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Torna a Surriento

27/09/2010 16:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un corto pasaje por Sorrento y la costiera amalfitana en un verano europeo

Frente a nuestros ojos se extiende el Golfo de Sorrento. No puedo evitar pensar en aquella popular canción que tanto me encanta “Torna a Surriento” mientras Pavarotti en la filmación remaba y cantaba en una pequeña barca.

Es un inmenso mar de sensaciones mientras escribo, pues este pueblo me ha sabido acompañar en varias situaciones de mi vida. La primera de ellas en 1992, cuando hacía poco más de cuatro meses que me había ennoviado con mi señora y yo tenía ya armado previamente el viaje de casi dos meses a Europa, La segunda fue en el 2005, donde tuve el placer de traer a mi señora, en aquel frío pero placentero otoño europeo. La tercera es ahora con mi hija, intentando mostrarle lo mejor y más clásico de la costa amalfitana. Tantos años han pasado desde aquella primera vez y tantas cosas han pasado en nuestras vidas, que los que forman parte de nuestra familia perfectamente conocen y que en las cuales no quiero ahondar en estos momentos. Sin embargo, sin embargo, Sorrento me sigue atrapando como aquel lejano atardecer de 1992, momento en el cual me iba adentrando en la costiera amalfitana y no daba crédito ante la sublime belleza que se extendía ante mis ojos.

Si comenzamos en orden cronológico el relato, diré que el viaje en Iberia fue sin contratiempos, más allá que a castrasquín junior en el momento que se iba a tomar la pastilla para dormir justo da un barquinazo el avión y un hombre que estaba parado al lado se mueve contra ella bruscamente y le hizo volar la pastilla al diablo. Resultado, no pudo tomarla y durmió a los saltos. En mi caso la tomé pero de todas maneras no logré dormir más que dos o tres horas hasta la llegada a Madrid.

Como no podía ser de otra manera, en Barajas mi hija se fue expreso a Zara y se compró algunas pilchas “re baratas Papá, re baratas” (debo reconocer que estaban a buen precio).

El viaje a Roma fue sin contratiempos. Cuando llegamos a Fiumicino nos fuimos a Hertz a tomar el coche que alquilamos para luego dirigirnos hacia el sur. La nafta está bastante cara, ronda entre 1, 35 euros y 1, 45 euros el litro (saquen cuentas...), pero como es un Fiat Panda lo que alquilamos es un auto bastante económico. Sí me atrevería a decir que la línea del Panda que venden acá es diferente a los que yo conocía en Uruguay, el modelo actual es bastante parecido al Hyundai Atos.

En poco más de tres horas habíamos llegado a la zona de Nápoles. Seguimos las indicaciones que teníamos impresas, etc, etc, pero el resultado de la historia es que nos fuimos al joraca, porque no solamente seguimos de largo en la autopista, sino que para peor tomamos una segunda autopista que nos alejó más de la costiera amalfitana. Cuando decidimos que ya era suficiente lo que habíamos recorrido y que por ahí no era el camino indicado, salimos hacia un pueblo y le preguntamos a un hombre que estaba vendiendo limonada. Nos habló en una mezcla de dialecto e italiano. Si italiano mi hija y yo no entendemos casi nada, con el dialecto no entendimos un pomo, salvo algo que mencionaba sobre la A3 (una de las autopistas que había que tomar). Tal fue nuestra cara que el hombre nos dijo: “no entendieron nada”. Volvimos sobre nuestros pasos hasta encontrar una de las entradas a la costa amalfitana. Para los que vengan, el Vesubio tiene que estar permanentemente a la izquierda del que maneja y NO a la derecha, como lo tenía yo cuando le erramos de autopista. Es un poco complicado de explicar, pero a la costiera se puede entrar por pocos puntos, porque entre ese camino y la autopista que está más arriba, solamente hay montañas.

Finalmente llegamos a Sorrento y luego de dar varias vueltas (íbamos en la dirección correcta pero estábamos más lejos del hotel de lo que pensábamos), llegamos al hotel La Meridiana, hotel en el cual estuvimos con mi señora.

En estos momentos es plena temporada y toda la zona está lleno de turistas. La costiera para moverse en auto es un infierno, pero infierno en serio. A medida que íbamos llegando a Sorrento y pasábamos por otros pueblos que están previamente veíamos que no había un lugar dónde estacionar, sencillamente imposible, repleto de autos y de motos. Por suerte el hotel tiene parking y Sorrento es muy manejable como para recorrerlo caminando.

