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La Solemne Promesa más olvidada por los Recién Casados

25/03/2011 22:29 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Te prometo serte fiel, amarte y respetarte, en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y adversidad, en las buenas y en las malas..... hasta que la muerte nos separe". Y antes del año muchas parejas ya están solicitando el divorcio

Los motivos que presentan los matrimonios son los siguientes:

1. Incompatibilidad de caracteres. Se supone que durante el periodo de noviazgo los futuros contrayentes ya se conocieron a fondo, ya detectaron sus defectos y virtudes, la existencia de un verdadero amor desinteresado, el cariño, la comprensión, la buena comunicación, a tal grado que encontraron a su pareja ideal, su media naranja, su alma gemela, para tomar la firme decisión de unirse en matrimonio ... hasta que la muerte los separe. Algunas parejas conviven durante un año como marido y esposa, practicando el sexo, asumiendo toda responsabilidad, antes de dar el importante y trascendente paso que los conduce hacia el casamiento formal.

2. Infidelidad. De cada 10 matrimonios que se separan, 2 se divorcian por incompatibilidad de caracteres y 8 por infidelidad; de estos 8, 6 la infidelidad la comete el hombre y 2, la mujer. Muchos opinan que cometieron infidelidad porque se les acabó el amor. Otros que porque les llegó otro amor más fuerte que el primero. Muchos más que porque la tentación los dominó.

Cualesquiera que sea el motivo del rompimiento, la verdad es que se olvidaron de aquella solemne promesa que se hicieron frente al altar: "Te prometo serte fiel, amarte y respetarte, etc., hasta que la muerte nos separe".

Los sanos fines del matrimonio son: convivir en pareja, conformar un hogar, tener hijos, mantenerlos, educarlos, conocer a los nietos, bisnietos, etc., fomentar la unidad, apoyar en el progreso de los integrantes de la familia, permanecer juntos ... hasta que la muerte los separe.

Sin embargo, hay parejas que se casan por conveniencia económica, social, cultural, etc., mas no por amor, no para cumplir con los sanos fines matrimoniales, sino para satisfacer sus deseos personales, obedeciendo en muchos casos con la voluntad de los padres, para fortalecer el nivel económico de las familias, para obtener la ciudadanía, etc.

La mayoría de los recién casados cumplen con todas las responsabilidades y llegan al final de sus días satisfechos de haber formado una bonita y gran familia, siguiendo el ejemplo de los antepasados, sin embargo, es un gran porcentaje que no cumple y al poco tiempo se divorcian, dejando incluso a los hijos en el total abandono, o medio protegiéndolos con una raquítica pensión alimenticia. Esto ya preocupa a la sociedad y busca la forma de orientar y ayudar a que exista una reconciliación en las parejas que pretenden divorciarse. Poco se ha logrado al respecto.

Los defectos y virtudes de la pareja deben detectarse durante el noviazgo, antes de casarse, no después, para no tener que hacer uso del divorcio

Es muy cierto que vivir en pareja es difícil, porque se descubren defectos que no se detectaron en el periodo de noviazgo, porque se deja de fabricar el amor que una vez se prodigaron cuando novios o recién casados.

No es que el amor se acabe. El amor se fabrica o deja de fabricar, conforme a la decisión de la pareja. También es verdad que el acta de matrimonio no es sinónimo ni significa factura de propiedad. Cuando no existe la afinidad, la buena compañía, el entendimiento mutuo, el amor sincero, bien correspondido, la pareja tiene que separarse y por consecuencia, obtener el divorcio, que para estos casos fue instituído, legalizado, ya que no se puede vivir bajo el mismo techo como perros y gatos, peleándose a diario.

El divorcio es preferible antes que llegar a la agresión verbal, a la falta de respeto, a la agresión física, que en ocasiones han provocado la muerte de uno o varios de los integrantes de la familia.

Cada ser humano nace dotado de un libre albedrío: es libre de ser, de pensar, de sentir, de hablar, de amar, de decidir, de actuar, etc., conforme a su criterio. A través del matrimonio se ha pretendido controlar este libre albedrío, pero éste priva por sobre todas las cosas. No se puede coartar la libertad individual. El respeto de la privacidad, del tiempo, del espacio, personal, es importante para la buena convivencia de una pareja.

Cuando se pisotea, se priva, o se pretende controlar cada paso, cada minuto, por parte de uno de los integrantes del matrimonio sobre el otro, comienzan los problemas, las desaveniencias, las situaciones conflictivas e irremediablemente, el divorcio.

Existen parejas que a pesar de no estar legalmente casados, practicando la unión libre, conviven mejor que los que sí lo están, forman una bonita pareja, tienen hijos, un hogar, viven felices. Entonces la buena relación de pareja no depende de un papel firmado, de una solemne promesa, simplemente de la buena comunicación, el apoyo mutuo, el amor sincero, desinteresado, de la fidelidad, lealtad y de la responsabilidad que mutuamente desempeñan, cumpliendo cada uno con el papel que le corresponde.

Por otro lado, existen parejas que viven en unión libre o casados, pero que se disgustan a cada rato, se agreden verbal y físicamente, se separan por cortos períodos y luego vuelven a juntarse, es su modus vivendi, al parecer del tipo masoquista, son pocas este tipo de parejas, pero de que las hay, las hay, valga la redundancia.

La solemne promesa matrimonial se está olvidando en muchas parejas que solicitan el divorcio y no buscan la reconciliación para cumplirla


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Consejero Espiritual (12 noticias)
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Daniel (30/01/2012)

promesa que muchos la hacen sin meditar realmente en su profundidad...