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Entre la vida y las letras (Entrevista

30/03/2014 16:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mariela es como la palma de abierta y sencilla y como el tinajón, llena de misterios

 

MARIELA PÉREZ-CASTRO

Cuando la escritora Elsa Morales, residente en la Isla y de visita en New Jersey me dijo que la localizara en ese sitio y chateamos. La invité a la entrevista y accedió. Mariela es de las viejas colegas de Camagüey, de esas que no cambian, que no se asustan ni temen. Mariela es como la palma de abierta y sencilla y como el tinajón, llena de misterios. Es la hermana que dejé de ver hace aaaaaños y que al contactar nuevamente no parece que el tiempo haya pasado. Es así.

Poetisa, narradora, ensayista y guionista de radio. Ha obtenido varios premios nacionales, el último de los cuales es el Premio Calendario de poesía 2003. Ha publicado poemarios y testimonios. Poemas, crónicas, artículos y cuentos suyos han sido publicados en revistas y antologías de Cuba, México, Nicaragua, Argentina y los Estados Unidos. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) y miembro de honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de jóvenes escritores y artistas.

ERNESTO R. DEL VALLE.-  ¿Alguna obra publicada? Háblame de la que más te ha gustado.

 MARIELA PEREZ CASTRO.- Unas cuantas, entre poemarios y testimonios. Sin embargo, de entre todos mis libros prefiero, no el último, como le sucede a casi todo el mundo, sino el primero de los publicados en Cuba, en una modesta editorial de provincia que entonces comenzaba. Te hablo del año 1990. El libro se titula "Divertimentos para juglar solo", y la editorial es Ácana. ¿Y por qué lo prefiero? Te explico... Cuando se comienza a escribir, se tiene, por lo general una sed de publicar inmensa. Yo tuve la suerte de demorar un poco, o de saber soportar un poco más esa sed. El resultado fue ese libro, donde el gluten de todos los poemas es la música que más me gustaba entonces: Bach, Serrat, Vivaldi, Violeta Parra, Strauss, Lecuona, Rabel, Silvio, Chaikovsky, Roger Water, Debussi, Pablo, Beethoven, Fito Páez... Es que no puedo vivir sin música, y cada uno de esos textos salió, precisamente, escuchando música, sudando música, viviendo música. Y los considero mis poemas más queridos; no los más logrados, pero sí los más amados. "Divertimentos para juglar solo" es mi hijo más querido.

  1. ¿Piensas que la Literatura Femenina Cubana (la de dentro o fuera de la Isla) es toda una o se diferencia en su esencia interior, en su fuerza o la vivencia de su autor?

 M.P. C. Mira, Ernesto, explicarlo no se puede en dos palabras, y tal vez mi percepción del fenómeno de la literatura femenina tenga mucho que ver con el tiempo en que comencé a escribir en serio. Tú sabes que desde siempre la historia de la literatura ha estado llena de hombres, y entre todos esos entes masculinos, alguna que otra vez se logra colar alguna voz de mujer. Piensa en Safo, allá por los lejanísimos tiempos de la Grecia antigua. Más acá te tropiezas con la Avellaneda, de quien Martí dijo algo así como: "Es demasiado hombre esta mujer". Por la misma cuerda andan Rosalía de Castro, Carolina Coronado; Fina García Marruz, quien entre tanto origenista varón sentó pautas. Eso me llevó a pensar desde muy temprano que la literatura, y especialmente la poesía,  es macho, aunque gramaticalmente hablando sean las dos sustantivos femeninos. Cuando yo comenzaba a adentrarme en estas lides de escritura, el panorama literario de mi tierra estaba lleno de hombres: hombres por todas partes, hombres sentando pautas, hombres presidiendo jurados, hombres dirigiendo editoriales. Y estos hombres marcaban el paso en cuanto a qué era bueno y qué no lo era --en fin, la literatura, como el resto de las artes posee una gran carga apreciativa--. O sea, era necesario ser como los hombres a la hora de escribir. Creo que eso nos ha sucedido a todas, en mayor o menor medida. En mi caso fue definitorio: necesitaba encontrar una voz potente, de mujer, pero fuerte. Hasta ahí las vivencias.

Sí pienso que el entorno en que se vive marca la voz literaria, la voz poética, y ello hace que entre una u otra autora aparezcan diferencias. Y marca de muchas maneras, aunque sigamos insistiendo en ser "unun et unicum" en la raíz, en este caso en la cubanidad que poseemos todas las autoras. De eso te percatas claramente cuando ojeas (así sin h) y hojeas (con h) la antología de poesía femenina "Catedral sumergida", compilada por Ileana Álvarez, la avileña valiente, donde aparecemos reunidas muchas mujeres de aquí y de allá, todas con su voz propia, con su estética propia, pero todas con el mismo denominador: somos cubanas aunque estemos en Júpiter o en la Antártida.

  1. ¿Puede hablarse de desarrollo de la Literatura Femenina Contemporánea en Cuba? ¿Conoces de ejemplos?

