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Viaje Envidiable- Una chilena en el Congo

10/11/2009 15:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Como parte de su tesis doctoral en Oxford, la chilena Isabel Behncke estuvo casi tres meses en el antiguo Zaire estudiando el comportamiento de los bonobos

Se levanta a las tres y media de la mañana. El techo de hojas entrelazadas de su cabaña de barro ha empezado a ceder al ataque hambriento de las termitas. La lluvia de los últimos días no ha ayudado mucho.

Mientras desayuna, se distrae un instante pensando dónde estará el murciélago que vive en una esquina de su cuarto. Termina de arreglarse y, como todos los días, se prepara para caminar una hora y media, tal vez dos, hasta internarse en el corazón mismo de la selva africana, al sur del río Congo.

La cita es con una comunidad de 27 bonobos que recién comienzan a desperezarse. Los seguirá todo el día, observando cómo comen, juegan y descansan, hasta que se ponga el sol del trópico. Recién después de haber caminado entre 10 y 25 kilómetros estará de regreso en su precaria morada.

Ella no es una heroína de la National Geographic. Aunque bien podría serlo. La chilena Isabel Behncke (32), aspirante a doctora en Antropología Evolutiva en el Institute for Evolutionary and Cognitive Anthropology, es la primera científica occidental que en dos décadas se instala en este remoto lugar para observar bonobos en estado salvaje.

Está contenta, pues hace unos días vio a una hembra tomar una fruta y mecerla como si fuera una cría. Para ella ese juego podría ser un indicador de la capacidad creativa de estos simios, que junto con los chimpancés, son nuestros primos vivos más cercanos. Otra pregunta acapara sus pensamientos: ¿es posible, entonces, desarrollar la imaginación sin lenguaje?

El 2 de septiembre, después de casi tres meses siguiendo a sus bonobos en la siempre turbulenta República Democrática del Congo, Isabel se viene directo a Santiago. Durante el vuelo se pregunta cómo va a organizar la información. Siempre está luchando contra el tiempo y en esta ocasión decir que está agotada es poco. Pero desea ver a sus padres y tampoco quiere perderse la conmemoración, en la capital chilena, de los 200 años del natalicio de Charles Darwin.

Allí está ella, entre la crema y nata de las ciencias cognitivas. Daniel Dennett, Matt Ridley y Nicholas Humphrey (su mentor en Cambridge) saben perfectamente dónde estaba hace dos semanas y le preguntan insistentemente por los avances de su investigación. Quieren ver las fotos y los videos que ella aún no ha tenido tiempo de editar. “Estaban realmente muy interesados”, cuenta con una naturalidad abrumadora.

Han pasado dos meses desde que terminó su aventura e Isabel, instalada en Oxford, donde vive con su novio Richard Sullivan, un prestigioso oncólogo, repasa, al otro lado del teléfono, la historia sencilla y a la vez extraordinaria de su vida.

Dos fuentes de inspiración

Hija de padres separados, desde pequeña tuvo dos familias: la de su madre, la socióloga Isabel Izquierdo, casada con el empresario BernardoMatte, y la que formó su padre, el ingeniero civil Rolf Behncke, con la pintora Carmen Erazo. “Mi papá siempre tuvo muchos animales y en casa de mi mamá tuve una gran fuente de inspiración. A su marido le gusta navegar y pasábamos los veranos en los Canales del Sur, observando ballenas. También leí mucho. Desde Moby Dick hasta Colmillo Blanco. Recuerdo que en el campo familiar de Los Vilos el desastre era mayor cuando la maleta de libros se acababa”.

Al terminar el colegio no sabía bien si estudiar sicología o literatura. Finalmente, se inclinó por biología en la Universidad Católica, donde sólo alcanzó a estar dos años. La razón aún no la tiene clara. Lo cierto es que congeló y estuvo otros dos años en el campo de su papá, al interior de Coquimbo, tratando de entender qué quería hacer con su vida. De esta etapa de confusión la liberó su abuelo materno cuando le aconsejó estudiar inglés en Oxford. Un día, en Londres, pasó junto a un edificio de nombre sugerente: Darwin Building. “De curiosa entré y descubrí que era la Facultad de Ciencias Biológicas del University College London”, recuerda.

“Qué locura, jamás me van a aceptar”, les respondió a su madre y a su padrastro cuando le sugirieron postular. Finalmente se atrevió y dio el paso. En 1999 era aceptada en el pregrado en Zoología y Conservación. Esa fue su entrada en el mundo de la Antropología Biológica.

Le fue bien. Tanto, que volvió en 2003 a Chile para hacer su tesis, caracterizando bosques primarios en Huilo Huilo, un vasto terreno forestal de 60mil hectáreas que por entonces se estaba convirtiendo en parque privado.

Le costó dejar su labor ahí, pero le había quedado pendiente algo en el área de la antropología biológica y volvió a Inglaterra, esta vez a Cambridge, a cursar unmáster en Evolución Humana. “Fue casi como abandonar un amor. Tengo un link muy fuerte con mi país. Creo que los bosques del sur son lo más lindo que he visto y lo mantengo, aun después de haber estado en el Congo, que es una selva increíble”, asegura.

