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Tres días

02/06/2010 18:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se estrena en DVD la película Tres días, del director F. Javier Gutiérrez

El fin del mundo como tema principal de una historia es algo que se ha repetido hasta la saciedad, sea a través de la literatura o el cine, o sea mediante el recuerdo de antiguos mitos de caos y destrucción. El punto de partida de Tres días, por lo tanto, no es excesivamente original, pero no tiene reparos en beber de las fuentes que le precedieron, porque lo esencial no es contar una historia repetida (hay quien dice que todo está ya contado) sino volver a contarla de forma que parezca otra; y Tres días lo intenta, aunque el Apocalipsis sea más que un macguffin que sirva para explicar una pequeña historia de venganzas. Por eso, en vez de grandes movimientos de gente huyendo despavorida, tenemos a cinco, seis personajes que deambulan por un pequeño pueblo de Andalucía y sus alrededores; en vez de planos generales mostrando inmensidad, tenemos planos cortos y primeros planos angulados más propios del terror psicológico que del cine colosal; en vez de una imagen desnuda, hiperrealista, que aproveche el bajo presupuesto para intentar un cinéma verité, tenemos una fotografía quemada al blanco, casi sin color, buscando un esteticismo que oculte las carencias presupuestarias; y en vez de un film fantástico (pese a lo que pueda parecer) tenemos un thriller de estructura clásica, con un asesino sanguinario que pretende acabar con la vida de los protagonistas, y no una reflexión cinematográfica sobre el fin del mundo, como hiciera en su día Peter Weir con La última ola, o incluso Saul Bass en su extraña Sucesos en la IV Fase. Tres días, sin embargo, no pretende ir tan lejos. Homenajes hay, eso sí, (evidentes, como muchas obras primerizas), el más claro a La noche del cazador, de la que Tres días intenta emular su carácter de fábula y parte de su argumento, y también de Vértigo, sobre todo en la acrofobia que sufre el protagonista aunque ese aspecto no tengo continuidad dramática, como sucede en muchos aspectos del film.

Gutiérrez parece interesarse mucho más en la lucha entre protagonista y antagonista, y se centra en esa lucha para dotar al film de un regusto a western crepuscular

Una excusa argumental sacada del cine de catástrofes, un fondo de thriller rural y una forma de cuento de hadas; a partir de esos tres pilares el director F. Javier Gutiérrez plantea una historia en la que el tempo viene marcado por el fin del mundo, por esos tres días que le restan a nuestro planeta para desaparecer. No obstante, existe una predisposición a valorar más las imágenes en sí mismas que lo que esas imágenes puedan explicar, así como un cierto desinterés por dotar al film de un guión bien estructurado. Sobre el papel, la idea de un protagonista escéptico y enfadado con el mundo, que encuentra la redención espiritual defendiendo a sus sobrinos del Mal y encontrando su media naranja en la mujer embarazada repudiada por todos, es una idea interesante, sobre todo porque permite una visión irónica de ese mismo planteamiento: aunque el protagonista encuentre su lugar en el mundo, ese mundo va a ser destruido porque el fin es inevitable. Sin embargo, los recursos dramáticos aparecen a trompicones, sin un hilo que les de continuidad y que dote a los personajes de entidad propia. Gutiérrez parece interesarse mucho más en la lucha entre protagonista y antagonista, y se centra en esa lucha para dotar al film de un regusto a western crepuscular (con ecos no confesados de Solo ante el peligro), sin jugar hasta el final la dicotomía entre lo abierto y lo cerrado, entre dentro y fuera, entre libertad y cautiverio, que el argumento ofrece. Los protagonistas se refugian en una casa de campo para esperar el fin del mundo, una casa que está situada en mitad de una colina desde donde se vislumbra un llano extenso que llega hasta el horizonte, y ese cautiverio se acrecienta con la llegada de un asesino que aprovecha el caos para huir de la cárcel y llegar hasta allí, para cumplir una antigua venganza. Toda esa causalidad, que hubiera dado para más de una metáfora, se deja de lado para centrar la historia en otra dicotomía interesante que el film tampoco explota a fondo: puestos a escoger entre dos muertes seguras, mejor que sea un meteoro gigante el que nos mate que no un asesino implacable, una historia que podría haberse filmado con una cámara en mano, con una fotografía realista a lo documental y sin apenas diálogos. Ya se sabe… si se habla del fin del mundo (un fin que puede ser real, intelectual o metafórico), puede hacerse de dos maneras: o se tiene un gran presupuesto y se filma al estilo hollywood, tomando a películas como Deep Impact como referencia, o se juega del todo a la ausencia de recursos, sin complejos, para crear una obra quizás imperfecta pero llena de sugerencias… La tercera opción es la de Tres días: filmar una pequeña película, con poco dinero pero con dos o tres homenajes de películas conocidas, y con una fotografía bonita… aunque eso sea quedarse en tierra de nadie.


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Detective Salvaje (61 noticias)
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