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UNAM evalua vacuna contra bacteria causante de la meningitis

27/09/2010 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageEn México, así como en otros países, la bacteria Haemophilus influenzae del serotipo b (Hib) ha sido causa de enfermedades que comúnmente afectan a la población infantil, como la meningitis, neumonía, epiglotitis y artritis séptica. En naciones en vías de desarrollo, donde aún no se emplean vacunas conjugadas, esas afecciones aún son problemas prioritarios de salud pública.

En las décadas de los 70 y 80, antes de la introducción de una inoculación en el esquema nacional de inmunización infantil (en 1997), la bacteria Hib fue una de las principales causas de meningoencefalitis bacteriana en menores de cinco años.

"Este microorganismo se aislaba con una frecuencia de 25 por ciento o más, con relación a los demás agentes etiológicos bacterianos de meningitis", explicó Patricia Gómez de León, investigadora de la Facultad de Medicina (FM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y especialista en epidemiología molecular e inmunología.

De los padecimientos ocasionados por Hib, el más serio es la meningitis, pues a pesar del uso oportuno de antimicrobianos, cinco por ciento de los infantes que contraen la enfermedad mueren, y entre 30 y 40 por ciento quedan con secuelas neurológicas a corto y largo plazo, como discapacidades auditivas o visuales, en ausencia de la vacuna.

El periodo en que los pequeños corren mayor riesgo de adquirir infecciones invasivas serias como meningitis por Hib es durante el primer año y medio de edad".

Junto con la inoculación contra la poliomielitis, las vacunas conjugadas contra enfermedades por H. influenzae b son los mejores ejemplos de eficiencia y eficacia preventiva.

Hasta junio de 2009, 133 países de un total de 198 ya incluían en sus esquemas de inmunización la vacuna contra Hib. No obstante, estas naciones albergan sólo 40 por ciento de los niños menores de cinco años que hay en el mundo.

Así, cada año siguen registrándose a nivel mundial tres millones de casos de afecciones por Hib entre ese grupo de infantes. En México, se han liberado dos vacunas conjugadas: en 1999 y 2007, lo que derivó en que 15 millones de pequeños de cinco años y de menor edad estén protegidos.

Aunque ambas inoculaciones contienen el mismo antígeno capsular (polisacárido capsular polirribosil ribitol fosfato o PRP) que induce la respuesta inmuno protectora, la primera incluye el componente completo de Bordetella pertussis, y la segunda, un componente acelular de esta bacteria.

Según la evaluación del impacto de la segunda vacuna en el país, que la investigadora y sus colaboradores realizaron en el Laboratorio de Biología Molecular del Departamento de Salud Pública de la FM, los resultados de concentración de anticuerpos IgG antipolisacárido en sangre, y de avidez (eficiencia de los anticuerpos para enlazar al antígeno polisacarídico de Hib) son lo suficiente eficaces para proteger a la población infantil de infecciones invasivas por H. influenzae b.

Los datos de esta evaluación están por publicarse en una revista científica de primer nivel como parte de la serie de trabajos que Gómez de León y su equipo realizan en colaboración con Sandra R. Steiner, del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Atlanta, en Estados Unidos.

imageLas Vacunas conjugadas son denominadas así por contener una proteína acarreadora, que confiere los atributos de memoria inmunológica, que en teoría protegen a la persona por períodos prolongados.

"De acuerdo con datos publicados, 97 por ciento de los sueros de niños analizados en México están protegidos de enfermedades invasivas causadas por H. influenzae, y 14 por ciento están prevenidos del estado de portador", anotó Gómez de León.

Hasta la fecha, no se cuenta en el país con estadísticas o datos precisos que reflejen la morbilidad y mortalidad por enfermedades invasivas causadas por Hib, por los otros serotipos de esta bacteria o por cepas de H. influenzae no tipificables.

No obstante, sí se sabe que la meningitis por Hib es la enfermedad más discapacitante, por las secuelas neurológicas.

Antes de las vacunas, la incidencia anual en pequeños de cinco años y de menor edad en Estados Unidos era de 15 a 60 casos por cada 100 mil habitantes, y en países como Gambia, Senegal, Brasil y Australia, la proporción era de 100 a 350 casos por cada 100 mil niños.

En las naciones con un esquema de vacunación ampliada se han conseguido reducciones de la incidencia anual en torno a 90-100 por ciento, y en contraste con cifras prevacunales anteriores, se ha logrado una reducción de la incidencia en menores de cinco años de hasta 2.88 casos por cada 100 mil niños de ese grupo.

"En México, sin embargo, debería evaluarse el impacto que tiene la vacunación en poblaciones con inequidades y rezago social. Habría que mirar en zonas distantes como las serranías, donde 'a penas' se tiene acceso a un servicio de salud", dijo la investigadora.

Se debe tener en cuenta que en los hogares en condiciones de pobreza, el riesgo de que los niños presenten desnutrición es tres veces mayor que en los de más altos ingresos.

Por otro lado, si bien se tiene una muestra representativa de los casos que llegan a los centros hospitalarios de concentración pediátrica de México, no todos los niños con alguna enfermedad causada por H. influenzae pueden llegar oportunamente a los hospitales, porque viven en zonas donde no hay vías de comunicación.

Haemophilus influenzae se transmite al estornudar o toser, por el rociado de pequeñísimas gotas de saliva (micro-gotas de Flügge) conocido como flush. Para que se inicie un proceso infeccioso basta de una a 30 bacterias o unidades formadoras de colonia, según la virulencia de la cepa, y de qué tan favorable resulte el medio en sus aspectos nutrimentales, inmunológicos y físico-químicos.

Al ser expelidas, las micro-gotas viajan a 170 kilómetros por hora. La bacteria alcanza la superficie mucosa del epitelio respiratorio y entra en contacto con las células receptoras del hospedero. Ahí coloniza y prolifera.

Cuando alcanza el torrente sanguíneo ocurre la bacteriemia, un incremento considerable del numero de bacterias circulantes en la sangre; con ello, pueden presentarse algunos síntomas como fiebre alta, escalofríos y náuseas. A medida que avanza, la persona puede sufrir un shock séptico, potencialmente peligroso para su vida.

Uno de los más importantes factores de riesgo de contagio es la proximidad cuerpo a cuerpo en espacios reducidos, como las guarderías; entonces, los menores de un año que asisten a esos sitios son más susceptibles.

Fuente|Boletín UNAM.

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