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Las verdades ocultas de la batalla del Ebro vistas desde el prisma de las nacionalidades combatientes contra todos los fascismos

16/09/2013 20:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Ebro fue un ensayo de la legión Condor de Hitler con Franco como dócil cooperante. Pero costó 100.000 vidas humanas y muchas más con la represión desatada en el postfranquismo

El Ejército del Ebro fue un ejército de la II República española, que participó en la Guerra Civil Española integrado dentro del Ejército Popular de la República.

En abril de 1938 se había creado la Agrupación Autónoma del Ebro, una formación para agrupar a las unidades republicanas que habían quedado aisladas al norte del Ebro. La Agrupación  trataría de defender la franja del Ebro de la inminente penetración de Franco ya había optado por ocupar primero Valencia para luego apoderarse rápidamente de Cataluña.

Ocurrió que tras la llegada de las tropas de Franco al Mediterráneo (en Vinaroz), el territorio controlado por el gobierno republicano había quedado partido en dos. Las tropas republicanas que se  retiraron de Aragón y de otros puntos del sur de Aragón habían retrocedido hasta la margen izquierda del Ebro, por lo que, en estas condiciones, la presión militar fascista ejercida sobre Valencia y en general sobre todo  Levante se hacía insostenible. Las tropas franquistas trataban por todos los medios de ensanchar la cuña que separaba ambas zonas en poder de los republicanos. El 23 de junio, las tropas franquistas lograron entrar en Castellón de la Plana, en la región valenciana. Con ello obtuvieron un éxito decisivo: cortar el territorio republicano en dos; por un lado Cataluña y por el otro los territorios gobernados desde Valencia.

Ante la amenaza de Franco sobre Cataluña, tras sus conquistas en Levante se reorganiza el Ejército del Ebro

 A la vista de la situación, el general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central republicano, diseñó un plan para obligar a los sublevados a distraer fuerzas del ataque a Valencia y así aliviar la situación del ejército de Levante. El plan de Rojo consistía en lanzar una ofensiva, masiva y por sorpresa, sobre las fuerzas sublevados que guarnecían la margen derecha del río Ebro. La operación constituyó, sin duda, un hecho audaz y sorprendente, puesto que en los tratados de táctica militar los ríos caudalosos como el Ebro estaban considerados  como barreras infranqueables. A ella seguiría una ofensiva sobre Motril.

Las fuerzas republicanas al reorganizarse crearon un nuevo Cuerpo de Ejército, el XV Cuerpo de Ejército, según plan de la Agrupación del Ebro, incluyendo unidades vascas y catalanas, trasladadas las primeras desde el frente de Madrid. La nueva reorganización requirió importante llamamiento de reservistas y voluntarios para cubrir las pérdidas ocurridas durante la retirada de Aragón, la conocida como Quinta del Biberón, había chicos de 15 años, que trataban de aparentar 18.

También se incluyeron a varias unidades de las Brigadas Internacionales. La 45ª División Internacional dirigida por el teniente coronel Hans Kahle (con las brigadas XII «Garibaldi», la XIV «Marsellesa» y la 139ª).La XXV División Internacional estaba a las órdenes del Mayor Pedro Mateo Merino (con la XI, XIII y XV Brigadas internacionales. Tres brigadistas Edwin Rolfe  (Brigada Lincoln), William  Rust (Batallón Biritánico) y Lewis Clive, escribieron en sus memorias lo que fue aquella carnicería.

Ese abigarrado ejército estaba comandado por el teniente coronel  Juan Modesto a quien respaldaban Enrique Lister, alto mando del V Cuerpo, Manuel Tagueña, jefe del XV, Etelvino Vega, el veterano y experto en ese tipo de operaciones, jefe del Cuerpo XII. El nuevo XV Cuerpo recibió las divisiones 35ª, 3ª y 42ª (antes denominada División C), mientras que los cuerpos XII y XVIII también recibieron  refuerzos en hombres aunque no de material (ya que la frontera francesa se había vuelto a abrir para el tránsito de armamento ruso del cual había sido permitida la entrada de un parte).

