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Un poeta cabal…

19/05/2011 18:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entrevista a Alberto Lauro, autor del libro El regreso a la novia de Lázaro

Por Pedro Pablo Pérez Santiesteban.

Recientemente nuestra casa editorial publicó el libro El regreso a la novia de Lázaro, del laureado poeta, escritor y periodista cubano Alberto Lauro, quien actualmente radica en Madrid, España. Este libro fue auspiciado por El Foro Holguinero y ya está disponible para la venta a través de la página del autor, en nuestro sitio web: www.vocesdehoy.net y en www.foroholguinero.org

Para festejar este acontecimiento literario entrevistamos a su autor y, de esa extensa conversación, hoy publicamos esta versión, que por cuestiones de espacio nos hemos visto en la necesidad de ajustar.

Alberto Lauro nos recrea en su maravilloso mundo de anécdotas y experiencias, y deja al descubierto su indiscutible talento, así como su firme convicción ideológica y artística. Su relación directa con grandes figuras del ámbito literario y cultural, lo hacen, sin proponérselo totalmente excepcional.

Háblame un poco sobre este libro.

El poemario surgió como una broma. Dulce María Loynaz había escrito un poema en prosa que se negó a publicar muchos años por escrúpulos religiosos. Su esposo, el cronista canario Pablo Álvarez de Cañas, invitó a varios prelados, entre ellos algunos obispos. Te hablo de antes de yo nacer. Les dio una cena opípara y luego vinos espirituosos, y estaban tan encantados por no decir embriagados que cuando ella empezó a leer el poema en prosa «La novia de Lázaro» no la dejaron acabar y le dijeron que nada tenía de irreverente. Triunfó la Revolución y como sabemos. Pablo se fue de Cuba y ella se quedó sola, sin la sociedad a la que estaba habituada. Tampoco se le publicó nada en casi treinta años. Tuve una intensa amistad con ella. Primero fue epistolar. Esas cartas saldrán publicadas a fin de año con el auspicio de la Editorial Vaso Roto y el apoyo de la Fundación Federico García Lorca. Se extraviaron esas cartas muchos años, pero las he recuperado casi milagrosamente. Y más vale para el gobierno cubano que no hubieran aparecido, porque en ellas dice todo lo que piensa —algo que siempre hizo de cómo la trataron e ignoraron. Si alguna persona coherente, consecuente y asqueada del comunismo he conocido, fue ella. A tal punto que en su casa no había televisión ni leía la prensa por tal de no saber nada de Fidel Castro, la persona que más odiaba. Le ayudé en lo que pude. Tuve llave de su casa y le calentaba la sopa por las tardes, que compartía conmigo y le hacía ese ángel que es Silvia Spengler, madre del historiador Eusebio Leal. También le ayudaba en algunas gestiones como llevarle recados, estar con ella en su casa cuando recibía a extraños y en archivar o responder algunos asuntos de la Academia Cubana de La Lengua, entonces radicada en su mansión y negada ella a que entraran escritores oficiales del régimen. Así fue como le pasé a máquina los últimos poemas que se quedaron dispersos y sin editar que llamó Poemas náufragos. Con la ayuda del poeta gaditano Jesús Fernández Palacios y otros amigos de la Diputación de Cádiz logré que lo publicaran. Para escándalo en Cuba que me costó la expulsión de mi trabajo en la Oficina del Historiador de la Ciudad. Al editor Felipe Lázaro de Editorial Betania le envié uno de los poemas que estaba en ese libro, el que yo consideraba el mejor: «La novia de Lázaro». Al darle inesperadamente el Premio Cervantes en 1992 (en cuyo jurado participó con mucha habilidad y éxito el poeta Pablo Armando Fernández) era lo único que había editado de ella en España. Decía que con la poesía había que tener cuidado. Escribió «Últimos días de una casa» y en la que había vivido su infancia y juventud, la que visitaba Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca llamaba «la casa encantada», se convirtió en ruinas. Al triunfo de la Revolución fue expropiada. En su poema en prosa «La novia de Lázaro», el personaje femenino se encuentra con el hombre que ama después de que muriera. En la vida real, el marido la abandonó muchos años y ya mal de la cabeza, por gestiones con Raúl Roa, regresó a morir a Cuba: ella vivió un infierno con él a tal punto de que me decía que hubiera preferido que no volviera nunca, algo que obvió en el libro que le dedicó en prosa: Fé de vida. Su bello poema está escrito desde una perspectiva femenina. Y a mí, que me gusta divertirme y hacer literatura de la literatura —como en mi novela En brazos de Caín (2004) y otras que tengo inéditas—, le respondí el poema desde el punto de vista masculino, es decir, desde la visión de Lázaro: la suerte fue que a ella y a su hermana Flor esa broma les resultó lo mejor que yo había escrito. El poema, como tantos textos y libros y objetos más, lo perdí durante años, hasta que una amiga me envió una copia. Y por eso está dedicado a Flor y Dulce María Loynaz que, realmente, llegué a tenerles un gran cariño y fueron mis mentoras como el Padre Ángel Gaztelu, Fina García-Marrúz y Cintio Vitier. Como el suyo, el poema mío está escrito en prosa y divido en varias secciones, es de tema bíblico, lo cual era imposible publicar cuando lo escribí. En el de ella la novia se encuentra con alguien al que había renunciado para siempre pues el acto de la muerte es irreversible, hasta que Marta y María le piden al Señor que resucite a su hermano. En el mío, el novio —Lázaro— se enfrenta no solamente a alguien a quien ya no pensaba ver —la novia—, sino a la vida misma y a la gratitud de ese extraordinario ser que con su taumaturgia le ha resucitado y devuelto a un mundo donde lo que ya conocía le parece todo otra vez novedoso.

