especial de la revista Collier que intentaba reflejar el punto de vista republicano. Se centraba en el calvario de los niños. Junto a la pareja en el hotel Florida estaban Herbert Matthews, gran amigo de los combatientes republicanos vascos. Sefton Delmer, Henry Buckley (del Daily Telegraph) y otros periodistas anglosajones. No había agua caliente, no había pan, no había munición, ni armas.

Los milicianos barbudos y harapientos cruzaban las calles de la capital, con rostros de desesperación, pero con la convicción del “No pasarán!!”. Se habilitaban refugios, se evacuaba gente, mientras interminables columnas de campesinos avanzaban para buscar refugio en la ciudad atestada.

Hemingway fue nombrado corresponsal de la NANA (North American Newspaper Alliance). Realizó cuatro visitas a España en compañía de Martha, Matthews y Delmer. Escribió 31 despachos, y aunque su calidad dejaba -según la NANA- mucho que desear, no todos opinaban lo mismo y se hizo un enorme prestigio. Trató de centrarse en aspectos técnico-militares, mientras Martha enfocaba los humanos. Al recibir cierta reprimenda, en sus siguientes crónicas no ahorró detalles escabrosos al describir los terribles bombardeos fascistas. Su horror por lo que veía y sus simpatías hacia la causa republicana, fueron acompañadas de la excitación que el peligro le producía, todo bien regado por grandes cantidades de alcohol. No pudo evitar que algunos de sus compañeros se alistaran como corresponsales en las Brigadas Internacionales.

El ataque de la Leion Condor a la villa de Guernica, provocó un ligero giro prorepublicano en Time, Life y Newssweek. Y Herbert Matthews y Hemingway quedaron de acuerdo en seguir las líneas del corresponsal del “The Times” de Londres, George L. Steer, junto con otros tres corresponsales Christopher Holme, Noel Monks y Mathieu Corman. En oposición a todos ellos estaban el influyente jesuita Wilfrid Pearsons, quien culpó a los dinamiteros vascos del incendio de la ciudad. Le secundaban el cardenal O´Conell, el padre Thorning, “The Knights of Columbus” (Los Caballeros de Colón), la “League of Catholic Women” (La Liga de Mujeres católicas), etc… Había otros que no opinaban así, como el escritor gallego Castelao, pero la influencia de Franco, Hitler y Mussolini era abrumadora.

Hemingway empleaba mucho dinero en su causa. Con él estaban, aparte de los ya citados, Picasso, Orson Welles, gran parte de los actores de Hollywood, Miró…, etc. Por ejemplo Ernest costeó el pasaje a varios voluntarios americanos de las Brigadas Internacionales y estuvo cerca de sus jefes. Donó dinero-con Martha- a AMBASD-para la compra de tres ambulancias. Drew Pearson trató de comprometer al presidente Roosevelt, sin conseguirlo: se decía neutralista. Le importaban más las futuras elecciones presidenciales. Y le preocupaba en especial perder el voto católico.

No obstante, Eleanor Roosevelt, que opinaba exactamente lo opuesto a su marido y apoyaba toda iniciativa humanitaria, la evacuación de los niños vascos (después del bombardeo de Guernica) y ayudarles a refugiarse en países neutrales, Francia, Bélgica, Rusia, y algunos incluso en Estados Unidos. Y como Eleanor era amiga de Martha Gellhorn, colaboraba incluso financieramente en esos esfuerzos. El mayor de todos fue “The Emmergency Ambulance Committee (Comité de Emergencia de Ambulancias), presidido por Ernest Hemingway y Martha Gellhorn como secretaria, que desarrolló enorme labor entre julio 1937 y marzo 1938.

Con las primeras que se adquirieron se organizó “Hollywood Caravan to Spain!” (La Caravana de Hollywood a España), con itinerario por 57 ciudades americanas y canadienses. Así se lograron dos camionetas con una sala de operaciones, equipos auxiliares y ayuda a las enfermeras voluntarias.

En los meses de 1937 y 1938 en que Hemingway y Martha estuvieron en España, escribieron “To Have and Have Not” (Tener y no tener), prepararon un ensayo de teatro, The Fifth Column (La Quinta Columna) que se desarrollaba en el mismo Hotel Florida. Fue un fracaso... En espera de la sentencia de divorcio del escritor y su esposa anterior Pauline Pfeiffer. Hemingway se sentía culpable, sufría y bebía.

En noviembre 1940 cuando Hemingway obtuvo el divorcio de Pauline se casó con Martha. Se proponían cubrir la invasión japonesa del continente chino en enero de 1941... pero eso les distanció.

Hemingway no podía consentir estar casado con una mujer que tenía su propia carrera y proyectos. Había comprado una casa en Finca Vigia, (Cuba) con las ventas de For Whom the Bell Tolls, (por quien doblan las campanas), de la que se vendieron 500.000 ejemplares en cinco meses y quería que Martha fuera con él, al volver de China. Ella deseaba irse a Inglaterra a conocer a Churchill y luchar a su lado. Y Hemingway se encontró de nuevo solo en Cuba; Martha había sido contratada como reportera de guerra en Inglaterra.

En 1942 con la alianza anglo-norteamericana Roosevelt-Churchill para combatir a Hitler, Hemingway quería ayudar y creó “The Crook Factory” (la Fábrica Perversa), una empresa privada cuya misión inventada por él mismo era investigar las organizaciones pro-nazis en Cuba, desde Finca Vigia como su cuartel general y sus agentes hasta abril de 1943. Pescadores, camareros, curas, trabajadores recogían todo tipo de información sobre todo de falangistas españoles y sus actividades en las islas.

