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Venezuela, laboratorio primario de gérmenes y parásitos del Sur

02/03/2019 15:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pese a todas estas dificultades, y, visto que, tras el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, parece más que probado que para los terroristas no existe ninguna barrera moral

La Tecla Fértil

Un inconveniente de muchas armas de destrucción masiva, sobre todo en la conquista de un territorio es que dejan un efecto negativo sobre el terreno en el que se usaron. Por ejemplo, el suelo en el que se lance un arma nuclear es inhabitable por un largo periodo de tiempo. También los agentes biológicos pueden dejar rastros no deseados que un invasor ha de neutralizar para no perecer, mediante vacunación y tratamientos médicos adecuados. Lo indiscriminado de sus efectos a la vez que las imprevisibles consecuencias de la diseminación de agentes patógenos sobre los seres vivos, hacen de estas armas algo especialmente peligroso que debiera hacer pensar dos veces a los países que plantean su uso antes de llevarlo a cabo definitivamente.

Pese a todas estas dificultades, y, visto que, tras el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, parece más que probado que para los terroristas no existe ninguna barrera moral, la realización de controles y el desarrollo de medidas preventivas son imprescindibles para protegernos ante el peligro potencial que las armas biológicas representan. El futuro de todos nosotros puede depender de ello.

En 1995 Irak fue obligado a admitir ante los inspectores de la ONU que había producido, probado y almacenado gran número de armas biológicas, un total de 10.000 litros colocados en obuses, bombas y cabezas de misiles. Según los especialistas norteamericanos, los iraquíes habían preparado cohetes de 600 kilómetros de alcance para transportar armas bacteriológicas. Asimismo, según las mismas fuentes, acoplaron dispositivos de diseminación aérea a aviones para expandir el carbunco y la toxina del botulismo. El verdadero peligro de este arsenal no se debe tanto a las bombas y a los misiles como a los medios de diseminación. Se ignora si Irak llegó a fabricar carbunco en polvo. Su gobierno afirmó haber destruido su arsenal, pero acabó por cerrar sus puertas a cualquier inspección.

A diferencia de atentados con explosivos, los ataques con bacterias o virus mortíferos no se percibirían en un principio. Las nubes de gérmenes infecciosos no podrán ser detectadas fácilmente por el ser humano ni por su aspecto, ni por el olor ni por el sabor. Sólo tras varios días o incluso semanas, según el microbio utilizado, se detectarían las primeras infecciones. Los afectados aparecerían en los hospitales y consultas con síntomas de una extraña epidemia que pocos médicos habrían visto jamás. En Estados Unidos, por ejemplo, no más de una cuarta parte de los 6000 hospitales existentes estarían preparados para una situación así. La mayoría de las clínicas no estarían en condiciones de aislar a los pacientes ni de tratarlos a tiempo con medicamentos adecuados. Menos e Latinoamérica, donde la fase sanitaria se encuentra en pésimas condiciones y los gobiernos de la región le dieron a los laboratorios norteamericanos todo él plácet posible, cuando los antibióticos y medicina preventiva hindú reflejan mejores condiciones de adaptación a nuestros organismos por nuestra climatología y frutas que, son casi similares.

Las técnicas de diseminación aérea constituyen uno de los métodos más fáciles de esparcir eficazmente agentes biológicos sobre cultivos, tropas o concentraciones humanas, pero adaptar estos aviones a la guerra biológica exige unos conocimientos que no parecen estar al alcance de un grupo terrorista en particular. Es muy complejo para una banda terrorista conseguir crear aerosoles de carbunco. Las partículas conteniendo esporas han de ser del tamaño adecuado para penetrar hasta los alveolos pulmonares, en donde pueden desarrollarse. Para lograrlo no solo hacen falta microbiólogos de alto nivel y un laboratorio bien equipado, sino una tecnología punta para dispersar las partículas e impedir que vuelvan a agregarse, lo que no toda banda terrorista tiene al alcance. Esta tecnología, solo lo manejan, laboratorios rusos y norteamericanos.

