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Testimonio de Fé de Cubano convencido . (I Parte)

23/10/2009 19:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mi nombre es Carmelo Falcón Fabelo, nací el 16 de julio de 1952 en la ciudad de La Habana, en la Quinta Canaria

Mi convencida Fe. Jueves 1ro de octubre del 2009.

Día de Santa Teresa del Niño Jesús.

Ya que mis padres eran descendientes de isleños de Canarias y después me llevaron a vivir a un apartamento en los altos de la famosa tienda “Lámparas Quezada” que estaba en la céntrica esquina de las calles de Infanta y San Lázaro en Centro Habana. Soy el hijo mayor de un feliz matrimonio, mi madre llamada Elia Fabelo Alvarez y mi padre Adrián Falcón Falcón.

Mi fe religiosa es Cristiana – Católica por evidencias vividas desde que nací que me han demostrado y convencido de la existencia de la Santísima Trinidad, de La Virgen María en todas sus Advocaciones y de los Santos, pero ¿qué evidencias he tenido que me demuestran la existencia de este mundo espiritual?

Todo comenzó en la década de los años 40 del pasado siglo cuando mis padres eran novios. Mi padre trabajaba en un almacén de pieles en La Habana Vieja, en la calle Teniente Rey, en la cuadra de la Droguería “Sarrá” y este almacén de pieles era de un famoso judío polaco que se llamaba Salomón que había emigrado a Cuba huyendo del fascismo hitleriano en la década de los años 30 y que con otros judíos controlaban la venta y comercio de las pieles en Cuba y que tenían conexión directa con una compañía que radicaba en Filadelfia, EUA.

Mi padre se había ganado la confianza de Salomón Presen que lo enviaba como representante suyo a los fabricantes de zapatos, carteras y demás talleres de peleteros y talabarteros de las ciudades y pueblos del interior de Cuba para venderles las pieles de estos almacenes de La Habana Vieja, así hasta terminar la II Guerra Mundial en que comienza a disminuir la venta de pieles porque disminuye la demanda de los fabricantes peleteros, entonces Salomón manda a buscar a su hijo de Filadelfia para analizar que estrategia seguirían para lograr mayores ventas de pieles y con ello mayores ganancias. Mi padre observaba todos los proyectos y cálculos que estos judíos hacían hasta que intervino en esas conversaciones y le propuso a estos una estrategia que provocó que Salomón le respondiera que de hacerlo así iban a perder tantos cientos de dólares y después mi padre le explicó que era cierto, pero al pasar X meses iban a ganar tantos miles de dólares. Salomón no le respondió, suspendió ese día la reunión y se fue para su casa y al otro día les dijo a todos que iba a tomar la estrategia propuesta por Adalberto (mi padre) y mandó nuevamente a su hijo para Filadelfia en compañía de mi padre para iniciar esa nueva estrategia en los Estados Unidos.

Mi padre decide terminar su noviazgo con mi madre pues no sabía que tiempo le iba a ocupar su estancia en ese país y no la iba hacer perder el tiempo, corría el año 1946.

Mi madre esperó pacientemente por mi padre, no aceptó a otros hombres que se le acercaron y la enamoraron durante todos esos años. Mi madre se encomendó a Dios y a la Virgen María, en particular a la Virgen María del Carmen.

Pues ella tenía que acompañar a su hermana Adelina (Nena) al médico que con sistematicidad se atendía, y se hacía camino ir a la Iglesia de la Virgen María del Carmen que está en la calle Infanta entre las calles de Concordia y Neptuno. Allí iban estas dos hermanitas siempre a rezar, cada una por lo suyo y mi madre siempre le pedía, entre otras cosas, por la buena salud de su hombre y porque volviera con ella y así lo esperó hasta que en el año 1951 volvió mi padre de Estados Unidos (después de 5 largos años de espera), la buscó y le propuso matrimonio, mi madre empezó a hacer sus preparativos, pero en la tarde-noche del caluroso verano de ese año, el 15 de agosto de 1951, día de la Ascensión de la Virgen María al cielo, llegó a la casa de mi madre mi padre con un abogado, así de rampampán y se casaron, hicieron un brindis y se la llevó a vivir a los altos de la tienda “Lámparas Quesadas”, en la esquina de Infanta y San Lázaro, a una cuadra de la iglesia de la Virgen del Carmen donde tantas veces fue mi madre a pedirle al Santísimo que mi padre retornara a Cuba y volviera con ella. Mi madre sale embarazada y nazco yo el 16 de julio de 1952, el día de la fiesta de la Virgen María del Carmen y me pone por nombre Adalberto Carmelo. Cuantas coincidencias hubo entre mi madre, la Virgen y yo.

