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Mi transitar a través del Camino

28/09/2009 08:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Camino de Santiago se ha transitado durante siglos y siglos. Hace un mes, tuve la experiencia propia de hacerlo. Se puede leer mucho acerca del Camino, pero vivirlo es algo totalmente diferente

Todo en la vida está regido por ciclos. El sábado 8 de agosto inicié uno de los ciclos más importantes de mi vida, que concluyó exactamente un mes después, el 8 de septiembre. El inicio fue en Saint Jean Pied de Port y el ´término en Finesterre. Un mes en el que viví únicamente con las cosas que traía cargando en la mochila.

Durante este viaje, me di cuenta que no requiero mucho para disfrutar de la vida. Con dos cambios de ropa, una toalla, unas sandalias, unas buenas botas y artículos personales más que suficiente.

Y mientras menos pese la mochila, mejor. Mi mochila estaba bastante pesada. Hasta traía bolsitas con semillas y frutas que había comprado en México. El segundo día que llegué a un lugar llamado Larrasoaña, tomé las 11 bolsitas de semillas (con 250 g cada bolsita), me acerqué a los peregrinos que esa tarde estaban en el albergue y se las regalé. En otra bolsa, guardé unas sandalias, playeras, pijama, 2 libros y las doné al albergue.

Al día siguiente, ya tenía menos peso. Aún así, mi mochila cada día me pesaba más (por el cansancio acumulado). A la semana, llegué a Logroño y me dirigí a la oficina de correos. Compré una caja y ahí puse algunas cosas, entre ellas una laptop y más ropa. Me deshice de 5 kilos aproximadamente. Envié las cosas a la oficina de correos de León. Llegando a León, me dieron la caja, y volví a poner más cosas en la caja. De León la reenvié a Santiago y el sábado que llegué a Santiago la recogí en la oficina de correos.

Este Camino es internacional. Conocí gente de todos los lugares del mundo, la mayoría de Europa: españoles, italianos, alemanes, checos, noruegos, húngaros, austriacos, daneses, suizos, portugueses, ingleses. También coreanos, chinos, canadienses, estadunidenses, una peruana, una boliviana, unos ecuatorianos, y cuatro mexicanos que conocí un día antes de llegar a Santiago. Gente tan diferente, pero unidos por el Camino.

Todo el mes estuve caminando. Mi rutina era más o menos la siguiente: me despertaba a las 6:30 a.m., me arreglaba, desayunaba un café con leche y unas tostadas (pan tostado con mantequilla y mermelada) y empezaba a caminar como a las 7:30 a.m. Cada dos horas trataba de deternerme a descansar un rato, a veces en el Camino, a veces en algún bar (en España todos los restaurantes o cafés se llaman bares) para tomar un zumo de naranja o de melocotón. A medio día, a veces compraba un bocadillo de jamón serrano o queso. En la tarde llegaba al albergue. En ocasiones llegué a las 2 p.m., un día que caminé 43 km llegué a las 8:15 p.m. La hora de llegada al albergue era muy variable. Dependía de cuánto había caminado ese día y de cuántas paradas había hecho.

Llegando al albergue, tenía queenseñar mi credencial de peregrino y me la sellaban. Hay albergues que te cobran una tarifa fija (desde 5 hasta 9 euros) y otros que trabajan por donativo. Estuve en algunos albergues, donde ayudé a preparar la cena, y en ocasiones hasta desayuno nos daban.

Después de instalarme en mi cama, sacaba las cosas de la mochila y directo a la regadera. Después de un buen baño, volvía a la vida. Generalmente cenaba bastante bien. En el Camino tienen algo que se llama Menú del Peregrino y tiene un costo aproximado de 8 euros. De primer plato, te ofrecen sopa o ensalada; de segundo plato, carne, pollo o pescado; de postre, flan, helado, tarta de Santiago y de beber, agua o vino.

Generalmente a las 10 p.m., ya estaba dormida. Los primeros días me costó un poco de trabajo dormirme tan temprano, pero creo que a la semana ya estaba durmiendo de maravilla.

Afortunadamente, yo no tuve grandes complicaciones durante el Camino. A la semana, me salió una ampolla que me dio lata dos días y luego me salió otra que ni lata me dio. Durante la tercera semana me salieron algunas ampollas en el brazo por el calor que hacía. El bloqueador solar es indispensable. Al menos dos veces al día, me ponía bloqueador. Y aún así, quedé bastante bronceada. Un día antes de llegar a Finisterre, estuve un poco mal del estómago.

En Finisterre, quemé una playera. De alguna manera, el quemar la ropa significa dejar atrás el pasado y comenzar una nueva vida. Así, el 8 de septiembre se cerró este ciclo lleno de aventuras y aprendizajes.


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Rhyddgwen (1 noticias)
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