 M.P.C. Sí, es indudable: existe un desarrollo de la literatura femenina en Cuba, pero no solo en Cuba, ino! en el resto del planeta. Nunca antes se había escuchado un coro de mujeres tan enorme en el ámbito literario. Y ya era hora de que sucediera. Eso demuestra que poco a poco las que llevamos faldas hemos ido conquistando espacios en todos los terrenos posibles. Yo no quiero acordarme de quién fue quien dijo que las mujeres éramos seres de cabellos largos e ideas cortas, porque la dicha frasecita me mortifica bastante, pero me siento extremadamente bien cuando compruebo que en cualquier catálogo de cualquier editorial, las mujeres ocupan un sitio importante. Los ejemplos son muchísimos: van desde escritoras de literatura para niños, donde tienes a Niurki Pérez, que acaba de obtener el premio a la escritora más leída en el país, hasta poetisas --porque me niego a que nos llamen poetas—multi premiadas y réquete famosas como Reina María Rodríguez, a quien acaban de otorgarle, muy merecidamente por cierto, el Premio Nacional de Literatura, aunque haya por ahí quien gritara de envidia.

 ERDELVALLE.-  Piensas que tu desarrollo literario se debe al lugar en que resides o a tus raíces esencialmente cubanas?

 M. C. A las dos cosas. Y están estrechamente entrelazadas. Mira, Ernesto, vengo de una raíz mambisa, rebelde; mis bisabuelos maternos se casaron en la manigua, en plena Guerra del 95. Los dos murieron a causa de enfermedades adquiridas en la guerra contra España: ella, de tuberculosis; él, de disentería. Pero también desciendo de fundadores de la villa que llegaron con Diego Velázquez a la Punta del Guincho. Incluso mi abuelo paterno, que llegó a Cuba como quinto en 1896, se pasó a las tropas de Máximo Gómez. Eso para hablar primero de lo más lejano. En lo cercano, creo que mi desarrollo literario arranca desde la influencia directa de tres personas primordiales. La primera es mi abuela, Blanca de la Torre, la madre de mi madre; era maestra normalista, de primer grado en lo que hoy se llamaría educación especial; ella me enseñó a leer y escribir, me leía capítulos de Salgari o de Verne antes de acostarme, me dormía con la trova tradicional, me compraba libros. El segundo es mi padre, Arvelio Pérez-Castro, quien por las noches salía a caminar conmigo mientras me enseñaba las constelaciones y me decía de memoria poemas de Martí, de Poe, de Whitman y me explicaba sus versos; que me llevaba al ballet, a la sinfónica y a la pinacoteca del museo provincial; que me abrió de par en par el lenguaje del teatro; que me hablaba de Historia universal; que me introdujo en el misterio del canto gregoriano. El tercero es Roberto Laguna, mi profe de Literatura del Pre, quien un día me incitó a escribir en serio, y quien desde ese día es mi crítico más duro y mi mayor admirador. Y está la ciudad, mi Camagüey, mi cuna. Yo estoy convencida de que otra hubiera sido mi vida si la casualidad me hubiera puesto en otro sitio y no en este laberinto al que adoro por encima de todas las cosas. De la mano de mi padre y durante aquellas caminatas que te contaba, comencé a descubrir la ciudad, sus maravillas, sus sorpresas, a saber sus leyendas y su historia. Con mi padre aprendí a dolerme por las miserias de mi ciudad, por cada maltrato arquitectónico que se le hacía, y a alegrarme con ella ante cada cosa hermosa que se le veía nacer. Y en definitiva, a la vuelta de los años he acabado por pensar que las personas se parecen al sitio donde habitan, igual que las ciudades adquieren el aliento de las gentes que las viven. Ergo, que otra hubiera sido mi poesía si no hubiera yo nacido en la familia y la ciudad donde nací. O quizá, ni siquiera hubiera yo escrito poesía de haber venido al mundo en otro país, en otra ciudad y otra familia.

  1. ¿Las razones de estar o no estar en Cuba, a pesar de todo lo dicho, escrito y visto durante todos estos años, cohíben a un autor a escribir libremente, de manera objetiva y racional?

 M.PC. Pienso que no. O mejor dicho, en mi caso no. Siempre he escrito y publicado lo que me ha dado la gana, literalmente hablando. Y nunca se me ha censurado ni una coma impresa. He sido crítica, muchas veces acre, y hasta cáustica, pero siempre he tratado de ser justa a la hora de criticar; nunca me he dejado ganar por resquemores, cizañas o pequeñas miserias humanas que acaban convirtiéndose en grandes odios. Tal vez por eso, aunque mi poesía pueda no ser cómoda para algunos en ciertas oportunidades, siempre ha sido respetada y valorada.

