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Sobre la idea de pacifismo

03/10/2016 02:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Quiero comenzar este articulo citando un tweet del Papa Francisco, publicado el dia de hoy, 2 de octubre de 2016. “Dialogar y orar por todos: estos son nuestros instrumentos para hacer surgir amor y paz […] “

 

El Papa Francisco desde su asunción como Sumo Pontífice ha mantenido siempre una postura de no confrontación frente a las guerras en Medio Oriente. Se limitó a pedir, en varias ocasiones, la paz y la oración, oponiéndose a la crueldad que supone la guerra. De hecho, la palabra paz es una de las palabras más utilizadas por el Papa Franciso en su Twitter. Esto no es casual.

El catolicismo, se une así, a una gran masa de ciudadanos del mundo que exigen “paz mundial” (idea que además suscita el apoyos de movimientos tanto de derecha como de izquierda). Esta ola de pacifismo frente a hechos de guerra entre estados no es nueva. Podemos remitirnos al opúsculo publicado por I. Kant en 1795 titulado "Sobre la paz perpetua" que sirve de base para los movimientos pacifistas del mundo. Fue además el punto de partida para la confeccion de los catorce puntos de W. Wilson para la conformacion de la sociedad de naciones, preludio de lo que sería la Organización de las Naciones Unidas.

En la Paz Perpetua, Kant considera que la lucha tiene raíces en la naturaleza humana. La guerra es siempre injusta, es siempre una calamidad. La paz no es lo natural entre los hombres, sino una conquista de su voluntad consciente y racional. De aquí se deducen una serie de afirmaciones que paso a enumerar: la plenitud de la vida humana se dará cuando se ponga fin a la guerra. La guerra es cosa que arrastramos desde nuestra época de salvajes. La guerra supone, por tanto, un estado de salvajismo. Entonces los civilizados, en nombre de la razón pura, deben buscar los mecanismos para terminar con la guerra. La guerra tendrá fin cuando los seres humanos organizados en estados republicanos, deban ceñirse a una serie de alianzas con otros estados para poder fundar así “la paz perpetua”. Solo los hombres racionales erradicarán la guerra.

Me propongo aquí negar estas afirmaciones, atacando de manera directa toda organización fundada en la lucha contra la guerra, o que quiere imponer el pacifismo, ya que es una idea de corte idealista, que no tiene base en las condiciones materiales de la realidad.

En primer lugar cabe afirmar que la historia comienza con la civilización, por lo tanto la guerra es la madre de la historia. La prehistoria carecía de guerra (pero no de luchas constantes). Los maniqueos conciben la guerra como el resultado de la barbarie o de la animalidad. Pero estos calificativos no definen ni comprenden la guerra, porque los animales, como sabemos, no practican la guerra. Tampoco el hombre prehistórico la practicaba. El australopithecus no podía hacer la guerra en un mundo donde la prioridad inmediata era la supervivencia alimentaria. Entonces cabe afirmar que solo hay guerra en las civilizaciones plenamente constituidas y desarrolladas.

Una guerra necesita de un ejercito, tecnologías, hombres formados en el ejercicio de las armas, en la estrategia, etc. Es que la guerra no la ganan los mas salvajes, sino todo lo contrario; solo aquellos países mejor equipados en niveles tecnológicos, científicos e industriales son los que tendrán un mayor dominio de la guerra y por consiguiente una mayor probabilidad de ganarla. Precisamente, durante el siglo XX, son las grandes potencias las que pudieron planificar una guerra a gran escala, poniendo en movimiento el gran motor de hombres, recursos y conocimiento científico al servicio de la aniquilación material de sus oponentes. La segunda guerra mundial la ganaron aquellas potencias que fueron capaces de desarrollar una tecnología que se impusieron sobre otras: la cibernetica, las bombas atómicas, los ordenadores, los misiles y aviones, etc.

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Detrás de las ilusiones idealistas sobre una paz perpetua se niega la posibilidad de conocer la compleja trama que envuelve a las relaciones entre los Estados. Los Estados tienen intereses, esos intereses muchas veces son contrarios a los de otros Estados, por lo que necesariamente estas condiciones precipitan a una guerra. La guerra de Irak tiene como interés fundamental el dominio de los yacimiento petrolíferos por parte de las grandes potencias del planeta. El petroleo, es decir el oro negro, pone en marcha la producción occidental en su conjunto, y es por tanto un motivo mas que suficiente para que un Estado esté interesado en solventar y provocar la guerra. Es necesario quitar del medio las explicaciones psicologistas del asunto: dictadores buenos, dictadores malos, hombres movidos por pasiones personales, simple ambición, etc. En muchos casos un Estado necesita la guerra para poder subsistir como tal: un Estado necesita de recursos, mano de obra, maquinaria que en algunos casos lo pone en disputa con otro/s estado/s. Estas son las condiciones que llevan a un Estado a hacer la guerra, y también, en muchos casos, lleva a un Estado a encontrarse con ella (es el caso de Polonia que se vio ocupada por los nazis en el verano del 39).

La guerras solo pueden explicarse como una sucesión de guerras en las que los intereses económicos juegan un papel fundamental: no se puede entender la segunda guerra mundial si no se la concatena con la guerra franco-prusiana y la primera guerra mundial (pujas entre Francia y Alemania en tornos ciertas minas y canteras minerales que les eran útiles para impulsar el desarrollo industrial).

Las guerras no pueden ser calificadas de justas e injustas, legales o ilegales, barbaras o civilizadas sino como prudentes o imprudentes: un Estado deberá evaluar la cuestión de costos beneficios para participar de una guerra y en algunos casos no tendrá posibilidades de evaluar nada. 

Las paz no es una cuestión gratuita que se alcanza sin costo alguna. Esa visión es ahistorica y niega la política. La paz no es un acuerdo de neutralidad entre partes. Para que exista paz en un estado, éste debe solventar costos muy altos en armamento y en ejercito para poder mantenerla. La paz es la condición impuesta por la fuerza del vencedor sobre los vencidos. El que quiere paz debe estar dispuesto a sostenerla por la violencia de las armas.

Si los países mas poderosos del planeta gastan actualmente entre 3 y el 6% de su PBI en armamento eso supone dos cosas: primero, que hay grandes interesados en que la guerra suceda, por lo que aquellos que niegan la guerra no hacen más que colocarse en una actitud pasiva o impotente ante la realidad actuante. En segundo lugar, la paz no es mas que un interregno entre dos guerras. Eso supone pensar que no deberemos esperar demasiado tiempo para ver surgir una nueva guerra de dimensión mundial. El mundo estará en manos, entonces, de los tengan las bombas atómicas más potentes, y no habrá ningún pacifista que pueda detenerlo.


Sobre esta noticia

Autor:
Rodrigo Aznar (11 noticias)
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Tipo:
Opinión
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