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Terremoto e Internet sellan pacto de amor entre chilena y mexicano

10/03/2010 06:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Internet y la fuerza descontrolada de la naturaleza expresada en el terremoto que afectó a este país el 27 de febrero marcaron la vida del mexicano Luis Enrique Miranda y la chilena Rosalba Roca Medina, quienes sellaron un pacto de amor. Ellos se conocieron y se enamoraron a través de Internet y Rosalba fue a buscarlo a Veracruz en 2003 para traerlo, a como diera lugar, a su natal Lota (a 25 kilómetros al sur de Concepción), pueblo chileno de raíces mineras y de combativa tradición obrera. En los últimos seis años, Luis Enrique y Rosalba construyeron en Lota una sólida relación de pareja, tuvieron una hija (Bárbara, de cuatro años) y el terremoto del último sábado de febrero consolidó su compromiso de amor a partir del temor y sensación de desamparo. "El terremoto fue una experiencia dura. Sentía ganas de llorar, pero ante ellas me mostraba firme. Pensaba que iba a salirse el mar y nos fuimos a un cerro cercano, en los contrafuertes de la Cordillera de Nahuelbuta", relató Luis Enrique a Notimex. Miranda tiene 32 años, es técnico en diseño gráfico y tiene una librería y papelería en Lota, la cual, desde luego, se llama "El Jarocho" en honor al gentilicio popular de los oriundos del puerto de Veracruz, su patria chica, donde pasó la mayor parte de su vida. "El Jarocho" es un buen negocio que está a media cuadra de la Plaza de Armas de la ciudad minera que gozó de sus tiempos de esplendor en la época de oro del carbón, pero con la declinación de ese recurso, la localidad se transformó en la más pobre del país. La sala de la casa de la familia Miranda-Roca está presidida por una imagen artesanal de la Virgen de Guadalupe, la Patrona de México, cuyo manto protector –jura Luis Enrique- jugó un papel determinante para salir bien librados del devastador terremoto. En la vivienda, ubicada en Villa La Posada de Coronel –colindante a Lota-, dos grandes sombreros de charro, uno blanco y otro negro, y un lienzo grande y colorido con la leyenda "Viva México", completan lo que parece un altar a la Patria o la evidencia de la añoranza. Sin embargo, cuando el funcionario consular mexicano enviado a la zona para asistir a sus connacionales, Sergio Juárez, le preguntó a Luis Enrique si quería ser repatriado, la respuesta contundente fue: "No". Aquí tiene su vida, su familia y el fruto de su esfuerzo. Durante los días de caos y descontrol que siguieron al terremoto en esta región del sur de Chile, la librería y papelería "El Jarocho" fue robada por turbas de delincuentes que deambulaban por las calles tratando de aprovechar la situación, pero para él es lo de menos. La vivienda familiar resistió los embates del violento terremoto y está en pie, lo cual es ganancia en una zona donde el movimiento telúrico hizo estragos en todo tipo de edificaciones, en carreteras, puentes e infraestructura. Miranda, quien nació en el Distrito Federal y se reconoce "chilango" por nacimiento pero "jarocho" por adopción, pues la mayor parte de su vida la pasó en la tres veces heroica Veracruz, dijo a Notimex que su decisión es permanecer en Chile "a pesar de los terremotos". "Si mi familia es feliz, yo también. Igual me gusta Chile. Es tranquilo", apuntó este chilango-veracruzano de tez clara, jovial y siempre alegre. Rosalba, su esposa –una mujer que denota seguridad- comparte la decisión de Luis Enrique y sostuvo que sobre las pérdidas por el terremoto que "nos vamos a rehacer; podemos comenzar de nuevo". "Y así como la Virgen de Guadalupe, a la que invocamos la noche de terror del terremoto, nos salvó y nos protegió y acogió nuestros rezos, así nos acompañará en la reconstrucción de nuestros sueños", agregó la joven mujer de 27 años de edad. Confianza y seguridad no le falta a esta familia mexicano-chilena asentada en Lota, al sur de Chile, y menos a la pequeña Bárbara, quien con plena seguridad repite ante cada una de las decenas de réplicas del terremoto: "Ya pasó el temblor. No pasa nada".

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