El 29 de mayo quedaba creado el Ejército del Ebro, organizado con 3 cuerpos de ejército, 9 divisiones y 29 brigadas mixtas, bajo el apoyo de unas docenas de blindados y carros de combate así como de un centenar de piezas de artillería de campaña y cobertura de equipos antiaéreos bastante anticuados… Parte del material había llegado tras la reapertura de la frontera francesa el 17 de marzo y había sido vital para  las fuerzas republicanas, a pesar de que había sido cerrada de nuevo a mediados de junio.

Los republicanos cruzaron el Ebro en tres zonas diferentes a lo largo de 65 km. a bordo de todo tipo de embarcaciones y por el “puente” de madera “provisional”

Con un día de retraso sobre el plan previsto, la ofensiva comenzó poco antes de las 00:00 h. del 25 de julio. El principal cruce del río fue realizado por las fuerzas del V Cuerpo de Ejército (Líster) y el XV Cuerpo (Tagüeña) en la zona comprendida entre Ribarroja, Flix y Ascó. A bordo de todo tipo de embarcaciones y por el “puente” de madera “provisional“, cruzaron el Ebro, en tres zonas diferentes, en un frente de 65 kilómetros dando inició a una de las batallas más recordadas, por muchas razones, de la historia humana. Al norte lo hicieron los 9.500 hombres de la '42 División' que lograron avanzar, atacando por sorpresa consiguieron establecer una cabeza de puente entre Mequinenza (Zaragoza) y Cherta (Tarragona). La operación constituyó objetivamente un gran éxito al conseguir llevar a la otra orilla hasta unos 45.000 hombres y artillería ligera y blindados muy artesanales, gracias a ese esfuerzo se consiguió alejar el peligro que se cernía sobre la asediada ciudad de Valencia, sede del gobierno  republicano.

Estas fuerzas contaron con el apoyo de artillería ligera y en rápido avance, aún con falta de transporte motorizado, avanzaron y ocuparon en los dos días siguientes las sierras de la Fatarella, Pàndols y Cavalls, y logran llegar a las inmediaciones de Gandesa y Villalba de los Arcos, estableciendo la que sería la línea de máxima penetración del ejército republicano. Los recién liberados acogieron a los leales con sorpresa e indescriptible emoción. Y eso hasta el primero de agosto 1938 cuando reaccionaron los facciosos por primera vez.

 El gran éxito durante la fase inicial de la ofensiva de las tropas  republicanas se produjo en la zona central del frente. En sólo dos días lograron una penetración de 50 kilómetros en el territorio enemigo, se adueñaron de siete poblaciones y estuvieron a punto de hacerlo con otras tres. En una de éstas, Gandesa, los franquistas lanzaron su contraataque centrado en los bombardeos de la aviación alemana enviada por Adolfo Hitler.

Con el objeto de distraer la atención del enemigo, se realizaron otros dos pasos menores: uno por el norte, a cargo de la 42ª División y la 45. Pero furon prematuramente descubiertos por la aviación de reconocimiento alemana y los bombarderos provocaron graves pérdidas. El dominio abrumador del aire de Franco hacía imposible cualquier intentona.

En el contraataque de los fascistas con la presencia de la aviación de la Legión Cóndor del Mariscal Goering, que ensayaba sobre cobayas humanos la futura Luftwaffe del III Reich

La Legión Condor alemana efectuó ataques masivos sobre los medios de paso del río, sin otra respuesta que la de la débil artillería antiaérea. Era inexplicable para muchos combatientes y observadores, la inacción de la aviación republicana que tardó más de dos días en aparecer, hecho éste que nunca había sido aclarado, hasta que el alavés Hidalgo de Cisneros  jefe de la aviación republicana en el Ebro lo explicó después en la obra autobiográfica “Cambio de Rumbo”: La Legión Condor no permitía a los aviones republicanos ni asomar el morro (ni tan siquiera despegar), con ayuda de la Aviación Legionaria italiana. Y cuando lo consiguió “la diferencia entre los aviones  nazis y los republicanos era tal, que nuestra aviación se quedó reducida a la mitad de sus efectivos“. Esta es una respuesta a las preguntas que se hacía el popio Lister y otros, que lo atribuía a “falta de confianza”.

