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Simenon: colaboracionista nazi y antisemita pero Bélgica le perdonó por su calidad de escritor

05/02/2010 11:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Georges Simenon nació con el siglo, su madre lo quería sacerdote pero fue escritor, mujeriego y ultraderechista. Sobre todo eso le gustaban las prostitutas. Una vida llena de contrastes y de colores. Lanzó a su comisario Maigret que le dio fama y dinero

Georges Simenon nació el 13 de febrero de 1903, martes, lo cual no tiene nada de particular si no fuera, porque su madre Henriette era tan supersticiosa que por declaración jurada en el Juzgado de Liege (Bélgica) en el acta de nacimiento Georges aparece como nacido el 12 de febrero, lunes. Ella era flamenca de las tierras bajas y prósperas de las riberas del Mosa, en el Limburg belga, descendía de Gabriel Brühl campesino primero y luego convertido en bandolero y criminal que asoló la comarca y en 1726 terminó en el patíbulo. En su novela “Pedigree”, Simenon cuenta eso y su niñez. De ahí que en sus relatos policiales, el detective de turno, Maigret desde los años 30 esté mucho más interesado en saber por qué lo hizo que en descubrir quién lo hizo.

Su madre prefirió siempre a su hermano menor Christian que al mayor Georges. Según los psiquiatras o los amantes de Freud, la carrera de Simenon fue un intento por vengar a su padre Joseph Christian, al que Georges amaba y compadecía porque estuvo sometido también a la tiranía de su madre, sin atacarla jamás directamente.

Ambos coincidieron en que Georges fuera sacerdote, pero a los 15 años una prostituta judía Renée, “me practico la circuncisión”. Es decir que “adiós al celibato”. Ella le triplicaba en edad y según él, se vio seducido durante un paseo por un parque.

Y Simenon en abierto conflicto con su madre que no aceptó jamás un hijo escritor, en vez de ser ferroviario u otra cosa para asegurarle una vejez tranquila, sufría. En 1918 abandonó su primer colegio de Saint-Servais sin terminar el curso porque su padre sufrió una angina de pecho y él tuvo que ayudar a sostener a la familia, renunció a los estudios universitarios, pero no a profundizar en sus lecturas (Gorki y Gogol, Dostoieski, Tchekov pero también obras que le dejaron un gran recuerdo como “En el corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, “El Club de los Suicidas”, de Stevenson y escritos de Balzac, Dumas, Dickens, Melville, Hemingway, William Faulkner… Es curioso, pero ya entonces le gustaba alternar con chicas y lo que él dice en sus memorias, entrevistas, etc… muchas veces contradice con hechos probados.

Por ejemplo en como conoció a Régine, su primera esposa legal, según él, se la presentaron en un baile de San Silvestre, cuando por primera vez aparecen juntos-para otros- en la sala de lecturas de la biblioteca Chiroux, donde hay historiadores que afirman fue su primer beso. Es decir que las contradicciones son flagrantes. O bien Simenon tenía mala memoria o concedió después demasiadas entrevistas y no quería repetirse.

Su madre jamás aceptó un hijo escritor: ella lo quería sacerdote

También profundizó pronto en el sexo, en la vida nocturna, en los prostíbulos, donde alternaba y hacía el amor, casi siempre con prostitutas diferentes. En cuanto a cifras, éstas varían asimismo. Ante el cineasta Fellini, en “´L´Express”. Simenon declaró haberse acostado con 10.000 mujeres, de ellas unas 8.000 profesionales de la vida. Eso es parte de su mitología, que quizás le servía para ocultar sus tragedias familiares y personales o sus pecados políticos. Fellini le dijo “entonces tu eres un gran semental”. A otro periodista le había dicho que había tenido a lo sumo dos mil amantes.

