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La superpoblación y su incidencia en la calidad de vida

18/10/2010 17:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La población mundial era en 1970 de 4.000 millones de habitantes. Y ahora ya se alcanzó la cifra de 7.000 millones en nuestra única casa: el planeta Tierra

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

“¿Por qué no más gente exigiendo acción para poner fin a la explosión demográfica? ¿Por qué los periódicos no publican más artículos sobre demografía: cuántas personas existen en el mundo y cómo se hallan repartidas, las tasas de natalidad, de mortalidad y composición por edades? ¿Por qué no se enseña a todos los escolares la historia de la explosión demográfica, puesto que es la más importante, asombrosa y decisiva del siglo XX? ¿Por qué, incluso a los científicos como nosotros, acostumbrados a ocuparnos de temas relacionados con la población, los recursos y el medio ambiente, nos cuesta trabajo comprender que la habitabilidad de la Tierra se está deteriorando a pasos agigantados? ¿Por qué resulta tan difícil percibir las conexiones entre la presión demográfica y otros aspectos de la problemática humana?” (“La explosión demográfica. El principal problema ecológico”, Paul R. Ehrlich y Anne H. Ehrlich, Salvat Editores S.A.).

Este aciago paisaje que nos muestran con sus afirmaciones los autores estadounidenses fue “pintado” en 1993. Desde entonces, la situación se ha agravado.

La demografía es una disciplina generalmente desdeñada que, según los últimos datos certeros y verificables, asegura que la población mundial era en 1970 de 4.000 millones de habitantes. Y ahora ya se alcanzó la cifra de 7.000 millones en nuestra única casa: el planeta Tierra. Y para 2050, las proyecciones que se realizan en base a las tasas de crecimiento actuales, hablan de 9.000 millones de habitantes.

Ejemplos de este aparentemente indetenible incremento poblacional existen a raudales. Vale mencionar el caso de Egipto, que a comienzos de la década del setenta contaba con 17 millones de personas. Ahora el número de egipcios suma más de 71 millones. Imagínense un país en el que la única parte cultivable, fértil y productiva se encuentra en las márgenes del río Nilo ("Egipto es un don del Nilo") con semejante población...Esto ocasiona una serie de flagelos de difícil resolución para la nación del norte de África: exorbitante concentración de la población, acelerada urbanización, desocupación, ciudades atestadas, aglomeración, contaminación, en definitiva superpoblación.

Pensemos en Pakistán (India musulmana): 171 millones de habitantes, en una superficie no demasiado grande (803.000 kms2.), un emporio de improductividad y un muestrario de gente sin nada para hacer.

Esta situación cuenta con un agravante que explica el demógrafo Carl Haub: "La mayor concentración de los 1.200 millones de jóvenes en el mundo hoy—casi el 90 por ciento—se encuentra en los países en desarrollo. Ocho de cada 10 de estos jóvenes viven en África y Asia. Durante las próximas décadas, es muy probable que este grupo de jóvenes continúe la tendencia de trasladarse a vivir de zonas rurales a ciudades a la búsqueda de educación y oportunidades de capacitación, empleo remunerado y servicios de salud adecuados. Uno de los grandes interrogantes sociales de las próximas décadas consiste en saber si sus expectativas van a ser satisfechas".

Otro agravante radica en que de aquí a 2050 el mayor porcentaje de crecimiento poblacional se dará en los países pobres de Asia y África.

A mi entender y en lo que respecta a esta verdadera avalancha juvenil, cada país, cada gobierno, debe y deberá instrumentar todas las medidas que estén a su alcance para lograr insertar esa frondosa masa de individuos en los sistemas laboral, social y económico de sus respectivas naciones. Mientras tanto, la tarea más importante y urgente pasa por concienciar a los ciudadanos sobre la necesidad que existe de actuar con responsabilidad en la toma de decisión de traer un hijo al mundo. De las consecuencias que conlleva esa determinación para el niño por nacer y para el planeta en su totalidad, como hábitat de los seres humanos.

Demógrafos e investigadores de primer nivel en disciplinas que tienen que ver con lo ambiental han demostrado la incidencia del aumento constante del número de habitantes en el palpable desmejoramiento de las condiciones de vida en la Tierra. Esto debido a que los ecosistemas –que ya dan claras muestras de fatiga- son sometidos a sobrecargas cada vez mayores.

Como se puede observar, las visiones más pesimistas hablan de una realidad muy complicada para el futuro próximo: un planeta atestado de seres humanos, la mayoría muy jóvenes, sin empleo y sin forma de ganarse la vida. Condenados desde pequeños a habitar en los márgenes de las sociedades que les tocó en suerte.

En este escenario ciertamente poco alentador una premisa queda clara: los ciudadanos debemos ejercer nuestros derechos cívicos y peticionar, presionar, buscar, aspirar y soñar con organizaciones políticas, sociales y económicas más justas y equilibradas. Dada la situación, se hace más necesario que nunca repartir de mejor manera las riquezas que generamos los seres humanos. Se hace imperioso terminar con la brutal concentración económica, el desequilibrio y la injusticia en la distribución de los ingresos que lamentablemente se dan en la mayoría de las naciones. Pero mientras tanto, herramientas como la demografía, con sus estudios, estadísticas, proyecciones y recomendaciones, pueden ser muy útiles para revertir ese futuro impredecible que ya asoma.


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