Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que El Menosprecio Del Siglo escriba una noticia?

La tribulaciones de un sirio en Siria

09/06/2011 09:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Antonio Hermosa Andújar*

Bachar  el Assad, tirano hijo de tirano y aspirante a perpetuar la dinastía, creía que  le  bastaba abrir la boca  para que se hiciera la luz;   que reprimir una manifestación, por ejemplo,   era simple cuestión de  coser y matar, ya que de casta le viene al galgo, y pocos modelos al respecto mejor que  el de casa, o sea,   su padre.  Y reprimida una, reprimidas todas,   parecía decirse, pues  la cosa, seguro,   crea precedente, y ya será  como si  se  reprimieran solas. Lo bueno de la primera, en efecto, es que a partir de ahí uno, en cuanto ve venir una muchedumbre por el lado contrario –compuesta de  desarrapados, seguro, de agentes de lo que toque, de  islamistas occidentales, o al revés, etc.-, pone los tanques en automático,   los  lanzagranadas en automático,   las balas en automático,   los soldados en automático,   la policía secreta en automático, y todo cuanto se aproxime  erguido  corre fundado riesgo de  yacer por tierra, herido o muerto, a la voz de  ya.  Y luego toca sólo contar los muertos y actualizar las cifras, unificándolas  a ser posible, no vaya a  causar el país mala imagen en el exterior  dando cada fuente  una distinta, que se pasa uno la vida cultivando prestigio con esmero y luego, a las primeras de cambio, llega alguna consejera alemana local y te mete un pepinazo por detrás.

image

Bachar  el Assad no sabía que a veces los muertos se levantan en otros vivos y se perpetúan con ellos,   claman con ellos, luchan con ellos, se rebelan en ellos. Había oído en alguna ocasión la palabra  dignidad, cuando aún era oftalmólogo, y parece que no le hacía ascos el sonido; pero en cuanto llegó al trono en lugar del hermano prefijado, muerto en accidente de tráfico,   el pabellón auditivo experimentó una modificación extraña y repentina, volviéndose de golpe alérgico a sonidos antes atrevidos. El sabio consejo del entorno alauí de palacio, en el que palabras como la susodicha producen al entonarla ese tipo especial de sarpullidos en la conciencia llamados  carcajadas, terminó de hacer el resto.  Y el olvido de que los muertos siguen vivos en las palabras que  antes ellos pronunciaban y ahora  otros pronuncian por ellos -libertad, igualdad y dignidad, que acorralan a la mayoría de los tiranos del mundo árabe salidas de gargantas árabes-, le ha vuelto sordo al griterío de multitudes que se suceden entre sí o a sí mismas pidiendo lo mismo. No le deja entender que haya fallado el precedente y los nuevos manifestantes no se sientan todavía muertos.  Mucho más trabajo le cuesta entender que, con las balas que corren, aumenten. 

Su explicación, y la del entorno oficial, había recurrido al cuento de la lechera a fin  de explicar el fenómeno:  son  bandas  mercenarias  que conspiran desde el exterior,   son islamistas  sublevados, son el caos que vendrá si yo  no estuviera. Más de mil muertos después, y de muchos miles más de detenidos, vejados y torturados, sólo ha convencido a los  que  gustan de los cuentos, que son muchos, pero ha roto para siempre el tiempo en dos,   escindiendo el  hoy  del futuro, un lugar en el que él ya no tendrá cabida.  En su descargo ha querido valerse de ciertas  medidas a deshora, de  limosnas de negociación, de promesas a trasmano  -palabra  de tirano-, sea para deshacer lo hecho o para rehacerlo con otro significado; mas  la divisa ha cambiado, y el  actual  reclamo es unidad nacional con la que hacer frente a la doble tiranía encarnada en su persona, la política y la social –la  raza  alauita dominando todo el espectro social, a la manera de un Saddam Hussein sirio, si bien se detectan crecientes fisuras en su interior-, democracia parlamentaria y Estado laico (palabra esta última finalmente cambiada por  civil,   o lo que es igual:  presagio de un horizonte cargado de nubarrones). 

imageEl dictador   (Foto: Indy info)

El tirano  Bachar  El Assad creía quecon solo fruncir el ceño el mundo, el  sirio, se precipitaría a sus pies, porque el tirano cree reinar sobre un campo de cadáveres; si alguien se mueve, se le detiene; si crece, se le aplasta; si une, se le divide; si exige, se le dispara. A su alrededor no veía ninguna fuerza en grado de moverse, crecer, unir y exigir en concurrencia con la suya; y como su ejército era  suyo  en lugar de flotar más o menos libremente, como en Túnez o Egipto, y tenía garantizada así su lealtad; como acababa de intentar comprar a los funcionarios aumentándoles el sueldo; como su dominio de hierro sobre la sociedad desde su clan,   asociado  siempre  al engranaje del poder,   se probaba en el hecho de que  el papel de  Damasco  en nada recuerde al de  Túnez  o  El Cairo en la revuelta; como la violencia presente en los genes  El Assad  ya había sido brutal y diversamente administrada en contundentes dosis, etc.,   el tirano no acertaba a explicarse el origen de esa fuerza que compite con la suya, que realiza todas las operaciones antedichas y ha demostrado  una parte de su poder otorgándose existencia, otra parte organizándose y otra programando un futuro común para una Siria libre del tirano y de su  circunstancia. 

