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El sol no sale en Japón, los fantasmas nucleares de ayer se pasean. Fallo total de la prevención oriental de grandes desastres

14/03/2011 19:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El antes y después resume la historia de Japón: antes de una dinastía, antes de Hiroshima... Hoy hay otro antes: el tsunami de marzo 2011. En este reportaje un resumen de los últimos hechos

El ejemplo recurrente para denunciar el progreso científico es adjudicarle su incapacidad de predecir los terremotos. Es verdad que a la fecha no hay ningún mecanismo acertado que pueda alertar con precisión cuándo y dónde ocurrirá un terremoto.

Los estudios científicos en esta temática proliferan desde diversas disciplinas. Todavía se está lejos de la solución. La sismología es una ciencia muy joven, de apenas siglo y medio. La civilización existe con permiso de la Tierra y ésta no ha dado permiso ni esta vez, ni en Haití, ni en 1964, en Chile. En parte es culpa del hombre. Las ondas sísmicas son la huella dactilar del corazón terrestre y los científicos no conocen siquiera la dactilografía de los seísmos y menos en la forma del maremoto, hoy tsunami.

Por el momento, los investigadores son capaces de predecir un seísmo en un lugar determinado pero a largo plazo. Por ejemplo, se sabe que en los próximos 30 años California padecerá un terremoto de 8 puntos en la escala de Richter. Esto se conoce porque sí se puede medir la cantidad de presión acumulada en el roce de las capas tectónicas. Pero no se sabe con precisión cuando se liberará de golpe esa presión.

Los terremotos no avisan, se comportan de forma caótica e intervienen muchas variables. Antes de un seísmo suceden muchos fenómenos, pero no siempre se dan todos. A su vez, es imposible medirlos todos al mismo tiempo y en todos los sitios de la Tierra.

La interacción de los animales en todos los fenómenos naturales la consideran los científicos como folklore o leyendas urbanas

Mientras tanto, los científicos incursionan en el desarrollo de técnicas predictivas muy diversas: comportamiento de animales muy a la ligera y de forma errática, imágenes de radar, alteraciones en la ionosfera y escapes de gases en las rocas.

Los estudios con animales como pitonisas de seísmos son variados. Los hay sobre hormigas rojas y elefantes. Otros investigadores apuntan al sapo común. Al parecer esta especie huye días antes de que ocurra el seísmo.

Científicos de la Universidad Abierta del Reino Unido descubrieron que una población de sapos abandonó su colonia cinco días antes del terremoto que azotó a L’Aquila (Italia) el 6 de abril de 2009.

La ciudad de L'Aquila está a unos 95 kilómetros al noreste de Roma, el seísmo fue de magnitud 6, 3.

Al parecer, los sapos podrían detectar ciertas claves presísmicas como la liberación de gases y partículas cargadas.

Un despacho de la BBC fue el que nos dio a Diáspora la pista de la importancia de los animales, y fue publicado por la BBC News a las pocas horas del tsunami de Japón. Esa es la clave del futuro.

El sapo común (Bufo bufo) parece ser capaz de detectar un terremoto inminente y huye de su colonia días antes de que ocurra la actividad sísmica.

No se sabe cómo los animales pudieron detectar la actividad sísmica, pero la mayoría de los machos huyó del sitio ubicado a 74 kilómetros del epicentro del terremoto, afirmaron los investigadores en el Journal of Zoology, la revista de la Sociedad Zoológica de Londres.

Según los científicos es difícil poder cuantificar de forma objetiva cómo los animales responden a un terremoto, en parte porque la actividad sísmica es rara e impredecible… para el hombre.

La doctora Rachel Grant, la bióloga que dirigió el estudio, había estado estudiando de forma rutinaria la conducta de varias colonias de sapos comunes en Italia cuando el enorme terremoto azotó la región.

Sus estudios incluyeron un período de 29 días de recolección de datos antes, durante y después del terremoto ocurrido el 6 de abril de 2009.