De niño tuve un día fiebre alta de la garganta que me afectó la visión y mi madre me encomendó a Santa Lucía patrona de la Luz y la visión

y así me hicieron 4 operaciones de la vista y siempre quien estaba conmigo en los hospitales, me bañaba, me atendía y me vestía era mi padre. Cada vez que me llevaban a la sala de operación mi padre complacía a mi madre y a mi abuela Aracelia Falcón Fabelo pues mami le pedía a mi padre que en el bolsillo del piyama me echara la estampita de Santa Lucía y mi abuela que me echara la estampita de la Virgen María de La Caridad del Cobre para que de este modo fueran ambas imágenes conmigo al salón de operaciones. Así las cosas fui aceptando estas imágenes aunque en mi casa nadie vi ir a la iglesia a rezar, solo en la casa veía a mi madre y a mi abuela Aracelia rezando en imágenes de cartulina a Jesús, a la Virgen María del Carmen, a la Virgen María del Cobre, a Santa Lucía y a Santa Bárbara,

a mi padre nunca lo vi rezando ni hablando de religión, aunque respetaba la fe que mi madre y mi abuela tenían, pero reitero, no había hábito de ver a nadie de mi familia ir a la iglesia y yo no fui bautizado.

Pasaron así los años y yo crecí alejado de la fe cristiana y de toda cultura eclesiástica pero sin olvidar la historia contada tantas veces del noviazgo de mis padres, de los cuentos del judío Salomón y de la calle Infanta cuyo lugar no olvidaré de mi infancia.

Llegó así el año 1988, yo tenía 36 años cuando mi primer matrimonio sucumbió y con ello el dolor terrible de separarme de mis hijos que tanto amor les tengo, mis hijos Danya y Arién. No concebía la idea de separarme de ellos, quizás era una obsesión la que tenía con mis hijos, quizás no concebía la familia sin que fuese como la que yo vi entre mis padres y nosotros o la que vi en mis 6 tíos por parte de madre o en mis 2 tíos por parte de padre, todos fueron matrimonios estables, mis primos como mis hermanos y yo crecieron en familias estables, seguras, unidas y no concebía otra cosa así.

Lo anterior provocó en mí un desequilibrio emocional, me enfermé de los nervios, me deprimía con facilidad, fue una terrible tristeza y desestabilidad total y con ello busqué atenderme psiquiátricamente ingresando en un hospital de La Habana, Clínico Quirúrgico de 26, deseaba estar bien y aceptar el golpe pero era muy difícil aceptar la derrota.

Ingresado en ese hospital conozco una doctora en Medicina Interna en el año 1989 y con ella cambia mi vida, me enamoré de ella y me estabilicé, comencé de nuevo.

Al pasar los meses observaba que esta mujer no siempre tenía un igual comportamiento, a veces era más dinámica, erótica, más activa o histérica y otras veces estaba soñolienta, demasiado calmada, plana, serena, en fin, era muy cambiante y descubrí que se endrogaba con psicofármacos para determinados propósitos, si deseaba descansar o si deseaba ser más erótica o sexy. Esto provocó un rechazo en mí y ella me dio la explicación que el marido anterior la golpeaba cuando deseaba hacer el sexo y ella no quería y para eso buscó en los psicofármacos un camino para admitirlo o rechazarlo. Cuando no quería hacer el amor con él se endrogaba para caer dormida y no hacer el sexo y con otros psicofármacos buscaba lo contrario con él, o sea más sexo. Lo anterior me hizo comprender la causa y comencé a ayudarla en hospitales psiquiátricos para que lograra la deshabituación en ella de esas drogas y parecía que lo iba a lograr pero cuando todo parecía ya resuelto volvía a caer en las drogas, hasta que me cansé de esa ambivalencia y me separé de ella pues no quería ser partícipe de semejante drogadicción.

