Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que J. Gómez A. escriba una noticia?

De la tierra la luna: cuarenta años no son nada

20/07/2009 18:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Quizás aquellas personas que transitan por la red o conversan largamente por el celular, no sepan de los antecedentes de toda esta tecnología. También es probable que quienes iniciaron la carrera espacial no hayan previsto los desarrollos tecnológicos que se presentarían

Probablemente muchas de las personas que hoy navegan por la red o hablan largamente por el celular, no conozcan los antecedentes de toda esta tecnología. También es probable que quienes iniciaron la carrera espacial no hayan previsto los desarrollos tecnológicos que se presentarían.

Al colocar su pie sobre la superficie lunar, el comandante Neil Armstrong dice “este es un pequeño paso para el hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad”. Y en esta frase, entre profética y circunstancial, el astronauta norteamericano avizora un futuro para la humanidad. Desafortunadamente no fue el de la paz y la convivencia mundiales, pero sí el del avance en tecnología y el desvelamiento de muchos secretos de la naturaleza y la materia.

Cuando los astronautas norteamericanos llegaron a la luna, no hicieron más que cumplir un ancestral sueño de la humanidad. Desde el mito de Ícaro hasta las “fantasías” del escritor Julio Verne, el hombre soñaba al contemplar el vasto cielo. Ícaro y su padre, Dédalo, pensaron en unas alas de cera y Julio Verne pensó en una gran bala de cañón para impulsarse hacia el espacio infinito. La verdad es que al final se requirió un enorme cohete Saturno V de 111 m. de altura, 3.100 t. de peso y 155 millones de caballos de fuerza para impulsar la nave espacial Apolo XI que alojaba a los tres astronautas que cumplirían el sueño y la hazaña.

Han pasado, pues, cuarenta años de la llegada del hombre a la luna. Y a pesar de toda la indecible estructura tecnocientífica involucrada en ese memorable viaje, la noticia parece muy lejana y sepultada por la avalancha de descubrimientos e inventos que sin parar han asombrado e, inclusive, aterrado al mundo. O ¿quién no se sobrecogería al escuchar a los autores de la Teoría del Caos decir que “el simple aleteo de una mariposa en las selvas del Brasil puede ocasionar un tornado en Texas”? Y qué decir de los gestos de incredulidad de los jóvenes cuando se les cuenta que a partir de un cabello o de una gota de sangre, la ciencia está en capacidad de reproducir otro ser vivo igual al donante.

Después de la excursión al satélite de la tierra, la ciencia y la tecnología -con todas sus variables de microelectrónica, telecomunicaciones, cibernética, robótica, bioingeniería...- han dejado de ser, al menos en cuanto a difusión, fenómenos esotéricos para incrustarse en las estructuras de una nueva sociedad que ellas mismas han contribuido a caracterizar. Nos encontramos frente a lo que se denomina la sociedad del conocimiento, o sea, la nueva sociedad que para algunos investigadores resulta ser la industria del conocimiento, extendida en el nuevo ordenamiento social.

Parece como si los límites entre fantasía y realidad hubieran sido borrados y de los dos términos que componen la palabra ciencia-ficción, el segundo se está difuminando o desvaneciendo.


Sobre esta noticia

Autor:
J. Gómez A. (3 noticias)
Visitas:
8084
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.