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De la "tercera vía" a la "vía sostenible"

25/02/2011 01:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un nuevo paradigma para las políticas progresistas en la era post-crisis

De la "tercera vía" a la "vía sostenible"

El debate sobre la relación entre el mercado y el estado, en el que la Fundación IDEAS ha participado activamente, ofrece un contexto estimulante para abordar muchas cuestiones cruciales a las que se enfrenta la socialdemocracia hoy. Entre esas numerosas cuestiones potenciales, este artículo se centrará solo en las tres siguientes: 1) ¿Porqué todos los analistas piensan que la socialdemocracia está en crisis? 2) ¿Cuáles pueden ser las motivaciones y los conceptos clave que contribuirán a la consecución de un nuevo discurso hegemónico para la socialdemocracia otra vez? 3) ¿Qué papel debería atribuirse al mercado y al estado en este nuevo discurso?

¿Por qué está en crisis la social democracia?

Empezaré dando mi opinión sobre por qué muchos analistas piensan que la socialdemocracia está atravesando serias dificultades. Desde que estalló la crisis económica, los intelectuales y políticos progresistas se han venido quejando de la injusticia que supone que las fuerzas conservadoras se hayan beneficiado electoralmente más que los partidos de centro izquierda de la angustia de los ciudadanos. La cuestión se resume en la siguiente paradoja: ¿si la crisis se originó en el modelo económico neoliberal, por qué los votantes no se han dirigido hacia los socialdemócratas en busca de una estrategia de salida?

Se pueden distinguir cinco razones comunes a muchos partidos socialdemócratas en Europa, y cuya raíz radica en los fallos de la “ Tercera Vía” .

- Primero, los socialdemócratas europeos pensaron que tenían el monopolio de ofrecer protección social así como paquetes de rescate a los ciudadanos afectados por la crisis. Aunque la prestación pública de las políticas de bienestar siempre ha sido una diferencia ideológica crucial entre los socialdemócratas y los conservadores durante muchas décadas en Europa (y sigue siéndolo en países como EE.UU.), hoy en día, el estado del bienestar forma parte de las instituciones que definen nuestras democracias (tanto como las elecciones o los medios independientes). Como consecuencia de ello, aquellos partidos que estaban en el gobierno cuando la crisis estalló (la mayoría de ellos de centro-izquierda) sólo dejaron que el estado del bienestar funcionara según estaba previsto. Entonces, los socialdemócratas reaccionaron como si les hubieran robado uno de los programas centrales de su agenda política, cuando tenían que haber entendido que la batalla ideológica en Europa ya no estaba en los paquetes de rescate (que están institucionalmente garantizados) sino en el diseño de una agenda de reforma diferenciada basada en un paradigma económico alternativo de futuro.

- Segundo, en términos de modelo económico los socialdemócratas europeos no han sabido definir bien lo que defienden o cómo se diferencian de los conservadores. La “ Tercera Vía” intentó reconciliar el pensamiento progresista con la economía de mercado, el individualismo y la globalización. Esto ayudó a Bill Clinton, Tony Blair y Gerhard Schröder a establecer hegemonías políticas en un periodo dominado por los conservadores. Los tres proyectos defendían una mayor igualdad pero, al rechazar muchas de las políticas propias del pensamiento socialdemócrata, permitieron a los conservadores borrar las diferencias entre ellos y los socialdemócratas. Además, las dificultades actuales de los socialdemócratas a la hora de definir un paradigma económico alternativo, surgen de las lagunas que tenía el pensamiento de la “ Tercera Vía” , sobre todo en las áreas de política industrial y los sectores de la nueva economía.

- Tercero, los socialdemócratas no han sabido conectar con los valores de los votantes y luchar para responder a la típica reacción populista que arraiga en los discursos del miedo. Muchas veces los políticos socialdemócratas, tratan el proceso político como si sólo consistiera en proporcionar los mejores datos y las mejores ideas. Pero, los votantes más que una lista de propuestas políticas. necesitan discursos emocionales que contrarresten el miedo y transformen las incertidumbres en nuevas esperanzas. Cuando los socialdemócratas sólo se han centrado en el ejercicio de la responsabilidad, casi siempre lo han hecho a costa de desconectarse no sólo de las clases trabajadoras sino también de los electores progresistas emergentes. Y a consecuencia de esto, han sido superados por los partidos que están a su izquierda y su derecha así como los Liberales y los Verdes.