Pero estaba ese “pendiente”. Tal vez porque tuvo la oportunidad, en 2001, de viajar junto a su padrino, el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi, a Kenya y Tanzania. En ese viaje conoció también Gombe, donde la célebre Jane Goodall partió estudiando a los chimpancés, a principios de los años 60. “Con Hernán nos internábamos en el bosque para seguir a los chimpancés en su caza cooperativa. Tuvimos la suerte de presenciar una de esas cazas y nos quedamos varias horas, a pocos metros, observando cómo compartían la carne”, recuerda.

En Cambridge se sumergió en la comparación del comportamiento social entre chimpancés y bonobos, especies con las que los humanos compartimos un antepasado común, que vivió hace 6-7 millones de años. “La única manera de aprender de nuestro vuelo es mirar a esos primos”, comenta.

Continúa: “De los chimpancés se sabe bastante. Todo el mundo conoce a Jane Goodall o tiene en la retina su imagen en la portada de la National Geographic. Pero resulta que los bonobos son bien distintos”, adelanta.

Al sur del río Congo

Como era de esperar, en Cambridge Isabel se graduó con distinción. “No me explico cómo”, dice con un tono parecido al de la típica alumna matea, que presume frente a sus compañeros que no estudió nada, pero igual se sacó un 7.

Éste es el relato de esa fascinante aventura y de la desconocida pero potente vida de esta joven especialista en evolución humana

Ella dice que no es su caso. “Todavía creo que se equivocaron (ríe). No es modestia, soy como desordenada, me cuesta escribir, me demoro, me desorganizo…vivo en un estado de caos. Muchas veces pienso ‘ahora sí que no me va a resultar’”.

Pero le vuelve a resultar. Y tanto le gustó estudiar a los bonobos, que decidió buscar el doctorado en Oxford. Sin embargo, ya no le pareció suficiente verlos en cautiverio y, sin saber muy bien cómo, se propuso conocerlos en su hábitat.

No es fácil conseguir un cupo de investigación en la República Democrática del Congo, el único lugar en el mundo donde los bonobos pueden observarse en estado salvaje. Allí existen con suerte cinco sitios de investigación, siendo el que está junto a la aldea de Wamba (de unos mil habitantes) el más antiguo. En general, los estudios en ese lugar han sido intermitentes por el difícil acceso y la inestabilidad política. Hubo una guerra civil entre 1998 y el 2003 y aún hay brotes esporádicos de violencia.

– ¿Cómo conseguiste llegar ahí?

– Fue una combinación de estar en el lugar correcto en el momento correcto. En agosto del año pasado di una charla en un congreso sobre primatología, en Edimburgo. Sabía que iba a estar el jefe de las investigaciones en Wamba, Takeshi Furuichi, pero no lo conocía. Cuando terminé, desde el fondo un japonés me hizo muchas preguntas y me di cuenta de que era él. Conversamos, le pasé mi presentación y ahí mismo le propuse ir a Wamba como parte de mi tesis doctoral. Me dijo que tenía que discutirlo con el comité, pero que considerando que habían pasado ya varios años desde el fin de la guerra (2003), tal vez estarían en condiciones de recibir a nuevos investigadores. Me quedó debiendo una respuesta por e-mail, que recién llegó en febrero de este año: me dijo que sí.

El otro lado del espejo

A Isabel los bonobos le producen tanta fascinación, que el próximo año planea volver a Wamba por unos seis meses. Le entusiasma hablar de su tolerancia y su placer por el juego. Eso, explica, es lo que los diferencia de los chimpancés. “Éstos viven en sociedades patriarcales, con jerarquías muy fuertes. Son agresivos. Se conocen casos de infanticidio, canibalismo y también emprenden protoguerras: los machos de un grupo se reúnen para patrullar los bordes de su territorio y si encuentran a otros grupos adyacentes, pero en menor número, los atacan, matándolos en algunos casos. En el fondo son xenófobos. También les pegan a las hembras con palos”.

– Según los investigadores, esto avala que estamos predeterminados a la violencia.

– Claro. Y ése es un concepto falso y muy peligroso. Por otro lado está todo lo que se piensa de la evolución de la inteligencia humana. Nuestro cerebro es tres veces más grande que el que debería tener un mamífero de nuestro tamaño. En los 60 se pensaba que esto tenía que ver con el empleo de la tecnología. Jane Goodall descubrió que, como los humanos, los chimpancés ocupaban herramientas y eso avaló aúnmás la idea de que nuestra inteligencia es tecnológica. Esto es lo que ha nutrido al entendimiento del pasado evolutivo humano. Sin embargo, nos está faltando el otro lado del espejo.

– ¿Los bonobos son la otra cara de la moneda?