Luego, aún sin pasar por la universidad y en gran parte gracias a sus lecturas, se convirtió en escritor a los 16 años, cuando se presentó en “La Gaceta de Lieja, periódico católico y ultraconservador. Un compañero faltó algún tiempo por alguna razón banal y él aprovechó la ocasión para escribir de todo desde explosiones de obuses accidentales de bombas de la gran guerra, reseñas de banquetes, congresos, conferencias, interviews de personalidades(como el Mariscal Foch), críticas de teatro, cine. Su contribución total a la “Gaceta de Lieja” se cifra en l.500 trabajos diversos, una veintena de cuentos y 784 viñetas de humor, muchos a precio de saldo.

De 1920 a 1922 Simenon frecuentó “La Caque“, grupo de poetas, alumnos de universidad y otros artistas jóvenes entre los que destacaba, por su fecundidad como escritor, por los celos que levantaba y por la acusación de que nadie le leía porque era demasiado intelectual y además nadie le conocía. Utilizó en su carrera 27 seudónimos diferentes, sin decir quién era. Odiaba la publicidad y si más tarde concedía entrevistas era más para conocer a quien se las hacía que por airear su nombre. No admitió nunca preguntas ni observaciones sobre sus escritos. E imitó a su madre sólo en el arte de borrar pistas. Aunque el escritor y biógrafo Pierre Assouline ha sido quien mejor logró desmontar ese rompecabezas que era el cerebro de Simenon no supo luego montarlo, porque no acertó a adivinar por qué lo hacía.

En una entrevista con Bernard Le Saux, publicada en L´Europeo, el escritor afirmó que de joven fue monárquico, aunque un mes antes decía tener “tendencias anarquistas con tintes izquierdistas”, pero en la realidad pronto se cernió sobre él la sospecha de que era de derechas, al decir al final de la entrevista que odiaba la democracia y que nunca fue antisemita y si escribió algo contra los judíos fue “por órdenes de arriba”. Pero se me olvidaba decir que antes de todo esto fue encargado de una biblioteca y de una pastelería en los días de la enfermedad de su padre. Del primer trabajo le echaron porque sabía mucho más de literatura que el dueño y éste consideraba que le humillaba antes los clientes.

Según la entrevista con Bernard Le Saux quien en un recuadro hace una extraño inventario no sólo de sus obras, Simenon en su vida tuvo aparte de sus prostitutas ( sin cifra precisa), un don para fabricar 350 personajes diferentes, navegó por los canales de Francia y algunos viajes por mar en 27 embarcaciones distintas, aparecen en sus comisarías de ficción 110 funcionarios de policía, y en su producción hay que anotarle 20 narraciones cortas, 498 obras escritas en francés y otros artículos, hasta 900, todo ello traducido a 26 idiomas. Las obras censadas de Lope de Vega suman 282.

El mayor acierto de Simenon: el comisario Maigret e inigualable originalidad

Pero su mayor acierto es la creación del comisario Maigret que se adueñó de él durante casi 30 años de su vida. Y con él abordó el problema del crimen pero desde un punto de vista más humano, más cercano a las novelas policiales de entonces y de ahora. La escena del crimen termina creando un microcosmos, enormemente variado y pintoresco, siempre diverso. Puertos brumosos, mujeres de mala vida, comerciantes avarientos, todos comparten el espacio con gente humilde empujada al crimen por la propia sociedad (como su antecesor materno en el siglo XVIII). Su narrativa es sencilla frases cortas, casi escuetas y cuanto más escabrosas, más seco el estilo.

Su detective, Maigret no es grueso, como dicen quienes no le han visto en la TV, sino corpulento y poco atlético. El escritor tomaba notas en su libreta, sentado en un autobús, en el metro, en los prostíbulos “porque he encontrado entre ellas gente mucho más humana que en la calle”. No quería amantes sino relaciones. No le gustaba el matrimonio, aunque se casó tres veces con dos fracasos. Y afirmaba que no era adicto al sexo, sino que sentía una imperiosa necesidad de comunicar.

Lo que más se le achaca en Bélgica es haber matado a su inspector Maigret en su última novela “Maigret et Charles” (1972). No quería por nada del mundo que este hombre más bien primitivo y bien vestido pero psicológicamente desnudo le subsistiera. Lo creó en Delfzil (Holanda), en 1930 inspirado en un cargador de muelle. Le llamó “Pietr le letton” y luego lo “nacionalizó” como Jules Maigret, que le siguió fielmente toda una vida.