- Cuarto, los socialdemócratas ahora tienen que dar respuesta a una multitud de nuevos desafíos políticos que la “ Tercera Vía” no había previsto. La “ Tercera Vía” surgió en un momento de profundo optimismo. El final de la Guerra Fría y el boom de las Punto.com llevó a la creencia de que se había acabado la ideología (y el conflicto político) y que las economías post modernas del mundo desarrollado podrían vivir de los servicios mientras consumían productos procedentes del mundo en vías de desarrollo. Pero, el acceso de un billón de nuevos trabajadores a la economía global, ha tenido sus consecuencias. Mientras los beneficios de la globalización no han sido ampliamente repartidos; los costes han sido soportados por unos pocos, generalmente las clases trabajadoras que una vez fueron la base de los partidos socialdemócratas. Estas tendencias han sido exacerbadas por la crisis actual, y los partidos socialdemócratas han fallado a la hora de ofrecer una respuesta convincente. Si añadimos a esto las preocupaciones sobre la inmigración, la inseguridad o el terrorismo islámico nos encontramos con unos electorados europeos vulnerables a la política del miedo y el populismo. En la actualidad, los socialdemócratas están atrapados ante la diatriba de ser fieles a sus principios y perder votantes de la clase trabajadora que rechazan las consecuencias de la globalización y la multiculturalidad, o ceder a las demandas políticas de esos grupos sociales, a costa de enajenar a sus votantes con convicciones éticas igualitarias más profundas. En cuanto a la economía y la inmigración, su voto cautivo está tentado por los mensajes emocionales de la competencia desde la derecha y la izquierda; usando el mismo lenguaje pierden apoyos entre sus “ votantes éticos” .

- Y quinto, los socialdemócratas no han sabido adaptar su forma de hacer política. El atractivo que ofrecen muchos nuevos movimientos ciudadanos es que están más abiertos y menos jerarquizados. Atrás quedan los días de una estructura de mando que gestionaba un ciclo de noticias las 24 horas del día y controlaba el mensaje político. La llegada de las redes sociales y de la “ blogosfera” imposibilitan este enfoque. Además, los votantes ahora quieren jugar un papel más activo en el proceso político.

¿Cuál debería ser el nuevo paradigma ganador de la socialdemocracia?

Mientras la “ Tercera Vía” fue una etapa esencial en la renovación del pensamiento socialdemócrata, principalmente porque reconcilió un electorado acostumbrado al conservadurismo con la posibilidad de una política progresista, claramente ha pasado de moda. Si los partidos socialdemócratas quieren recuperarse, entonces tiene que pasar a otra fase. En mi opinión, esta nueva fase debería estar caracterizada por la búsqueda de un nuevo paradigma socioeconómico que vaya más allá de la visión estática actual del mundo, en la que la política partidaria está ligada a la distribución del poder y los recursos entre los distintos grupos sociales. En los años venideros, los progresistas deberían posicionarse, en comparación con los conservadores, en términos dinámicos. Cuando ocurra el cambio, los conservadores tenderán a rechazarlo u obstaculizarlo; mientras que los progresistas deberían definirse como creadores de ese cambio que traiga mejoras para la mayoría. Incluso en los casos en que los conservadores moderados (como Cameron en el Reino Unido o Merkel en Alemania) son más hábiles a la hora de adaptarse al cambio, tienden a promover reformas que hacen que sus sociedades sean más eficientes, pero no más equitativas. Teniendo eso en cuenta, la diferencia entre los conservadores reformistas o liberales y los socialdemócratas dinamizadores, radicaría en la búsqueda constante de la movilidad social. Los progresistas del futuro deberían definirse por el uso del Estado (es decir, las nuevas políticas públicas o los nuevos derechos) para garantizar una serie de oportunidades para la movilidad social en un entorno en constante cambio.

En un mundo que evoluciona rápidamente, los socialdemócratas tienen mucho que ganar cambiando la competitividad horizontal por la vertical. Por supuesto que esto necesitará una visión clara de lo que los socialdemócratas quieren para el futuro. De lo contrario, abogar solo por el cambio permanente podría ser contraproducente, porque la mayoría de los votantes son reacios al riesgo y la incertidumbre. Esta es la razón por la cual el enfoque socio-liberal que caracterizó a la “ Tercera Vía” ha sido superado por los enfoques socio-populistas durante la crisis.

El nuevo discurso socialdemócrata debería tener una idea clara del nuevo paradigma socioeconómico que representa. A mi modo de ver, donde la “ Tercera Vía” abogó por la eficiencia y el desarrollo (igual que los conservadores), el nuevo paradigma debería aspirar a la maximización de la sostenibilidad y la prosperidad.

Esta nueva “ Vía Sostenible” del discurso socialdemócrata debería poner énfasis en cómo alcanzar un modelo socioeconómico que sea sostenible económica, social y medioambientalmente. La sostenibilidad económica consiste en que las generaciones futuras hereden más activos que pasivos; la sostenibilidad social significa que las generaciones futuras disfruten de más oportunidades de las que tienen ahora; y la sostenibilidad medioambiental supone que las futuras generaciones tengan una relación creativa en vez de destructiva con la naturaleza. Una vez más, algunos conservadores moderados podrían copiar este enfoque. Pero el concepto socialdemócrata de la sostenibilidad no trata solo de progreso, trata de una mejora equilibrada entre estas tres áreas de sostenibilidad. Mientras los conservadores darían prioridad a la sostenibilidad económica como una condición necesaria para perseguir la sostenibilidad social y medioambiental, los socialdemócratas entienden que las tres dimensiones se retroalimentan. Además, ya que es imposible el cambio armónico, el concepto socialdemócrata de la sostenibilidad debería estar caracterizado por un uso constante de herramientas públicas para redistribuir tanto los recursos como los resultados en forma de oportunidades recurrentes y dentro de un concepto amplio de sostenibilidad.