¿Y sabes una cosa, hermano? Yo que he permanecido en Cuba a pesar de todos los ciclones, me niego a culpar a la isla de cuantas cosas suelen achacarle. Estar en Cuba no es una razón para escribir con miedo; salir de Cuba no lo es para empezar a desbarrar arguyendo que ya no hay razones para tener miedo; decidir no retornar a Cuba no es acicate para sumergirse en una literatura del odio empleando el pretexto pedestre de la libertad de expresión. Puede que el Quinquenio Gris, las Palabras a los Intelectuales y otras cosas por el estilo hayan influido negativamente en ciertas almas que empuñan plumas. Yo, que viví los últimos ramalazos del realismo socialista cubano, que fui condenada a silencio en 1988 porque a cuatro cretinos a quienes en aras de una mal comprendida asepsia literaria les pareció mal que empleara en un poema los vocablos “vagina" y "orgasmo", te digo sin temor alguno que he dicho y defendido mis credos, he escrito y leído públicamente mis versos y loshe visto convertidos en libros sin que nadie me haya cuestionado. Talcosa te indica que puedo permanecer la vida entera escribiendo y publicando en mi país.

  1. ¿Estás de acuerdo a cualquier indicio de Unidad entre los escritores cubanos de dentro o fuera de la Isla, en igualdad de condiciones, en cuanto al derecho de escribir?

Estar en Cuba no es una razón para escribir con miedo; salir de Cuba no lo es para empezar a desbarrar arguyendo que ya no hay razones para tener miedo(...)

 M.P C. Claro. Todos somos lo mismo. Incluso te digo que la unidad es imprescindible. Basta ya de andar por los aires, cada quien sacudido por fuerzas externas. Tanto los escritores de dentro de la isla, como los que un día decidieron irse fuera de ella, deben tenderse las manos como hermanos que son. Pero para que esa hermandad sea efectiva y firme y no una falacia de opereta, es necesario que ambas partes se despojen de preconceptos, rencores, falsos orgullos y poses heroicas que solamente conducen a lo que ha estado sucediendo durante un montón de años. Sin ánimo de ofender a nadie de ningún bando, te cuento, Ernesto, que muchas veces he comparado a los cubanos de acá y de la diáspora con dos cachorros hermanos de la misma camada, que al crecer y hacerse adultos se olvidan de que una vez jugaron juntos y a través de una cerca se gruñen y se enseñan los dientes. Eso debe terminar. Pero insisto: para que una unidad de ese tipo salga a flote y permanezca, es necesario que nos aprendamos de memoria y apliquemos consecuentemente las palabras de Benito Juárez: "El respeto al dedecho ajeno es la paz".

 

  1.  Hemos estado al tanto de los diferentes intentos habidos porla parte cubana, de establecer relaciones e incluso, colaboraciones de losescritores cubanos en general que viven fuera de la Isla, en Cuba el colega Jorge Bousoño, en su Foro *ALAS DE CUBA*, al igual que la *ReviGuatiní, *en Miami, mantienen, este objetivo, publicando a escritores y poetas cubanos, no sólo residentes en Estados Unidos sino en todo el mundo.  Y no somos los únicos.

¿Estarías dispuesta a formar parte de un encuentro en el que asistan poetisas y escritoras de la Isla o fuera de ella, sea en Cuba o fuera de Cuba?

 M.P C. Por supuesto. No se puede hablar de puentes si no se ayuda a tenderlos. ERDELVALLE.-  En Cuba hay nombres que nos llevan a la ensoñación como por  ejemplo oír la palabra aguacero:

¿Qué te llega a la mente al mencionar estos nombres?

yagua,                velocidad loma abajo.  

ajiaco,                 San Juan.  

yuca,                   al final, buñuelos.  

melcocha,            la infancia.

 Porrón,                mi abuelo.  

colibrí,                 una canción que me hace llorar. 

guateque,            la sierra de El Chorrillo..

 

  1. Finalmente, ¿qué le dirías a las jóvenes generaciones decubanas que comienzan el difícil ejercicio de escribir?

 M. P C. Lo primero: hay que leer, leer mucho, sin descanso, críticamente; discutir a pie de página con el utor leído; escudriñar como si nosotros mismos hubiéramos escrito el libro que leemos. No leer solamente lo último, lo que está de moda, sino ir atrás, bucear en la tradición.

Lo segundo, estudiar. Por desgracia no hay ninguna universidad que entre sus carreras tenga la de escritor. En ninguna parte se dan las herramientas necesarias para aprender a escribir bien; esas herramientas hay que descubrirlas con esfuerzo propio, con noches sin dormir, con sacrificio.

Lo tercero, ser humildes, muy humildes. Grabarse en la piel que al comenzar a escribir todos nos convertimos de alguna manera en Sócrates y no sabemos nada. Aceptar las críticas con espíritu abierto, agradeciendo siempre los palos que nos den, porque de esos palos se obtiene siempre una enseñanza valiosa.

Y por último, escribir, hacerlo sin miedo.


Sobre esta noticia

Autor:
Ernesto R. Del Valle (102 noticias)
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Tipo:
Entrevista
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