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Subasta urgente de Catalunya Caixa

25/03/2012 10:13
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Viernes agitado para Adolf Todó y Jaume Massana, presidente y consejero delegado de Catalunya Caixa. Primero fue el hecho relevante que la entidad remitió a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) informando de que cerró el pasado ejercicio con pérdidas y que no podrá hacer frente a los intereses de participaciones preferentes y deuda subordinada que vencen mañana lunes, en manos de unos 35.000 inversores particulares.

Después, la entidad emitió un comunicado en el que defendía la necesidad de acelerar el proceso "competitivo de venta" para evitar más desgaste a la entidad y como la manera más rápida de asegurar el pago a los inversores que mañana no recibirán los intereses esperados. El FROB, el fondo público que desde octubre pasado controla casi el 90% del capital del banco, no tenía las cosas tan claras y se mostró contrario a ofrecer esa información. Y, finalmente, una conferencia telefónica con 150 directivos de la entidad para explicarles la situación.

El calendario de la venta de Catalunya Caixa está pendiente de una decisión del Gobierno. Y este, a su vez, de encontrar una manera de que las pérdidas que generen las subastas de la entidad catalana y las otras que deben producirse, Banco de Valencia o Nova Caixa Galicia, no repercutan sobre el déficit público español, el tema de moda en los mercados financieros mundiales. Es uno de los muchos dilemas que Elena Salgado, la anterior responsable de Economía, le dejó a Luis de Guindos. Precisamente, la adjudicación de la CAM al Sabadell provocó una agria polémica entre la vicepresidenta y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el aún gobernador del Banco de España. La primera, obsesionada con que las subastas no generasen pérdidas al FROB e incrementasen el desequilibrio de las cuentas públicas. El segundo, interesado en que no bloquear el proceso por falta de fondos.

El FROB se financia con los recursos del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) que nutren bancos y cajas. Tras adjudicar CCM (1.650 millones); CAM (5.250) y la más reciente de Unnim al BBVA (953), el Fondo se ha quedado prácticamente vacío, algo más de 2.000 millones. Y algunos bancos, muy quejosos por ser ellos los contribuyentes principales, temen que en caso de no ganar ninguna puja acaben financiando las operaciones de sus competidores.

Guindos debe escoger ahora, de vuelta de China y Singapur, el mecanismo que financiará la concentración financiera española. Sin esa decisión no hay subastas posibles. Y en estas, Catalunya Caixa está apremiando para que su venta se acelere al máximo.

Los responsables de la entidad explicaron al FROB, cuando este tomó el 90% del capital, que la losa inmobiliaria los llevaba hacia las pérdidas y que lo mejor era acelerar la subasta. La posibilidad de enfrentarse a los números rojos se convirtió en certeza cuando el nuevo Gobierno aprobó en febrero el decreto de reforma que obliga a bancos y cajas a realizar dotaciones extraordinarias, que se suman a unos requisitos superiores, fijados con anterioridad, para las entidades que no cotizan en bolsa, como es el caso de Catalunya Caixa.

Desde ese momento, los esfuerzos de Todó y Massana se centraron en convencer a su nuevo accionista y al Banco de España de que había que acelerar la operación de venta. Tanto porque el deterioro de la imagen de la entidad podía ir en aumento como por la propia evolución económica general, con España abocada a una recesión intensa.

En el pasado verano, justo antes de la entrada del FROB en el capital, los dos ejecutivos habían sondeado, a través del banco de inversión Goldman Sachs, posibles inversores internacionales interesados. Sin éxito. "En todos los casos, los posibles compradores descartaban cualquier operación que no contara con una garantía contra pérdidas futuras de la cartera crediticia", señala una fuente. Se trata del llamado esquema de protección de activos (EPA), que ya se ha aplicado en las anteriores subastas y que cubre hasta el 80% de las pérdidas por impagados durante varios años. Y esto sólo puede hacerse con dinero público o del Fondo de bancos y cajas.

Pero, además, los dos ejecutivos de Catalunya Caixa temen que si su operación se deja para más adelante, no queden fondos disponibles y todo acabe como el rosario de la aurora. El banco catalán ha recibido 3.000 millones de euros del FROB, y si su venta se produce al mismo precio que Unnim, 1 euro, toda esa cantidad se convertirá en pérdidas que deberán cubrirse, además de la aportación de recursos adicionales que pueda pedir el comprador.

Hay quien opina que lo mejor sería aplazar la venta, dar patadas hacia delante, en lugar de acelerarla, como están haciendo los gallegos con Caja Galicia, o, a otro nivel, Rodrigo Rato en Caja Madrid, para que al final les encuentren una solución a medida. Pero, de momento, en Catalunya Caixa ya están en número rojos y prefieren evitar mayores turbulencias. Por eso esperan que esta semana se ponga en marcha el proceso.

Fuente: Lavanguardia

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