 Jesús Salas Larrazábal ha hablado detenidamente de la intervención de las dos aviaciones en la batalla del Ebro, cuado en realidad había una sola aviación: la Legión Condor.

“La posibilidad de actuar toda esta fuerza de Franco en la bolsa del Ebro recién creada era inmediata y muy fácil. Lo debía conocer el enemigo”… y por eso no resulta aceptable la explicación del jefe de la aviación republicana.

“Estos combates serían ya frecuentes y las bajas muchas. Ramón Salas, dice inexactitudes típicas como que “los cazas estuvieron muy equilibrados y si de alguien fue la ventaja fue de los republicanos” que dispusieron de más de 100 “moscas”, de ellos la mitad equipados para vuelo de gran altitud…..”.

Kindelán trata con gran extensión del tema y señala que “en la batalla del Ebro, la Aviación prestó servicios eficacísimos de todas clases”. Naturalmente. Estaba sola, ensayando para Goering. Y lo dice cínicamente él mismo “Puede asegurarse que se han ensayado en ella todas las modalidades de empleo del Arma aérea: caza y persecución; grande y pequeño bombardeo; lejano y próximo; reconocimientos fotográficos y a la vista; corrección de tiro artillero; asalto y acción antitanque; bombardeo en picado; destrucción de puentes; empleo de bombas de gran retardo, de granadas incendiarias y de bombas fumígenas". También hubo bombardeos nocturnos.

“La superioridad republicana quedó compensada por la más elevada moral de nuestros pilotos”. Que en realidad eran alemanes e italianos y algún que otros español). Y añade “su mejor preparación técnica”. Era fundamental el apoyo aéreo. Volvió aquello de “tarde, mal y nunca”

Otro problema añadido es la apertura por los sublevados, informados por un ingeniero de la compañía hidroeléctrica, de las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa, situados aguas arriba en la provincia de Lérida. La apertura de compuertas provocó una gran crecida del río que arrastró hombres, camiones y pasarelas que saltaron por los aires, tanto por la fuerza del agua como por el choque de troncos con explosivos adosados lanzados por las fuerzas de los franquistas. La ruptura de las esclusas del río se produjo un anegamiento en varios sectores del frente.

La capacidad de los ingenieros republicanos donde había varios catalanes que conocían el río Ebro palmo a palmo contrarrestó el efecto de éstos, a pesar de la débil defensa antiaérea republicana. Después de meses de combates, los sublevados solo habían avanzado un par de kilómetros y establecido una pequeña cuña dentro del territorio republicano, que originalmente estos habían reconquistado en el mes de julio.

En distintos lugares hubo feroces combates, cada uno de varios días de duración. El 19 de agosto una nueva contraofensiva franquista fue detenida pero, con más tropas frescas los sublevados volvieron a la carga el 20 y esta vez lograron su objetivo. De ahí en más, y a lo largo de septiembre y octubre la lucha se concentró en los alrededores de Gandesa, Villalba de los Arcos y Corbera d'Ebre. Los republicanos resistían a pié firme pero la artillería franquista y la aviación nazi alemana lanzaba sobre ellos miles de toneladas de bombas.

