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Sobre el Cuerpo

16/11/2010 23:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuerpo Es una de las estupendas novelas del inglés Hanif Kureishi. En ella se retrata a Adam, un escritor sexagenario que busca en una clínica clandestina de Londres la posibilidad de trasplantar su ardoroso cerebro al de un cuerpo más joven, el cuerpo atlético como el de un jugador de fútbol, con el rostro de Alain Delon en sus buenos tiempos de Rocco y sus hermanos, maravilloso film de Luchino Visconti, acompañado de un hermoso, grueso pene con el cual poder combatir por tiempo indefinido con bellas mujeres. El cerebro, la mente, como alguien dijo alguna vez, es la zona erógena por excelencia. Controlar la mente es controlarlo todo. Eso no es un secreto para nadie sobre todo porque el hombre de poder –o las instituciones con poder– han empleado el control de la mente para neutralizar la propia naturaleza del resto de los seres humanos, sin otro fin que perpetuarse lo más posible en ese poder. Adam trasplanta su cerebro a otro cuerpo y con eso, al parecer, ha entendido que el cerebro es el único de sus componentes que no se ha enterado de los 60 años de vida. Sin embargo, en ese cerebro sigue haciendo vida toda la información que ha recibido y que, en definitiva, es la que cercena e inutiliza al cuerpo.

A menudo, escribe Michel Onfray, vivimos todavía en un cuerpo platónico. ¿A saber? Un cuerpo esquizofrénico, fracturado en dos partes irreconciliables, una de las cuales, se dice, ejerce un poder considerable sobre la otra: la carne domina el alma, la materia posee al espíritu, las emociones desbordan la razón, según afirman los seguidores del ideal ascético. Por un lado, el mal de la encarnación; por el otro, la posibilidad de salvación por medio de la inmaterialidad, de la cual, paradoja insensata, se nos dice no obstante que se encuentra –invisible, imposible de identificar y localizar- en la sustancia externa... El hombre, específicamente, el hombre occidental sufre de esta dicotomía a diario. ¿Cómo han esquematizado el cuerpo en occidente? Como el de una criatura que vive sin vida, una encarnación sin carne, una materia inmaterial, un anticuerpo –dice Onfray– que escapa a las leyes comunes del cuerpo; estas son: nacer, morir, dormir, comer, pensar, copular. En el mundo occidental nos han enseñado a odiar al cuerpo. En verlo como una prisión para el alma. Nietzsche ya lo había advertido dentro de su pensamiento vitalista. Ese odio al cuerpo tiene un responsable, cuyo pensamiento se ha venido repitiendo tanto que, aunque parezca mentira, se ha transformado en parte sustancial de nuestra cultura, aún dentro de las que se suponen más liberales. Ese responsable es Pablo de Tarso.

Juan Pablo II en un documento llamado La Espiritualización del Cuerpo según San Pablo, escribe que; según las palabras de la primera Carta a los Corintios, el hombre en quien la concupiscencia prevalece sobre la espiritualidad, esto es, el «cuerpo animal» (1 Cor 15, 44), está condenado a la muerte; en cambio, debe resucitar un «cuerpo espiritual», el hombre en quien el espíritu obtendrá una justa supremacía sobre el cuerpo, la espiritualidad sobre la sensualidad. Es fácil entender que Pablo piensa aquí en la sensualidad como suma de los factores que constituyen la limitación de la espiritualidad humana, es decir, esa fuerza que «ata» al espíritu (no necesariamente en el sentido platónico) mediante la restricción de su propia facultad de conocer (ver) la verdad y también de la facultad de querer libremente y de amar la verdad. En cambio, no puede tratarse aquí de esa función fundamental de los sentidos, que sirve para liberar la espiritualidad, esto es, de la simple facultad de conocer y querer, propia del compositum sicosomático del sujeto humano. Puesto que se habla de la resurrección del cuerpo, es decir, del hombre en su auténtica corporeidad, consiguientemente el «cuerpo espiritual» debería significar precisamente la perfecta sensibilidad de los sentidos, su perfecta armonización con la actividad del espíritu humano en la verdad y en la libertad. El «cuerpo animal», que es la antítesis terrena del «cuerpo espiritual», indica, en cambio, la sensualidad como fuerza que frecuentemente perjudica al hombre, en el sentido de que él, viviendo «en el conocimiento del bien y del mal» está solicitado y como impulsado hacia el mal.

El cuerpo occidental nace de la neurosis de Pablo de Tarso. Un hombre que abominó de sí mismo, que transformó ese asco en desprecio de lo terrenal y del mundo, al que, una y otra y otra vez, incita a odiar. Un proceso muy largo en donde concuerdan Nietzsche, Bataille, Foucault y, ahora, Onfray: Varios siglos de patrología griega y latina, de escolástica medieval y de filosofía idealista sustituidas por prédicas, sermones y discursos simplificados por el clero dirigidos al vulgo, y también más de mil años de movilización de un arte de propaganda, dejaron como herencia un cuerpo mutilado que sigue buscando su redención por medio de la unidad recobrada de un monismo rico en nuevas posibilidades existenciales. El hombre se transformó, a juicio de Finkielkraut, en un ser sin culo, sin mierda, sin rostro, sin vísceras. El cuerpo, producto de todo este bombardeo espirituoso, dejó de ser centro de reflexiones y análisis. Una de las puertas que se abrió para dar paso al nihilismo fue, como apunta Nietzsche, el abandono del cuerpo como instancia pertinente para el conocimiento del hombre. A los que desprecian el cuerpo quiero decirles mi opinión, escribe Nietzsche, lo que debe hacer no es cambiar de enseñanza, sino, sencillamente, despedirse de su propio cuerpo y, por consiguiente, quedarse mudos [...] Yo soy todo cuerpo y nada más; el alma es solamente una palabra para algo que hay en el cuerpo.

Hay que redefinir el cuerpo, más allá de trasplantes cerebrales, redefinirlo como sustancia que respire lejos de ese estuche negro del pecado original. Alejarse de aquello que la tradición ha hecho cercano a lo patológico, a lo histérico, a las afecciones mentales. Hay que redefinirlo puesto que, como apuntara Foucault, el cuerpo está imbuido en las relaciones de poder, no puede escapar de ellas, solo puede actuar dentro de las relaciones de poder, se podría llegar a decir que el cuerpo se convierte en una presa inmediata del poder en sus múltiples dimensiones, desempeñándose como autor principal de las relaciones de poder.


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Bitacoradelabismo (31 noticias)
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bitacoradelabismo.blogspot.com
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