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El sur de Chile pasa de la belleza al horror tras el devastador terremoto

01/03/2010 15:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desdeo de todo corazón una pronta recuperación de este pais, ahora tan destrozado

Los periodistas que intentamos llegar desde el sur hemos percibido la extrañeza de pasar de la belleza paisajística más intensa, a la desolación natural más catastrófica | Cuarenta kilómetros antes de llegar a Temuco, un puente peatonal sobre la autopista marca el límite entre la belleza y el horror

El aeropuerto internacional de Santiago sigue cerrado. Las autoridades dicen que lo estará por tres días y ya ha transcurrido uno desde el terremoto de 8, 8 grados en la escala de Richter que ha enlutado el final de las vacaciones veraniegas a los chilenos. Los hostales, las populares cabañas y los campings del sur del país estaban llenas de turistas, que cada año por estas fechas se dispersan a lo largo de este angosto territorio. Las clases debían empezar hoy lunes –el gobierno decidió retrasar su inicio hasta el 8 de marzo- y las maletas ya estaban a punto para regresar a Santiago.

Cobquecura, Pelluhue y Curanipe son algunas de las preciosas y agrestes playas que se ubican al norte de Concepción y en la zona más cercana al epicentro.Playas de mochileros y familias a los que el temblor sorprendió mientras dormían. Algunos están desaparecidos, es la zona donde más incógnitas hay. La mayoría de ellos, ante el temor de un tsunami, subieron despavoridos a los cerros y se alejaron del agua, una práctica más que habitual en el sur después de cada temblor fuerte. En el terremoto de Valdivia de 1960, el de mayor intensidad registrado en la historia, al mayor número de víctimas se lo llevó las olas.

En el pueblito idílico de Iloca, parece que una ola gigante ha sembrado la destrucción y se habla de decenas de desaparecidos. Parece, porque la información que llega de las zonas próximas al epicentro y, lógicamente, más afectadas se basa en trascendidos o algunos testimonios que empiezan a salir de la zona, donde las comunicaciones y el servicio eléctrico siguen interrumpidos. En Talcahuano, donde se ubica el puerto de Concepción, parece que la ola anegó centenares de metros de tierra firme y partió en dos contenedores que ahora flotan a la deriva. La Armada chilena tardó más de seis horas en confirmar ese tsunami, aunque trataron de minimizarlo hablando de "maremoto".

Tras el tsunami Del 2004 en el sudeste asiático, el ayuntamiento de la turística ciudad de Viña del Mar decidió, incluso, instalar unos flamantes carteles por todo el área próximo a la playa donde se ve una ola gigante a punto de caer sobre una persona y una flecha indicando que para ponerse a salvo hay que correr hacia arriba. Precisamente, el popular y esperado Festival de Viña –todo un acontecimiento anual en Chile- fue suspendido abruptamente en su última jornada del sábado. Ahora, muchos turistas se han quedado agarrotados y miedosos ante la perspectiva de emprender viaje hacia el norte atravesando la zona devastada por el sismo. La gasolina empieza a escasear al otro lado de la frontera, pero no nos referimos al límite con Argentina, sino de la frontera con el terremoto, la división entre las regiones del Maule y del Bío Bío, que también divide al país en dos. Durante años, esta también fue zona de frontera entre los conquistadores españoles y el pueblo mapuche, que dejó su toponimia desparramada por todo el sur chileno.

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Los periodistas que desde Santiago trataron de llegar el mismo sábado a la zona del epicentro o a Concepción, pero se quedaron en el límite con la devastación –en los alrededores de Curicó-, ante la imposibilidad de llegar a la zona cero. Desde Santiago, los efectos del terremoto ya se perciben. En cambio, los periodistas que intentamos llegar desde el sur hemos percibido la extrañeza de pasar de la belleza paisajística más intensa, a la desolación natural más catastrófica.

El sábado, tras el cierre del aeropuerto santiaguino y las incógnitas del paso fronterizo de los Libertadores –situado a 3500 metros de altitud y principal vía de comunicación terrestre entre Argentina y Chile-, la única opción aconsejable era volar a la ciudad argentina de San Carlos de Bariloche y cruzar por el paso fronterizo Cardenal Samoré. Largas horas de carretera y caras de extrañeza y advertencias de seguridad por parte de las policías de ambos países. Sin embargo, en esa zona el terremoto, aunque se notó con fuerza, no dejó efectos. La naturaleza y los bellos parajes están intactos. El lago Nahuel Huapi es un espejo, los bosques de coihues y coligües franquean la ruta, jalonada de matas de nalca. Al cruzar a Chile, el perfecto volcán Osorno nos da la bienvenida, antes de introducirnos en una autopista que, cuanto más se enfila hacia el norte, más desértica y fantasmagórica parece. Los peajes están liberados, apenas circulan coches. Seis horas después, ya entrada la madrugada, llegamos a la frontera, pero a la frontera con la devastación. Cuarenta kilómetros antes de llegar a Temuco, un puente peatonal sobre la autopista marca el límite entre la belleza y el horror. Unos centenares de metros más allá, otro puente. Colas en las gasolineras para llenar el depósito ante la previsión de que se acabe.

En Temuco, el sábado noche no hay marcha. Nadie está para fiestas. Aunque acaba de regresar la luz, los cajeros electrónicos se han quedado sin dinero ante el acopio de la gente. No hay agua en la ciudad, situada a 677 kilómetros de Santiago y capital del pueblo mapuche. Casi ningún hotel admite pasajeros y los clientes que ya están alojados dudan entre quedarse y marcharse.

Al regresar la luz se han encendido bruscamente las máquinas tragaperras del flamante casino-hotel, inaugurado hace apenas un año. No admiten clientes. Una lámpara caída en el vestíbulo y un hoyo en el techo, vestigios del temblor ocurrido veinticuatro horas antes. Los recepcionistas, con cascos blancos e impolutos de obra sobre el mostrador, explican que el efidicio –construido bajo estrictas normas antisísmicas- se movió "como si fuera mantequilla". En la fachada, unas fotos de Raphael anuncian concierto para el 5 de marzo, que nunca se realizará. "¿Dónde estará Raphael ahora?", comenta con sorna uno de los recepcionistas. Al salir en busca de un lugar donde dormir algunas horas, cuatro jóvenes en un coche parecen ser los únicos que no se han enterado de que ha habido un terremoto. "¿Saben si el casino está abierto?".

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Autor:
Perlas (10 noticias)
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Nota de prensa
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