La cancelación del ataque sobre Motril, decretada por el presidente Negrin fue el primer paso hacia la derrota republicana en el Ebro

Era la culminación de un esfuerzo de todas las unidades del ejército republicano, incluido el mítico V regimiento y las legendarias Brigadas Internacionales XI a XV. Pero se había planeado paralelamente un ataque sobre Motril, que era vital y no se dio. Según el general Rojo, hubiera desarticulado el plan de Franco de caer sobre Cataluña y rendir a la república. Al  parecer el jefe del gobierno republicano doctor Negrin, la canceló. Según el general Rojo “la cancelación del ataque sobre Motril era el comienzo de la derrota del Ebro”. Eso hubiera retrasado más de un mes los proyectos del general Franco y daría tiempo a evacuar a la población civil de Cataluña y recibir parte del armamento ruso que Francia había embargado y armar a todos los brazos útiles voluntarios de Cataluña. El presidente Companys habló de traición con el dedo señalando hacia Negrin, quien dio la orden de cancelar el ataque a Motril por razones políticas. “Al pueblo catalán le ha robado todo contenido. Por no decir hasta el alma” fueron las palabras de Companys.

La lucha de las unidades mixtas de catalanes y vascos en la batalla del Ebro fue muy eficaz y agradecida por los presidentes Companys y José A. de Aguirre

En el ejército republicano que cruzó el Ebro se distinguió la Brigada Mixta 142, que comandaba el coronel García Miranda y la Brigada Vasco-Pireniaca, ambas unidades con mayoría de vascos y catalanes que se había sido tan eficaz en Bielsa en la 43 División, una de sus unidades el Batallón Alpino. Las formaciones vascas procedían de la  Milicias Vascas y las autoridades republicanas les asignaron como jefe al coronel Alzugaray, navarro, procedente del Cuerpo de Artillería quien acababa de llegar a Madrid, evadido de una prisión de Marruecos español. Era también ingeniero civil.

Y comprendía a los estudiantes y exgudaris del frente de Vizcaya… A Alzugaray se le informó sobre la nueva unidad que comandaba en campañas pasadas como la Casa de Campo, Navalcarnero (donde hubo muchas bajas), Boadilla y la Ciudad Universitaria, donde lucharon codo a codo con las Brigadas Internacionales… El antecesor de Alzugaray era el capitán Frutos, muerto en la Casa de Campo.

El Batallón Alpino estaba mandado por el comandante Cosgaya que fue el último en pasar la frontera con Francia en el desastre de Cataluña en 1939. “Cosgaya disparó hasta el último cartucho en un último intento de permitir al pueblo escapar de las tropas franquistas que querían copar a un millar de refugiados y hacerlos presos”.

La colaboración de fuerzas del ejército de Cataluña y las brigadas mixtas vascas ha pasado casi desapercibida pero ya no lo será más

El presidente Aguirre que estaba en Barcelona por aquellas fechas comunicó a Companys que había tratado de reunir a todas las fuerzas vascas, que se habían distinguido en la defensa de Madrid, pasarlas a Francia y plantarlas al frente de Cataluña. Pidió permiso a Prieto, que era ministro de la guerra republicano, quien le dijo que él no podía darlo sin consultar con Azaña, pues una fuerza armada extranjera no podía entrar en Francia, y cruzar la frontera e ir a Cataluña sin permiso de Paris. El lehendakari Aguirre expuso primero su proyecto al presidente  Azaña, quien le envió donde Negrin, con palabras como éstas: “Aguirre, para comprenderle a usted no hace falta más que saber geografía”. Pero no le dio el permiso y le envió donde el jefe del gobierno. En su entrevista con Negrin, estaba presente el ministro Zugazagitia, que aprobaba el proyecto. Pero Negrin, quien no dio la autorización al resto del ejército vasco (las unidades de gudaris que habían escapado del Pacto de Santoña) para trasladarlas a Francia y pasar la frontera.