Mucho, demasiado le queda a ese Consejo de 31 miembros surgido de la reunión  en la ciudad turca de Antalya  en la que trescientos sesenta asistentes  –heterogéneos, divididos, enfrentados algunos entre sí  y sin legitimidad muchos de ellos- para poner en marcha el proyecto de presionar a la ONU a la Liga Árabe a fin de que sancionen al tirano sirio, y  con mayor razón el de llevarlo  ante un tribunal acusado de crímenes de guerra y  de  crímenes contra la Humanidad. Pero con él ya sabemos al menos dos cosas: que  hay  oposición en Siria y que si la ONU tiene razón de ser aquí tiene una ocasión para demostrarlo: para agrandar su fuerza y acortar los tiempos. Y, a través de ella,   y en ella, quienes airean la bandera de la democracia y de  la paz no sólo con la boca (a Rusia o China, naturalmente, ya las llamaría El Assad a que le echen una mano si requiriese ayuda). 

image

Tirano y  necesario, ¿qué impedía soñar a  Bachar  El Assad con un  tercer  reich  personal, qué más podía pedirle a la vida?  ¡Si hasta después de tanto crimen, de haber cuarteado el país o saqueado  el futuro  aun la propia  Hillary  Clinton alberga la creencia de hacerle entrar en razón y hacer de él un reformista;   como si un tirano  hablase con alguien más que con dios, esto es, consigo mismo!  El sueño de  Bachar  El Assad tiene un fuerte componente de realismo, naturalmente. En la sociedad internacional, los derechos y libertades democráticas son poco más que un  flatus vocis  en determinados escenarios, aquéllos en los que la  Realpolitik  hace su agosto.  ¿A quién va a preocupar la responsabilidad siria en el magnicidio de  Rafik  Hariri en Líbano, o en los asesinatos que vinieron después? Máxime si tenemos en cuenta que es uno de los pocos que van de  laicos  por la zona, lo cual, si comparado con esa especie de  Estado-burka  que es Arabia Saudí,   no dirán que no es un  logro. 

Además, la protección del pluralismo religioso, fundamental en Siria si ésta no quiere perecer de tanta  potencial  misericordia divina, es una realidad palpitante  (Malise  Ruthven  lo ha destacado  en su extenso estudio-reseña de un libro de  Brooke  Allen en las páginas de la  New York  Review  of  Books).  Pero sobre todo es la represión ejercida contra los Hermanos Musulmanes, ocasionalmente  degenerada  en auténticas masacres (véase el reciente artículo de Carlos Echeverría Jesús para el Real Instituto Elcano), el papel  central  que sigue desempeñando en Líbano, donde facilita armas iraníes o rusas a  Hezbolah, o el control político-religioso que ejerce sobre la mayoría suní, lo que le ha  realzado  su  importancia convirtiéndole en  importante  mediador entre turcos y saudíes;   asimismo,   su especial relación con Israel, país del que puede profesarse enemigo  nato, como decía Isócrates del persa respecto del griego, y con el que sin embargo parece siempre casi a punto de concertar algún tipo de acuerdo;   o, quizá, su posible  condición  de mediador  entre Irán, país del que es aliado tradicional, y la propia Arabia Saudí, que rechaza la actual hegemonía  iraní  en Líbano,   al igual que todo  intento de ampliarla en el resto del mundo musulmán,   acentúan la impresión  del líder sirio  como  protagonista irremplazable en el laberinto regional.  Así pues, ese punto de fuga que concentra los intereses de Turquía y Arabia Saudí, Israel y el resto de Oriente Medio, junto a los de la misma Siria e incluso del  díscolo  Irán,   por no hablar de  los de Estados Unidos y la Unión Europea, confieren un peso específico al sueño de  inmortalidad  en el trono de  Bachar  El Assad. Y, de hecho, a su cabeza aún no se ha puesto precio por nadie fuera de la oposición siria.  Es lo que tiene la  Realpolitik: por la misma razón que  se  quita a uno  se  mantiene a otro. 

imageTorturados en Siria / (Foto: El Mundo.es)

Empero, pese a tan pomposa carta astral como quiere presentar el tirano hijo de tirano y deseoso perpetuador de una dinastía, el  final del  ciclo de la  asabiyya  -que prosigue en la constitución de una dinastía,   la cual  florece y se corrompe, y a la que sigue una  fitna  (o desorden),   que termina reinstaurando un nuevo clan o  asabiyya  en el trono,   vale decir, el  periplo con el que el genial Ibn  Jaldún  explicaba el traspaso de poder entre los grupos árabes, y que el gran historiador Albert  Hourani  rescatara en su libro  de 1991  Historia de los árabes  (editado por Vergara, Barcelona, 2003)- de los Assad puede que ya esté en el horizonte. En Siria, el retoño en el cargo ha pasado para muchos a ser parte del problema y no de la solución, y en ese mismo país comienza igualmente a divisarse el surgimiento de una fuerza  oficial, una oposición, que puede dirigir el levantamiento.  E incluso para algunos de los políticos occidentales, herederos de una forma de hacer política internacional en la que, colmo paradójico del sonrojo y de la vergüenza, un tirano se convierte en pieza indispensable de la seguridad y la paz de individuos que vivimos en Estados supuestamente bajo la  égida de los derechos humanos, el  crédito  se ha ido cerrando para un sujeto que autoriza a su ejército a jugar con sus ciudadanos al tiro al blanco. Confiemos en que las circunstancias desplieguen contra el  statu quo  todo su poder de convicción, impidiendo que Siria sea un nuevo teatro en el que el hecho sacrifique el derecho y la  Realpolitik  imponga una vez más  su  Diktat  sobre la libertad y la paz. 


Sobre esta noticia

Autor:
El Menosprecio Del Siglo (99 noticias)
Fuente:
guadalupelizarraga.blogspot.com
Visitas:
1926
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.