Pero era también la época de los cabarets de moda parisinos, y un día se anunció en uno la presentación de la diosa de ébano y Simenon fue allá desde el principio del brazo de Tigy, a oír a Josephine Baker. Y por supuesto en seguida fue vox populi que la cantante y el escritor andaban juntos y luego que eran amantes. Al fallarle la revista “Paris-Match”, el joven Georges y su amante tuvieron un proyecto editorial para lanzar “El Magazine de Josephine Baker”, del que Georges Simenon sería redactor-jefe y periodista exclusivo. Hubo un “clash” de personalidades, discutieron, hubo palabras gruesas, y Simenon rompió con Josephine “porque le tengo miedo”. Todo ello para alivio de su esposa legítima Régine Renchon, que le había dado su primer hijo, Marc… Estamos ya en el año 1927. Y siento que hay algo de desorden cronológico en esta biografía.

Su antisemitismo, lo más negativo de su vida y de su pluma, conquistó a los nazis

Y así desfilan a través de la pluma de Simenon la nariz de Tristan Bernard, el libidinoso profesor Goldenberg, etc… y de vez en cuando mucho después hasta Maigret hace comentarios antisemitas. Y todo esto es sólo una muestra, porque el 95% de las biografías del escritor para decirlo menos ni mencionan para nada su antisemitismo siquiera para trazar un perfil de su vida y de su carrera. Interesan sólo sus obras no sus hechos.

Su éxito literario en “Le Figaro” se convirtió pronto en cinematográfico, cuando en 1932 Jean Renoir llevó por primera vez a la pantalla la obra de Simenon con “La nuit du Carrefour“. Esta fama popular alcanzaría su pico en plena guerra mundial, otorgándole a Georges Simenon – por nueve de sus novelas – el sospechoso record del escritor más adaptado de la Francia ocupada. Ciertamente el modo límpido de narrar del belga – manejaba, por ejemplo, estadísticas sobre la cantidad de palabras conocidas por los distintos estratos sociales, para utilizar sólo las que podían ser comprendidas por el mayor número de lectores. Y así tenía la ventaja de volcarse con facilidad al lenguaje del celuloide. Pero Simenon tuvo además otro aliado: “La Continental“, una productora dirigida por un amigo personal de Goering y que dependía directamente del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich, o sea del Dr. Goebbels.

Esta colaboración se afianzó en 1942, cuando el autor cedió los derechos de Maigret a la empresa nazi, firmando un contrato que rezaba: “Declaro ser francés y de origen ario y me comprometo a aportar las pruebas de ello con una simple petición de su parte”. Dándose cuenta de que podía estar cometiendo un error, la astucia de Simenon le llevó a borrar en el último momento una palabra que lo incomodaba: “francés”.

En plena guerra, con la miseria y el mercado negro, los Simenon alcanzaron un nivel de vida que les permitió mudarse al coqueto castillo de Terre-Neuve, una construcción del siglo XVI situada en la región de Vendée. Instalado con su esposa, su hijo Marc, su cocinera (y pronto amante Boule) y una doncella, Georges Simenon abandonaba cada rato la vida castellana para asistir a algún estreno de una película basada en su obra, una oportunidad para compartir tragos con algún general alemán. Los miembros de la Kommandatur eran igualmente recibidos en el castillo. Pero la Segunda Guerra mundial no fue para el escritor sólo un momento de frivolidad y abundancia impunes. La resaca llegó.

La ficha de su hermano Christian era todavía mucho peor. Jefe militar de “Rex” -organización que colaboraba con las SS nazis, mientras su jefe León Degrelle dirigía en Rusia la “Legión Wallona” contra los bolcheviques- similar a la División Azul española comandada por el general Muñoz Grandes- Christian estuvo al frente de “Formación B” que se vanagloriaba de haber ejecutado a 27 resistentes belgas con una bala en la nuca cuando al final de la ocupación porque los de la resistencia habían ejecutado al alcalde de Charleroi por colaboracionista.

