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El suplicio de una familia en Juárez o cuando los militares son noticia

28/02/2011 21:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mientras estuvieron secuestrados los Reyes, no fueron noticia nacional en México. Después de muertos, la indignación llegó hasta diputados y políticos

El 25 de febrero de 2011 aparecieron muertos en una estación de gasolina. El reporte de inmediato lo dieron los medios de comunicación en la Ciudad de México. Legisladores se movilizaron a dar declaraciones de indignación y a ofrecer su ayuda. Otros activistas y políticos ayudaron a organizar de inmediato una conferencia de prensa. Las redes sociales fueron invadidas por mensajes de lamentos y coraje por unas horas. La noticia del asesinato de Malena Reyes, Elías Reyes y Luisa Ornelas se convertía en noticia nacional.

¿Por qué ahora sí aceptaron el aviso por parte de un activista en la misma mañana en que ocurrió el asesinato? ¿Por qué decidieron dar la noticia con tanta eficacia a nivel nacional? ¿Qué se pretendía concluir? ¿Cómo es que la radiodifusora MVS ahora sí tenía el reporte puntual de un suceso que ocurría en el mismo día, mientras que la noticia del secuestro tardó Aristegui dos semanas en darla?

¿Por qué los diarios, de prestigio nacional, omitieron el 14 de febrero las denuncias contra militares que hizo de viva voz Marisela Reyes, hermana de la activista asesinada? ¿Por qué los medios mexicanos no cubrieron el acoso de policías federales la madrugada del 13 de febrero frente a las instalaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), cuando en España y en EEUU se publicó al día siguiente? ¿Por qué el prestigiado diario mexicano La Jornada publicó sólo la versión del fiscal cómo versión única de los hechos cuando hubo denuncias de la familia Reyes en contra de éste? ¿Por qué el secuestro de los Reyes nunca fue una noticia de peso político, tratándose de una denuncia contra militares y en la ciudad catalogada por la ONU como la más peligrosa del mundo?

La familia Reyes ha vivido el suplicio de muchas familias en Ciudad Juárez. La diferencia de esta familia, si es que hay alguna con respecto a las demás, es que no ha dejado de denunciar. Cada uno de sus muertos ha sido una denuncia contra la militarización de la ciudad. Cada una de sus amenazas recibidas es una bandera de derechos humanos entre la población. Cada uno de los atropellos padecidos, le espetan al presidente Felipe Calderón, su guerra fallida contra el narcotráfico.

Así ha sido desde la llegada de los policías federales y militares a Ciudad Juárez. La población se ha reducido a una cuarta parte de lo que era antes del 2006. Su gente ha huido o la han matado. Como si se llevara a cabo una guerra de exterminio con el respaldo oficial.

Sus habitantes, hoy, apenas sobreviven en talleres de oficios, en empleos públicos, con hospitales saturados. Son víctimas de extorsiones por parte de servidores para cualquier trámite burocrático. Como es el caso de Infonavit, el organismo público de la vivienda, que a través de sus despachos de cobranza extorsiona a los trabajadores que están perdiendo sus casas, o ya las perdieron. La mayoría ha abandonado sus patrimonios por salvar a su familia. Y los que se han quedado, no tienen un trabajo bien remunerado o simplemente no tienen trabajo. Las pequeñas empresas han cerrado por la extorsión de delincuentes para darles seguridad privada. El tráfico de drogas sigue circulando entre los jóvenes y los profesionales para su paso a Estados Unidos. Y el miedo a los federales continúa.

Las Denuncias contra militares versan, según los reportes de Amnistía Internacional y el Centro Pro Derechos Humanos, desde violaciones sexuales a mujeres hasta desapariciones y tortura a jóvenes. En esto han convertido a Juárez. Una ciudad que tenía dos millones de habitantes y una vida intensa por su ubicación fronteriza con Estados Unidos. Hoy es un poblado abandonado, frío, militarizado. Le llaman la “Ciudad del Chapo”, en referencia al narcotraficante Joaquín Guzmán, privilegiado del combate selectivo del gobierno de Calderón.