¿Qué importancia le concedes a la poesía?

[…] Fue la poesía un don dado a los hombres como el fuego. Pero mientras éste ha tenido una utilidad práctica, el de la poesía nunca se ha sabido con certeza cuál es, aunque José Martí afirma que es más importante para los pueblos que la industria misma.

La han querido definir: ella es inasible. Encasillar, clasificar, callar e incluso encarcelar y vejar: ha mostrado siempre en sus manos los estigmas como rubíes sangrantes de la libertad. Las profecías de creación y destrucción han sido vaticinadas por la videncia de los poetas, aunque fueran ciegos.

Es hija del misterio y del hechizo, de lo invisible y de la magia. Hermana del sueño, la inspiración y la adivinanza. Su origen divino y hechizado hace que se mueva con realeza entre la farsa de las máscaras. Si los hombres duermen u olvidan quiénes son, ella, en permanente vigilia, viene a recordarles la facultad de tener conciencia de existir.

Cuando le acercan a su velado rostro el espejo de la falacia, la poesía responde con un relámpago del espíritu que lo destroza, fascinada. Plena se transfigura en gozo, prodigio, consuelo, comunión, alabanza pero también es desgarro, diatriba y repulsa contra quienes la censuran o sojuzgan. Es entonces que escapa de barrotes visibles e invisibles, irrumpiendo con improperios: también es blasfemia y profanación. Vulnera con cegadora luz todo dogmatismo donde reine la oscuridad y, para escarnio de sus lacayos, la opresión que amordaza con la estulticia y el envilecimiento, destrozando la mordaza del silencio. Y ay al que ella escoja como blanco de su ira, porque es implacable, ay.

Ahora que en lo cotidiano y en la contemporáneo se constata el fracaso pavoroso y creciente de la razón —según Goya predijo: el sueño de la razón engendra monstruos— de todas las artes y habilidades humanas, la poesía es lo único que ha podido descender a los infiernos del mito, la Historia, del ser, y ascender triunfante hacia la aurora. Que ella nos acoja: no nos abandone.

Fue la poesía un don dado a los hombres como el fuego

¿Cómo te sientes más cómodo, como periodista o escritor?

