Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que El Mundo escriba una noticia?

Tarahumaras o Rarámuris: Una de las tantas comunidades excluidas en México

23/01/2012 17:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Viven olvidados, excluidos, encapsulados en un mundo primitivo y cavernario que no ha sido capaz de tocar las conciencias de quienes pueden hacer algo trascendental por ellos pero que no lo hacen

Extraviados en abismales cuevas milenarias que lo mismo se pierden en las tomas satelitales, que en los libros de historia más elementales, los presupuestos gubernamentales, los servicios sanitarios, educativos y de comunicaciones, y el agitado y materialista ritmo la vida urbana, los tarahumaras son uno de los últimos bastiones de la cultura indígena de México, pero viven completamente olvidados por el grueso de la sociedad.

Más sobre
Entre los más de 100 millones de habitantes que tiene México, los tarahumaras o rarámuris sólo se hacen presente en las tiendas de artesanías de Chihuahua, en los folletos de promoción turística para recorrer las Barrancas de Cobre que cruza el Tren Chihuahua-Pacífico, o en la época invernal, cuando año tras año salen a relucir al lado del pronóstico del tiempo, como víctimas seguras de las nevadas; y es entonces cuando, a veces, alguien se acuerda de que existen o subsisten y para lavar conciencias se organizan efímeras campañas y colectas para llevarles algunos cobertores y víveres. Fuera de estos críticos momentos en los que parecieran evocar las sombras de ‘El Mito de las Cavernas’ de Platón, los rarámuris viven olvidados, excluidos, encapsulados en un mundo primitivo y cavernario que no ha sido capaz de tocar las conciencias de quienes pueden hacer algo trascendental por ellos pero que no lo hacen. FUENTES DE TRABAJO Hace pocos años, un misionero involucrado en los problemas de este pueblo, una de las 65 etnias de México, fray Raúl Pérez Castillo, párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, en el municipio de Guadalupe y Calvo, en Chihuahua, lanzaba una campaña para encontrar mercados justos para las artesanías de estos indígenas, pues de ello depende el desarrollo paulatino de sus comunidades. Su voz no tuvo el suficiente eco y los talleres que promovió escasamente funcionaron por falta de mercados para imágenes religiosas en madera, artículos de cerámica rústica y bordados realizados con la técnica de punto de cruz, que rara vez salen de la sierra por falta de promotores y compradores. En 2005, la comunidad franciscana promovía la creación de cuatro cocinas en escuelas rurales para dotar de desayuno y comida a los estudiantes, y pretendía crear tres talleres: secretariado, computación y manualidades. Con ello se daría oficios y capacitación a la gente para darles mayores herramientas para que puedan buscar un empleo que les ayudara en el sustento de sus familias. Los proyectos de desarrollo sustentable para la región no han sido apoyados como debiera; la gente y los gobiernos prefiere enviarles cada invierno cobijas y alimentos. En la Diócesis de Parral, Chihuahua, hay 16 parroquias y según datos de la Conferencia del Episcopado Mexicano, trabajan en ellas 45 sacerdotes diocesanos y ocho sacerdotes religiosos, entre los que figura fray Raúl Pérez Castillo, además de 71 religiosas profesas. Estos religiosos procuran servirles como puente con el mundo “civilizado”, pero sus esfuerzos son insuficientes. El municipio de Guadalupe y Calvo, en Chihuahua tiene una población de 50 mil habitantes, entre indígenas tepehuanes, rarámuris y mestizos, repartidos en más de 300 comunidades donde la pobreza es preocupante, y el 80 por ciento de ellas están excluidas de toda posibilidad de progreso e integración al desarrollo nacional. Los apoyos gubernamentales y particulares siempre son insuficientes y difícilmente cumplen sus cometidos, aunque toda ayuda siempre es bien recibida por los indígenas. LA SITUACIÓN INDÍGENA El censo de 1990 contabilizó 70 mil tarahumaras, de los cuales, 10 mil son monolingües que habitan en 17 municipios. Tradicionalmente son nómadas temporales, cultivan y cosechan en las tierras altas durante el verano y emigran a las partes bajas durante los meses fríos. La mayoría vive en pequeñas granjas dispersas y, debido a la explotación a la que han sido sujetos, son muy desconfiados con los extraños. Ahora, entre los cuatro grupos de indígenas que están asentados en la sierra, los tarahumaras suman alrededor de 50 mil, es decir, la población tarahumara ha disminuido por diversas causas. El 90 por ciento de la población rarámuri se concentra principalmente en los municipios de Bocoyna, Urique, Guachochi, Guadalupe y Calvo, Batopilas, Carichí, Balleza y Nonoava. Todos ellos de difícil comunicación. Las aldeas no cuentan con servicios públicos y cuando se necesitan, la gente tiene que viajar a los pueblos más cercanos para atender sus necesidades. No cuentan con servicio de luz, el agua la acarrean de lugares lejanos, las escuelas no están cercanas ni los hospitales, ni las farmacias donde consiguen medicinas. Su cultivo básico es el maíz de temporal. SU HISTORIA, LLENA DE INJUSTICIAS En 1606, los jesuitas tuvieron los primeros contactos con los rarámuri y los grupos más rebeldes para huir de los españoles, se internaron en las crispadas barrancas de Chihuahua salvaguardando su cultura. En los siglos XVII y XVIII, agricultores y comerciantes novohispanos despojaron a los indios de sus tierras y muchos fueron esclavizados. Esto orilló a muchos indígenas a internarse más en la sierra. Con la expulsión de los jesuitas de Nueva España, los tarahumaras retornaron a la vida seminómada, a pesar de que muchos de ellos ya se habían integrado en torno a las misiones, de modo que nuevamente quedaron aislados. Para empeorar más su situación, en 1856, como consecuencia de la ley de la desamortización de los bienes eclesiásticos, grupos de mestizos ocuparon las tierras que pertenecían a las misiones y los tarahumaras se alejaron más de la civilización. Este invierno, se han formado varios grupos para recolectar víveres que se enviarán a la Sierra Tarahumara, sin embargo, este tipo de ayuda no es la más conveniente ya que la transportación de estos materiales se dificulta. La mejor forma de ayudar es la donación de recursos en efectivo, a través de cuentas bancarias en instituciones de prestigio que manejan sus recursos con transparencia, pues estas agrupaciones pueden comprar lo necesario para ayudar a los tarahumaras cerca de sus comunidades, lo que abarata y maximiza la ayuda, además de que el dinero se invierte en la región, con lo que se crea mayor oportunidades de desarrollo local. Los tarahumaras requieren de esta ayuda emergente durante el invierno, sí; pero no es la solución a sus problemas que exige crear programas permanentes de desarrollo, infraestructura, fuentes de trabajo y mercados externos y permanentes para ayudar a las familias indígenas productoras de manualidades.

Sobre esta noticia

Autor:
El Mundo (4808 noticias)
Visitas:
4512
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.