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Túnez, arena, cielo y mar

09/05/2010 12:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El huésped es un enviado de Dios y como tal, es digno de la más generosa de las acogidas

En Túnez, el país más moderno y tolerante del norte de África, éste es uno de los preceptos religiosos que por fortuna sigue tan vigente como antiguamente, y se perpetúa en cada invitación a un vaso de aromático té con menta o piñones, o con cada ramillete de jazmín o azahar que se entrega al visitante.

Dos gestos de bienvenida que persiguen al extranjero a lo largo de su ruta por este país de playas y desiertos, de zocos, de viejas medinas árabes y de inesperados legados arqueológicos.

Túnez, un sabio y curioso cruce entre Oriente y Occidente, en el que dejaron su huella los romanos, los bizantinos, los árabes, los otomanos y los franceses. La mayoría de la población profesa el islamismo, pero el Estado se declara laico. Las mujeres gozan de pleno derecho desde la época del presidente Burguiba, que occidentalizó el país tras la independencia de Francia en 1956.

Arena

Sin duda uno de los principales alicientes para conocer Túnez, la silueta de los dromedarios sigue unida al reclamo y la fascinación que ejerce el desierto.

El gran sur es el territorio más conservador del país y el que mejor guarda la vida antigua. Desde la polvorienta ciudad de Gafsa, autentica bisagra entre el norte y el sur, se extiende una región misteriosa y muy bella que ocupa más de la mitad de Túnez. Sus áridas llanuras se adentran en el desierto, hacia el Djerid, el país de las palmeras. Oasis esquinados en sus rotundas montañas rojizas, como Chebika, Tamerza o Midés, ciudades sagradas como Nefca o Tozeur, la capital del sur, por cuyas callejas desfilan las mujeres cubiertas con sus velos de negro riguroso. Son los lugares imprescindibles de esta región.

Tras cruzar la carretera que atraviesa el inmenso lago salado de Chott El Djerit, en cuyo entorno fantasmagórico el viajero puede experimentar y descubrir qué es un espejismo, el poblado sahariano de Douz es el punto de partida de las incursiones en el desierto.

Las Dunas que cercan esta tradicional poblado dejan paso a otro tipo de desierto, la hammada o desierto pedregoso, a medida que se avanza hacia la tribu bereber de los matmata. Esta reseca región esta llena de viviendas troglodíticas que servían a sus moradores para guarecerse del sol y defenderse de sus enemigos.

Sus discretos encantos se descubren sin ningún esfuerzo

Cielo y mar

En la isla de Djerba, quienes prefieren un alojamiento original lo pueden reservar en un puñado de viejos fonduks que todavía ofrecen habitaciones, muy sencillas pero llenas de encanto, en su capital, Houmt Zouk . Se trata de antiguos caravasares, en los que pernoctaban los caravaneros, con sus aposentos alrededor de un gran patio central, perfumado de jazmines y pelargonios.

Djerba es, con sus playas y su apacible vida rural, el rincón perfecto en el que descansar después de la expedición por el desierto. Casas cuadriculadas de un blanco impecable, coronadas por una cúpula perfecta y rodeadas de cáctus y chumberas. Su geografía muy llana, hace posible recorrer sus senderos entre palmerales, sus playas salvajes y sus pueblos en bicicleta o a caballo.

En la capital podemos visitar: la lonja, las singulares mezquitas, el mercado matutino, el zoco de los viernes, el puerto de Ajim, los alfareros o la viejísima sinagoga de La Ghirba. Sus discretos encantos se descubren sin ningún esfuerzo.

Costumbres

La comida tunecina empieza con aceitunas y rebanadas de delicioso pan con harissa, una salsa muy picante que ayuda a abrir el apetito. En pequeñas porciones llegan bandejas de ensaladas. El tajine, es una empanada cocida al horno con verduras, pollo, queso o atún. También hay que probar la gargoulette, un estofado de cordero o el mirmiz, cordero guisado con habas y salsa picante. Y de postre bouza, crema de piñones y almendra; baklawa, hojaldre y miel, y una especie de turrón la bjawia, con pistachos, almendras, y miel .

El idioma es el árabe, aunque casi toda la población habla perfectamente el francés. En sitios turísticos también se utiliza el ingles.

La moneda es el dinar tunecino, es fácil cambiar divisas y cheques de viaje en bancos y también en los hoteles. Se puede ir todo el año pero las épocas más agradables son la primavera y el otoño.


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Abesedo (68 noticias)
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