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Texto de la ponencia sobre colaboración por defecto en la investigación

11/11/2010 05:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Adjunto más abajo el texto que resume mi ponencia en las jornadas que organiza en Santiago de Compostela el LaPa-CSIC. Este laboratorio, que se encarga de investigar el patrimonio cultural como problema científico, nos propone tres jornadas de trabajo con este lema: Consenso, Contribución y Excelencia. Jornadas sobre Grupos de Investigación Post-burocráticos. Como ya comenté en otro post mi ponencia plantea que colaborar sea lo que sucede ‘ por defecto’ y no al contrario en el trabajo investigador. Si os da pereza leer el texto completo, mis propuestas son:

  1. Usar por defecto ofimática colaborativa en vez de la clásica que dificulta la autoría compartida.
  2. El uso de indicadores que retroalimenten la colaboración.
  3. Visualizar el trabajo colaborativo resultante con herramientas que ayuden a comprender lo conseguido.
  4. El despliegue de redes sociales con soporte en Internet en el ámbito laboral.
  5. Introducir elementos de humor y diversión para atraer emocionalmente hacia la colaboración.

Lo anterior requiere dos condiciones básicas: alfabetización digital y un soporte adecuado de tecnologías de información y comunicación. Y no hay que olvidar que todo resulta más sencillo si en los procesos de selección se tiene en cuenta la incorporación de personas predispuestas a cooperar más que a competir.

Lo dicho, que os dejo con el texto de la ponencia. Las jornadas se celebrarán en Santiago de Compostela, del 17 al 19 de noviembre. Allí estaré, aunque no todo será asistir a las ponencias y mesas de debate.

Colaboración por defecto en la investigación

Colaborar, participar o comprometerse con un proyecto de investigación a veces requiere esfuerzo, pero ¿por qué no pensar que puede ocurrir por defecto? Para que esto suceda, el contexto debe conducir como alternativa casi única a la colaboración. Hoy en día pueden diseñarse sistemas con apoyo de tecnologías de la web social para que ‘ no sea posible no colaborar’ . El reto tiene que ver con el diseño de sistemas donde la colaboración sea inmanente.

Colaborar y cooperar siempre sufren ataques en nuestros contemporáneos escenarios de sacrosanta competitividad, sean centros de investigación, empresas o cualquier otra agrupación humana. El beneficio individual y el beneficio colectivo han cohabitado aunque con recurrentes episodios bélicos. Las dinámicas de suma cero o la tragedia de los comunes son muestras de que en el horizonte siempre amenazan nubes.

Por otra parte, la ciudadanía de nuestra era ha encumbrado al individuo. Quedan atrás aquellas esclavitudes de la pirámide de Maslow donde lo primero era lo primero, lo segundo venía después y la jerarquía mandaba con mano dura. Siempre se podían sublimar necesidades, pero eran la excepción y no la norma. Hubo un tiempo donde no podíamos encontrar antenas parabólicas entre gente que apenas tenía qué llevarse a la boca. Pero aquello ya pasó. Navegamos en una era paradójica.

Hoy en día resulta imposible concebir la investigación sin que acuda a nuestra retina un equipo de personas que trabajan juntas en pos de objetivos loables. La sociedad bien merece ese esfuerzo colaborativo. Sin embargo, en cuanto nos introducimos en los entresijos del ejército investigador comienzan a aparecer sombras y dudas. La competencia es dura porque el sistema economicista impregna toda nuestra existencia y eso incluye a la investigación. Hay que hacer más con menos, hay que ser eficiente, hay que hacerlo mejor que ese otro instituto de investigación que puede robarnos financiación.

Desde luego que la suma cero es la melodía de fondo. Aunque nos hartemos de escribir sobre la nueva clase trabajadora del conocimiento y el potencial del talento humano, la esclavitud del intercambio físico de productos sigue presente. Se atribuye a Bernard Shaw aquella famosa cita: ‘ Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas.’ ¿Es inevitable que la investigación se mueva con los principios de esta economía de la escasez? Pudiera ser que Internet en general y la web social en particular nos permitan vislumbrar alternativas. A continuación enumeramos cinco propuestas y deducimos de ellas dos condiciones de partida, así como un elemento que actúa de facilitador natural.

