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Síndrome post-estético: cuando la belleza se convierte en obsesión

28/05/2009 23:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con miras de crear conciencia sobre los pro y los contra que la evolución medicina en el área de la estética encierra, es tema de interés la obsesión que se ha generado por la perfección física

En el mundo latino específicamente, son signos de juventud y bienestar los cuerpos esbeltos y contorneados, facciones marcadas, pómulos pronunciados, labios voluptuosos, cabello abundante, en fin, todos los elementos obligados en la concepción mental de la belleza en nuestra población femenina y masculina.

Ante la imposibilidad natural y genética de contar con esos atributos, es mucho el atractivo que representan las técnicas quirúrgicas estéticas y cosmetológicas hoy en día, las cuales describen una civilización cada vez más liberal y sin prejuicios, pero no por ello más consciente, motivo este de la discusión que queremos generar.

Aunque No ha sido reconocida como una patología, -la reacción obsesiva posterior a un acto de estética no dista mucho del síndrome de polidismorfismo corporal ampliamente conocido en el mundo de la medicina y tema que abordaremos al final de este artículo -Un porcentaje de los pacientes que acuden a la medicina estética insisten obsesivamente en el perfeccionamiento físico y la acentuación del atractivo sexual, tomando el gusto o placer casi orgásmico por someterse a un acto médico rápido y oportuno para obtener mejoras en su aspecto físico o corregir algún defecto.

Si bien es cierto que el paciente después de los actos médicos y de su recuperación adopta conductas casi eufóricas y exhibicionistas producto de la gratificación que le ofrece el haber obtenido el cambio físico deseado, también existe otro grupo de pacientes para los cuales los efectos obtenidos no cubren sus expectativas reincidiendo de médico en médico, buscando más que un cambio físico, un apoyo psicológico a sus carencias emocionales; este último tipo de pacientes es el que más se acerca a lo patológico de no llegar a ser diagnosticado a tiempo y referido al especialista en conducta.

Si bien es cierto que la medicina estética ha evolucionado a pasos agigantados, también lo es el hecho de que inició sus esfuerzos para corregir defectos o deficiencias físicas y funcionales de una población susceptible: pacientes con secuelas por politraumatismos o con defectos físicos congénitos, hasta hace pocos años irreparables.

Con el transcurrir del tiempo esa población se ha ampliado, aumentando el número de pacientes que sin presentar el síndrome dismórfico corporal muestran interés por acentuar sus cualidades físicas, además de afianzar una autoestima tambaleante ante la férrea competencia sexual, así como para preservar la juventud.

Existe un grupo de pacientes para los cuales los efectos obtenidos no cubren sus expectativas reincidiendo de médico en médico

Por todas estas razones, aunque no incurran en lo patológico o enfermizo, la conducta o estado mental del paciente de estética debe ser tomado en cuenta y vigilado por todo profesional del área implicada para brindar así no sólo un servicio médico estético, sino un tratamiento integral al paciente, garantizando así los resultados óptimos.

Tan cierto es el tema en cuestión, que en la medicina de países más desarrollados que el nuestro, es un equipo multidisciplinario el que trata al paciente de estética; donde la evaluación psicológica es obligatoria con la finalidad de practicar la medicina preventiva y poder identificar aquellos casos patológicos que aunque escasos, no dejan de presentarse en una minoría de la población.

El síndrome dismórfico corporal es una entidad psiquiátrica que se define como un problema de conducta caracterizado por la apreciación exagerada de los defectos físicos, o en el peor de los casos la apreciación distorsionada del propio físico, creando defectos imaginarios. Por lo general son pacientes que incurren en psicosis depresivas a causa de una baja autoestima, producto de su inconformidad física. Estos pacientes en su evolución clínica suelen aislarse, deprimirse y hasta infringirse daño o autolesionarse.

Aunque existen grados de clasificación para esta patología en base a su expresión clínica, por lo general es de exclusivo tratamiento psiquiátrico. Sin embargo también debe ser del dominio del profesional de la estética para poder identificarlo y referirlo a otro especialista de ser necesario. En términos generales se puede identificar en aquellos pacientes que en el interrogatorio clínico refieren múltiples intervenciones estéticas sin justificación, inconformidad por los resultados, inestabilidad emocional y carencias afectivas. En este punto es esencial diferenciar al paciente dismórfico de aquel que en condiciones mentales estables y saludables acude en múltiples ocasiones a la medicina estética, por estar “enamorado” de los beneficios que dichas técnicas han traído a su vida.

El profesional de la medicina estética debe estar capacitado y acreditado, así como debe ser el responsable de poner los límites oportunos al paciente obsesionado con sus cambios físicos injustificados (pacientes recurrentes o reincidentes de cirugías estéticas), con la finalidad de garantizar los resultados óptimos, verdadera publicidad de este arte médico.

Sin más a que hacer alusión en esta oportunidad hasta una próxima consulta médica.

Mayor información en www.centroimagen.com.ve


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Designio (24 noticias)
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