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El sueño dorado de llegar a la administración pública…

25/03/2014 19:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En momentos como el que nos toca vivir y padecer, personas relevantes como el ex-presidente Adolfo Suárez es cuando desearíamos "recuperarlos". Políticos comprometidos, leales e incorruptibles es lo que necesitamos para emerger

Todo lo deseable en un buen político, es justamente lo contrario de la realidad con la que convivimos diariamente. En nuestra historia contemporánea solo contamos con un político que ha actuado acorde a los principios morales, éticos y humanos en bienestar de toda la sociedad. Lamentablemente lo hemos perdido, pero no por su reciente muerte, sino porque en su momento fue “lapidado” por la incomprensión y crucificado por pretender hacer bien su gestión.

Se llamó Adolfo Suarez, a él  y a su majestad el Rey Don Juan Carlos le debemos el paso a la democracia. Q.E.P.D. Don A. Suarez y desde aquí quiero darle las gracias por abrir un porvenir para nuestros hijos.

En estos días hemos escuchado, y visto diferentes imágenes sobre la vida política de este ilustre político, hemos oído discursos de diversos representantes gubernamentales encomiando la actuación, rectitud e idoneidad de Don Adolfo Suarez, de ella se han desprendido “deseos” de seguir sus “dimes y directes…” Me parece detestable que se aproveche el triste momento de su deceso para obtener intenciones de votos. Mucho menos cuando una de las características del expresidente fue la honestidad, el coraje, y la verdadera vocación de servicio hacia la ciudadanía. Una persona íntegra que no se llevó ni un céntimo que no le perteneciera y con una única ambición de poder: Buscar el bienestar de todo el pueblo….

 ¡Sobran las palabras si trasladamos a la actualidad las añoranzas del ayer!. Es lamentable que los políticos de la actualidad utilicen su posición privilegiada únicamente  para obtener beneficios personales

Mucho tiempo dedicamos en nuestro diario vivir a debatir sobre “política” y “políticos”. En la actualidad convivimos, podría decirse en un 90%  con temas derivados de la política local e internacional. ¿Por qué?, porque nos afectan directamente; porque se han transformado en “fenómenos feroces” capaces de devorarnos y aniquilarnos.

Estamos sumergidos en una profunda crisis, que nos ha empobrecido, nos ha marginado y amenaza seriamente con desterrarnos de la faz de la tierra a menos que hagamos algo para remediarlo. Pero esto no es cuestión de unos pocos, es algo que debemos hacer todos. No es únicamente este país, sino el mundo entero, por que lamentablemente en mayor o menor proporción esta escandalosa realidad involucra a la gran mayoría de los países del mundo.

Nuestras vidas, y nuestro futuro están en manos “inexpertas e ineptas” que nos han conducido por derroteros errados y minados, explotando en nuestras propias narices las nefastas consecuencias de su poca idoneidad.

Cuando cualquier persona aspira a un trabajo, a ocupar un cargo, se le exige determinado perfil, acorde a la función que pretende desempeñar. Debe presentar un curriculum donde queden reflejados sus conocimientos, sus estudios, sus titulaciones, así como sus habilidades personales y profesionales. Sin embargo ¿Quién se ocupa de este menester en la política? Para cualquier trabajo, por  básico que sea se exige como mínimo el graduado escolar, la ESO o educación secundaria obligatoria, sin embargo “existen” muchos políticos que carecen de ella… No es posible valorar a la ligera este detalle tan importante porque en el conjunto de esta “etnia” están en juego nuestras vidas.

¿Cómo sería o mejor dicho como debería ser el curriculum vitae de un buen político?.  A saber considero algunos factores de vital importancia en cuanto al perfil ideal de un político.

La “Transparencia”, es fundamental, y esta característica va de la mano con la lealtad y la legalidad. El compromiso social resulta indispensable para empalizarse con los sectores más necesitados. La consistencia no es una mera cualidad, es una necesidad indispensable para poder ejercer el cargo exitosamente o  no ser que no le importe perder credibilidad… algo que últimamente se ha puesto de moda, y que paradójicamente parece no importar mucho.

La racionalidad, es la aplicación de la lógica y la coherencia no solo en sus discursos, sino en su accionar. Es imprescindible que quienes aspiren a ocupar una “butaca” en el gobierno de cualquier país posean una visión a largo plazo, no se puede gobernar con metas a corto plazo, es necesario adelantarse al tiempo y a los acontecimientos.

Debe poseer la mente abierta a captar las buenas opiniones, con sensatez y asertividad a nuevos ideales. El nacionalismo es otro de los ingredientes que deben poseer quienes aspiren a ocupar un cargo tan relevante como lo es el escalafón político. Esto significa “velar” por todo aquello que atañe e involucra a todos los ciudadanos, en pro de su bienestar y de su futuro. Este es el verdadero sentir de la palabra nacionalismo, sin que prevalezcan intereses personales. Para todo ello resulta imprescindible que los “candidatos” cuenten con la preparación académica adecuada, una mente fresca, abierta a aceptar nuevas ideas, así como preservar los valores.

Por el bien de la humanidad es necesario encontrar personas responsables, éticas, morales y empáticas que tomen las riendas..

La solvencia moral constituye otro de los factores importantes en el buen saber y hacer de un funcionario;  debe ser transparente, sin dobleces e incorruptible. No se puede concebir bajo ningún concepto políticos que sean poseedores de múltiples moral. Tener la facultad de autocrítica, así como saber reconocer sus errores y rectificar a tiempo es de personas honradas y decentes, otra de las facetas deseables, así como la humildad en el trato cotidiano. La historia ha dado muestra de ello, a través de los años en personajes que han ocupado puestos relevantes como por ejemplo Nelson Mandela.