Su tragedia fueron sus tres matrimonios y multiples uniones con mujeres a las que no valoró. Su otro drama fue su hermano Christian, activista de las SS belgas que murió luchando en la legión francesa

Fue una operación punitiva de los “negros” (por el uniforme de las SS), comandada por Christian Simenon. Cayeron allí varios notables de la ciudad y hasta el cura. Degrelle huyó en vísperas de la llegada de los aliados, en un Henkel III alemán, pilotado por él mismo, que fue a amerizar, por falta de combustible, a la playa de La Concha, San Sebastián (Euskadi). Casi sin un rasguño. La policía española lo escondió en tierras andaluzas. Los periódicos callaron o dieron pistas falsas como de costumbre.

A pesar de que el gobierno belga pidió a Franco, año tras año, su extradición, Degrelle vivió y murió bajo la sombra protectora de Caudillo como cientos de otros nazis, permitiéndose sin embargo escribir folletos de propaganda nazi, como los de los hornos crematorios, de los que salía humo humano, que según Degrelle, eran restos de jabón de una inocente fábrica. Ese engendro iba destinado al Vaticano.

El hermano mayor le alentó a elegir esta última alternativa. Dos años después, 1947, Christian murió en una emboscada del Vietcong durante una misión de la Legión en Indochina. Era cabo mayor, tenía 41 años, utilizaba el seudónimo de Christian Renault. El telegrama de duelo que recibió Georges, ya en los Estados Unidos. Iba firmado por el general Raoul Salan, años después jefe militar y fundador de la organización terrorista facha OAS, por Argelia francesa en contra del general De Gaulle. Salan llegó a poner en peligro la independencia de Argelia, pero pronto aparecieron Ben Bella y el FLN argelinos, que impusieron a Paris una paz negociada. Y los escapados de la OAS, fueron también acogidos por Franco. De su madre Henriette, el escritor recibió otro telegrama que decía escuetamente:”Georges, has matado a tu hermano”. El escritor lloró.

En cuanto a la situación de Georges, la Dirección de la Policía Judicial dispuso el 30 de agosto de 1945 su expulsión del territorio francés. El propio Simenon, viendo que su situación se le complicaba (su amigo Brasillach había sido fusilado en París), se adelantó al peligro gracias a la diligencia de la embajada belga en USA, que le había conseguido un visado para instalarse, como muchos otros colaboracionistas, en los Estados Unidos, a donde llegaron un mes después, Simenon contrató a una secretaria bilingüe canadiense, bellísima, Denyse Ouimet, que pronto sería su amante. El dijo que había descubierto su gran amor. Denyse le dio tres hijos, el primero nacido en Tucson, Jean Denis Chretien Simenon, ”Johnny“, aunque naturalmente su esposa legítima continuaba siendo Tigy, quien no pudo aguantar tal situación y obtuvo el divorcio del escritor, quien a los pocos días se casó con su amante Denise Ouimet. Tigy se volvió a Paris. Parece que Simenon por lo visto había cambiado de opinión respecto al matrimonio… y el divorcio.

"La nieve estaba sucia", una confesión (?) que conquistó al público norteamericano

Hasta 1955 permaneció en los Estados Unidos y produjo tres novelas, una de ellas un best-seller “Trois chambres a Manhattan” basada en su encuentro maravilloso con Denyse, quien le ayudó a hacer una novela bilingüe en que ella era la protagonista. Pero también produjo en un lugar apartado y desértico de Texas “La nieve estaba sucia” en que, por una vez más desbordaba el marco estético de la novela policial para adentrarse en un terreno literario de gran calidad. Se centra en los días de la ocupación alemana, y relata como un joven parisino al enterarse de que su madre es una prostituta, termina dedicándose a la delincuencia y planea el asesinato de un oficial nazi.