La Dra. Rachel Grant estudia los sapos

La doctora Grant estaba estudiando a los sapos del Lago San Ruffino en el centro del país cuando se dio cuenta de que los animales se estaban comportando de forma extraña.

Cinco días antes del terremoto, el 96% de los sapos machos en la colonia desaparecieron.

Esto, explica la investigadora, es algo inusual ya que una vez que se aparean los machos suelen permanecer activos en el sitio de reproducción hasta que termina el desove.

Sin embargo, el desove ni siquiera había comenzado en el Lago San Ruffino cuando sucedió el seísmo.

Además, tres días antes del terremoto el número de parejas de crianza también disminuyó súbitamente a cero.

Aunque se encontraron huevas en la colonia seis días antes del terremoto y también seis días después del suceso, no hubo desove durante el llamado período de terremoto, el tiempo desde el primer seísmo principal hasta la última réplica.

"Nuestro estudio es el primero que documenta la conducta animal antes, durante y después de un terremoto", afirma la doctora Grant.

La investigadora cree que los sapos huyeron a tierras más altas, posiblemente donde sintieron menos riesgo de caída de rocas, deslizamiento de tierra o inundaciones.

Quizás estos animales son capaces de detectar los cambios en la atmósfera. Los científicos no saben con claridad cómo los sapos pueden detectar la actividad sísmica.

El cambio en la conducta de los animales coincidió con alteraciones en la ionosfera, la capa electromagnética superior de la atmósfera de la Tierra, que los científicos detectaron durante el terremoto de L'Aquila utilizando una técnica conocida como sonoridad de muy baja frecuencia (VLF).

Estos cambios en la atmósfera ya han sido vinculados por algunos científicos con la liberación de gas radón, u ondas de gravedad, antes de un seísmo. En el caso del terremoto de L'Aquila, la doctora Grant no ha logrado determinar qué causó las alteraciones en la ionosfera.

Sin embargo, su estudio revela que los sapos sí son capaces de detectar algo.

El gas radón, la partícula nuclear desconocida y las nuevas ideas de la NASA

La liberación del gas radón es la clave de un dispositivo desarrollado por investigadores de México. La teoría que vincula el radón a los seísmos es vieja y polémica. Algunos científicos creen que es un dato clave en los seísmos, otros, en cambio, entienden que no siempre que se libera radón ocurre un temblor y viceversa.

Ya hay detectores de radón que se utilizan para otras tareas, pero son muy costosos. El desarrollo mexicano no cuesta más de 132 millones de dólares. Vladimir Peskov, miembro del equipo, quiere instalar una red de estos dispositivos para probar la teoría del radón.

Por su parte, investigadores de la Nasa han desarrollado una nueva tecnología de imágenes que algún día podría llevar a la predicción de terremotos. Este desarrollo les permitió ver imágenes aéreas de terremotos en el suelo por primera vez.

A partir de estas imágenes, la idea es generar un modelo predictivo como sucede con las imágenes satelitales para anticipar fenómenos meteorológicos. Para los seísmos, la Nasa utiliza imágenes del interferograma, un registro fotográfico de los patrones de interferencia de luz. Al comparar imágenes antes y después del terremoto se ven diferencias que reflejan el movimiento sísmico.

“Estamos muy confiados en que podemos mejorar los mapas de riesgo actuales, que tienen pronósticos de 30 años, a pronósticos de 5 a 10 años. Y si tienes eso, puedes empezar a determinar cuándo modernizas los edificios y puentes y diques y represas, para que sean más seguros en caso de terremoto”, dice Andrea Donnella, especialista en geología de la Nasa.

En tanto, recientemente, investigadores taiwaneses vincularon los movimientos en la ionosfera con los terremotos y tsunamis.

