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¿Sobran los jóvenes en la Argentina de hoy?

21/10/2010 21:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las cifras indican que los jóvenes cargan, en mayor medida que el resto de la población, con el desempleo, la informalidad, la falta de oportunidades laborales y de protección social

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

“Todavía el modelo económico no necesita a una buena parte de nuestros jóvenes para promover el crecimiento económico. Hay un problema de segmentación social de la demanda de empleo, donde los jóvenes pobres sobran para el capitalismo moderno”.

Esta contundente opinión la emitió Agustín Salvia, director del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina. Y agregó lo siguiente: “En realidad el problema de inclusión laboral plena para los jóvenes no está en la cuestión de la edad, la experiencia laboral ni siquiera en la capacitación formal a la que puedan o no acceder”.

El tema de la inclusión de los jóvenes en el mercado laboral surgió a partir de un reciente informe oficial del Servicio de Seguridad Social que reveló que apenas un cuarto de los casi 8 millones de argentinos que tienen entre 18 y 29 años de edad mantiene un empleo formal, que le permite registrar aportes para la jubilación y contar con una obra social. Otros dos datos preocupantes indican que: de los jóvenes que trabajan (4, 9 millones), la mitad lo hacen “en negro”. Y en segundo término, se calcula que el 20 por ciento (1, 5 millón) del total de los jóvenes que no llegaron a los 30 años no estudia ni trabaja.

Las cifras indican que los jóvenes cargan, en mayor medida que el resto de la población, con el desempleo, la informalidad, la falta de oportunidades laborales y de protección social.

Según los datos de la Seguridad Social, sobre un total de 1.555.900 desocupados, 797.400 tienen entre 18 y 29 años. Pero de ese grupo, sólo el 3, 7 por ciento –29.346– percibía el seguro de desempleo de menos de 400 dólares mensuales.

Verdaderamente, este informe aporta connotaciones negativas. Porque constantemente (y con razón) enviamos mensajes a nuestros jóvenes, a nuestros hijos, cuyo contenido es que deben estudiar, prepararse para un futuro promisorio, instruirse, colocar en sus escalas de prioridades el anhelo de aprender y aprender cada día más, en el contexto de este siglo que transitamos, que fue llamado “del conocimiento”. Pese a esta recomendación, ahora nos enteramos (a través de datos oficiales) que no importa tanto el nivel de “capacitación” o “experiencia” que posean los jóvenes. Sencillamente el sistema económico, más precisamente el mercado laboral que, por supuesto, está incluido en aquel, no tiene sitio para la gran mayoría de ellos.

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Así, a pesar de la mayor actividad económica, la realidad laboral de los trabajadores de entre 18 y 29 años es crítica. Y según admiten los especialistas, mientras en los ciclos recesivos los jóvenes son más perjudicados por los despidos y la falta de empleo que los adultos, en las fases expansivas son relegados de la demanda de empleo o son empleados “en negro”. En este caso el argumento sería la falta de calificación o la “rigidez” de la legislación laboral, que obligaría a formalizar a los ingresantes al mercado laboral a un costo que no tendría correlato en la productividad juvenil.

Por otra parte, los especialistas indicaron que en la población juvenil hay realidades muy diferenciadas. Hay un sector más favorecido, en función del origen social, estudios alcanzados y relaciones de sus padres, que tienen mayores oportunidades laborales. En tanto, los jóvenes con menores niveles educativos y escaso capital social, en su mayoría de hogares pobres, obtienen trabajos informales, temporales e inestables, y bajas remuneraciones. No es casual que en el Noroeste y en el Noreste (que comprenden las provincias argentinas de mayor nivel de pobreza), las tasas de empleo de los jóvenes son más bajas y más altas las tasas de inactividad. En el NOA la inactividad abarca al 60% y en el NEA al 65%.

Señores políticos, señores empresarios: el desafío está más vigente que nunca, trabajar intensamente con el objetivo de pergeñar un sistema económico vital, pujante, que tenga capacidad para recepcionar a cientos de miles de jóvenes que simplemente esperan una oportunidad concreta para demostrar su valía, y para comenzar a forjarse un futuro.

Argentina no es un país superpoblado. Alberga a 40 millones de habitantes en un territorio muy grande, de 2.800.000 kilómetros cuadrados, de reconocida riqueza en sus tierras. ¿Cómo se entiende que con el inmenso potencial que posee no pueda proporcionarles oportunidad de empleo a sus propios jóvenes? Pero claro, la respuesta a este interrogante sería obra de un nuevo artículo.


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