Como consecuencia de esta renovación ideológica, las disputas políticas y las polémicas serían replanteadas para encajar en este nuevo paradigma vertical, intergeneracional y dinámico. Los viejos debates sobre eficiencia contra equidad, crecimiento contra bienestar y libertad contra igualdad, podrían ser redefinidos en términos de su contribución relativa a una sociedad más sostenible. Por ejemplo, los programas de cuidados a los niños o a los mayores, financiados vía impuestos sobre sociedades, pueden mejorar la igualdad de género de las madres trabajadoras, añadir bienestar a los discapacitados y aumentar la eficiencia agregada del mercado si incorporan a las mujeres al mercado laboral con mayores índices de productividad que al de los trabajadores sociales.

¿Qué papel deberían jugar el mercado y el estado en este nuevo paradigma?

En el contexto de este nuevo paradigma, los socialdemócratas no deberían volver a las viejas disputas sobre el papel estático del mercado y del estado. En este sentido, no estoy de acuerdo con la opinión de la Prof. Hassel de que deberíamos abogar otra vez por un papel más fuerte del Estado sobre los mercados. En mi opinión, ahora el debate debería replantearse de la siguiente manera: por una parte, se debería reformar los mercados para que puedan suministrar bienes privados de forma sostenible. Esto solo se puede hacer a través de nuevas normas así como nuevos sistemas de incentivos positivos y negativos. Por otra parte, el estado debería no solamente regular este nuevo contexto, sino que debería reformarse a sí mismo para poder compensar los fallos del mercado en términos de los nuevos objetivos se sostenibilidad. Pero, lo más importante es que el Estado comience a suministrar bienes públicos concretos que el nuevo paradigma necesita y que en muchas ocasiones superan el ámbito nacional.

Como consecuencia de este nuevo papel del Estado, las políticas y los derechos que hoy conforman el Estado del bienestar tradicional deberían adaptarse a una nueva lógica, la lógica del Estado Dinamizador. Para ello debe haber: (1) Un cambio en los medios y procedimientos públicos para que su funcionamiento interno sea más dinámico y sostenible (2) un cambio en los objetivos: el estado dinamizador del bienestar no atenderá sólo los riesgos tradicionales asociados con el mercado laboral (como enfermedad, discapacidad, envejecimiento o desempleo), sino que apuntará a atender los nuevos riesgos relacionados con el cambio permanente (como el riesgo de estar atrapados en un periodo de transición y por tanto excluidos de la sociedad) así como los riesgos asociados con los cambios insostenibles (como las burbujas financieras, los movimientos migratorios o las catástrofes climáticas).

A efectos prácticos, la idea de un estado dinamizador como un agente con visión de futuro, conllevaría un estado del bienestar preventivo para las políticas de sanidad (por ejemplo a través de programas de lucha contra la obesidad o los hábitos de fumar); conllevaría también un estado que capacite con políticas de educación (con programas que obliguen a los trabajadores a aprender nuevas habilidades aun cuando tienen un empleo); y finalmente, también debería conllevar un estado estratégico en cuanto a políticas industriales (por ejemplo con programas que estimulen los sectores clave para el futuro como las energías renovables, las industrias aeroespaciales, las biotecnologías, los coches eléctricos, los proyectos de entretenimiento, etc..)

En resumen, la reciente crisis ha demostrado que el Estado logró jugar su papel principal de proveedor de protección, ya que ha rescatado tanto a los mercados financieros como a aquellos ciudadanos que han sido más afectados por la posterior crisis económica. Ahora que vemos el final de la crisis y, en el contexto de una transición hacia un nuevo paradigma socioeconómico, el estado dinamizador debería jugar dos papeles principales: debería volver a regular los mercados para que jueguen a favor de estos objetivos de sostenibilidad y debería actuar como actor estratégico invirtiendo en los sectores más dinámicos y creando nuevas oportunidades para todos. Debido al peso de la deuda generada por la reciente crisis, podría ser necesaria la generación de nuevas fuentes de ingreso (por ej. impuestos sobre transacciones financieras, impuestos sobre el carbono, nuevos impuestos de sucesión o la regularización de los fondos procedentes de los paraísos fiscales), pero en todo caso cualquier cambio en ese ámbito debería introducirse ligado a las reformas que necesitamos para alcanzar una sociedad más sostenible económica, social y medioambientalmente.

Carlos Mulas-Granados es director de la Fundación Ideas y Profesor de Economía de la UCM.


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