La organización se deshizo y Hemingway concentró sus esfuerzos en la “caza furtiva” de objetivos alemanes tales como identificación y sabotaje de los submarinos alemanes que pululaban por la zona. Hemingway vigilaba día y noche desde su bote a alemanes que iban y venían a tierra con alimentos y mercancias para la tripulación. También espiaba la carga de combustible.

En marzo 1944 Martha le llamó urgentemente a Inglaterra. Pero pronto sufrió un accidente de coche y algunos periódicos informaron incluso de su muerte, incorrectamente. En mayo 1944 conoció en Londres a Mary Welsh y se enamoró de ella. Y aunque se había visto con Martha, las cosas con ella iban mal.

Entre junio y diciembre 1944 se incorporó al Tercer Ejército británico, como corresponsal de guerra. E incluso intervino en algunas misiones de reconocimiento de las RAF. Fue trasladado al Cuarto Ejército y escribió algunos reportajes. Pero para él no era sino una excusa para permanecer en activo, con el grado de capitán.

Su deseo vehemente de luchar le llevó a sobrepasarse y le formaron Consejo de Guerra por violar la Convención de Ginebra. Cuando se reincorporó a las fuerzas del Coronel Lanham, su valor fue reconocido en la batalla por capturar las posiciones de Hurtgenwald en diciembre 1944, y se reivindicó. Para el mes siguiente se hallaba ya en Paris con Mary. Su matrimonio con Martha Gelhorn había terminado.

Hemingway no asistió al Día del Armisticio en Inglaterra. Volvió a Paris con Mary Welsh. Y estaban en Finca Vigia para marzo de 1945.

Se sintió de nuevo culpable del fracaso de su matrimonio con Martha y de nuevo se entregó al alcohol y a las noches en blanco. Después de haberse bebido demasiados daiquiris, tuvo otro serio accidente de tráfico. En marzo de 1946, al pronunciarse el divorcio con Martha, se casó con Mary Welsh.

Comenzó dos proyectos The Garden of Eden y una Trilogía de la Segunda Guerra Mundial, que fueron publicados después de su muerte. Su salud se había deteriorado pero seguía bebiendo. Su escritura tocaba techo y se limitaba a los obituarios emocionados de sus mejores amigos incluyendo el de su exesposa Pauline Pfeiffer, su madre y su editor Charles Scribner, Hemingway se detenía de vez en cuando a contemplar su vida y sentía su inevitable muerte.

Hemingway y Mary fueron a Italia a recordar sus días como conductor de ambulancias en la Primera Guerra Mundial. Editó la novela The Old Man and the Sea (El Viejo y el Mar), que fue un éxito que le dio el Premio Pulitzer en mayo 1953.

En junio 1953 Hemingway y Mary fueron a Europa, el escritor planeaba escribir un prólogo de Death in the Afternoon (Muerte en la tarde). Sufrió dos accidentes de aviación en 1954 y de nuevo los periódicos anunciaron su muerte. Tras un breve viaje a Cuba, el 28 Octubre de 1954 a Hemingway le fue otorgado el Nobel de Literatura. Estaba demasiado enfermo para recibirlo en Estocolmo pero lo celebró con una fiesta en Finca Vigia.

Intervino muy por encima en el rodaje de The Old Man and the Sea y desde Septiembre 1956 a Enero 1957 preparó su viaje a España donde llegó en 1959.

En la primavera de 1960 completó las memorias de su vida en París en los años 20 a la que llamó “Paris era una fiesta”. Hemingway dejó Cuba por última vez en julio de 1960. Mostraba cierta demencia precoz, y su salud sufrió un colapso por lo que tuvo que dejar absolutamante el alcohol. En Agosto fue solo a España, pero se vio forzado a regresar a Idaho. El 30 de noviembre ingresó en la Clínica Mayo por primera vez y allí permaneció durante un mes.

Fue readmitido tres meses después y permaneció ingresado otros dos meses. Había perdido la memoria y no podía escribir más.

El otro Hemingway: las lecciones aprendidas en la guerra civil

Allí aprendió “The tragic facts of life”, los hechos trágicos de la vida. Aquellos maestros que tuvo a diario en el Madrid sitiado le ayudaron a modificar susbstancialmente su concepción de la naturaleza del heroísmo. El héroe del escritor fue desde entonces no un idealista ciego sino un hombre pragmático.

La abstracción desempeña un papel mucho menor que antes. El héroe toma el pulso a la verdad por la que se sacrifica, observando las posibles consecuencias de su pensamiento. Su abnegación que bebe de la herencia del pasado significa que el héroe del escritor debe aprender su propio camino, independiente del de cualquier otro hombre. Sus héroes son en cierto modo anti-intelectuales porque se fabrican a sí mismos, no siguen una doctrina que les ha sido enseñada por otros.

Tiene el instinto de los grandes acontecimientos, pero no acepta una pasión política o de otro género marcada. Su obra de escritor, después de sus aventuras en el Kilimanjaro estará ocupada con temas de aventura, amor, y de muerte como final lógico. Y su vida la dispone para que estos temas sean recurrentes en él mismo.

A su retorno a Madrid el mira sin embargo a España como el artista que contempla un espectáculo. Incluso cuando se ocupa de ella en su labor periodística, no se aleja demasiado de lo genérico. Lo anterior de los días de la guerra está presente en su obra, pero no se halla fundido en una convicción absoluta. Por lo demás no ha perdido la conciencia de su naturaleza individualista. La devoción por los hechos le había hecho cambiar para salvar a Hemingway de los grandes “errores de observación” y minimizar “los errores de juicio”. Por lo demás su vida privada sigue como antes y la naturaleza no le perdona.

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Autor: Diasporaweb (472 noticias)

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