Me gustan las redacciones de los periódicos. Estar con mis compañeros. Otro medio que me gusta es la radio. No la televisión que te hace popular quieras o no. Viví esa experiencia en Holguín y en La Habana y no me gustó. En España la he evitado. Buscar la información sí. Promocionar valores positivos también. Contrastar la noticia. Cuando era casi un niño —tendría ya unos 11 años— colaboraba en Radio Angulo en programas infantiles, por teléfono en Radio Progreso de La Habana y luego en el diario Ahora de Holguín. Me relacionaba con los viejos periodistas: Cuqui Pavón, Francisco (García Benítez), viejos comunistas que se entusiasmaban conmigo porque les discutía como a iguales y además me decían que les recordaba a Aníbal Escalante y César Escalante, fundadores del Partido Comunista, amigos suyos y lejanos parientes de mi abuelo materno. Soy Escalante de segundo apellido, estigma que me persigue pues nadie de esa familia ha osado nunca enfrentársele al castrismo salvo yo, para disgusto de mi madre. A los catorce años comencé a publicar mis primeras noticias y, en el canal de televisión de Holguín, aprendí con la locutora Yolanda Guillot lo básico de la locución y los guiones (o escaletas). Pero era católico práctico y esto fue un freno cuando se supo. Lo mismo me pasó cuando quise estudiar en la Universidad. Entonces como rezaba el lema: «la Universidad es para los revolucionarios». Es decir, para los serviles, y yo era todo lo contrario. Acabé el preuniversitario en 1977 y no fue hasta casi 10 años después que me admitieron en la enseñanza universitaria porque era católico, para quienes estaban vedadas las carreras de Humanidades. Y Periodismo ni se diga. Seguí escribiendo cuentos y poemas que me premiaron ya en el colegio primario y secundario. Hasta que en 1981 Félix Pita Rodríguez, Fina García-Marrúz y Reina María Rodríguez me premian un libro con poemas religiosos en el Concurso David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Para mi sorpresa Félix Pita Rodríguez fue un entusiasta de ese libro que no he publicado, a pesar de su larga trayectoria comunista. Me hablaba muy mal de Nicolás Guillén, pero Guillén quiso conocerme y me invitó a un concierto de los cantantes españoles Ana Belén y Víctor Manuel que musicalizaron sus canciones y dieron un bello concierto en los jardines de la UNEAC. Guillén siempre fue muy cordial conmigo. Siempre he dicho que el periodismo es lo inmediato, la narrativa una carrera de fondo y la poesía una especie de iluminación súbita. También he escrito ensayo y artículos dispersos en revistas de Cuba, España, Francia, Estados Unidos y América Latina. Vivir de escribir lo he logrado por temporadas. La escritura es un oficio diario; la poesía, la inspiración, que aparece y desaparece —una «visitación» diría Fina, pues creo en ella como una inesperada revelación.

¿Qué significa para ti que la Peña Literaria del Foro Holguinero haya seleccionado tu obra para su publicación?

Pues mira, una gran alegría. Una alegría que les hubiera agradado mucho a mis abuelos. Esto, como el premio de Cieza, ha sido una sorpresa. Como el personaje de Blanche Dubios —del Un tranvía llamado deseo de Tennesse Williams—, siempre he creído «en la generosidad de los extraños», que en España se traduce como «la bondad de los desconocidos» y prefiero la versión cubana. Desde 1994, que el editor Felipe Lázaro en la Editorial Betania publicó Cuaderno de Antinoo, que casi se agotó porque se presentó en una especie de Club donde invité a mis amigos cubanos a hacer mojitos y a tocar sones y tambores —el poeta Gastón Baquero me decía que nunca había visto nada igual en la presentación de un poemario—, sólo había publicado ese libro de prosa poética en España y que trajo la amistad de Octavio Paz y varios amigos como el profesor José Olivio Jiménez, los poetas españoles Luis Antonio de Villena, Antonio Puentes, José Ramón Ripoll, Carlos Edmundo de Ory, Antonio Gamoneda y muchos mas. Después en 2004 la Revista Encuentro de la Cultura Cubana, que ya desapareció, publicó otro poemario como dossier, «Cartas no enviadas». A todos los que hacen el Foro Holguinero —en especial a Manuel González Beceña que es su animador— estoy muy, pero muy agradecido porque es uno de los libros que se publican sin que yo tenga contratiempos. El primero que se editó en Cuba fue censurado, recogido y hasta un juicio me costó con las autoridades del Sectorial de Cultura y el Partido. Lo gané. Se editó. Eliseo Diego vino a su presentación para apoyarme. Pero luego se recogió y en pulpa fue convertido. Ahora en desagravio sale en Madrid editado en una segunda edición en pocos meses por la Editorial Visión Libros.

¿Algún recuerdo en especial de Holguín…?

Todos. Sueño únicamente con Holguín. Viví allí hasta 1977, en que me fui a La Habana por primera vez y regresé en 1979. Me denegaron la entrada en el Instituto Superior de Arte aunque aprobé con la máxima puntuación todos los exámenes. De nuevo por católico, pero eso me hizo hacerme amigo del crítico Rine Leal. Emilio de Armas me presentó a Cintia y Fina, y estos a su familia y a Eliseo Diego y Bella y sus hijos. Se convirtieron desde entonces en mi familia habanera. A cada rato me expulsaban de los colegios porque no me quedaba callado nunca ante las injusticias que veía. Siempre fui así. Mi expediente escolar estaba lleno de notas negativas, para disgusto de mi madre. Ya por esa fecha traté a Mons. Carlos Manuel de Céspedes. Y el Padre Ángel Gastelu, ambos de visita en Holguín.