“Un movimiento sísmico de ocho metros en la tierra se traduce en una vibración de 80 kilómetros de la ionosfera, lo que permite detectar con una hora y media de anterioridad un maremoto”, aseguraron los investigadores en su publicación en la revista Journal of Geophysical Research.

Lo que sí se conoce bien son las zonas de riesgo sísmico. Con esta información es posible elaborar mejores planes de alerta y evacuación de las áreas con peligro y construir edificios más resistentes, medidas que ya han mostrado su eficacia para reducir el número de víctimas.

La prevención de los terremotos tsunamis necesita renovarse o… moriremos todos

“No se conocen con precisión los parámetros que interactúan para originar un terremoto y cuándo se va a romper la roca para liberar esa energía”, explica un famoso investigador.

La comunidad internacional y sobe todo las grandes regiones en peligro permanente necesitan un nuevo sistema de alerta temprana de tsunamis, valorizado en lo que sea, diseñado por los mejores expertos del mundo. La inacción resulta incomprensible ante las amenazas potenciales que se ciernen sobre los litorales y revela miopía de quienes deben aplicar una medida de prevención urgente que todos los países vulnerables deben exigir.

Los terremotos no se pueden predecir, pero los tsunamis de alguna manera sí pueden enfrentarse con una nueva red sísmica de comunicación satelital que, por lo menos, permita alertar a las zonas costeras sobre el desplazamiento de las grandes masas de agua que suele desencadenar ese tipo de fenómenos. Luego hablaremos de la NASA.

Vista la última catástrofe del Pacífico, no hay justificación para que los gobiernos no actúen de inmediato o siga postergando el financiamiento. Si Japón hubiera contado con un sistema más sofisticado, los daños podían haber sido probablemente menores. Las estimaciones de la policía cifran en 10.000 los muertos y 600.000 los desplazados y en Indonesia, los científicos dijeron se pudo mitigar la cifra de 230.000 muertes que dejó el tsunami en 2004, si el gobierno hubiera atendido el pedido de los científicos para instalar un sistema de alarma que casi nadie tiene.

La prevención es distinta de la predicción. Esta vez fallaron ambos. Los edificios antisísmicos aguantaron pero hay miles de muertos sin enterrar. En nuestro próximo reportaje el quiz del problema

Evidentemente, los países no se caracterizan por tomar medidas preventivas. Muchas familias siguen viviendo en zonas riesgosas, mientras las autoridades se cruzan de brazos ante la negligencia.

En este caso, estamos ante una de las alertas más importantes de los últimos años: los países en riesgo deben contar con una red propia de alerta satelital de tsunamis.

Después del terremoto y un tsunami devastador, Japón redobla el estado de alerta por la amenaza nuclear. Las autoridades declararon la emergencia nuclear para otra planta atómica, la de Tokai, que perdió su sistema de refrigeración por un desperfecto a causa de la catástrofe natural del viernes pasado, según citó la agencia de noticias Kyodo al organismo de incendios y desastres de Japón.

Es que la tercera central japonesa, junto a la de Fukushima y Onagawa, tiene problemas desde el gran seísmo de casi 9 grados Richter que sacudió la costa nororiental de Japón. Los técnicos intentaron evitar una fusión del núcleo inyectando agua de mar a los sistemas de refrigeración de las plantas, los mismos no tuvieron éxito. En el reactor 1 de Fukushima eso produjo una explosión de vapor que dañó la carcasa. Expertos estiman que en el reactor se podría haber producido una fusión parcial del núcleo.

Así lo comunicó hoy el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El portavoz del gobierno, Yukio Edano, rechazó por su parte informaciones sobre una fusión en el reactor 3 de Fukushima y subrayó que no hay peligro para la salud de la población, pese a la explosión y a la mayor radiactividad.

Japón informó que la operadora de la central nuclear de Onagawa, Tohoku Electric Power Company, fijó un alerta debido al elevado nivel de radiactividad, aunque tendrían uno de los tres sistemas de refrigeración funcionando.