Zugazagoitia, capturado por las tropas de Franco, fue después fusilado. Con la negativa de Negrin, el lehendakari Aguirre se fue a Paris y se entrevistó con el ministro de la guerra francés M. Delbos, en presencia del embajador republicano español en la capital francesa, Ossorio y Gallardo. El ministro del Exterior francés, le dijo al lehendakari que veía con simpatía la lucha de vascos y catalanes, pero debía antes consultarlo antes  con el presidente de la república francesa. Pero al volver a Barcelona, recibió una llamada telefónica urgente desde Valencia.

Era Indalecio Prieto quien le instaba a no seguir las gestiones porque el Consejo Superior de Guerra Republicano, desestimaba el paso de la frontera francesa del ejercito vasco, “por razones políticas y militares, cosa que Aguirre muy enfadado comunicó a Companys absortó en la evacuación de la población civil con sus casa a cuestas huyendo de las tropas franquistas a las puertas de Barcelona. Aguirre había realizado un intento parecido en 1937 cuando aún no se había formado unidades concretas para atacar con unos batallones de voluntarios por el frente de Huesca y establecer contacto con Duruti y desde los Pirineos, por la frontera de Navarra, distraer a las fuerzas franquistas y crear un frente aunque fuera ficticio. Esta vez fue rechazado por el ministro Prieto argumentando que era una fuerza guerrillera irregular.

Estos, después de tantos años, podría parecer una leyenda urbana pero consta en el epistolario Prieto-Negrin, sobre las consecuencias y la historia de la guerra civil, publicado en Paris en 1939, Prieto recuerda la imposición de la omnímoda voluntad de Negrin con “desfiles de fuerzas militares por las calles barcelonesas y hasta tanques” traídos del frente para dar sensación de fuerza y resolver los problemas que planteaban los mandos de Cataluña y por ende de Euskadi contra el uso del poder personal contra verdaderos demócratas republicanos”.

El 30 de octubre en la contraofensiva final de todas las fuerzas franquistas en el Ebro contra  el norte de la Sierra de Cavalls. Durante tres horas, después del amanecer, las posiciones republicanas fueron sometidas al bombardeo de 175 baterías de los sublevados y más de 400 aviones.

Los 80.000 soldados republicanos estuvieron protegidos sólo por los 100 aviones “moscas” que pudo conseguir Hidalgo de Cisneros, de fabricación rusa, contra por lo menos que 1.300 aparatos, de fabricación alemana e italiana…

Con anterioridad, los experto alemanes aconsejaron a Franco y al general Kindelán en el cuartel General de Burgos la utilización de diversos aeródromos con la idea de “la eventualidad de un ataque por el Ebro o el Segre”. Los 1300 aviones del eje hispano-italo-alemán fueron distribuidos por los siguientes aeródromos, administrados por el jefe de la aviación alemana general Hugo Sperle y mandos italiano y español, general Kikndelán. Aerodrmos de Calamocha - Castejón -Valenzuela -Torremocha - Ojos Negros - Bello - Caude - Tudela -Zaragoza. Ablitas - Alfamen - Gallur -La Almunia - Alfaro - Logroño.

Pero a partir del 1 de noviembre 1938, Franco puso en línea todas las fuerzas militares y la república perdió las alturas de Pandols, la única cota de terreno que permanecía aún en menos de la República. Y al día siguiente, las fuerzas de Yagüe llegaron al río Ebro y con ello cumplían uno de sus objetivos pendientes desde que comenzó la batalla. Todo el flanco sur republicano se vino abajo. Los republicanos se habían atrincherado con gran habilidad, siguiendo las técnicas de enmascaramiento aprendidas  del comandante vasco Beldarrain. Tras la caída de Picosa, tras la acometida de los blindados alemanes con enseña española y tripulación nazi terminó de convencer a la República de que la batalla del Ebro estaba perdida.