La sensatez, la cordura, el liderazgo son  tres ingredientes que no deben faltar a la hora de elegir un posible aspirante a político. Alguien que sea al mismo tiempo respetuoso de la Constitución, de las leyes y fundamentalmente que sea capaz de gobernar en DEMOCRACIA. Preservando siempre el cometido para el que ha sido electo.

Legislar con inteligencia, vocación de servicio y justicia, aplicando las leyes con empatía, respetando la escala de valores de las personas, así como la integridad física y moral de los ciudadanos. La solidaridad y la humanidad son factores preponderantes que jamás deberían quedar anclados en el trastero de las campañas electorales, son valores primordiales que deben prevalecer en todo momento. La ética debería salvaguardar siempre  todas sus actuaciones y directamente a una conducta recta e intachable a toda prueba. Para ello sería menester que demostraran su honorabilidad y que fueran honorarios, lo que les permitiría actuar a conciencia.

La conducta ética de los políticos es mucho más que una exigencia social, es una obligación y un apremio, al que deben adaptar su comportamiento público y privado munido a las normas éticas y morales para con toda la ciudadanía, especialmente dirigido a lo concerniente a la función que desempeñan.

El incumplimiento de las promesas electorales, así como el fraude a la hora de la utilización de los fondos públicos, están reñidos con lo deseable y con el compromiso asumido. La moral, y la rectitud de sus acciones definen perfectamente el comportamiento ético de nuestros representantes. La suntuosidad y el lujo del que la mayoría se rodea, a modo de halo protector debería esfumarse, pues no pertenecen a una “elite “ especial, sino que son ciudadanos igual al resto de la población del país.

Sin embargo nos encontramos con tramas enmarañadas, donde habita y radica la corrupción a todo nivel. El nepotismo, el tráfico de influencias y el recibir “recompensas” pecuniarias por determinados “favores”, debería ser castigado con todo el peso de la ley.

La existencia de un gobierno abierto y trasparente se torna imprescindible para poder salir del holocausto en el que nos encontramos. Nuestro cometido inmediato radica en lograr “identificar”  a aquellos políticos que no intenten “vendernos espejismos” y que se base en lo factible, viable realmente. Los políticos son personas, ciudadanos normales y corrientes, son seres humanos cuya transformación aparece en cuanto tienen contacto con “asuntos” públicos rentables, es en ese preciso instante es cuando pierde el sentido de la realidad, aumentando su ego, su soberbia y su ambición desmedida. Olvidándose así de su honorabilidad y preocupándose mucho más por sus “honorarios”.

La gran mayoría de los políticos actuales se convierten inmediatamente en mentirosos compulsivos, siendo el cinismo y la hipocresía su caballito de batalla. Suelen derretirse ante las cámaras de los medios de comunicación que ayudan a que éste se encumbre y se convierta en un instrumento mediático más popular que cualquier artista famoso. El ego se crece a tal extremo que en su fuero interno llega a sentirse inmune e incensurable. Por ilógico que esto pueda parecer este “detalle” no le incomoda, por el contrario disfruta de su notoriedad, le encanta sentirse protagonista absoluto de la gran obra teatral que ha puesto en escena. Usualmente se valen de todo tipo de artilugios para “seducir” a su basta audiencia, utilizando el descredito hacia los opositores como “arma” letal en pro de sus fines deshonestos. Todo este proceso conlleva muchas veces el descredito, pero como son tan hábiles, ésta es una situación momentánea, algo así como una gran grafica de pérdidas y ganancias, saben exactamente en qué momento “gatillar” para descargar la artillería pesada que los encumbre nuevamente. Como todo en esta vida son ciclos,   se acostumbran a usar tanto el amor como el odio, saben cómo encenderle una vela a Dios y otra al diablo…  Su verbo sigue el curso de sus pensamientos, pero ello no quiere decir que lo lleve a la práctica, muchas veces justifican sus acciones inculpando a otros para defender lo indefendible.

El político ideal radica en que persiga cometidos materiales que se tornen en florecientes realidades para “toda” la ciudadanía y no para unos pocos. Su conducta recta, su perseverancia en la concreción de los objetivos, anteponiendo sus propios intereses, es lo idóneo en el curriculun de los “perfiles de los buenos políticos.

La tarea principal de un pueblo culto, ilustrado y responsable es saber identificar a sus “presuntos” representantes. Un pueblo enfermo por las desdichas a los que nos han sometido se torna reacio y escéptico. Es imprescindible saltar los escollos y aspirar a la concreción de aquellas metas que involucren a todos con el pleno ejercicio democrático, obviando el despotismo, la tiranía y la opresión con que intentan dominarnos.

El candidato ideal que cumpla con las expectativas de la mayoría, para rescatarnos de la oscuridad es un hombre o mujer que sea capaz de aportar credibilidad, general confianza, alguien que sea honrado y honorable al mismo tiempo. Un candidato cuya ética y moral sea intachable e imperturbable, que posea una férrea personalidad carismática, pero que al mismo tiempo posea humildad, consenso, prudencia y sobre todo confianza en sí mismo.

¿Existe alguien así?, yo creería que sí, pero seguro que no se encuentra militando en las filas de ninguno de los partidos políticos actuales. España tuvo su momento en la persona de Adolfo Suarez, esperemos que seamos capaces de encontrar su clon, por el bien de todos.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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