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Símbolos urbanos

03/04/2013 18:27
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image Recuerdo que hace bastantes años una revista de cine planteó una encuesta entre sus lectores para saber qué era lo que más les molestaba cuando estaban en un cine viendo una película, una de las respuestas era el inevitable cretino que cuando la Torre Eiffel aparecía en la pantalla decía en voz alta: París. Cada ciudad importante alberga edificaciones que sirven como iconos para identificarla. La mencionada Torre Eiffel, el Coliseo, El Empire State, el Parlamento y el Big Ben, se usan como sustitutos de París, Roma, Nueva York y Londres. Edificaciones que van cambiando con los años, porque es inevitable que se vayan actualizando, al ir surgiendo otros edificios que se van convirtiendo en nuevos iconos. A veces ni siquiera hace falta que sea un edificio lo que identifica a una ciudad y basta con un autobús rojo de dos pisos, una cabina telefónica también roja o el casco de un bobby, de un policía inglés, para identificar a Londres. En España también existen estas edificaciones icónicas, como la Puerta de Alcalá, la Giralda y recientemente el Guggenheim y también han ido cambiando.

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Este comentario surge al ver dos carteles de Los últimos días, dirigida por los hermanos Álex y David Pastor y estrenada la semana pasada, en los que aparece claramente la Torre Agbar de Jean Nouvel, en el primero detrás del muro cortina del rascacielos donde están los protagonistas, que posiblemente sea un edificio conocido -no he visto aún la película ni conozco lo suficiente Barcelona para identificarlo- y en el segundo cartel la Torre está justo en el centro, debajo de las caras de los dos protagonistas, como si fuera el contraplano de lo que están mirando o el reflejo en el cristal del edificio donde están. De hecho, los dos carteles se complementan, sólo que el segundo incide más en nuestro particular "star system" hispano. Como decía antes, estos iconos van cambiando y hace años Barcelona hubiera estado representada por el monumento a Colón o algún edificio de Gaudí, seguramente el Templo de la Sagrada Familia gracias a su altura, dimensiones e incluso por sus connotaciones religiosas. Sin embargo, hoy la representa un rascacielos de oficinas, fálico y todo hay que decirlo muy parecido al Gherkin, el pepinillo, que levantó Norman Foster en Londres y que ya ha aparecido como símbolo de esa ciudad, como ya se comentó en este blog, incluso en películas fantásticas como La brújula dorada. ¿Barcelona? ¿Londres? ¿Será otro síntoma de la globalización arquitectónica?

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