El 10 de noviembre solo quedaban seis baterías republicanas al oeste del Ebro, y las últimas posiciones republicanas tuvieron que ser abandonadas. Las últimas operaciones militares se realizaron cuando caían las primeras nevadas, en un campo de batalla que, antes, el calor de agosto había hecho intolerable. A la caída de la tarde del 15 de noviembre, bajo las órdenes de Manuel Tagüeña, todo estaba preparado en Flix para el cruce del río (esta vez en sentido inverso). Y al amanecer los últimos combatientes republicanos del Ebro habían cruzado a la margen izquierda logrando evacuar el material de guerra y a los últimos soldados, Tagüeña ordenó volar el puente de hierro de Flix. Yagüe entró en Ribarroja el 18 de noviembre, volviendo a reconstituir la línea defensiva que los republicanos habían roto el 25 de julio.

La reacción de las fuerzas franquistas fue rápida y en pocas horas llegaban unidades de todo el país para reforzar la nueva línea de defensa. Además, la intervención de la aviación y el control de los pantanos de la parte superior del río dificultaron la alimentación del frente por parte del Ejército del Ebro. Ante la imposibilidad de continuar avanzando, y una vez completados los objetivos originales de la operación, reducir la presión sobre el frente valenciano y llamar la atención de las potencias europeas ante una operación de devolvía a la República la iniciativa militar de la guerra, el 3 de agosto se daba la orden de adoptar medidas defensivas de retirada ordenada.

A partir de aquel momento y hasta el 16 de noviembre el llamado Ejército Nacional llevó a cabo siete ofensivas contra las líneas republicanas. Lo que el Ejército del Ebro había ocupado en un solo día, necesitó de más de cien días para ser reconquistado

Cuando los dos bandos están exhaustos triunfa aquel que consigue ayudas exteriores: así siguió Franco andando con las muletas de Hitler y Mussolini

Los franquistas también estaban exhaustos, pero seguían contando con la inestimable ayuda de refrescos y de renovación diaria de armas y municiones de la Intendencia inagotable de la Alemania nazi y la Italia fascista, que estaban determinados a tener parte en el asalto final a Cataluña. Los republicanos evitaron que las tropas nacionales penetrasen masivamente por el vértice de los ríos Ebro y Segre.

La creciente del caudal del Ebro impidió que las tropas marroquíes del general Yagüe atravesaran el río quedando detenidas en su ataque al sector sur de las defensas republicanas. El día de Nochebuena se oían cánticos de júbilo en las líneas  republicanas. Más bien himnos a la humanidad combatiente pues se oían en catalán, en euskera, en español, alemán, inglés y diversas lenguas centroeuropeas.

No duró mucho el júbilo de los republicanos. No se celebró la Nochevieja, porque el día de Año Nuevo 1939, los internacionales rechazaron un intento de la infantería marroquí. Pero tres días después el 3 de enero de 1939, un ataque de carros de combate forzó una retirada republicana, mientras que ese mismo día las unidades franquistas de Yagüe lograron cruzar el Ebro y atacaron la población de Borjas Blancas, rompiendo de nuevo el frente y provocaron una retirada transformada casi en fuga que la destreza y serenidad de Líster asesorado por sus compañeros pudo contener unas 40 horas.

Pero cayeron pronto Borjas Blancas y Artesa en poder de los desleales, y la retirada republicana dejó expuesto un gran sector del frente. Las tropas republicanas que aún defendían este vértice entre el Ebro y el Segre se retiraron rápidamente ante la amenaza de quedar cercadas.

La retirada a la frontera fue inevitable aunque hubo algunos republicanos que querían proseguir la lucha más allá de la frontera francesa

Tras la dura resistencia en el Frente del Segre, quedaba abierta la retirada, que ya no se detendría hasta la frontera francesa. Así, el Ejército del Ebro cubrió la retirada por la zona costera hasta alcanzar Barcelona (donde se pretendía organizar una resistencia “a lo Companys”  evocando a la que resistió y contraatacó a las fuerzas del general Goded y de Madrid en 1936. La experiencia de los gudaris en el “No pasarán” adquirida en Madrid se vio una vez más a juzgar del pasarte de prisioneros de los facciosos. Pero acabaron retirándose las unidades como la 11ª División y los Cuerpos de Ejército V y XV. Lo cierto es que para estas fechas el Ejército del Ebro era más una unidad sobre el papel que a la hora de combatir: se encontraba muy mermado en efectivos tanto humanos como materiales, si bien mantuvo una dura resistencia en la medida de sus posibilidades.

