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Siria busca sofocar la revuelta con tanques y helicópteros

16/06/2011 09:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El ejército envió al norte del país más de 60 blindados, naves artilladas y 30.000 soldados para aplastar el levantamiento. La población huye al sur de Turquía, donde los refugiados ya son más de 10.000. Las potencias discuten medidas

15/06/11

El régimen sirio abandonó toda intención de negociar o reformar su gobierno, si alguna vez lo tuvo, y envió más de 60 tanques, helicópteros artillados y 30.000 soldados al norte del país –la zona más conflictiva en este momento– para aplastar la revuelta popular que desafía el poder del presidente Bashar al Assad.

La población del norte sirio, compuesta en su mayoría por campesinos y gente de condición humilde, huye como puede hacia el sur de Turquía donde los esperan los campos de refugiados. El éxodo se multiplica al ritmo de la represión y los expatriados ya superan los 10.000.

Los que decidieron irse denunciaron que las tropas del gobierno están aplicando una política de devastación. “Destruyen casas y edificios, incluso matan animales, incendian árboles y granjas”, cuenta Mohamad Hesnawi, de 26 años. Algunas de las atrocidades más grandes no las cometen uniformados, sino milicias reclutadas por el régimen y conocidas como “shabiha”. Las autoridades turcas dieron preferencia a mujeres y chicos que escapan de las aldeas fronterizas.

Siria vive desde hace tres meses una de las mayores revueltas populares del país. Reclaman una apertura política y económica, participación democrática de todos los sectores y el fin de la corrupción. Pero sobretodo la eliminación de los privilegios que detenta la minoría alawita y el partido Baas, quien gobierna desde hace 40 años. El método es simple: los sirios se convocan en las mezquitas, lugar que además de ser un centro religioso se convirtió en estos meses en comité político y centro de reunión vecinal, para luego salir a protestar por las calles. Las manifestaciones se encadenan de ciudad en ciudad y sólo son frenadas por los francotiradores que disparan a mansalva.

Pero desde hace dos semanas la provincia norteña de Idlib se convirtió en un polvorín. El gobierno denunció que hay grupos armados que disparan contra el ejército. Inclusive sostuvo que hace 10 días asesinaron a 120 soldados y los enterraron en fosas comunes. La oposición y testigos señalan que en realidad los enterrados en las fosas son desertores que se negaron a disparar contra las manifestaciones y fueron acribillados por las tropas de Assad.

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La deserción se convirtió en un serio problema para el gobierno sirio. Un coronel llamado Husein Harmush, refugiado en Turquía, contó que abandonó el ejército por los “ataques contra civiles inocentes”, desarmados. “Conmigo –agregó– hubo grupos (de soldados) que desertaron. No disponíamos más que de armas ligeras y de minas; tendimos trampas al ejército para retrasarlo y permitir a los civiles que huyeran y abandonaran la ciudad”. También reveló que “el ejército recibió orden de impedir a cualquier precio las manifestaciones y de hacer callar a la gente.

Nos ordenaron disparar contra ellos si las manifestaciones continuaban”.

Las protestas contra el gobierno en esa provincia, particularmente en las ciudades de Jisr al Shughur, Maaret an Numan y Ariha, marcaron una abrupta escalada en el levantamiento. El ejército respondió enviando divisiones enteras de tanques y otros blindados que tomaron el control militar de la región y sofocaron las protestas. Para justificar esta fuerza desmedida, el gobierno sostiene que todo es un complot fogoneado desde el exterior para desestabilizar a Siria, instrumentado por bandas armadas de fanáticos religiosos.

Organizaciones de derechos humanos afirman que más de 1.400 personas fueron asesinadas y unas 10.000 detenidas en el marco de la represión de las revueltas, inspirada en los recientes levantamientos populares de otros países árabes.

Frente al impacto internacional que tiene la situación, las potencias mundiales no se ponen de acuerdo sobre las medidas a adoptar. En el Consejo de Seguridad de la ONU –supuesto garante de la estabilidad en el mundo–, Francia, Gran Bretaña y Alemania promueven la adopción de un texto de condena contra Assad. China y Rusia, este último muy cercano al régimen, se oponen a toda injerencia.

Fuente: Clarin


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