En el verano del año 1991, pasado unos meses separados, ella me buscaba insistentemente y le planteé aquel 1ro de agosto de 1991, el día de su cumpleaños, que si de verdad tenía fe en Dios y en la Virgen María, como tantas veces ella y sus padres me demostraron, ese día, 1ro de agosto de 1991, ella debía cumplir la promesa, antes Dios y la Virgen María que no se iba a endrogar más.

Ella estaba muy enamorada de mí y me prometió cumplir esa promesa y ese 1ro de agosto de 1991 fuimos a la Iglesia de la Virgen María de las Mercedes para que allí se comprometiera ante la Virgen y el Santísimo y así lo hizo, de rodillas ante el altar mayor. Desde que entramos a esa Iglesia ella quedó muy impresionada pues nunca había visto Iglesia más fabulosa e impactante por su belleza barroca. Ese día lloró y juró que cumpliría su promesa y así pasó 1 mes y 24 días que viví nuevamente tranquilo y feliz con ella.

http://www.aciprensa.com/Maria/images/merced.jpg

El 24 de septiembre de 1991, precisamente el día de la fiesta de la Virgen María de las Mercedes, cuando llegué al apartamento donde vivíamos, a las 7 de la noche, de regreso del trabajo, en el edifico de la tienda “El Lucero”, en la intersección de las calles de Ayestarán y 19 de mayo, en La Habana, me la encontré tendida a lo largo del piso del baño, muerta, con los ojos abiertos y la autopsia dio un alto contenido de tabletas de Meprobamato de 400 mg con las cuales solía endrogarse y que tantas veces había encontrado escondidas para engañarme y negar su adicción. Marcia Ramos no tuvo remedio por mucho que luché para salvarla pues era una buena mujer pero víctima del vicio de las drogas de las cuales dependía para vivir.

Yo quedé nuevamente impactado, fue otro golpe demoledor para mi corazón y todos los domingos iba al cementerio de Colón, en La Habana, a llevarle flores a su tumba, a veces con sus padres, otras veces solo y siempre cuando en su tumba pasaba un rato llorando y recordando mi pasado, en particular los 3 años que viví con ella, iba después a la capilla del centro del Cementerio de Colón a pedirle al cura una misa de difuntos por Marcia Ramos. Así lo estuve haciendo durante los meses de octubre, noviembre y diciembre, o sea hasta el último domingo del año 1991.

Durante los tres últimos meses de ese año 1991 me acerqué también a la Iglesia Católica de San Antonio de los Baños que es el pueblo donde vivían mis padres, buscando consuelo para mis penas y pidiéndole a San Antonio Abad, patrón de este pueblo habanero, que intercediera ante el Santísimo para que me diera inteligencia y capacidad para sobreponerme de estos reveses en mi vida y que me diera fuerzas para crecerme, fue así que conocí al Padre Mario que me enseñó la señal de la cruz, el Credo, el Gloria, el Ave María, la Salva, el Padre Nuestro, Rezar el Rosario y en fin a tener una cultura Cristiana.

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El 31 de diciembre de 1991 mi familia, al ver mi tristeza, me piden que fuese a casa de mi hermano Alvaro para pasar con todos ellos el fin de año. Salí de casa esa noche lloviznosa, las calles vacías, oscuras, ya el Período Especial que estaba viviendo Cuba por la caída del Socialismo en Europa se estaba sintiendo con fuerzas y se veía tristeza en la gente por la falta de un futuro cierto, había escasez de alimentos, bebidas, ropas, de combustibles, de transporte, en fin de todo y unido a eso mi soledad existencial, mis derrotas, mis pérdidas. Caminando sin rumbo fijo llegué a un parque vacío y me senté en un banco solitariamente y pensé ¿cómo sería el próximo año 1992?, ¿qué rumbo tomaría mi vida?, ¿qué debía hacer a partir de mañana 1ro de enero de 1992? y me dije, basta ya de ir todos los domingos al cementerio de Colón a la tumba de Marcia, tiene que descansar en paz, ahora debo de empezar de cero nuevamente.

Continuará....


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Ariel (3890 noticias)
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