En Venezuela, viene acentuándose las enfermedades bacteriológicas y de gérmenes en su etapa primaria por la no potabilización de las aguas y camiones sin procedimientos legales

Según algunas opiniones las armas biológicas constituyen también un peligro por ser “relativamente baratas”. El coste del material necesario para “devastar” con armas convencionales un kilómetro cuadrado de territorio es de aproximadamente 2.000 dólares, el material para hacerlo con ántrax sería de un dólar. Pero a eso se sumaría el nada despreciable coste de las instalaciones y tecnología que exige su producción en gran escala y su preparación para dispersarlo de forma que sea infectivo. Miles de científicos que estuvieron trabajando en la elaboración de más de 50 armas químicas y biológicas en la antigua Unión Soviética se vieron de repente en el paro al disgregarse el estado soviético, por lo que algunos expertos temieron que esos investigadores frustrados pudieran vender sus conocimientos a organizaciones terroristas o gobiernos corruptos. Precisamente, este es el problema actual,   los científicos norteamericanos, hindúes como ruso ganan cualquier cantidad de valor monetario por sus servicios y, no están ya por el bienestar de una nación, por la corrupción generada en la competencia de laboratorios y, acordémonos que un farmaceuta venezolano en la época de gobierno del presidente Chávez amonestó en cuanto al uso de plaguicidas y la entrega de nuevos contratos farmacéuticos a laboratorios multinacionales, este personaje fue director del INDECU..

Cuando se trata de agentes biológicos peligrosos que son usados como armas, hablamos de guerras biológicas si son estados o países en guerra los que las utilizan, y de bioterrorismo cuando los usa una banda criminal con el objetivo de imponer sus ideas mediante el terror. Pero con ambos términos, lo que se engloba es el empleo criminal de microorganismos patógenos, toxinas o sustancias dañinas contra la población con el propósito de generar enfermedad, muerte, pánico y terror. Se trata de un acto criminal, puesto que en realidad nadie debería usarlas ni crearlas ni almacenarlas, pues el uso de armas biológicas está terminantemente prohibido por las Naciones Unidas. Sin embargo, hay países que se cree cuentan en sus arsenales no sólo con bombas sino también con gérmenes y toxinas letales.

 y sus cisternas inadecuadas trasladan aguas procedentes de pozos, sin ningún requerimiento legal, sanitario y laboratorio para ser vendida a un precio excesivo a la población.

 no tenemos en cuenta a Caín, que según la tradición asesinó a su hermano con la quijada de un burro, los primeros humanos que usaron armas de naturaleza biológica debieron ser los cazadores que, empleando el humo producido por ramas verdes e hierbas húmedas, obligaban a los animales salvajes a abandonar sus cuevas. Pero también el hombre ha utilizado desde tiempos remotos humos, gases, vapores y nieblas artificiales para molestar a sus enemigos y obligarlos a abandonar sus fortalezas y rendirse. Porque, desde los primeros momentos de la historia, el ser humano ha sentido el impulso de luchar contra sus semejantes y para ello se ha valido de todo tipo de armas. En este artículo tratamos del uso de microorganismos o sus productos como instrumento letal, las que ahora llamamos armas biológicas, analizando su impacto en el planeta y las consecuencias de su uso. Bacterias como las que producen el ántrax o el cólera, virus como el de la viruela o el ébola froman, difteria, diarrea y sarampión, parte del infame cuadro de honor de los patógenos que han atraído la atención como posibles armas de devastación humana.

La mayoría de los agentes biológicos patógenos son difíciles de cultivar y mantener. Muchos se descomponen rápidamente cuando están expuestos a la luz solar y otros factores del medio ambiente. Frente a ello presentan la ventaja de su gran eficacia, así una bomba atómica de 12.5 kilotones que explotara encima de una ciudad podría causar 80.000 muertes. Bastarían 100 kilos de esporas de ántrax para matar entre uno y tres millones de personas.

El gobierno bolivariano, debe aplicar una batería de medidas y soluciones para los aspectos críticos de nuestra sociedad y, Por otro lado, vamos a organizar una reflexión abierta sobre cómo imaginamos el nuevo mundo, el nuevo escenario que hemos de montar para organizar nuestra vida en armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Lejos de estos ataques de guerra y destabilización social.

Cuando se trata de agentes biológicos peligrosos que son usados como armas, hablamos de guerras biológicas


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1215 noticias)
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