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Sismos, política y presidentes asustados marcan el debut de Piñera

11/03/2010 16:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todo indicaba que sería una transmisión de mando normal, adusta, austera, en la que Sebastián Piñera asumiría la Presidencia de Chile en un ambiente de tranquilidad, luego de superada la emergencia por el terremoto del 27 de febrero pasado. Pero justo cuando los jefes de Estado extranjeros comenzaban a llegar al Congreso chileno, en el central puerto de Valparaíso, un nuevo sismo cuya intensidad fue en aumento desató la alerta en todo el país, incluso entre los distinguidos gobernantes invitados. Cuentan quienes lo vieron que el presidente colombiano Alvaro Uribe sufrió un gran susto, lo cual contrasta con el temple que muestra en su lucha sin cuartel contra la guerrilla de las FARC, y que incluso amagó con irse del recinto. El sismo fue de alto calibre, como lo constatan sus 6.9 grados Richter, además que se prolongó durante 45 segundos y la sede del Congreso chileno es un alto inmueble en el que nadie desea que lo sorprenda un movimiento telúrico de tal magnitud. El sismo, que ocurrió a las 11:39 horas locales (14:39 GMT) y que ha sido hasta ahora la réplica más intensa del terremoto que azotó a Chile el pasado 27 de febrero, ocurrió 20 minutos antes de que Piñera juramentara como presidente. El príncipe Felipe de España llegaba al Congreso cuando sintió el violento movimiento del piso. Quedó petrificado y alzó la vista hacia la parte superior del inmueble, como para constatar que el edificio permanecía allí. Luego vino una seguidilla de cuatro réplicas entre las 11:55 y las 12:54 horas locales, las cuales oscilaron entre los 5.0 y los 6.7 grados Richter y volvieron a causar pánico entre los invitados especiales a la toma de posesión del nuevo gobernante chileno. Los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Fernando Lugo, de Paraguay, que estaban sentados codo a codo en el Salón de Honor del Congreso, voltearon hacia el alto techo del recinto, del cual cuelgan enormes lámparas cúbicas que se movían amenazantes. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se observó más preocupado, con una sonrisa nerviosa y también con la mirada enfocada hacia el techo, pero quizá ello se debió a su impedimento para salir corriendo ya que hace unas semanas lo operaron de una rodilla y anda en muletas. En cambio, el mandatario peruano Alan García se mostró tranquilo, ecuánime y hasta bromista con los periodistas que lo abordaron, a quienes dijo: "Tranquilos, tranquilos, es solo un temblor, no dramaticemos". Cuesta trabajo imaginar que el remezón hubiera pasado a mayores en la sede del Congreso chileno, donde se encontraban siete jefes de Estado latinoamericanos, un príncipe europeo y decenas de ministros y delegados de alto nivel de un centenar de países. La canciller mexicana Patricia Espinosa, quien asistió a la juramentación de Piñera representando al mandatario de su país, Felipe Calderón, se mostró "bastante ecuánime", según dijo a Notimex un integrante de su comitiva. La vocera del flamante gobierno de Piñera, Ena Von Baer, justificó la reacción de la personalidades que asistieron a la ceremonia pues "todo mundo tiene muy presente lo que ocurrió en el país hace unos días", durante el terremoto de 8.8 grados Richter del 27 de febrero. Y claro, Ena tiene razón, pues las imágenes de destrucción y devastación de poblados enteros luego del terremoto y del tsunami que le siguió dieron la vuelta al mundo y este país sudamericano se convirtió en el centro de la noticia durante varios días. Entre los sustos, réplicas y remezones de este extraño jueves chileno, Piñera acabó por alterar la agenda de celebraciones de su toma de posesión y empezó por cancelar una comida con los jefes de Estado e invitados internacionales al evento. Piñera entendió que era el momento de hacer política interna en vez de cultivar las relaciones internacionales. Se excusó con sus invitados a la residencia presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar, y tomó un helicóptero rumbo a la central ciudad de Rancagua. Esa localidad ubicada 90 kilómetros al sur de Santiago fue epicentro del sismo mayor de este mediodía y Piñera quería hacerse presente allí para evaluar eventuales daños y disponer las medidas de emergencias necesarias. En vista que la saliente administración de la presidenta Michelle Bachelet fue criticada por su presunta tardanza en reaccionar ante el terremoto de febrero, Piñera vio una "oportunidad de oro" para debutar ante el país como un gobernante previsor, eficiente y con liderazgo. El entrante mandatario decretó enseguida estado de catástrofe en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, cuya capital es Rancagua, lo que permite a las Fuerzas Armadas tomar control de la zona, y advirtió que será intolerante ante eventuales saqueos. "Estamos actuando eficaz y oportunamente", dijo el presidente sin necesidad de aludir a su antecesora. Pero no hacía falta. Todos los entendidos supieron que quiere marcar un contraste con Bachelet –quien culminó su mandato con una popularidad del 84 por ciento- y escribir su propia historia.


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