Es este contexto, el que Josefina Reyes, daba cuenta en parte, después de la desaparición forzada de su hijo a manos de militares, Miguel Ángel Reyes, y de la muerte de otro, Julio César Reyes. Josefina llegó a realizar diversos actos públicos exigiendo a los militares la liberación de su hijo y denunciando violaciones de derechos humanos.

Las denuncias contra militares versan, según los reportes de Amnistía Internacional desde violaciones sexuales, desapariciones y tortura a jóvenes

En 2008, realizó una huelga de hambre frente la delegación de la (PGR), en el mismo lugar que ahora lo hiciera su madre para exigir la liberación de sus otros dos hijos y su nuera. En agosto de 2009, Josefina participó en el foro contra la Militarización y la Represión, organizado por el Frente Nacional Contra la Represión.A Josefina Reyes la mataron el 3 de enero de 2010, de un balazo en la cabeza. Según su hermana Marisela, en entrevista dijo que se la querían llevar los soldados, y al no dejarse, le dispararon en la cabeza. Una versión que se ha recogido oficialmente en los reportes de los organismos de derechos humanos, pero de la que no han hecho eco los medios nacionales mexicanos, ni tampoco ha sido desmentida por el Ejército.

DEspués fue su hermano Rubén, el 18 de agosto de este mismo año, quien había seguido la lucha en memoria de su hermana y sus sobrinos. El 7 de febrero de 2011, de nueva cuenta, la familia fue agredida. De acuerdo a las denuncias de Sara Salazar, a sus dos hijos y a su nuera “se los llevaron los soldados, unos hombres vestidos de soldados con capucha y armas largas”. Frente a ella y a su nieta de diez años, los amagaron, los bajaron de su camioneta y se los llevaron.

Ese mismo día, la noticia corrió por las redes sociales. Al día siguiente, se intensificaron los mensajes sobre el secuestro. Dos días después se publicó una escueta nota en un diario nacional. Grupos dentro de la red seguían paso a paso las noticias y los detalles.

La madrugada del domingo 13 de febrero, ya en el plantón de huelga de hambre, una treintena de policías salieron a intimidarlas haciendo ruido, golpeando el suelo con sus botas y sus armas. Las mujeres se asustaron, se tiraron al piso y luego corrieron al campamento. Una de las testigos dice que fueron sólo unos tres minutos, pero como si se hubiese detenido el tiempo. Después de eso, los policías explotaron en carcajadas y se retiraron. Nadie dio cuenta de ello, sólo otra vez fue Madrid y Los Ángeles, California, donde se difundió la información.

Tres días después, la entrevista de Marisela Reyes en el blog El menosprecio del siglo, hizo eco al repetir las palabras de su hermana: “A esto están acostumbrados estos cabrones, a desaparecer a la gente”, refiriéndose a los militares. Por la tarde, la casa de su madre, Sara Salazar, ardía en llamas. Y al día siguiente, la casa de otra activista pasaba la misma suerte. Se trataba de Malú García Andrade, hermana de una joven asesinada en el 2001.

A partir de ahí, 16 de febrero, la familia Reyes fue noticia nacional. La difusión de su secuestro cobró fuerza por los incendios de las casas. Sin embargo, en la red nunca se dejó de difundir la información y organizar manifestaciones en Ciudad Juárez, y después en la UNAM. Por diferentes grupos, había manera de saber lo que pasaba con esta familia.

Pero durante esos quince días que estuvieron secuestrados y que su familia seguía siendo acosada en el campamento, el peso político de la información sobre el despido de la periodista Carmen Aristegui, era superior en la Ciudad de México. Incluso, la Cámara de diputados había discutido este caso de supuesta censura, durante dos horas en tribuna. El secuestro de estas personas nunca ocupó ningún tiempo de los legisladores, mucho menos para ser un tema de debate público. Sólo la muerte de los Reyes, logró unas coronas de flores para el sepelio por parte de algunos diputados. Y el viernes, el lamento colectivo por unas horas de todo México.


Sobre esta noticia

Autor:
Guadalupe Lizárraga (28 noticias)
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Opinión
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