  1. La ofimática clásica ha magnificado el documento elaborado por la persona. Se asume una autoría unipersonal. ¿Es esto lógico en la investigación? Entonces, ¿hay una alternativa a la producción individual? La primera de nuestras propuestas pasa por utilizar herramientas de producción digital que por defecto planteen una autoría compartida. Esto no quiere decir que no exista la posibilidad de que el documento tenga una autoría individual, pero esta no es la opción "por defecto". La ofimática colaborativa ofrece hoy en día posibilidades fiables de trabajo "en la nube" en la medida en que Internet se hace transversal a nuestra actividad. Esto es lo que puede denominarse "filosofía wiki", por cuanto plantea un escenario único en el que interactúan distintas personas que permite, además, disponer de completa trazabilidad sobre cambios y contribuciones.
  2. La colaboración necesita estimulación permanente y eso supone no sólo actuar "desde detrás de los bueyes" sino que requiere una gestión activa de indicadores de éxito que retroalimentan el sistema. Es preciso hacer presentes los éxitos que se van consiguiendo en materia colaborativa, porque éxito llama a éxito. Hoy en día pueden habilitarse sistemas de retroinformación mediante RSS para visualizar ese progreso. "Dime cómo me mides y te diré cómo me comporto" es una regla que subyace en muchas de las conductas que conforman la cultura de trabajo en una institución. Conviene jugar –con prudencia– en este territorio.
  3. Otra de las propuestas, relacionada con la anterior, tiene que ver con visualizar mejor los resultados de la producción colaborativa. Por ejemplo, ¿quién es capaz de encontrar información de forma ágil en un sistema interno de gestión de documentación que una y otra vez se ve afectado por la entropía negativa? Las taxonomías sucumben a manos del fuego enemigo: personas que crean y producen más y más información. Por eso habilitar una mezcla inteligente de sistemas de etiquetación colectiva y de generación automática de mapas de palabras ayuda a encontrar valor en lo que se está produciendo entre todas las partes que colaboran. Conviene no olvidar lo que en la web social se denominó la "del.icio.us lesson": las personas deben primero encontrar beneficio individual para contribuir y generar luego beneficio colectivo.
  4. Las Redes sociales en Internet son un fenómeno que merece atención. Y no sólo para investigar nuevas –o no tanto– prácticas sociales, sino para trasladar algunas de sus dinámicas al interior de nuestras organizaciones. Por ejemplo, ¿cómo fluyen las relaciones informales, aquellas que no están directamente vinculadas a objetivos laborales? Conviene crear espacios de interacción, donde compartir sea fácil y donde lazos débiles y lazos fuertes puedan transparentarse. Esto sin menoscabar los ámbitos de privacidad, que deben mantenerse y explicarse de forma explícita para que las personas adquieran mayor conciencia sobre su extimidad.
  5. Un valor que emerge en la web social es la diversión y el disfrute. Es curioso contemplar las experiencias, por ejemplo, de Volkswagen alrededor de su proyecto The Fun Theory. La gente colabora cuando disfruta con el mismo acto de colaborar. En buena parte engancha con la "economía de la experiencia". En una cultura hedonista como la nuestra, la gente quiere que el tiempo pase volando porque se ha experimentado una íntima sensación de gozo. ¿Resultan divertidas las experiencias colaborativas de investigación? ¿Es un terreno vedado a las prácticas habituales de trabajo? ¿Al trabajo se viene serio porque la risa y el humor pertenecen a otro ámbito de nuestra vida? La sociedad del espectáculo –para bien o para mal– deja las puertas abiertas para diseñar "experiencias colaborativas".

Todo lo anterior requiere dos condiciones de partida, que no siempre se toman en cuenta: la alfabetización digital y la adecuada infraestructura tecnológica de los sistemas de información. Las herramientas están ahí, pero a veces son complejas y no tan fáciles de usar como debieran, teniendo en cuenta que implican complejos procesos de desaprender. Colaborar en la investigación es saber usar, por ejemplo, el navegador, el correo electrónico o las búsquedas avanzadas de Google, pero también comprender por qué puede tener sentido renunciar a la ofimática clásica en favor de la ofimática colaborativa.

Respecto a la infraestructura de sistemas de información, es evidente que su topología favorece o dificulta la colaboración entre personas. En aras a la seguridad se limita la actividad del "usuario" a quien se encajona mediante "perfiles" que representan los principios tayloristas de división del trabajo trasladados al acceso a la información y el conocimiento. No conviene olvidarlo.

Por último, citamos un facilitador natural de todo este impulso de las conductas colaborativas. Porque siempre sucede que las instituciones son como son por las personas que allí trabajan: este es el factor que mejor explica lo que sucede. Así pues, ¿estamos analizando el grado de disposición favorable a la colaboración que presentan las personas que se incorporan a nuestras instituciones? ¿Acaso no sería todo más fácil si las personas que seleccionamos se comportaran de serie de una manera más colaborativa? Conviene incorporar este tipo de análisis en los procesos de selección de personal.

Para resumir, la ponencia, por tanto, sugiere un contexto, la sociedad en la que nuestras instituciones de investigación actúan, que presenta oportunidades y amenazas para el desarrollo de conductas de colaboración entre las personas. El caso es que fijamos la mirada en lo que de positivo pueden ofrecer algunas herramientas de la web social y las actitudes que conllevan. Pero para que podamos sacarle partido es necesaria una cualificación de partida y una adecuada infraestructura tecnológica de sistemas de información. Sin olvidar que con personas colaboradoras todo resulta más fácil.


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