[…] En Holguín conocí a Vicente Echerrry y también a Miguel Barnet que vino con Reinaldo Arenas. […]. De las personas a las que traté y mi primera maestra que me animó siempre, Angélica Serrú: para mí el paradigma del amor por la cultura.

[…] Recuerdo como una tragedia personal el abandono y derrumbe del Club Orfeo, en las afueras donde mi padre nos llevaba los domingos. Y me hablan con mucha tristeza los que van a Holguín —a mí me han denegado la visa desde 1993, entre otras cosas por mi amistad con Alina Fernández, la hija de Fidel con Naty Revuelta—, de la destrucción de la Villa de Gibara, de la que recuerdo sus casetas de baño. La esposa de Pablo Armando Fernández era de allí. Y a veces me pasaba unos días en la casa de Pilar Palomo. Y en Caletones la familia Mezerene, mis amigos de siempre, tenían otra a la que íbamos, al igual que a la de mi padrino el Dr. Bernardito como se le llamaba, que se vino abajo. Y yo me preguntaba: ¿Dios mío, es que nadie hace nada para impedir esta miseria? Recuerdo que cuando vine de Suiza a Holguín con maletas de regalo, desde el tren tuve que alquilar un carretón para llegar a mi casa. Vestido de un carísimo traje de Armani hecho a medida en la mejor sastrería de Suiza y montado en un carretón. El caballo no dejaba de ventosearse. Le pregunté al carretonero y me dijo que eso era porque no había forraje que darle y lo que comía era papel desechado de las dulcerías. Le di cinco dólares para que le comprara hierba al pobre animal. Y el señor no se lo podía creer. «Con esto le compro comida a mis hijos», dijo. Entonces le di cinco más para el caballo. Que siempre me han gustado mucho porque mi abuelo Escalante siempre tuvo caballos para moler el barro de su fábrica de ladrillos.

¿Qué es Cuba para ti?

Una maldición y una bendición. Una referencia y algo que hubiera querido olvidar. País del que me siento orgulloso y que padezco como una condena. Tierra con individuos que a veces no entiendo y con los que en otras enseguida me identifico. Un país sistemáticamente humillado por los incapaces que lo han gobernado. Un pueblo que idolatró a Fidel Castro cuando mintió durante varios años diciendo que no era comunista. El documental de Ricardo Vega Fiel Castro lo pinta como lo que es: un ser obcecado, ególatra, mitómano, megalómano, a quien no se le puede contradecir jamás como dice su hermana Juanita; que cuando te mira no existes como he podido comprobarlo en casa de Pablo Armando Fernández o en el Museo de la Ciudad cuando coincidimos, y su hija, mi amiga Alina Fernández, es testigo de ello mejor que yo. El legado que nos deja es un país decrépito en lo ético, desastroso en lo económico, depauperado en lo social, aunque hay amigos aún, algunos pocos optimistas, que creen que Cuba se repondrá en dos días, como si despertara de un mal sueño, como el catedrático Humberto López Morales.

¿Qué esperas que el público encuentre en El regreso a la novia de Lázaro?

Una grata lectura para los lectores como lo fue para mi escribirlo. Que rememoren imágenes o fragmentos de algo que han vivido y que podrán vivir en cualquier inesperado momento. Pues sin duda el tema del poema es el amor. Y el amor vive etapas, procesos, experiencias para los que uno a veces no está preparado. Todo amor es siempre una aventura cuyo fin desconocemos. Algo para lo que si no eres valiente, no puedes vivir. Pues ante el ser amado eres vulnerable. Es como acercarte a un abismo pavoroso al que hay que arrojarse si quieres amar. No tienes más remedio que hacerlo. Si hay reticencias, desconfianza, falta de entrega, de perseverancia, objeciones, puede llamarse a ese sentimiento atracción, sexo, lujuria, pero no amor. Por suerte no me enamoro hace años.

Aunque Lauro testifica que no se enamora hace años, no puede negar que son muchos los seguidores que siempre han estado fielmente enamorados de su poesía y de su obra. Obra que se ha ido escribiendo con mayúsculas y en un dorado imperecedero para la literatura de los últimos tiempos.


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