En tanto, después de hablar de “la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial”, el primer ministro Naoto Kan precisó que la planta nuclear de Fukushima "continúa en estado de alarma".

Además, el gobierno japonés anunció que regulará la distribución de energía eléctrica con cortes programados desde mañana y hasta fines de abril, situación que afectará a varias regiones, incluida la capital.

El anuncio fue hecho por el ministro de Economía e Industria, Banri Kaieda, a raíz de los daños que sufrieron las plantas nucleares.

Kaieda manifestó que "existe una gran posibilidad de que algunas áreas de la compañía energética Tepco se encuentren en una situación en la cual habrá una fuerte escasez de provisión" eléctrica.

La empresa dijo que en el área que abastece viven 45 millones de personas y el consumo es de 4.100 millones de kilowatts por día, pero puede proveer sólo 3.100 millones.

Mientras tanto, la Agencia Meteorológica Japonesa redujo la alarma de tsunami en todas las costas del archipiélago, que ahora están en "alerta" por olas no superiores al medio metro de altura.

A dos días del terremoto devastador del viernes, cuya magnitud fue reubicada en 9 grados según la escala abierta de Richter, las zonas costeras occidentales de Japón están marcadas por la JMA en amarillo, que significa cese del peligro de olas anormales de gran dimensión.

De cualquier manera, la naturaleza parece no querer dar otras treguas. Un volcán situado en el suroeste de Japón acaba de arrojar cenizas y piedras hasta 4.000 metros de altitud, tras dos semanas de relativa calma.

Se trata del volcán Shinmoedake, situado en la isla Kyushu y de 1.420 metros de altura, que entró en actividad en enero pasado por vez primera en 52 años.

El Instituto de Radioprotección y seguridad nuclear (IRSN) anunció que desechos nucleares muy importantes y peligrosos están produciendo simultáneamente desde el sábado en el reactor número 1 de la central de Fukushima.

La segunda central Fukushima número 2 experimenta grandes dificultades. Situada en Onagawa está en estado de urgencia y una cuarta central situada en Tokai a medio camino entre Tokio y Fukushima sufre igualmente problemas de enfriamiento del agua que afortunadamente parecen estar controlados.

La embajada de Francia, la primera, ha pedido a los residentes en Japón alejarse de las zonas ya que el estado de infraestructura de carreteras y autopistas podría ponerles en peligro. Le siguieron en cadena otras embajadas de otros países incluido España.

China, el primero en acudir en auxilio de Japón

Un equipo chino de 15 miembros llegó a Oofunato situado en prefectura de Iwate para brindar la primera ayuda a los damnificados japoneses. Con el equipo comenzó a llegar al mismo punto varias toneladas de ayuda técnica material sanitario y alimentos. Los chinos comenzaron de inmediato y el primer ministro Wen Jiabao expresó sus condolencias al vecino Japón.

En el grupo viajaron socorristas de élite muy acostumbrados a este trabajo por haber tenido que hacerlo en los terremotos de su país y en Haití. Hay entre ellos varios médicos que tienen como misión principal buscar supervivientes y restablecer en lo posible las comunicaciones más vitales. El premier Wen Jiabao añadió a su mensaje la promesa de que China enviará toda la ayuda necesaria a Japón en tanto lo necesite. Explicó que China comprendía muy bien la situación japonesa puesto que también su país ha sido víctima de múltiples seísmos.

Tal cosa será seguro cierta. Desde que China cambió de política en 2003 para dotarse de reactores atómicos en cantidad suficiente para saciar la sed de electricidad que necesitan sus hogares y la industria, comenzó por dotarse ese mismo año de cuatro centrales y cuenta tener 30 para 2020. El 18% de la electricidad mundial procede del sector nuclear. La nueva era atómica china despertó el interés de las compañías norteamericanas y japonesas, Westinghouse, Mitsubishi, Framatome (Francia) que colaboraron y dotaron de todo lo necesario al grupo China Electricity. Así que hoy, a pesar de que las relaciones políticas chino-japonesas están en crisis, China ha estado al lado de Japón en su peor hora, lo cual ha hecho resaltar la tibieza norteamericana que no ha enviado un solo “Marine”, con el signo de la Cruz Roja para la ayuda humanitaria. Tampoco Francia parece haberse siquiera solidarizado.