– Exactamente. Ellos pertenecen al grupo de los grandes simios (primates sin cola), junto con los gorilas, los orangutanes, los chimpancés y los gibones de Asia. El bonobo se separó hace unos 2 millones de años del chimpancé, una especie con fuertes jerarquías y coaliciones políticas. Entre los bonobos también hay jerarquías, pero son mucho más fluidas: si A domina a B, B no necesariamente domina a C y C puede incluso dominar a A. Pero lo más insólito es que entre los de esta especie son las hembras las dominantes y son una sociedad mucho más tolerante. Las hembras que emigran de otros grupos forman coaliciones y gracias a éstas establecen una sociedad en la que no se ve la agresividad extrema de los chimpancés. Además, su inteligencia, más que tecnológica y política, es emocional y social.

– ¿Más poder para las hembras es igual a menos conflictos?

– Hay conflicto, como en cualquier sistema social. Hay que tener cuidado: los bonobos no son una utopía, pero semanejan de forma distinta por esta dominancia de las hembras. Hay un énfasis mucho más grande en la importancia de las relaciones sociales. Los chimpancés y los gorilas tienen un líder único muy claro: el macho alfa. En los bonobos el líder, si es que lo hay, es siempre una hembra, la más vieja, y la jerarquía de los machos depende de la madre, que es quien les confiere su posición.

– ¿Las hembras construyen sus propios ejes de influencia?

– Exactamente. Siempre abandonan su grupo natal. Los machos se quedan. En el grupo que estudié en Wamba uno de los machos más dominantes tiene como 26 años y es hijo de la hembra alfa.

–Más allá de estas diferencias, ¿observaste algo que te sorprendiera de ellos?

–Muchas cosas que no esperaba. Por ejemplo, se cree que por esta dominancia de las hembras, los machos tienen un rol periférico, pero yo los encontré muy sociales. Juegan mucho. Su risa es tan fuerte que la escuchas de lejos y es contagiosa. Tienen un sentido de goce de la vida que no siempre aceptamos en los animales.

– ¿Qué descubriste en sus juegos?

– El apego, el rol de la risa y del juego es muy importante en los bonobos. Vi a una hembra tomando una fruta y meciéndola como si fuera una cría, tal como una niñita juega con muñecas. Eso desata preguntas sobre su capacidad creativa y sobre si es posible la imaginación sin lenguaje. El argumento que prevalece es que no es posible encontrar juego imaginario en los animales, porque para tener imaginación necesitarían tener lenguaje simbólico. Los bonobos no lo tienen, pero varias conductas indican por lo menos un grado de imaginación.

– Los bonobos son famosos por su comportamiento sexual, muy parecido al de los humanos.

– En general en el mundo animal las hembras sólo tienen sexo y son atractivas para los machos cuando están en estado de estro. Muchas veces observé a hembras preñadas, a punto de dar a luz, teniendo sexo. Por otro lado, pareciera que el sexo del bonobo cumple múltiples funciones, porque ocurre en el contexto del juego, pero también en medio del conflicto y la tensión. Por eso muchos científicos piensan que se trata de un mecanismo para disipar conflictos.

– ¿Sexo diplomático?

– Totalmente (ríe). Además, ellos viven en una ecología muy abundante y eso ayuda a que no haya tanta violencia. Las hembras están disponibles la mayor parte del tiempo, lo que ayuda a que los machos sean menos agresivos que los chimpancés.

– ¿Cómo fue tu rutina en estos meses?

– Es duro el ritmo. No hay teléfono, correo, Internet, electricidad, agua potable, ni sistema sanitario amuchos kilómetros a la redonda. Las rutinas de observación son agotadoras. Llegas muy temprano a sus nidos, antes que se levanten, y luego los sigues todo el día, hasta que preparan sus camas otra vez, siempre en un lugar distinto. Es en ese momento que registramos en el GPS el lugar y así podemos volver al campamento más o menos seguros de que los encontraremos al día siguiente.

– ¿Cómo te preparaste para partir? ¿No sentiste temor en algún momento?

– Mi novio tenía más susto, pero me ayudó mucho. Él trabajó como médico en África y sabía de qué se trataba, así es queme armó un botiquín increíble. Me convertí un poco en la “medicine woman” de la aldea. Al final de la jornada, había una cola de gente que venía a pedirme medicinas y consejos.

– ¿Te enfermaste?, ¿te atacó algún animal salvaje?

– Durante toda mi permanencia no me pasó nada. Sólo el último día apareció 10 metros adelante un jabalí macho, gigantesco, corriendo directamente hacia mí. No tenía un árbol cerca para encaramarme y me quedé paralizada. En el último segundo giré rápido para evitar la embestida, pero alcanzó a golpearme con su hombro en el muslo. Me caí y alcancé a subirme en un montículo termitero. Si me encontraba en el suelome podía sacar las tripas. Quedé con un tremendo moretón en el muslo. Lo curioso es que cinco horas después cayeron desde unos 30 metros de altura unas ramas enormes y pesadas a 50 centímetros de donde yo estaba. Creo que fue la despedida de la selva, para que no le perdiera el respeto.


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Fidelam (4709 noticias)
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