Stradivarius: los secretos del histórico violín siguen sin descubrirse. Un viaje a Cremona

Sin embargo la fabricación o el artesanado de estos instrumentos se llaman en castellano “luteria”, quizás porque “lute” designaba el laúd.
De acuerdo con su reputación, la calidad del sonido ha desafiado los intentos de explicarla o de reproducirla, aunque se ha disputado y la diatriba continúa. Cremona fue, en origen, un campamento de las legiones romanas, y su historia se remonta a hace más de 2.200 años. Hoy los visitantes no encuentran pubs cada treinta metros, sino pequeños talleres. Y los procedimientos que se utilizaban hace mil años para la fabricación de instrumentos de cuerda están todavía allí. En un punto destacado de la Plaza de Roma, los visitantes encuentran en seguida el monumento de stradivarius. Y allí cerca, en la plaza Cavour, está la estatua de Claudio Monteverdi, autor de la ópera “Orfeo”, en 1607, considerado el primer maestro de la ópera.
Las estatuas -si es que oyen- se encuentran con los melódicos sonidos de las cuerdas con el áspero ruido de las herramientas de metal que transforman la madera en instrumentos. No lejos de la estatua de Monteverdi se halla la Escuela Internacional de Luteria “Antonio Stradivari”. Los alumnos, de todas las nacionalidades y orígenes (Singapur, Italia, Bulgaria, Colombia, Guayana)… quizás sepan que se inauguró en 1938, por el esfuerzo de Roberto Farinacci, el más prominente personaje del régimen del dictador Benito Mussolini, que encabezaba un esfuerzo internacional de la época para honrar el 200 aniversario de la muerte de Stradivarius. El fascista Farinacci era de Cremona.
Antonio Stradivari era hijo de Alessandro Stradivari y Anna Moroni. Entre los años 1667 y 1679 fue probablemente aprendiz en el taller de Niccolò Amati. Una placa lo recuerda aún hoy.
En 1683 se instaló por su cuenta en la Piazza San Domenico de Cremona, en el mismo edificio que su maestro, y pronto adquirió fama como creador de instrumentos musicales. Comenzó a mostrar originalidad y a hacer alteraciones en los modelos de violín de Amati. El arco fue mejorado, los espesores de la madera calculados más exactamente, el barniz más coloreado y la construcción del mástil mejorada.

Además de violines, Stradivarius hizo arpas, guitarras, violas y violoncellos, más de 1.100 instrumentos en total, según estimaciones recientes, de los cuales, cerca de 650 se conservan hoy.
Antonius Stradivarius murió en Cremona el 18 de diciembre de 1737, y fue sepultado en esa misma ciudad.
Sus instrumentos son reconocidos entre los más bellos creados, son de alto precio, y todavía son utilizados por intérpretes profesionales. Únicamente otro “luthier”, Giuseppe Guarneri, inspira el mismo respeto entre los violinistas.
Las técnicas de stradivarius han sido debatidas, discutidas y comprendidas o no por artesanos y modernos y artistas e incluso criticadas por científicos modernos. ¿Cuál es el secreto de ese sonido casi divino? Para algunos diletantes, el secreto de Stradivarius está en el barniz “bianca” o una mezcla de Goma arábica, miel y clara de huevo. Para otros, el mérito está en el tallado de la madera y la clase elegida: maple (arce), abeto, sauce. El encontrarla es difícil hoy, pero una vez hallada hay que saber envejecerla y no se pueden esperar doscientos años y los que afirman que la han tenido ocho años, lo probable es que la hayan envejecido en dos. Esta madera se trata según las diferentes “escuelas” con diversas clases de minerales, incluyendo “borax” (borato de potasio). Hay que tener en cuenta que el propio Stradivarius
confeccionó sus instrumentos usando sus propios métodos no como los “copistas” franceses, como Vuillaume, que empleaban técnicas totalmente diferentes. Además a lo largo de su vida stradivarius experimentó con muchos materiales; a veces con los únicos que tenía a mano.
Un “Stradivarius” hecho en 1680 durante el periodo que se llama “long pattern” (1690 a 1700), podría valer cientos de millones de dólares.
El 6 de mayo de 2006 Christie's subastó un violín Stradivarius llamado "Hammer" por el precio récord de 3.544.000 dólares, la mayor suma pagada por un instrumento musical hasta entonces. Fue adquirido por teléfono por un comprador anónimo. El récord previo en una subasta por un Stradivarius estaba situada en 2.032.000 dólares, por el "Lady Tennant", en Christie's, Nueva York, en abril de 2005.
Pero el Stradivarius “Moltor” que según la leyenda perteneció a Napoleón Bonaparte (en realidad era propiedad del General Gabriel Jean Joseph Moltor). Se vendió por $3, 800, 000 en 2010 en la subasta Tarisio y de hecho batió por no mucho el record mundial.
Sus instrumentos son reconocidos entre los más bellos creados, son de alto precio, y todavía son utilizados por intérpretes profesionales
Los instrumentos de la época del “periodo de oro” del maestro, 1700-1725, hoy casi nadie dispondría de dinero para pagar sólo por uno de estos instrumentos.
En 2011, su violin "Lady Blunt" de 1721, en principio costó en las Subastas Tarisio 9.8 millones de libras. (Fue bautizado así en honor de la nieta de Lord Byron, Lady Anne Blunt, que lo guardó durante 30 años. Últimamente lo vendió en 15, 9 millones de dólares la “Nippon Music Foundation” en favor de los damnificados del tsunami y terremoto de Japón.
Actualmente, el récord lo tiene el violín "Vieuxtemps Guarneri", de Giusseppe Guarneri, vendido por 18 millones de dólares.
Otro famoso Stradivarius es el "Davidoff", un violoncello, actualmente propiedad de Yo-Yo Ma, y el "Duport", violoncello propiedad de Mstislav Rostropóvich. El violín "Soil", de 1714, propiedad del virtuoso Itzhak Perlman, está considerado entre los mejores de los Stradivarius como el "Condesa Poulignac", utilizado por Gil Shaham.

