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Sobre la mujer, otra vez... y otra vez

16/11/2010 23:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Francesca Gargallo afirma en Ideas Feministas Latinoamericanas que: "La relación entre la filosofía –también llamada "pensamiento" a secas– y la literatura latinoamericanas ha sido muchas veces enunciada, pero nunca ha sido realmente abordada por las historiadoras e historiadores de las ideas". Según la pensadora mexicana, la filosofía latinoamericana tiene una relevante particularidad en sus vías de expresión. No sólo dice –la filosofía– desde el ensayo que es, como es de suponer, su espacio por excelencia, sino que además, dice desde la novela y la poesía. En esto, dirá alguien y con razón, que tampoco es original la filosofía latinoamericana, pero a estas alturas, creo que poco importa la originalidad. Pese a que se han planteado diversos, ricos y muy originalísimos tratados sobre y contra la pobreza, la pobreza sigue allí, sólida y con una sonrisa victoriosa cada vez más sonrisa y más victoriosa. De tal manera que, no vamos a ahondar en este tema de lo original, tan sólo pretendo decir que la filosofía latinoamericana, siguiendo a Gargallo, no existe porque su literatura se expresa filosóficamente, pero nadie, quizás muy pocos, han abordado sistemáticamente la teleología de semejante discurso.

Si la literatura latinoamericana, en diversas ocasiones, se ha expresado filosóficamente, sería interesante ir tras las huellas de lo que la literatura ha dicho en torno a la mujer, ya que ha sido este, el de la mujer, un tema que ha despertado enorme interés, en especial, desde que comenzaron a desarrollarse las ideas en torno al concepto de liberación o emancipación. En cuanto a las obras simbólicas latinoamericanas, entiendo por esto, la literatura, Enrique Dussel expresa lo siguiente: "El sujeto europeo que comienza por ser un yo conquisto es el ego de un varón" Es fácil entender, desde este razonamiento que, si el sujeto europeo y su afán conquistador representa el ego del varón, del macho latinoamericano, pues, el sujeto americano que comienza por ser un yo conquistado resulta ser la mujer. Sobre esto vuelve Dussel: "El cara-a-cara erótico se verá alienado sea por la prepotencia de una varonilidad opresora y hasta sádica, sea por un masoquismo o una pasividad o, en el mejor de los casos, un frío resentimiento femenino. La pareja erótica liberada no se ha dado todavía en América Latina como una realidad social, hay individuales excepciones faltas todavía de real tradición pedagógica o política [...] Las teogonías o el relato mítico del origen de los dioses, el cosmos y los seres humanos, es siempre bisexual entre las grandes culturas amerindianas –y no exclusivamente patriarcal como entre los semitas, por ejemplo. [...] Esta mítica nos deja ver una exacta lógica de los símbolos que no llega a trascender, sin embargo, la Totalidad trágica. Al origen está Alom-Qaholom, la diosa madre y el dios padre de todo, nombrándose primero la diosa madre, lo femenino".

Dussel hace referencia al Memorial de Sololá, texto escrito por el maya Francisco Hernández Arana y que tiene una importancia fundamental para la cultura americana, ya que confirma gran parte de la información que se despliega en el Popol Vuh acerca del origen de los linajes de la región y las migraciones de las tribus. Entonces, tenemos que, al menos para los americanos originales, lo femenino y lo masculino representaban una misma entidad, pero que, hay que decirlo, siempre lo femenino era presentado primero. Si para ellos ambos ¿géneros? estaban equilibrados y representaban una misma fuerza creadora, entonces qué desarmonizó el equilibro de esas fuerzas. No es nada difícil responder a esta pregunta. Sin embargo, explicar el origen de esta desarmonización, ahondar en las razones del desequilibrio, es tarea, a mi juicio, obligatoria.

No hay que ser un sesudo historiador para determinar que el desequilibrio al cual hago referencia vino en las carabelas detrás de los irracionales dogmas de la cruz. Dogmas que han sido históricamente sustentados por la filosofía, la sociología, la psicología, el psicoanálisis, la biología y cuanto camino ha tomado el hombre para sentirse seguro de su superioridad. Desde el nacimiento del pensamiento occidental, la mujer ha sido vista como un ser maldito, como una criatura cuyo único objetivo es desviar al hombre por los senderos de la irracionalidad, del pecado, de las tareas menos nobles. Hesíodo inventa a Pandora, mito griego que presenta a la mujer como la responsable de todas las miserias humanas. La Biblia teje a Eva, responsable de que el hombre pierda el paraíso. Homero crea a Helena, responsable de la muerte de miles de griegos y troyanos. Platón da gracias al cielo haberlo hecho libre y no esclavo, haber sido hecho varón y no mujer. San Juan de Antioquia –uno de los cuatro padres de la Iglesia– nos advierte que "de todas las bestias salvajes, ninguna hay tan nociva como la mujer". Aristóteles, fundador del pensamiento occidental, considera que la mujer es un hombre enfermo. En toda la Edad Media se verá a la mujer como un ser naturalmente deficiente, aunque tuvo acceso en cierta medida a la cultura y al trabajo. En el Renacimiento la mujer, sin identidad propia, sólo podía tener dos objetivos: esposa y madre. No hace falta enumerar acá el glosario de términos que les fueron adjudicados a las mujeres por parte de pensadores como Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Freud y pare de contar. Pensadores que obviaron salvajemente a mujeres como Aspasia de Mileto, Diotima de Mantinea, Hiparquía de Tracia, Hipatia de Alejandría, Hildegarda de Bingen, Cristina de Lorena, Teresa de Jesús, Madame de Sévigné, Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Madame de Staël, Flora Tristán, por sólo citar algunas.

¿Reescribir la historia? ¿Por qué no? Si se ha hecho por causas menos nobles y justicieras, por qué no hacerlo ahora dándole su estatura real a la mujer. ¿Por qué no echar el cuento cerrando las páginas del imaginario patriarcal que –hay que decirlo– en infinidad de casos es absurdo y ridículo? ¿Por qué no pensar de nuevo la evolución de la humanidad –que no del hombre– mirando más allá de la punta del pene? Creo que se ha hecho. Creo que se ha intentado contar la historia, pero ha existido un problema. El problema ha sido las redes simbólicas que se han tejido y dado forma a la cultura. Las mujeres que primero han tenido acceso a cierta emancipación responden a un nivel académico y cultural determina, ¿qué pasa con las otras que por cualquier razón no han tenido la misma suerte? ¿Cómo hacerles llegar lo que hay que hacerles llegar? Esa, a mi juicio, ha sido una gran piedra de tranca que tocará resolver en lo inmediato.


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Autor:
Bitacoradelabismo (31 noticias)
Fuente:
bitacoradelabismo.blogspot.com
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