Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Detective Salvaje escriba una noticia?

Uno de los nuestros

01/09/2009 23:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se cumplen 20 años del rodaje de Uno de los nuestros, uno de los films más representativos de Martin Scorsese

Planos americanos, primeros planos, travellings laterales y circulares, picados y contrapicados, montaje sincopado y sin respiro, agilidad narrativa. Uno de los nuestros es la culminación de esa manera de hacer cine, de esa necesidad de dejar claro que lo que estamos viendo es un lenguaje, y como tal, tiene su sintaxis, su gramática, su estructura y sus frases. Cabe preguntarse si esa sintaxis explica algo, si es también contenido o sólo puro virtuosismo, y es ahí cuando surge la figura del antihéroe tan querida por la generación de Scorsese o Bogdanovich, a la que el director italoamericano dota de un aliento épico gracias precisamente a esa gramática de lo evidente, a esa necesidad de narrar tan americana, tan ausente de divagaciones, tan sujeta a la causa y el efecto, tan limpia y austera a la hora de mostrar los actos de sus personajes, y a la vez tan barroca, tan segura a la hora de utilizar el lenguaje de las imágenes en movimiento, con un tratamiento visual cuya escuela seguiría directores tan posmodernos como Paul Thomas Anderson o Quentin Tarantino.

La primera noticia que tuvo Scorsese del libro Wise Guy: Life in a Mafia Family de Nick Pileggi fue en 1986, en plena producción de El color del dinero, gracias a un a reseña aparecida en el diario. Pileggi había recibido el encargo de escribir un libro a partir de las memorias del mafioso Henry Hill, que era entonces un testigo protegido de la policía después de haber delatado a sus antiguos compañeros. Fue ese libro y la colaboración del propio escritor el que convenció a Scorsese de retomar el mundo mafioso y de acreditarse como coguionista, algo que no hacía desde Malas calles. No obstante, Uno de los nuestros marca un punto de inflexión, tanto en la descripción de su universo particular como en la de la figura del antihéroe, a la que tanto ayudó a crecer en films como Toro Salvaje o Taxi Driver. En éstas el protagonista se enfrenta a un mundo extraño, cercano a la abstracción, quizás porque la historia está narrada desde un profundo subjetivismo, y porque el mundo que se muestra no es el que es, sino el que ellos intuyen. De ahí que la progresión dramática esté directamente vinculada a su visión de la realidad (sea o no ésta moralmente reprobable) y a su crecimiento o su caída. Uno de los nuestros cambia radicalmente esa perspectiva, y se centra más en la reflexión sociológica. Aunque pueda parecer lo contrario, la voz en off del propio Henry Hill, que puntea diversas secuencias del film, no sirve para profundizar en ese subjetivismo, sino que permite al espectador un distanciamiento reflexivo. La progresión dramática no es, por lo tanto, una cuestión emocional o psicológica, sino estrictamente narrativa. No existe en los comentarios de Hill ningún arrepentimiento, ni ninguna reflexión moral sobre el tipo de vida que vive, ni tampoco ninguna valoración, como si la película se planteara como un trabajo antropológico de la clase media italoamericana, con sus códigos sociales y sus contradicciones internas. Ahí radica su fuerza.

Es ahí cuando surge la figura del antihéroe tan querida por la generación de Scorsese o Bogdanovich, a la que el director italoamericano dota de un aliento épico

De todos modos, no por casualidad la película empieza con un asesinato a sangre fría, al que sigue aquella frase en off del propio Hill diciendo “Desde que recuerde, siempre quise ser un gángster”. El protagonista, por lo tanto, es consciente de sus actos (aunque no los justifique), y esa frase nos indica que vamos a entrar en un mundo aparte, en una sociedad paralela en la que la violencia explícita y el crimen forman parte intrínseca de su funcionamiento. Por eso, los dos asesinatos principales que se muestran en la película (ambos cometidos por el personaje interpretado por Joe Pesci) no son causa o consecuencia de ningún otro delito, sino que son fruto de una violencia desaforada, irracional, impulsiva, inherente a esa extraña clase media que Scorsese se encarga de plasmar como si el film fuera una suerte de autobiografía generacional. La necesidad de los personajes de crecer socialmente, de conseguir un status que les permita ser respetados y no ser unos “Don Nadie” es paralela a la situación de la minoría italoamericana en la América de los 60 y los 70, y Scorsese lo hace mostrando el gusto sin clase del nuevo rico, el racismo soterrado y la banda sonora de una época (pagando para ello dos millones de dólares en concepto de derechos de autor). Sin embargo, lo que en un film como El Padrino (cuya tercera parte se estrenaría el mismo año) es planteado como tragedia shakesperiana y predeterminación, en Uno de los nuestros es drama social y desarrollo imprevisible, de ahí esa necesidad de marcar claramente el tempo del montaje para evitar caer en la dispersión, y de obviar la sutileza de pensamiento para dar paso al acto, al hecho puro y duro, al travelling y al contrapicado, a la sintaxis de frases escuetas y contundentes, a la primera lección de cine posmoderno.


Sobre esta noticia

Autor:
Detective Salvaje (61 noticias)
Visitas:
3502
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.