Luego de dejar los bártulos y pegarnos una ducha que nos pusiera un poco más en forma, salimos a recorrer Sorrento y a cenar. La noche estaba súper agradable con una temperatura de lo más acorde como para cenar en la terraza de unos de los tantos restaurantes que hay por la zona. Más tarde fuimos a una heladería a comer nuestro primer helado del viaje. Por lo que vimos en las fotos que había en las paredes (cientos) es una heladería muy famosa, pues entre ellas estaban Sofía Loren y Juan Pablo II.

Hoy jueves nos levantamos temprano, a eso de las 8 de la mañana (en realidad todavía no estamos muy adaptados al cambio de horario) y luego de desayunar nos fuimos para la isla de Capri.

Una peculiaridad de la zona son los cañonazos que tiran en la bahía. No sabemos si es porque están saludando a los barcos que llegan (había un crucero en el antepuerto) o qué, pero hubo varios a lo largo del rato que pasó entre que nos levantamos y nos tomamos el barco para irnos a Capri. Lo que si sé es que suenan de lo lindo.

Capri al igual que Sorrento estaba lleno de turistas y al igual que Sorrento estaba precioso. Decidimos subir al centro de Capri y para ello tomamos un camino peatonal que va subiendo cortando la carretera que monta en forma serpenteante. El pobre centro recibió a lo largo del camino una sarta de palabrotas por parte nuestra porque entre el calor, la pendiente y nuestro estado físico lamentable no dábamos más. Luego de pasear un poco por el famoso centro nos tomamos un pequeño ómnibus para dirigirnos a Anacapri. Puse pequeño en forma expresa, porque en realidad esos buses son muy pequeños. Con mi hija en estos momentos no nos logramos poner de acuerdo, porque para ella no son tan pequeños (tienen tres ventanales y la puerta doble para subir y bajar). Esto viene a cuento porque un ómnibus de mayor tamaño sencillamente no tendría lugar en la carretera que sube a Anacapri. En determinado momento pasa tan cerca de la baranda que da al precipicio que si uno va parado y mira hacia abajo, ve solamente allá abajo, MUY abajo el mar y Capri. Para peor alguna lugareña que iba en el ómnibus luego de pasar por donde les digo se hizo la señal de la cruz...

Más tarde bajamos nuevamente a Capri y mientras esperábamos para tomarnos el barco de regreso nos dedicamos a observar un poco el puerto y previamente las callejuelas que lo circundan. No sé cómo expresarlo, voy a utilizar la expresión contradictoria que me vino a la mente: es un caos organizado. Uno mira para todos lados y son vehículos que se entrecruzan, que dan marcha atrás y para adelante, taxis, lugareños, motonetas, buses (pequeños o medianos, ustedes lo determinarán en su momento), camionetitas (eléctricas) de servicios varios y nosotros, los turistas, pululando por todos lados, con una constante, todos con una inmensa cara de felicidad por todo lo que esto nos está ofreciendo.

Nuestros planes para mañana son por un lado ir a Pompeya en la mañana y más tarde llegarnos hasta Nápoles.

News from Sorrento (7 de agosto)

Aquí estamos en la noche de Sorrento, tecleando en nuestros laptops mi hija y yo. Mañana de mañana temprano nos vamos para Roma, en búsqueda de mi señora que llega de Uruguay.

Ayer viernes de mañana como habíamos planeado fuimos para Pompeya. Preferimos no utilizar el coche pues más tarde teníamos planeado largarnos hasta Nápoles, así que nos tomamos el Circumvesuviano, un tren que va desde Sorrento hasta Nápoles con un trayecto muy agradable, pues en más de una ocasión pasa bastante cerca de la costa. A Pompeya llegamos bastante temprano previendo que más tarde iba a estar lleno de gente y además, que el calor iba a aumentar en forma considerable. Si bien había gente a lo largo de la mañana, me llamó la atención que no fueran esas multitudes que en algún otra visita vi.