Simenon la escribió en medio de un gran pesimismo y confiando, casi vaticinando, que la novela nunca llegaría a publicarse. Pero se equivocó y esa obra reafirmó su calidad que escritores como André Gide, Mauriac y hasta Miller habían predicado. El libro mereció el reconocimiento unánime de crítica y público. Y para 1955, Simenon deslumbró a América por su imaginación que permitía al lector desentrañar las claves de una creación sutil y diferente. El 8 de diciembre de 1950 ya le habían ofrecido la naturalización americana que rechazó. Thomas Narcejac fue el autor del primer ensayo consagrado por entero al escritor belga bajo el título de “Le cas Simenon”, que se editó en Paris.

La fama atrae a la fama. En 1951 fue elegido miembro de la real Academia belga y en 1952 recibió del Ministerio del Interior Francés una placa honorífica de Comisario Nº 0000 a nombre de Jules Maigret y fue recibido en la Academia de Lengua y Literatura Francesa (mayo de 1953). En después elegido presidente de los Escritores de Novelas de Misterio de América (4 de diciembre1953). También ese año nació en Sharon (Connecticut), Marie Georges Simenon, a la que llamaban Marie-Jo, que se convirtió en la pupila de sus ojos.

En 1955 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa y meses después, se estrenó en el Teatro de los Campos Elíseos, el ballet “La Chambre” con coreografía de Laurent Petit sobre un argumento entresacado de la obra de Simenon, decorado del pintor Bernard Buffet, quien al poco se suicidó.

A fines de 1955 Simenon se instaló en Lausanne (Suiza), donde empezó a producir frenéticamente. Escribía en la parte trasera de sobres siempre amarillos perfectamente alineados. Jamás utilizó folios. Tampoco bolígrafos sino lápices hasta de 23 colores de acuerdo con cada uno de sus personajes, que -según los ingleses- eran demasiados para seguirlos a través de 300 páginas. Cuando se levantaba temprano por la mañana, en la mesa de su despacho estaban sus 134 pipas tan parecidas unas a otras que es difícil que él mismo las distinguiera. Trabajaba cinco horas al día sin repetirse. Su rostro era gris; sus ojos; grises; su personalidad, también gris, como él quería que fueran. Sus personaje según él los tomaba de la vida real y no de una guía telefónica como Graham Greene, con quien se llevaba a matarse, por la competencia por el Nobel, uno al otro se acusan de embustero. Probablemente ambos tenían razón. Y no alcanzaron nunca el Nobel.

Era un maníaco depresivo, no sólo en el fondo. En Lausana, donde vivía en una gran mansión -a partir de los 52 años- volvía locos a los médicos en cuanto tenía más de 80 pulsaciones. En su casa no entraban los periodistas, sin pasar por una entrevista y aprobación de Denyse, esposa y fiel secretaria. Disponía de rayos X, un quirófano y de todo lo que se necesita para una eventualidad, pero su salud era de hierro. En mayo de 1959, en Lausana, nació Pierre Nicolas Chrétien Simenon, su tercer hijo con Denyse. Su padrino, su hermano mayor Johnny y su madrina Juliette Achard.

Desde 1960 su esposa Denyse Ouimet tenía problemas de alcoholismo y depresión, lo que motivaba reyertas conyugales con frecuencia y acusaciones mutuas. Al fin tuvo que ir a curarse en Prangins. Mientras, el editor italiano Arnoldo Mondadori le consiguió a Georges una ama de llaves y secretaria, Teresa Sburelin, que pronto se convirtió en su amante. El divorcio de Denyse, madre de sus tres últimos hijos se produjo en cuanto confirmó sus sospechas. Le parecía increíble. Y con él apareció en las librerías una obra de ella “Un oisean pour le chat” en que le canta las cuarenta, libro que Simenon consideró “bueno para un psiquiatra”, aunque por sus “Memories Intimes”, muchos consideran que esta obra sí es buena para cualquier “psiquiatra”. El editor de esas memorias exigió a Simenon que suprimiera ciertos párrafos demasiado escabrosos sobre Denyse.

La gran tragedia de su vida ocurrió el 20 de mayo de 1978, cuando la policía le llamó para comunicarle que su hija Marie-Jo con quien Georges había hablado la víspera, se había suicidado disparándose una bala en el corazón. Otros dicen que murió con veneno. Tenía 25 años. Diez días después la incineran y sus cenizas las esparció en el jardín de Les Figuiers. Nunca pudo sobreponerse a esa tragedia.