Aún andan por las islas los fantasmas de Hiroshima, Nagasaki y… Chernobil

Resulta casi obligado asociar el terror atómico que hoy embarga a los japoneses, tras el terremoto, con el holocausto de Hiroshima y Nagasaki, ocurrido hace 65 años.

En las islas cunde el miedo a una contaminación por radiación, a partir de que algunos reactores nucleares fueron seriamente dañados por el brutal terremoto ocurrido el sólo hace tres días.

El fantasma de Chernobyl sobrevuela la imaginación del castigado pueblo nipón. A la devastación causada por el movimiento telúrico y el tsunami, se suma el pánico por la amenaza nuclear.

El 26 de abril de 1986, el reactor numero 4 de la central soviética de Chernobyl (Ucrania) explotó durante una prueba de seguridad, causando la más grave catástrofe nuclear civil y provocando la muerte de decenas de personas.

Durante 10 días, el combustible nuclear estuvo quemándose soltando a la atmósfera elementos radiactivos de una intensidad equivalente a más de 200 bombas de Hiroshima y contaminando tres cuartas partes de Europa.

Japón es un país que optó por la energía nuclear. Pequeño territorialmente, densamente poblado y altamente desarrollado, gran cantidad de la electricidad que consume, proviene de 56 reactores nucleares.

Encima la isla está en el “cinturón de fuego del Pacífico”, la zona sísmica por antonomasia del mundo. Al parecer, los japoneses hicieron caso omiso a la recomendación de los expertos según la

cual no deben construirse plantas nucleares en estos lugares.

Ocurre que la gestión de una planta nuclear es delicada. Se trata de minimizar todos los riesgos que pudieran complicar el funcionamiento de los reactores, cuyas fallas pueden ser letales para la vida. Si es así, ¿por qué construirlas en áreas de movimientos sísmicos?

De hecho el país asiático ha sufrido en los últimos 30 años cuatro accidentes en sus plantas nucleares, que provocaron contaminación radiactiva.

Japón, por otro lado, ha sido la única víctima de una agresión militar con armas nucleares. El 6 de agosto de 1945, un bombardero B-29 norteamericano, lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, matando inmediatamente a 80 mil civiles.

Tres días más tarde fue lanzada otra bomba similar sobre Nagasaki, matando a 70.000 personas. Sin embargo, las víctimas de ambas ciudades japonesas fueron muchas más, por los efectos de la

radiación. Las cifras oficiales de ambas tragedias arrojaban un saldo de 227.565 personas.

El 15 de agosto de 1945, tras el bombardeo nuclear, el emperador Hirohito anunció la rendición incondicional de Japón, que fue protagonista de la II Guerra Mundial, formando parte del Eje junto a Alemania e Italia.

Hiroshima y Nagasaki fueron una verdadera tragedia para la humanidad. Así lo vio el célebre escritor argelino Albert Camus, quien en una editorial escribió: “La civilización mecanizada acaba de alcanzar la última etapa del barbarismo”.

Y señaló: “En un futuro cercano tendremos que elegir entre el suicidio total y el uso inteligente de las conquistas científicas (…) esto puede no más ser simplemente un rezo”.

El editorial de Camus bien podría escribirse ahora. Cuando el desarrollo nuclear de Japón, a causa de una catástrofe de la naturaleza, amenaza con volverse en contra de sus habitantes, bajo forma de contaminación radiactiva.

Continúa en "La ancestral prevención oriental de los terremotos"


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