Stanford White y la Giralda coronó Nueva York

Llegó a ser uno de los más prestigiosos arquitectos de la Edad Dorada americana (denominación acuñada por Mark Twain al publicar la novela "The Gilded Age" en 1873) periodo que va desde el final de la guerra civil hasta la Primera Guerra Mundial, en la que el esplendor, la paz y la prosperidad reinaba en Estados Unidos. La emergente industria americana, sin impuestos agobiantes hacía que los millonarios floreciesen, exhibiendo ante todo el mundo sus inmensas fortunas. Las mansiones de John D. Rochefeller, J.P. Morgan y Andrew Carnegie aun se levantan como vetustos pavos reales a lo largo de la Quinta Avenida de Nueva York, rindiendo silente tributo a un pasado que tras el paso del tiempo se muestra imponente y descolorido.
El estilo de vida se reflejaba en el diseño de los edificios de la época, copiando los modelos clásicos europeos y dándole ese toque de ecléctica suntuosidad que tanto gusta a los americanos, y que terminó con la llegada en los años treinta de los grandes maestros de la arquitectura europea. Stanford White no escapaba a este estilo, y los edificios que se pueden aun ver en Nueva York, que salieron de su estudio, reflejan perfectamente, este estilo. En este contexto es donde se enclava una historia de lujo y tragedia, con la exótica y desconocida pincelada que supone ver en el corazón de la gran manzana, el alminar almohade construido por los alarifes Ahmad ibn Basso y Alí Al-Gumari y que preside desde el siglo XII la perspectiva de Sevilla, incluyendo el remate renacentista con el que Hernán Ruiz la realzó en 1558: la Torre de la Giralda
Pues si, para pasmo de los viandantes, una réplica, casi exacta de la Giralda se erigió durante treinta y cinco años, entre 1890 y 1925, en la esquina que forma el extremo noreste de la Madison Avenue con la calle 26, formando parte del conocidísimo Templo de la Diversión neoyorquino, en la reforma que Stanford White hiciera del original, inaugurado en 1879, y famoso por los combates de boxeo del legendario Jack Dempsey. White diseño el nuevo Madison Square Garden con un salón de conciertos, un teatro, un gran jardín en la cubierta y la famosa torre, copia de la Giralda, coronada, a modo de Giraldillo, con una estatua desnuda de la diosa Diana. Esta es la historia de un arquitecto que lo tuvo todo, y que murió trágicamente en la plenitud de la vida, tal como refleja la película Ragtime (Milos Forman, 1981).
Desde que nació, el 9 de noviembre de 1853 hijo de un conocido ensayista especialista en Shakespeare, Richard Grant White, Stanford White lo tuvo todo. Se educó en los colegios de Nueva York, a los diecinueva años fue aprendiz en el estudio de arquitectura Gambrill & Richardson, en dónde rápidamente llegó a ser el primer ayudande de Henry Hobson Richardson, el mejor arquitecto americano del momento. En 1878 embarcó para pasar en Europa año y medio, y a su regreso se asoció con Charles Folled McKim y William Rutherford, fundando Mckim, Mead & White, estudio que llegó a ser el más importante de los Estados Unidos. Su carrera era brillante y plena de reconocimiento, diseñaba todo tipo de edificios desde casas veraniegas para los Astor o los Vanderbilt, hasta formidables estructuras como el Arco de Washington Square, el edificio Herald o el propio Madison Square Garden.
Pero Stanford White tenía una cara oculta, una sórdida y oscura cara oculta
White tenía una doble vida: a los ojos de su esposa Bessie era un marido ejemplar y un arquitecto de éxito, pero en otros momentos, a los que ella prefería cerrar los ojos, se sumía en el libertinaje más mezquino. Y todo eso tenía lugar, precisamente en la Torre de la Giralda, en un duplex que ocupaba la última planta del edificio, tenían lugar las orgías de sexo y champán más escandalosas de la ciudad, como a menudo se encargaban de redordad las primeras páginas de los tabloides. Había instalado en este apartamento, bajo un techo dorado un famoso columpio de terciopelo rojo, y que fue ocupado por los núbiles y dispuestos cuerpos de innumerables chicas. Una de ellas fue Evelyn Nesbit, corista del Madison Square Garden, la que a la postre, aunque injusta e indirectamente, fue la causante de su trágico final.
El romance, de comienzo oscuro (me echó “algo” en la copa de champán, decía Evelyn), tuvo lugar hasta que White se cansó de ella, aunque su separación fue amistosa. Tras la separación, Nesbit se casó con el multimillonario heredero de ferrocarriles e industrias mineras, Henry “Harry” Kendall Tahw, quien la conquistó a golpe de regalos y de delicada insistencia. Pero Thaw era en realidad un sádico y un psicópata, amigo de usar el látigo, y ya en la propia noche de bodas, a golpes, hizo que Nesbit confesara su anterior relación con el arquitecto. Thaw, juro vengarse de quien había “ultrajado” a su esposa. Lo hizo la noche del 25 de junio de 1906, en el estreno de la revista musical Mamz’elle Champagne, Thaw se acercó a la mesa de White, y sacando un revólver que llevaba oculto bajo el grueso gabán, le descerrajó tres disparos a bocajarro que le dieron en la cabeza y en la cara. White se desplómo, exánime, al instante. El destino le deparaba un final irónico: morir en el edificio que el mismo había proyectado.
El Juicio de Thaw fue escandaloso, después de la segunda vista, y de vivir a cuerpo de rey en la prisión de Tombs, con comidas traidas diariamente del restaurante Delmonico’s, el jurado le declaró inocente. Era la primera vez que en Estados Unidos se admitía como eximente la locura transitoria, hecho que marcó un hito en la historia legal de aquel pais. Thaw, se divorció enseguida de Evelyn, quien volvió a trabajar como corista, ¡ganando 3.500 dólares semanales! Murió con 81 años y, anciana, solía decir que no había sido tan afortunada como Stanny. Thaw publicó en 1926 El Traidor, libro en el que trataba de justificar su asesinato; murió a los 76 años.
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Sobre esta noticia
Autor: Lino C. Perez Fernandez (11 noticias)
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