Inglaterra vetó a Simenon: le veían como un rival de Sherlock Holmes

Los únicos que nunca llegaron a aceptarle fueron los británicos. Para ellos siempre han seguido existiendo nada más que Agatha Christie, Sir Arthur Conan Doyle y quizás Chesterton. La primera, la madre de Miss Marple y del detective también de origen francés Hercule Poirot, han sido objeto incluso de libros de texto. Básicamente, se movían-al contrario que Simenon- en una sociedad típicamente British de la clase alta o media y en medios refinados o cultos. También utilizaba la Christie tierras exóticas del Medio Oriente, inspiradas por su marido arqueólogo M.E. Malloway. Simenon las consideraba totalmente artificiales y con demasiados personajes parecidos.

Simenon llegó a considerarla públicamente como su abuela, aunque bien mirado podía ser sólo su hermana, nacida en 1899, sólo cuatro años antes que él, pero en el siglo XIX. Pero en el fondo le picó mucho que durante uno de sus últimos viajes a Londres, vio que la obra “The Mouse Trap” (Trampa para ratones), de Agatha Christie, estaba representándose en el teatro St Martin´s del West End y por cierto siguió en cartelera aún después de su muerte y 35 años más tarde.

Con Sherlock Holmes ocurría lo contrario. Simenon admiraba a Conan Doyle, el padre de Holmes. Su creador era graduado en medicina y excepcional conocedor de venenos. Tal vez por eso Simenon tan sólo tenía serpientes en sus jaulas, pero no tuvo tiempo de aprender sobre venenos y en los casos de Maigret, no se dan asesinatos con veneno. Por otra parte, Sherlock Holmes era especialista en el método deductivo, que su padre Conan Doyle había estudiado siguiendo en obras y documentos del famoso Dr. Joseph Bell. La diferencia era que Holmes no analizaba tanto el carácter de sus personajes aunque sí ni su apariencia, sus gustos, su profesión y su pasado. Mientras que Maigret, como hemos dicho, ”desnuda” a los suyos hasta lo inverosímil. Simenon reconocía que sin embargo Maigret es mucho menos genial y cultivado que Holmes. Por lo demás la comparación se hace imposible por el medio, época y ambiente en que se desarrollaron: Holmes en la sociedad victoriana y de clase alta, excepto los criminales y se interesa más en su descubrimiento y captura por Scotland Yard que en el por qué lo hizo y al final la culpa no es de la sociedad sino del carácter del personaje. Los héroes de Simenon son inestables e inseguros, como él mismo que se marginan de la sociedad impulsados no por ideales sino por deseos elementales como comer, dormir, proteger a su perro o a su madre, probar a la gente que no existe el adulterio que se les atribuye como motivo del crimen. Los de Holmes en cambio son gente segura de sí misma y si tienen estudios matan por intereses diferentes que los que investiga Maigret.

Por lo demás, ambos matan a su héroe al final. Holmes es empujado al vacío por el famoso Dr. Moriarti y Maigret termina de una forma anodina. Conan Doyle tuvo que resucitarlo, por la protesta unánime de sus lectores. Simenon no tuvo tiempo.

Simenon no murió en Lieja, como hubiera querido sino en Lausanne, a los 86 años

Estamos en 1989, el 4 de septiembre, a las 3 y media, Georges acostado, toma la mano de su fiel Teresa y le dice:”por fin me voy a dormir”. Y lo hace como lo había pensado, de viejo, soñando. Inocente como un niño del coro de Lieja. El 6 de septiembre, siguiendo sus órdenes, Teresa dispersa sus cenizas sobre el jardín, a la sombra de un gran cedro, como se hizo con Marie-Jo. De El Eliseo, Teresa recibe un telegrama largo que dice que sus libros harán compañía a generaciones de lectores de todos los continentes para los que el comisario Maigret servirá de ejemplo. “En la confluencia de muchas culturas y gentes, Georges Simenon es ahora no sólo patrimonio de Bélgica o Francia sino de toda la humanidad”.


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