Hay sólo tres colecciones de Stradivarius de acceso público: la del Patrimonio Nacional de España (llamada Stradivarius Palatinos), que incluye tres violines, dos violoncellos y una viola, exhibidos en las Salas de Música de la Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid, y la colección de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington, que contiene tres violines, una viola y un violoncello. La Orquesta sinfónica de Nueva Jersey tiene la mayor cantidad de Stradivarius en su sección de cuerdas, adquiridos a la colección Herbert Axelrod en 2006.
El Museo Nacional de Música de Vermillion, Dakota del Sur, tiene en su colección una de las dos guitarras conocidas de Stradivari, una de las once violas da gamba (más tarde modificada en forma de violoncello), una mandolina y un violín.
Una hipótesis sobre la calidad de los instrumentos creados por Stradivarius sugiere que el clima puede haber sido un factor importante en el extraordinario sonido que poseen. Durante las épocas de frío extremo, los anillos de crecimiento de los árboles son más angostos, están más juntos y la madera tiene mayor densidad. El "mínimo de Maunder" fue un período de frío entre 1645 y 1715 que afectó a Europa, mientras se talaba la madera que Stradivarius habría de utilizar. Así, sin dejar de lado la extraordinaria calidad del trabajo de Stradivarius, se piensa que la singularidad del timbre de estos instrumentos puede tener su origen también en el uso de madera perteneciente a un período climático especial.
Otra singularidad de los instrumentos de Antonius Stradivarius es su composición. Sus instrumentos se someten a estudio, tanto de forma, sonoridad, etc. Hoy día, es posible obtener violines de excelente calidad; sin embargo aún no se ha conseguido reproducir fielmente un violín de Stradivarius. Cierto y sabido es que el violín debe "madurar su madera"; esto es, que la madera "esté viva", y cuanto más vieja más curtida estará (mejor aún si el instrumento lo hemos estado usando). De hecho, el que un instrumento antiguo suene como lo hace se debe en gran parte a su edad. De todas formas, y como se recalca, si ésta fuera la fórmula para confeccionar un "instrumento perfecto", actualmente lo tendríamos.
Todos y cada uno de los materiales, madera, pinturas, etc., que Stradivari usó pertenecen a la región de Cremona, su hogar de origen. Cuando se está terminando el instrumento -como hemos dicho- el barniz con el que cubre la madera es muy importante, debido a la transpiración de ésta. Y ése es uno de los misterios del luthier de hoy: la fórmula de su barniz. Se conoce la mayor parte de los componentes de su barniz; y en esto hay también “escuelas”, que guardan sus fórmulas y secretos en cada uno de los talleres de Cremona.
Se cree que este componente es orgánico; por ello muchos desisten en buscarlo, pues se afirma que quizá el riachuelo cerca de su lugar de trabajo, en el que el luthier lavó sus herramientas, quedando en ellas dicha sustancia, es su secreto. ¿Quién lo sabe? Quizá se trate de alguna resina de una especie endémica, que nadie conoce. La cuestión es que ese componente continúa sin descubrirse, el último de una larga fórmula que, de ser revelada, podría acercar al luthier mucho más para crear el maravilloso sonido del violín italiano.
La Escuela de Cremona aún con la crisis, continúa funcionando. En 1970 estuvo a punto de cerrarse, pero su futuro fue garantizado por el industrial suizo Walter Stauffer, que adquirió el palacio donde está ubicada la escuela en la calle Garibaldi, nº 178. Es un palacio del siglo XV, a poca distancia de los mojones de Cremos. Cada instrumento requiere más de 200 horas de trabajo. Los cursos duran cuatro años. Para muchos eso quizás sea preferible a ir a una Escuela de Fútbol del Real Madrid.

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