La Batalla del Ebro, con sus 114 días ininterrumpidos, y no de trincheras, precisamente, tal vez la más larga de la historia humana, registró un saldo, entre ambos bandos, de 100.000 muertos, dejando exhaustas las fuerzas del ejército popular que tuvo en ella su última ofensiva.

No obstante aún a comienzos de febrero 1939, los restos del Ejército del Ebro que quedaban un auténtico ejército de zombis-se diría hoy-mezcladas nacionalidades, idiomas y razas, llegaron al norte de Cataluña, donde intentaron reorganizar una línea de defensa aprovechando el limitado y nuevo material militar ruso que estaba llegando al otro lado de la frontera francesa. La estrategia ahora era: resistir hasta que estallara en Europa la guerra entre el fascismo y el resto de los países, para así forzar a otras naciones a entrar en el conflicto. Modesto pretendía evacuar a Francia los restos del Ejército del Ebro para, una vez allí, trasladarlos a la zona central para continuar la lucha, aunque fue una idea completamente desesperada dadas las circunstancias reales. Entre el 5 y el 10 de febrero la mayoría de las últimas unidades del Ejército del Ebro cruzaron la frontera. Allí los restos del destartalado Ejército fueron desarmados por los gendarmes e internados en campos de concentración, desapareciendo finalmente.

A parte de las connotaciones histórico-militares, la Batalla del Ebro fue la carta jugada por el gobierno republicano en la Conferencia de Múnich del 29 y 30 de septiembre de 1938, donde las potencias europeas condenaron a la República cediendo ante las pretensiones de la Alemania de Hitler en la crisis de los Sudetes checoslovacos.

El Ebro también fue el escenario de la retirada de las Brigadas Internacionales de suelo republicano, anunciada por el presidente Negrín el 21 de septiembre de 1938.

Por todo ello la Batalla del Ebro es una de los hechos fundamentales para entender la historia contemporánea de Cataluña, Euskadi  y España, con fuertes lazos con la del resto del mundo.

De ahí en adelante fue una retirada continua hacia Barcelona y Madrid, hasta la derrota final. Pero el heroísmo del Ejército del Ebro quedó grabado para siempre en los anales. Nadie esperaba a esa altura que la República pudiera intentar semejante esfuerzo teniendo frente a sí al ejército sublevado, a las tropas italianas enviadas por Benito Mussolini y a la poderosa aviación hitlerista luego de dos años de una guerra terrible. La Batalla del Ebro como fue el canto del cisne a una ilusión de millones de hombres de todo el planeta.

En el año 2003, 65 años después, muchos de sus heroicos sobrevivientes, hasta nonagenarios, se juntaron en Corbera d'Ebre (Cataluña), pueblo en ruinas desde entonces, en el sur catalán para conmemorar aquella gesta.

Allí llegaron viejos luchadores italianos de la 'Brigada Garibaldi', gudaris vascos del Batallón Saseta, norteamericanos de la 'Brigada Abraham Lincoln', veteranos del Ejército de Cataluña, británicos de la 'Connoly Column', franceses de la 'Marsellesa', de todas las naciones de la 'XV Brigada Internacional' y muchos más que ahora, como entonces, se sumaron a los españoles. Allí esperó Lise London, la brigadista de 86 años a hombres y mujeres como Pierre René Landrieux, George Sossenko, Theo Francos y Lola González.

A este episodio de la batalla del Ebro seguirá otro u otros capítulos sobre la persecución y represalias del general Franco contra sus enemigos, catalanes, vascos y españoles, tanto en el exilio como en España.

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA 


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