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Dos sillas, una navaja y una oreja

20/05/2011 14:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Érase un pintor llamado Vincent. Vincent era un tipo muy triste que no tenía casi amigos. Aunque pintaba bastante bien, la gente no le compraba cuadros, así que su hermano Theo tenía que darle dinero para que pudiese vivir y comer. Resumiendo: era un "mantenido".

Autorretrato de Van Gogh y supuesta fotografía

Érase otro pintor llamado Paul, que antes de ser pintor había sido marinero, y luego broker en la Bolsa de París. Paul estaba casado y tenía cinco hijos. Un día salió a comprar tabaco a la Martinica. Tardó más de un año en encontrarlo. Y además debía de ser carísimo porque cuando volvió a París no le quedaba ni un franco.

Paul Gauguin

Vincent y Paul eran amigos. Un día a Vincent se le ocurrió una fantástica idea ¿qué tal si montamos una comuna prehippy de artistas en Arlés? Y allá que se fue con todos sus bártulos, alquiló una casa de color amarillo, dejó todo bien limpito e invitó a sus amigos pintores. Pero todos le daban largas, "oye mira, lo siento mucho pero no voy a poder ir, es que llevo una semana con una lumbalgia terrible", "vaya hombre, qué lástima, pero es que desde que mi mujer me pilló en la cama con la modelo me tiene atado muy corto"... Todos menos Paul, que como no tenía un chavo, había decidido convertirse también en "mantenido" de Theo. Y Theo, con muy buen criterio, le mandó a vivir con su otro "mantenido" para ahorrar en alquileres.

Esta es la casa amarilla, pintada por Vincent

Vincent estaba tan emocionado con la inminente llegada de Paul que quiso prepararle una sorpresa. Pintó varios cuadros de girasoles para decorar la habitación de su querido amigo.

Este es uno de los cuadros de los girasoles, el del Museo Van Gogh de Amsterdam

Y este es Vincent pintando los girasoles, retratado por Paul en 1887

Vincent y Paul trabajaban juntos. Salían al campo y pintaban los mismos paisajes, luego los comparaban y analizaban las diferencias. A veces también retrataban a las mismas personas, como por ejemplo a Madame Ginoux, "La Arlesiana":

Pintada por Vincent

Y pintada por Paul

En esa época Vincent pintó dos de sus mejores obras: La silla de Van Gogh y La silla de Gauguin , que en realidad son fieles retratos de ambos y testimonio de las dos direcciones que tomaría el arte a partir de ese momento.

La silla de Vincent es amarilla (igual que las tenía en su habitación de Arlés, que también pintó en otro cuadro requetefamoso, sabéis cual digo ¿no?). Sobre el asiento hay un pañuelo con tabaco y una pipa. La silla está pintada a la luz del día. El arte de Vincent, precursor del expresionismo, era como esa silla: sencillo, directo, natural, directamente salido de las entrañas.

La silla de Paul es de color rojizo y verde y de formas sinuosas, está iluminada por dos velas y tiene dos libros sobre el asiento. En el suelo, una moqueta de colores. Así era la pintura de Paul, precedente del simbolismo, decorativa e intelectual, meditada y elegante, oscura y misteriosa.

Pero nos estamos desviando del tema, volvamos a la historia. No todo era tan idílico en esta amarilla comuna de dos. Vincent y Paul discutían por todo. Que si ese tono es una birria, que si deberías haber pintado ese puente en azul, que si el viento de Arlés es un coñazo, que no tienes ni idea de cocinar, que yo me la pedí primero...

Y como era de suponer, la cosa terminó como el rosario de la aurora. Un día discutieron más de la cuenta. Vincent, auténtico rey del drama, amenazó a Paul con una navaja de afeitar. Paul, harto de tanto teatro, se largó dando un portazo. Y Vincent arrepentido -y posiblemente en un estado de embriaguez bastante lamentable-, se cortó el lóbulo de la oreja derecha, lo envolvió en un pañuelo y se lo llevó a una mujer de vida alegre de la que eran los dos muy "amigos" (pequeños vicios que también sufragaba San Theo).

Este es un autorretrato de Vincent con la oreja vendada.

Paul no quiso seguirle el juego. Fue a avisar al médico y volvió a París. Le dijo a Theo que pasaba de seguir siendo su "mantenido" y se largó en un barco a Tahití, donde vivió feliz y contento el resto de sus días, rodeado de morenitas despechugadas que se dejaban pintar... y hacer otras cosas.

Y colorín colorado la historia de Vincent y Paul se ha acabado.


Sobre esta noticia

Autor:
Harteconhache (96 noticias)
Fuente:
harteconhache.blogspot.com
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4581
Tipo:
Reportaje
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