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Tomás Gómez: el cambio posible

02/03/2011 01:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entre columnas

Tomás Gómez: el cambio posible

Aunque vivimos en el siglo XXI, no pocos individuos añoran las épocas de “extraordinaria placidez”. Entre ellos, el inefable Jaime Mayor Oreja (quien, dicho sea en términos lúdicos, siempre me pareció un híbrido entre Tristón y Martínez el facha). Sin embargo, en esos tiempos, miles de españoles contemplaban su patria desde la amargura del exilio. Pisar tierra española podría suponerles la cárcel, la tortura, la muerte…

Mientras, un dictador barrigudo, meapilas, con voz de flautín y sexualidad más que sospechosa, había lastrado al país con una demencial autarquía. El hambre, las epidemias, el horror destilado en susurros y miradas huidizas, impregnó aquella España tiznada de gris plomo y atufada de incienso clerical.

En aquella época de “ extraordinaria placidez” , miles de españoles marchaban a Alemania, Francia, Bélgica o Suiza, persiguiendo el sueño esquivo de una vida digna. Recorrieron miles de kilómetros para comer la sopa fría del “ ciudadano de segunda” , el pan seco del inmigrante que debía usar los baños para extranjeros.

Desde estas líneas, mi respeto y amor (sí, amor) hacia aquellos miles de españoles que humillaron la cerviz y, con la obsesión punzante de su tierra lejana, encallecieron las manos en trabajos serviles. Aquellos hombres y mujeres que derramaron las lágrimas más amargas, las que brotan en la soledad y la lejanía. Aquellos compatriotas anónimos que, entre suspiros, leían y releían los renglones temblorosos de las cartas llegadas desde España, que juntaron moneda a moneda ganada con el sudor y la angustia, que reverdecieron con sus envíos la economía agostada por el franquismo, que, sacrificando su propio presente, labraron el de sus hijos… ¡Por ellos!

Todos los españoles deberían condenar, sin un gramo de reserva mental, aquel periodo ominoso. Pero la grey de los malvados ha arraigado en nuestro suelo. Y eso conlleva una piara social que justifica— y hasta ensalza— el folio más criminal de nuestra historia. Pues bien, gran parte de esas liendres humanas anidan entre los pliegues del Partido Popular.

Lamentablemente, además de ese veneno tardofranquista, en el PP establecen su campamento los neocon. Sí, ese Tea Party a la española, de tintorro y calzoncillos con zurraspas. Defensores de “ lo privado” , aunque no cejan en su ardor “ cazasubvenciones” y estrujan los presupuestos públicos mediante contratos con la Administración. Algunos, entre pufo y pufo, reclaman “ un paréntesis en el libre mercado” . En realidad, si toda esa gente se autoaplicara las medidas que exigen a los demás, acabarían vendiendo pañuelos en los semáforos.

Por todo lo anterior, opino que el actual PP, lejos de conformar una derecha europea y moderna, es un mejunje de hipocresía, facherío y corrupción. A lo que hemos de añadir cuarto y mitad de algo todavía peor: las recetas neoliberales que nos han abismado al paro y la crisis. Sí, en la destilería del PP se fabrica y expende el más letal bebedizo político. Y, si las encuestas no mienten, la mayoría de los españoles lo ingerirán, abocándose hacia el suicidio colectivo.

Ante esta ponzoña, los progresistas no reclamamos una revolución reflejo de Egipto o Libia (pero nada descartable, llegado el caso). Simplemente proclamamos que es posible un cambio. Es factible una educación pública y de calidad, un sistema donde el futuro de un niño no venga marcado por su cuna y la cuenta corriente de los padres a la hora de escoger escuela.

Defendemos una sanidad pública donde hasta el hombre más rico de España desee ser atendido. Unos servicios públicos que permitan el desarrollo integral de cada persona según los únicos principios de mérito y capacidad. Los progresistas madrileños han entendido que todo ello puede ser posible si Tomás Gómez accede a la Presidencia de Madrid en mayo.

Lamentablemente, lo anterior resultará imposible si España o cualquiera de sus comunidades autónomas es gobernada por imputados o señoronas caducas con la vagina perfumada de Yves Sant Lauren.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor

Blog de Gustavo Vidal Manzanares


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