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Slahi, expreso que fue liberado de Guantánamo: "Nadie me ha pedido perdón por secuestrarme"

11/01/2018 01:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

AMAYA LARRAÑETA

  • Mohamedou Ould Slahi es autor de unas memorias que se han convertido en un 'bestseller' sobre las torturas que le infligieron en sus 14 años preso en Guantánamo.
  • Este jueves se cumplen 16 años de la llegada del primer detenido a ese centro.
  • A día de hoy, y sin planes de que vaya a cerrar, Guantánamo cuenta con 55 internos.
  • "La Policía llamó a mi casa y me dijeron que venían a detenerme porque EE UU me buscaba. Yo les dije que no hacía falta que vinieran, que ya iba yo".

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Mohamedou Ould Slahi atiende al teléfono desde Nuakchot, Mauritania, donde sigue sintiéndose de alguna manera "preso", un año después de ser liberado de Guantánamo. El Gobierno de su país ?que aceptó su vuelta cuando un juez federal de EE UU dictaminó que no había pruebas que le incriminaran como terrorista? aún no le ha expedido sus documentos de identidad.

Este exdetenido se hizo mundialmente famoso tras publicar el 'best-seller' Diario de Guantánamo, unas memorias en las que Slahi retrata fielmente, pero sin amargura y con múltiples pinceladas de humor muy negro, los catorce años que duró su internamiento dentro de la prisión que ostenta un lamentable récord en vulneraciones de derechos humanos.

La víspera de que se cumplan 16 años de la llegada de los primeros presos a Guantánamo, con la cárcel para convictos por terrorismo islamista todavía operativa, se escucha a Slahi reírse al otro lado de la línea telefónica cuando se le pregunta qué piensa de que el Gobierno de EE UU presumiera tras su detención de haber cazado al "detenido más relevante" en la lucha contra Al Qaeda.

"Es que suena a una broma, pero si yo fui el que se entregó", recuerda de aquellos días de 2002. "La Policía llamó a mi casa y me dijeron que venían a detenerme porque EE UU me buscaba. Yo les dije que no hacía falta que vinieran, que ya iba yo. Entonces cogí el coche y me presenté allí en comisaría. Aun así me detuvieron. Yo pregunté que por qué detenían a un ciudadano... y ya no me dejaron preguntar nada más".

EE UU le consideró el hombre que creó la célula terrorista de los autores de los atentados de Nueva York del 11-S.

El resto de su periplo lo ha denunciado en su libro. Slahi afirma que fue víctima de tortura o tratos crueles, inhumanos y degradantes tanto en Jordania, como en la base aérea de Bagram (Afganistán), como después en Guantánamo y durante los traslados, y que debido a ello realizó confesiones autoinculpatorias.

Fue gracias a la implicación de organizaciones de derechos humanos que Slahi consiguió ser escuchado por un juez federal. Este consideró que su autoinculpación se debió precisamente a las torturas que le aplicaron. Su abogada cuenta que le pegaron, le privaron de sueño, despertándolo cada dos horas, y le amenazaron con encarcelar a su madre. Cayó enfermo, escuchaba voces debido al trato recibido, ha denunciado Amnistía Internacional.

En su liberación, Slahi no recibió compensación, ni siquiera una disculpa por los catorce años robados y el daño causado. Solamente vía libre para retornar a su país, a Mauritania. "No, a mí nadie me ha pedido perdón por secuestrarme y encerrarme. Pero es que en EE UU existe la premisa de que el poder nunca se equivoca. Además, en ese país, y en el mundo, es que si eres latino, negro, musulmán o incluso blanco pero pobre, tú no vales nada, y nunca eres del todo inocente", asegura.

A día de hoy ?y tras varios intentos infructuosos por parte de la comunidad internacional e incluso una promesa de Barack Obama de cerrar Guantánamo? continúa habiendo 55 hombres recluidos en este campo de detención. Slahi está en disposición de asegurar con gran rotundidad que en esa prisión sigue habiendo inocentes dentro. "Cuando yo salí al menos había otros dos hombres, un marroquí y un argelino, que no debían seguir ahí. Pero uno estaba porque la persona de su embajada que tenía que firmar la autorización de su salida ese día no fue al trabajo y cuando quiso aportar su firma le dijeron que ya no valía, que era demasiado tarde".

Slahi vive de los beneficios que le todavía le siguen dando sus memorias sobre Guantánamo, un diario que pudo publicar, pese a la censura, gracias a las cartas que enviaba desde 2005 desde la prisión a su abogado. Porque todos los cuadernos que escribió en su celda se los quitaron en el último cambio de módulo, a un año de salir de allí. A día de hoy nadie se los le ha devuelto, ni cree que lo hagan jamás.

Aunque asegura que sigue "rezando" a diario por el cierre de Guantánamo, no cree que sus ojos lo lleguen a ver.

"La gente dice que hay que cerrar Guantánamo. Pero ya está cerrado y con gente dentro. Lo que hay que hacer es abrirlo y liberar a los que están dentro", puntualiza. "No hay en esa prisión ni un solo condenado por los jueces, solo gente detenida al azar en virtud de su nacionalidad, etnia o religión para convencer al pueblo estadounidense de que vivan felices porque están a salvo. Y esa es la gran equivocación. Que ningún estadounidense puede creerse que está a salvo porque exista Guantánamo. Eso es una locura", espeta mientras detalla su teoría de que el ciudadano medio estadounidense no desea que la polémica prisión siga abierta, pero que grupos extremistas neonazis y la economía que rodea a la seguridad nunca permitirán al presidente de EE UU su cierre.

"Una vez con Obama los detenidos sí pensamos que el cierre estaba cerca, pero ya se encargó un alto oficial de la inteligencia de quitarnos la idea. Nos dijo que eso nunca sería posible". A su juicio, solo una mayor presión de los gobiernos con capacidad de negociación con EE UU podría conllevar el cierre de Guantánamo.

Cuando Slahi supo que saldría de aquella prisión con vida, después de evitar una condena a muerte, múltiples torturas y un trato indigno, lo primero que sintió fue "miedo a la libertad". Hoy, en Mauritania, sigue con pesadillas algunas noches, sin papeles no encuentra trabajo y sobrevive esquivando el dolor que le causa la vida que se perdió, esos momentos tan importantes como el funeral de su madre o el de un hermano, muertos durante su cautiverio. Pero sigue escribiendo sobre ello aunque todavía no se siente un hombre libre.


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20minutos.es
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