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Tres Poemas... ¿Poemas?

16/11/2010 23:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

EN LA ZONA DONDE EL VIENTO...

Desde hace cierto tiempo

suelo bajar hacia las zonas donde

el viento llega a quemar

los sueños más recientes.

Allí se tiende la tristeza

a tejer domicilios

a romper espejos

para armar con cada pedazo

bisuterías de palabras

con que luego, en un afán descontrolado,

intentamos nombrar

las apariencias más horribles

que nos vienen a tejer

los párpados

a los gruesos olores

de las tormentas

que nunca pasan siempre.

En la zona donde el viento

acaricia los labios ardientes de los fantasmas

un campo brilla bajo

las embestidas de la desesperanza.

Brilla con el aceite que ha robado

a los barcos que dejaron

de respirar partidas

al borde de la orilla

de los cuerpos entre los cuales

el bosque derrama

la velocidad perfumada de la sed,

del hambre que destruye

resplandores sagrados.

Me dices ahora que debías desnudarte

y dar gritos.

Que debías entregarte

al vaticinio de los espantos

más antiguos,

que debías buscarte entre

los espasmos

de las ciudades

donde nos amábamos.

Me dices que me deje

arrastrar por las llamas

que se salen de tus venas

para reconocer de esa forma

los enigmas que cruzan el caos.

En la zona donde el viento

sólo viene a viajar

clavo los ojos en la tierra

para que retoñen en bestias carnívoras

que arrastren con su hambre

las ramas que se tienden

desde la cola de las noches

y así –sólo así –

convocar las manos de trópicos marinos

para que se eleven

hacia el vientre de las fuerzas consanguíneas

donde se celebra el constante

nacimiento de la ceniza.

ENIGMA DE TU CUERPO

Sobre tu cuerpo tiemblan las aguas

donde las sombras mastican siluetas

de fantasmas borrachos

del olvido que siempre cae.

Tu cuerpo se expande

en ramas de muchachas

que se apresuran a encender las llamas

de las cosechas del fuego.

Entre tus senos de sustancia hinchada

por velas oscuras

me lanzo a la infinitud

de las cercanas vivencias

que pululan burbujeantes

en la sangre del enigma.

Allí un anciano cruzado por amaneceres

remotos, va señalando

el camino hacia el humo

de los menesteres que arden

a orillas del lago demencial

que agita banderas invisibles

desde la erecta convicción

de tus pezones.

Tu cuerpo se contrae

para dejar escuchar

los sollozos del patio

donde de niños

solíamos escondernos

tras el limonero

para devorarnos las ruedas

que mareaban la infancia

hecha babas espesas

donde las lenguas saltarinas

naufragaban entre los

primeros espasmos.

Tu cuerpo se arqueaba

como lo hace ahora

desenvolviéndose en laberintos

que cuentan anécdotas

de los transeúntes que se

tornan luego invisibles.

Tu cuerpo se ofrece

en nalgas de geometrías

cuajadas en misterio

en hocicos húmedos

que arrastran el pesado olor

de las cosas muertas

entre las tinieblas que florecen

sobre el techo de esta agitación

que se deja correr entre la raja

que separa las carnes de harina blanca

a donde desciendo

para estrangularme la lengua

abrasada por la fiebre

más acá del goteo de las palabras.

Tu cuerpo se entrega

como ánfora para los naufragios

donde las raíces del deseo

hablan de parques solitarios

preñados de árboles que mueven

sus brazos esparciendo

el feliz perfume de tambores

que estallan en mi boca

y emprende el errante camino

hacia lo que gira dentro de las palabras

más remotas.

Los enigmas de tu cuerpo

derrumban inviernos

y flotan entre las piedras de sombra

entre los diálogos inconfesables

de las putas adheridas al fuego

de esta ciudad indefensa

de este pueblo desamparado

de esta calle expuesta

de esta casa huérfana

que voy siendo

cuando pretendo –siempre en vano–

descifrarte.

EUGENIO ESCRIBIENDO AL LADO DE UNA VELA

A Adriana Morán Sarmiento

Eugenio cavila entre las sombras

a través de la espesura de un bosque distinto

y escribe sobre el techo del silencio

al lado de una vela

que su cadáver, cuando llegue

la hora de hablar con los árboles,

será un cadáver fácil de llevar,

un cadáver liviano casi inocente.

Eugenio llenó cuadernos de cuerpo errante

con pensamientos de árboles encendidos.

Eugenio pasó su vida meditando acerca de las ramas

que flotan como ecos dóciles por entre

los cuerpos que duermen

contemplando las piedras.

La Vida, dijo alguna vez,

toma aviones y se aleja

de los giros mágicos

que dan los plátanos

para inventar ríos que calman la sed

de las lenguas que van y vuelven

cambiando eventualmente

las rutas, los miedos, los sollozos,

los secretos y los sueños

que maduran siempre en los campos

donde acostumbran desnudarse las mujeres a solas.

Eugenio se obligó a ser rumor disperso

para inocularse en el follaje de entresijos

para aprender a guardar silencio

entre las pulsaciones que se tejen

cuando se ingresa a la espesa noche

de la mujer desnuda.

La mujer.

La mujer desnuda de Eugenio

es ciudad remota donde se ansía dormir

es seda de miradas ahogadas

donde la inocencia se bebe de los espejos

es final de fiesta que agita oscuros deseos

es contemplar al mundo desde la quietud

de una garza

que vuela sobre el cielo bajo la piel

y pulula entre lo que somos

cuando estallan las esferas.

La mujer desnuda de Eugenio

es un cuerpo que se mira

entre los visillos de las noches que se hacen largas

como los siglos

es relámpago que deja entre las manos

un extraño carbón que sirve

para escribir sobre los gatos

que entierran nombres amados al fondo

en los rincones del patio.

Eugenio cavila mientras escribe

al lado de una vela

que brilla en lo profundo del cuerpo

en el sueño que sonríe

en la mesa servida sobre las dunas

y los lagos tras las ventanas

de casas errantes, pero espaciosas.

Eugenio cavila mientras escribe

al lado de una vela.

Guarda silencio y sin darse cuenta

fluye misterioso en el paisaje

que parte con cada barco

con cada gota azul de oxígeno

mientras permanece adherido

al deseo más denso

cuando todo lo demás

se disipa en las llamas

que se apagan esperando.


Sobre esta noticia

Autor:
Bitacoradelabismo (31 noticias)
Fuente:
bitacoradelabismo.blogspot.com
Visitas:
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Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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