Mi hija y yo recorrimos a lo largo de la mañana ese espacio de historia congelado en el tiempo abruptamente en el año 79 y vuelto a la luz del día más de 1600 años después. Al igual que la primera vez, cuando íbamos acercándonos a la puerta de entrada sentía una extraña emoción de adentrarme en la historia nuevamente. Recorrimos de un costado para otro toda Pompeya, yendo de un punto a otro de los indicados en el mapa y para no perder la costumbre, alguna vez que otra le erramos al camino para llegar a un lugar determinado. Evidentemente lo de buscar un tesoro con la ayuda de un mapa no es algo ni para mi hija ni para mí.

Luego de Pompeya nos tomamos el Circumvesuviano nuevamente en dirección a Nápoles. Unas estaciones antes de llegar subió un policía al vagón y se quedó en él hasta llegar al destino. Cuando nos íbamos a bajar, delante de nosotros se iba a bajar un muchacho. De pronto vimos que el policía disimuladamente lo para y lo detiene en su marcha un momento, mientras con la mirada le indicaba a dos hombres que se estaban bajando previamente a él. En ese instante de diálogo sordo comprendimos que los dos tipos eran chorros y que el policía estaba evitando que a este muchacho probablemente lo asaltaran. Los tipos se fueron para una salida de la estación y el muchacho y nosotros salimos por la salida exactamente opuesta.

Sin ponerme paranoico sé que Nápoles no es una ciudad para regalarse, así que le dije a mi hija que me diera su reloj pulsera y me lo guardé en el cinturón de viaje conjuntamente con la mayoría del dinero que portábamos encima.

A mi hija no le gustó Nápoles mayormente, quizás por ciertas caripelas que vio o quizás porque justo por la avenida principal (Humberto I) estaba toda en obras, pues siguen construyendo la línea del metro y no sé qué más de un gasoducto. Lo que había previsto podía ser un agradable paseo se transformó en un tour por un cantero en construcción salpicado con las miradas de mi hija a unas cuántas vidrieras de tiendas pues quería comprarse sandalias (mi hija es un ciempiés...).

En el centro de Nápoles fuimos al café Gambrinus a tomarnos un capuccino. Es un famoso café de la ciudad que tiene más de 150 años de historia donde sirven cafés de varios tipos. El capuccino que nos tomamos estaba realmente delicioso.

En el tren de la vuelta a Sorrento otra vez se subió un policía a los vagones y se bajó varias estaciones más adelante. Evidentemente es una medida de seguridad para evitar los robos.

Hoy viernes arrancamos para Positano y Amalfi, ambos en la costa amalfitana. Como no teníamos ganas de complicarnos la vida con el manejo del auto en la carretera ni tampoco con el estacionamiento nos tomamos un ómnibus que va para ambas ciudades. La carretera es tan angosta que en determinados lugares si se cruzan dos ómnibus casi se tocan los espejos. En cada curva cerrada el chofer toca la bocina para avisar al que viene en sentido contrario, porque si no se lo lleva puesto. El haber viajado como pasajero fue para mí cero stress y me permitió disfrutar de otra manera los increíbles paisajes que tiene la costa.

En Positano bajamos a la playa, donde por un lado se podía pensar en “La Sirenita” al ver a mi hija y en “Por fin liberaron a Willy” al verme a mí. La playa de Positano no es demasiado grande, es de arena volcánica y de cantos rodados, lo cual es bastante incómodo para estar sentado encima de ellas.

Más tarde nos fuimos hasta Amalfi, donde una vez más la iglesia estaba cerrada. Tres veces he ido a Amalfi, tres veces van que no he podido ver su interior. Mi hija me está indicando ahora “no estaba cerrada la iglesia, es que no querías pagar simplemente”. La iglesia como tal estaba cerrada, si querías podías ir a ver el no sé qué y el no sé qué y en esa visita te dejaban entrar a la iglesia (no por las puertas del atrio). Repito, la iglesia como tal estaba cerrada una vez más. Habría que ver si a la hora de la misa te abren la puerta o sencillamente te la transmiten por un parlante y el que quiera asistir a la misma, tenga que pagar también.

De Amalfi nos volvimos para Sorrento disfrutando nuevamente de los paisajes increíbles que ofrece la costiera. Para mí nuevamente fue un alivio que otra persona estuviera manejando.

Mañana estamos dejando esta costa increíble, subiendo para Roma, donde nos encontraremos en Fiumicino con mi señora que está llegando desde Uruguauy


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Soul Listener (7 noticias)
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